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Cuba en la memoria

Fuentes: Rebelión

Kto nie pamięta historii, skazany jest na jej ponowne przeżycie. The one who does not remember history is bound to live through it again. Ruiz de Santayana Es inaceptable sucumbir en la fuga consciente sobre la memoria, en el vacío de la historia colectiva. Es francamente peligroso entrar en el juego de la amnesia para […]

Kto nie pamięta historii, skazany jest na jej ponowne przeżycie.

The one who does not remember history is bound to live through it again.

Ruiz de Santayana

Es inaceptable sucumbir en la fuga consciente sobre la memoria, en el vacío de la historia colectiva. Es francamente peligroso entrar en el juego de la amnesia para «olvidar» cualquier pasado terrorífico. El pretexto de que «nubla» nuestro futuro de «felicidad» o nuestro «porvenir», es una evasiva ante los hechos.

Nos asiste el deber y el derecho de conocer nuestro pasado y nuestro presente pretérito. No por reiterado deja de tener vigencia. «Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo». Eso dijo el poeta y filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana, frase escrita en la entrada del bloque número 4 del campo de Auschwitz I, en polaco y en inglés.

Cuba ha sido víctima del terrorismo durante varias décadas. El secuestro y la piratería de aeronaves. El lanzamiento de armas y las infiltraciones armadas. La quema de viviendas o el asesinato, son algunas de las acciones que ha soportado el pueblo cubano.

Hemos sufrido el dolor de hombres y mujeres, víctimas de la cobardía y el cinismo de los que hablan de «libertad, de democracia y respeto a los derechos humanos». Venido desde ese Norte inculto, vacio y prepotente.

Tras las agresiones y los actos terroristas auspiciados por el gobierno de los Estados Unidos, la CIA y los grupos contrarrevolucionarios, han perdido la vida 3478 cubanos, mientras que 2098 fueron heridos, muchos de ellos con daños irreversibles para su salud.

Estos hechos han quedado grabados en nuestra memoria como para no ser olvidados jamás. Son actos vandálicos, cínicos, de repulsa universal ante el más elemental sentido humanista.

Han sido ejecutados por individuos de una catadura moral despreciable. Terroristas en toda la extensión de la palabra. Execrables mercenarios que gozan de los privilegios y los favores de sucesivos gobiernos del imperio norteamericano, en más de 50 años de Revolución.

No me puedo olvidar -ni quiero- del acto terrorista perpetrado contra un avión civil de la compañía Cubana de Aviación el 6 de octubre de 1976. Setenta y tres personas murieron en pleno vuelo. Setenta y tres personas llenas de felicidad, de vida.

Cuatro son los responsables directos de este acto bárbaro y criminal. Los terroristas cubanos Luis Clemente Posada Carriles y Orlando Bosch. Los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo. Detrás de estos asesinos a sueldo, estuvo la Agencia Central de Inteligencia y el gobierno de los Estados Unidos.

Es hipócrita ver como los medios de comunicación anulan, minimizan o diluyen -de manera consciente- cada uno de los actos perpetrados contra el pueblo cubano. No hay verdadera libertad de expresión, si los que tienen la responsabilidad de informar a sus pueblos los «desconectan» de la realidad para incorporar mentiras, tergiversaciones, medias verdades o análisis tendenciosos y esquivos, que responden a campañas mediáticas que construyen -sobre Cuba-, una realidad inventada.

En estos tiempos de crisis, la ética del periodismo está pululando por los retretes de la vida. La historia les exigirá responsabilidades más allá de los hechos. La verdad se impondrá. Los que no olvidamos, haremos de ella el pedestal de todos los tiempos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.