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Cuba-EE. UU.: 2015 fue un buen comienzo

Fuentes: OnCuba

El primer año del anuncio de restablecimiento relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU. ha expuesto importantes retos y oportunidades para el vínculo bilateral, con importantes logros y avances. Ya para el 16 de enero de 2015, la Casa Blanca ponía en circulación excepciones a la política de embargo en términos de viajes y comercio con […]

El primer año del anuncio de restablecimiento relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU. ha expuesto importantes retos y oportunidades para el vínculo bilateral, con importantes logros y avances. Ya para el 16 de enero de 2015, la Casa Blanca ponía en circulación excepciones a la política de embargo en términos de viajes y comercio con el emergente sector no estatal cubano. Cuatro días después, el presidente Obama pedía en su discurso al Congreso, ante las cámaras de la nación el fin del embargo. Con el proceso de distensión, EE.UU. desactivó la bomba diplomática que hubiese sido una Cumbre de las Américas sin Cuba. Los vaticinios de un Armagedón en Miami, si se daban pasos como los acordados, han probado ser falsos. La mayoría de la población norteamericana y cubanoamericana respaldó la movida.

En un contexto de debilidad de sus socios latinoamericanos (Brasil y Venezuela) debido al desplome de los precios de las materias primas a nivel mundial, Cuba va a experimentar un 2015 de crecimiento económico, atribuible en parte al aumento de más de un setenta por ciento en los viajes estadounidenses a Cuba. Varias negociaciones de Cuba con importantes actores internacionales como la Unión Europea, Rusia, China, México y el Club de París han recibido el beneficio del acercamiento con la primera potencia mundial.

Sectores de negocios en EE.UU. y el resto del mundo han expresado interés en el proceso de reformas económicas de Cuba y la importante inversión en la zona económica de desarrollo en Mariel. Si Cuba implementa las reformas complementarias adecuadas como la descentralización y la unificación monetaria es de esperar una mejoría de su posición internacional y económica.

La negociación de las damas, las embajadoras Josefina Vidal y Roberta Jacobson, desenredó importantes nudos. Lo que fue un acuerdo negociado en secreto por los estamentos de seguridad en ambos países se trasladó al plano abierto diplomático, creando la ventaja de la normalidad y los argumentos públicos a favor del curso tomado. Cada país tiene hoy embajada, con su bandera respectiva. Se terminó la irritante inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo del Departamento de Estado, culminando la conversión de la imagen de Cuba en el discurso oficial estadounidense de «amenaza» a «país en transformación».

Los procesos de negociación han producido resultados tangibles en áreas como la reapertura del correo postal directo, respuesta coordinada a derrames petroleros en el Golfo de México, la colaboración de guardacostas, la interdicción del tráfico de narcóticos, una cuenta bancaria para la embajada cubana, y otra serie de temas en los que se sigue avanzando. Cuba y EE.UU. están discutiendo de derechos humanos, soberanía, democracia y reclamaciones. En el primer encuentro entre los jefes de estado en Panamá, el presidente Raúl Castro dijo, asentido por el presidente estadounidense, que hay temas en los que no son posibles cambios hoy cuya situación podría ser distinta en un nuevo contexto.

Todo ese progreso ocurrió en un contexto no del todo favorable. Del lado estadounidense, la estructura legal del embargo/bloqueo, y los programas norteamericanos de cambio de régimen se han mantenido. La aplicación de sanciones norteamericanas a entidades en EE.UU. y terceros países relacionadas con Cuba ha resistido las proclamas de la administración de una aplicación liberal del mecanismo de licencias. Aunque el presidente Obama alabó en su proclama la labor de los médicos cubanos contra el ébola, la renuencia a terminar el programa para la promoción de deserciones de personal de salud de las misiones cubanas ha impedido avanzar en un acuerdo de colaboración entre la Habana y Washington.

Del lado cubano, en 2015 el programa de reformas no ha ganado tracción con nuevas transformaciones. El gobierno cubano ha reaccionado con cautela, aprovechando la nueva situación en negociaciones internacionales, pero sin contestar con aperturas propias que puedan exacerbar las contradicciones entre la política proclamada de acercamiento por la administración Obama y la estructura legal de hostilidad heredada por la misma. Demandas importantes de viajes norteamericanos a Cuba a partir de las nuevas licencias generales han encontrado cuellos de botella y fallas económicas e institucionales, demoras e incluso indicadores de corrupción que hacen difícil aprovechar más la actual coyuntura propicia.

Dado que el progreso en la relación bilateral puede revertirse si algunos precandidatos republicanos llegan a la oficina oval, el excesivo gradualismo en algunas respuestas cubanas y en el desmontaje del embargo del lado de Estados Unidos, adquieren dimensiones estratégicas. Alcanzar para enero de 2017 una masa crítica de colaboración no solo entre los estados sino sus sociedades y un núcleo duro de actores a favor de la misma sería el mejor blindaje contra cualquier intento de reversión.

La clave aquí es separar el combustible de la llama, haciendo la cooperación y el intercambio impermeables a cualquier crisis provocada. Un antecedente ha sido el diálogo entre los altos mandos de la base naval de Guantánamo y la Brigada de la frontera, una medida de confianza consolidada.

La actual crisis migratoria con más de tres mil cubanos varados en Costa Rica es un caso test, cuya desactivación puede enviar señales de que Cuba y EE.UU. pueden colaborar con los países del istmo para neutralizar a los aguafiestas. Eliminar el programa especial de promoción de deserciones para los médicos sería un gesto estadounidense de buena voluntad hacia Cuba y los países centroamericanos afectados por el mismo.

El uso de un discurso inclusivo sobre intereses comunes en los viajes de los secretarios Kerry, Pritzker y Vilsack a Cuba contribuye a dinámicas de respeto mutuo. La mayor consumación de esa tendencia sería una visita del presidente Obama a Cuba antes del fin de su mandato. Esas visitas no solo son positivas en términos de los «deliverables», o contratos; también producen intangibles como un mejor conocimiento de las visiones y problemas de las partes.

Todo el argumento sobre una falta de reciprocidad cubana ante las medidas de Obama el 16 de enero es una distracción. En una relación asimétrica es la potencia mayor la que con pasos unilaterales en las fases tempranas de acercamiento destraba los nudos de seguridad y desmonta las acciones punitivas que exacerban la percepción de vulnerabilidad en el país menos poderoso. Hoy se tiene consciencia de que un paso vital para las relaciones económicas entre Cuba y EE.UU. sería una licencia general del presidente Obama para el uso del dólar en esas transacciones. La Casa Blanca puede también licenciar el uso de créditos privados para los intercambios económicos ya permitidos.

La importancia detonante de la cumbre de las Américas en Panamá para el acercamiento Cuba-EE.UU. alerta de la importancia de la cooperación multilateral y triangular con otros estados de la región. En ese sentido, Cuba debe preguntarse si su autoexclusión hoy de todo el sistema interamericano es óptima. Quizás un enfoque no de rechazo total sino de acercamiento como menú donde se puede escoger donde participar o no participar sea más provechoso. Por ejemplo una firma cubana de la Convención Interamericana contra el terrorismo y una incorporación a su comité de instrumentación, al Instituto Panamericano de Agricultura y a la comisión contra el abuso de drogas podría avanzar una agenda de distensión en temas sensibles al vínculo bilateral.

A nivel de ambas sociedades se necesita menos soberbia y más dialogo en la conversación propia sobre los problemas, virtudes y retos de la otra parte. La idea de un reset evocada implícitamente por el presidente Obama en su llamado a pensar futuros sin obsesionarse con la historia no es la más adecuada pero su intención tiene asidero. El 17 de diciembre de 2014 los presidentes exhortaron a escucharse, hablar y convivir de un modo diferente menos hostil. Sin exagerar el optimismo ni expectativas irracionales sobre resolver de súbito un conflicto de décadas, 2015 fue un buen comienzo.

Fuente: http://oncubamagazine.com/sociedad/cuba-ee-uu-2015-fue-un-buen-comienzo/