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El 11S de los Comunes en Santa Coloma de Gramenet: la contradicción de su llamada

Fuentes: Rebelión

Para los colomenses federalistas, por su generosidad, diversidad y coraje   Santa Coloma de Gramenet, como seguramente saben, es una ciudad obrera-muy-obrera pegada a Barcelona. Unos 117 mil habitantes en 2016. La crisis-estafa se ha hecho notar. Viene de lejos. Muchos de los colomenses son catalanes con raíces en otros lugares de España, en Andalucía […]

Para los colomenses federalistas, por su generosidad, diversidad y coraje

 

Santa Coloma de Gramenet, como seguramente saben, es una ciudad obrera-muy-obrera pegada a Barcelona. Unos 117 mil habitantes en 2016. La crisis-estafa se ha hecho notar. Viene de lejos. Muchos de los colomenses son catalanes con raíces en otros lugares de España, en Andalucía sobre todo. Mi suegra, hija de un campesino sevillano asesinado por el fascismo en 1936, vive allí, en el barrio del Fondo. Yo mismo he sido profesor -durante 35 años- de un Instituto, el Puig Castellar, muy cercano al lugar donde se ha convocado el acto, el parque de Can Zam, una de las mejoras de la ciudad que está en el haber de los consistorios de izquierda que la han gobernado. PP, ERC, CiU, Ciudadanos, CUP-Podemos (disfrazados de Gent de Gramenet), han sido y son fuerzas minoritarias -o incluso muy minoritarias- en la ciudad.

Los comunes, como ven en el cartel, han convocado a la ciudadanía a las 12 de la mañana el 11S. Impiden asistencia al acto que se celebrará esa misma mañana en recuerdo de Salvador Allende y la Unidad Popular en Barcelona. Tal vez no había otra posibilidad. Deseo que esa sea la explicación y que no sea otra muy distinta (aunque me temo lo peor): permitir que los asistentes puedan acudir a la manifestación de la tarde.

Sea como sea, los comunes no convocan esta vez, quiero entenderlo así, a los actos separatistas que se celebran hoy en Barcelona. Espero, deseo, ruego, que la alcaldesa de la ciudad no participe en la movilización secesionista. No se la votó, no la votamos para eso. Recordemos que, con la ambigüedad de siempre, lo hizo en 2016 y que también estuvo representada (por un teniente de alcalde secesionista) en 2015.

El lema de la convocatoria es: «Una Cataluña soberana, diversa y valiente». Lo de valiente no me encaja del todo pero tal vez sea un forma de infundir ánimos ante la movilización y los planes secesionistas. Si fuera así, nada que objetar, todo lo contrario. Si fuera para abonar energías contra las políticas neoliberales del gobierno Rajoy y del gobierno neoliberal catalán, tampoco, mejor que mejor. Si fuera, para alentar desmanes nacionalistas, que no creo, no parecería sensato. Sería un error, otro error, un inmenso error. Valga en todo caso, aunque sea de forma provisional, lo de «Cataluña valiente» (aunque, por cierto, pueda leerse de forma un pelín masculina).

Lo de diversa está mejor que bien. Un diez… o más. Cataluña lo es. El resto de España también por supuesto. Los secesionistas suelen olvidarlo y piensan-sueñan-desean una Cataluña – o unos «Países Catalanes» de onticidad no demostrada- homogénea, del mismo color, sin apenas matices cromáticos. La estelada les representa; a ellos, no a todos. Se entiende, no puede ser de otra manera,, que la Cataluña diversa incluye la diversidad cultural y también lingüística. A unos nos gustan Raimon, Poveda y hablamos en catalán-castellano y otros disfrutan con Llach y Sopa de Cabra y hablan básicamente en catalán. Pues muy bien. Otros disfrutan con Carmen Linares y Fosforito (sin olvidar a la catalana Mayte Martín) y hablan básicamente en castellano (aunque no tienen problema alguno en que sus hijos o nietos hablen en catalán; mi suegra por ejemplo). Podemos convivir todos; podemos enseñarnos, nos enseñamos de hecho (a mí, por ejemplo, la pasión flamenca). Tenemos mucho en común. Entre esas cosas comunes, nuestra condición de trabajadores o trabajadoras (o de jubilados/as obreros) vinculados a otros trabajadores españoles por mil lazos..

La apelación a la soberanía de Cataluña resulta más extraña por imprecisión. ¿No lo es Cataluña ahora en muchos ámbitos? ¿Más soberanía? ¿En qué ámbitos? ¿Soberana, totalmente soberana, sin importar nada ni nadie? ¿Y eso por qué? ¿Soberanía plena dentro de la UE? ¿Porque Cataluña es una nación cultural debe ser soberana? ¿Y? ¿Qué regiones y nacionalidades de España son entonces soberanas? ¿Todas ellas? ¿En todos los ámbitos? ¿No puede conducir tal demanda, fuertemente nacionalista-regionalista, a un reino de taifas poco conjuntado? ¿No hay que ceder ámbitos comunes de soberanía para convivir todos juntos de forma razonable, diversa y sin imposiciones? ¿No es eso el federalismo cooperativista? ¿Tendría sentido apelar ante Cataluña la soberanía de Barcelona o de Tarragona? ¿Vamos descendiendo hasta la soberanía de la calle en que vivimos?

Habrá que escuchar lo que se dice esta mañana sobre esa soberanía que -me temo- puede estar asociada a la reivindicación de «referéndums de independencia pero en condiciones». ¿Ese debe ser el objetivo de una izquierda que aspira a transformar España, Cataluña incluida? ¿Cataluña está maltratada y oprimida por España? ¿Quién sigue creyéndose ese cuento?

Conviene una reflexión sobre el concepto de soberanía del historiador Jose Luis Martín Ramos:

Los términos de la soberanía y los modos de ejercicio han de establecerse en el debate y en el acuerdo libre de una unión libre. Sobre los intereses que se han reconocido comunes, el conjunto y la gestionan los órganos comunes; sobre el reconocimiento de intereses de partes, cada parte y la gestionan los órganos de parte. Sobre las características del estado todos, sobre la forma y el alcance de la democracia todos, sobre la igualdad de derechos sociales y políticos todos, sobre la organización de la solidaridad «interestatal» todos… No puedo llegar a mayor concreción, porque pienso que eso corresponde al pacto federal, que supone concesiones de todos, las necesarias para que todos o la inmensa mayoría esté satisfecho con él; entendiendo que ese pacto nunca ha de considerarse como una tabla en piedra de diez mandamientos, sino como algo dinámico y revisable, de manera que su revisión no se haga tan difícil que sea prácticamente imposible sin romper el pacto. (…) En cualquier caso pienso en términos de una soberanía popular que es la que construyen los pueblos que acuerdan su unión libre, y una soberanía nacional múltiple que reconoce la pluralidad de identidades nacionales, pero de tal manera que esta no niega, por principio, la unicidad de la primera.

Llego por fin al tema anunciado en el título. El punto -contradictorio- que quería señalar y comentar con más detalle es este: justifican los organizadores haber escogido Santa Coloma de Gramenet no porque sea una ciudad obrera y los Comunes se sientan próximos al mundo del trabajo, que sería lo deseable, incluso lo razonable, sino porque, según dicen, la ciudad colomense fue uno de los primeros lugares donde se desarrollaron las primeras experiencias de inmersión lingüística. La ciudad es un símbolo, para ellos, de eso. Lo es de mil cosas, por supuesto, pero no precisamente de eso. La perspectiva de clase, como es obvio, está ausente años-luz.

Sobre el asunto de la inmersión y la diversidad que se vindica conviene apuntar y recordar lo siguiente:

1. Si hay algo que sea contrario a la diversidad a la que se hace referencia en el lema de la convocatoria en la Cataluña actual, ese algo es la inmersión lingüística (un procedimiento pedagógico casi único en el mundo). Un disparate, una imposición lingüística absolutamente innecesaria, que va en contra de lo defendido por el movimiento catalanista en los años de la lucha antifranquista: escuela en la lengua materna. Yo fui uno de los que peleó por ello. El sistema de inmersión, en cambio, postula el catalán como lengua vehicular en toda la enseñanza preuniversitaria obligando a todos, a todas las familias, sea cual sea su idioma o idiomas de relación.

2. No es de hecho una inmersión lingüística para todos. Mi hijo, nos hablamos en catalán, no sufrió ninguna inmersión. La inmersión la sufren -la palabra es correcta- más de la mitad de las familias catalanas que usan el castellano en su ámbito familiar.

2.1. La mal llamada inmersión conlleva otras derivadas: abonar, todo lo que sea posible (y es mucho), una cosmovisión nacionalista de la nación catalana. En juegos, en visitas, en comentarios, en fiestas, etc.

3. Hay otras formas de conseguir que los alumnos conozcan bien ambos idiomas (cosa más que deseable por supuesto, innecesario es decirlo) a los 6 años aproximadamente. La escuela privada no concertada Aula, por ejemplo, donde estudiaron nada menos que el ex presidente Mas y sus hijos, no practica ninguna inmersión. Se educa en la lengua familiar y el otro idioma se introduce poco a poco. Los resultados son magníficos. ¿Por qué no seguir ese camino que no obliga a nadie y respeta los conocimientos que tenemos sobre la primera enseñanza?

4. Algunas escuelas colomenses, con el acuerdo de las AMPAS, apostaron por la inmersión porque se les dijo alas familias que de esa forma, la única posible les dijeron, sus hijos aprenderían catalán y así irían en mejores condiciones al «mercado laboral». Si no aprendían catalán, no encontrarían trabajo. Cualquier otra vía, se les decía, sería apostar por escuelas marginadas en castellano.

5. La realidad es que la gran mayoría de los jóvenes y ahora no tan jóvenes de la ciudad viven en un país bilingüe. Ellos lo son y también se manejan en otros idiomas. Inglés pero no sólo inglés, cosa que hasta ahora nunca había ocurrido. Ejemplo: mis sobrinas. Hablan inglés como si fuera su tercer idioma familiar. Una de ellas, biomédica y filóloga, es profesora de inglés.

6. En algunos institutos, no digo en todos, en la práctica, la sensatez llama a la puerta y son dos realmente los idiomas vehiculares en muchos cursos y aulas. La realidad se impone aunque no conste en los papeles oficiales. La convivencia y el enriquecimiento está por encima del disparate y la imposición.

En síntesis: apelar a la diversidad, como el lema de la convocatoria, es excelente pero casa muy mal como el simbolismo al que se alude, con el argumento de esa falsa historia sobre la inmersión lingüística en Santa Coloma (los secesionistas también han creado aquí su ficción narrativa) y con la defensa implícita por parte de los Comunes de este disparate pedagógico, y de la cosmovisión que le envuelve, que en varias ocasiones ha llevado, por ejemplo, a movilizaciones de padres, madres, tutores, estudiantes y profesorado contra la posibilidad de una hora semanal más de castellano en alguna materia. ¡»Madrid nos quiere españolizar» gritan y rechazan! Jamás se movilizarían, jamás se quejarían, si se hablara de una, dos, tres o incluso cuatro horas pero, eso sí, de inglés.

De nuevo en el fondo y en la superficie: separar, enfrentar comunidades, y defender una Cataluña homogénea, nada diversa, que tiene poco que ver con la Cataluña real, esta sí diversa. La Cataluña que los comunes deberían apoyar.

PS: Una recomendación: Javier García Garriga, «Doce tesis sobre el silencio cómplice». https://www.rebelion.org/noticia.php?id=231228

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.