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¿Cuba, camino al capitalismo?

Fuentes: Rebelión

En los albores de la revolución, un visionario Ernesto Che Guevara había presagiado lo que iba a suceder en Cuba si no se consolidaba la revolución. No bastaba liquidar a la oligarquía, Cuba necesitaba ser soberana y el camino era la industrialización. Para romper la dependencia y construir un Estado independiente proponía una industrialización, basada en la agroindustria, la tecnología y la creación de centros de investigación. El Che comprendió perfectamente que la tarea histórica del momento era aprovechar la solidaridad del campo socialista para consolidar la revolución. Nadie le acompañó en su sueño emancipador y hoy Cuba 60 años después sufre las consecuencias.

Cuando Guevara propuso su ambicioso proyecto, ya se estaba gestando una burocracia postrevolucionaria que preferiría el sosiego de un Estado benefactor, intermediador de los subsidios del campo socialista, presentándose ante el mundo como una revolución exitosa. Durante 30 años recibió subvenciones de la URSS y del bloque socialista, que se tradujo en innegables avances en salud y educación, pero insostenibles en el tiempo, como hoy dolorosamente se está demostrando.

Para un país subdesarrollado, la industrialización significaba una tarea titánica que demandaría privaciones, sacrificios y renuncias; representaba desistir a las regalías soviéticas y privilegiar acuerdos de cooperación, que lleven al desarrollo autónomo de Cuba, en base al trabajo tenaz y el sacrificio. Pero en la creencia que el socialismo iba a ser eterno, la dirigencia optó por lo práctico, las regalías soviéticas, forjándose así un Estado altamente dependiente, y cuando en 1991 la Unión Soviética es disuelta se abriría una profunda herida en la sociedad cubana.

El bloqueo

Hacer un análisis sobre la realidad cubana sin considerar el bloqueo carece de rigurosidad y es deshonesto. Si el bloqueo y el embargo no existieran, Cuba sería un país totalmente diferente. Justamente, previendo ese escenario es que el Che proponía la industrialización ya en los inicios de la revolución. Como ministro de industria impulsó un acelerado plan industrial que no prosperó por diversas razones, como la falta técnicos capacitados y la pobre infraestructura, pero lo peor de todo fue la falta de voluntad de la dirigencia que no acompañó su proyecto. El Che estaba en lo cierto, y la historia le está dando la razón seis décadas después. El Che no era solo un guerrillero, fue una de las mentes más brillantes del siglo XX.

¿Camino al capitalismo?

Últimamente, Donald Trump redobló las sanciones contra Cuba, que asfixiada, se ve presionada a tomar medidas radicales. Cuba no tiene salida y para no sucumbir tiene que abrir las puertas al monstruo capitalista. Es una cuestión de supervivencia, se trata de salvar el socialismo en medio de la ofensiva imperial más criminal de la historia.

Cuba aprobó un paquete de 176 medidas, permitiendo la expansión del sector privado, la inversión extranjera en empresas del Estado y la descentralizan de la economía. Las reformas buscan transformar el país de una economía planificada, un «socialismo con características caribeñas», probablemente.

“Hacer lo necesario para conservar lo esencial”, dice Miguel Díaz-Canel, refiriéndose a las reformas, y estas medidas no las toma en condiciones normales, sino con la pistola de Donald Trump apuntando a su cabeza.

La incógnita: camino chino o ruso

Los cambios que se plantean son arriesgados pero necesarios y a Cuba le quedan dos caminos: el chino o el ruso. La mayor incógnita es si las medidas van a conducir a la consolidación de un socialismo con características cubanas o puede llevar a caminos trillados como le tocó vivir a la Unión Soviética a fines del siglo pasado.

Abrir los activos estatales a la propiedad privada, podrían dar pie al amiguismo, que sin supervisión, transparencia y un marco legal claro, pueden posibilitar operaciones internas, que privilegien a algunos sectores, tal como ocurrió en la Unión Soviética. En este país, el fraude de la Perestroika llevó a la creación de una nueva clase: la oligarquía rusa, la antigua burocracia, que, apropiándose de los bienes estatales, en medio de la orgía de privatizaciones neoliberales, devino en clase dominante.

El otro camino es el de China, un país atrasado que gracias a reformas tempraneras se convirtió en potencia global en menos de cuatro décadas. El socialismo chino incorpora la economía de mercado y la inversión extranjera bajo el estricto control del Partido Comunista, que castiga duramente los vicios capitalistas y es implacable en la construcción del socialismo.

La respuesta está en la dirigencia del Partido Comunista Cubano, que tiene dos buenos ejemplos. El enigma es si seguirá el modelo chino o el ruso. La opción rusa conducirá al enriquecimiento de unos cuantos, y la otra alternativa es seguir construyendo el socialismo en condiciones muy difíciles, por las medidas cada vez más criminales del imperio que no cesará en su afán de reconvertir a Cuba en lo que siempre fue antes de la revolución: un burdel de los yanquis.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.