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Entrevista al periodista Ignacio Cembrero, autor de “La España de Alá”

«El CNI está omnipresente en las comunidades musulmanas»

Fuentes: Rebelión

Tras una primera etapa informando sobre el Líbano en la década de los 80, el periodista Ignacio Cembrero se dedicó durante 14 años, desde 1999, a cubrir las noticias del norte de África para el diario El País. Las cosas cambiaron cuando el gobierno de Marruecos interpuso una querella contra el periodista por enaltecimiento del […]

Tras una primera etapa informando sobre el Líbano en la década de los 80, el periodista Ignacio Cembrero se dedicó durante 14 años, desde 1999, a cubrir las noticias del norte de África para el diario El País. Las cosas cambiaron cuando el gobierno de Marruecos interpuso una querella contra el periodista por enaltecimiento del terrorismo en la Audiencia Nacional española, finalmente archivada. En enero de 2014, lejos de apoyarle, en el periódico del grupo PRISA le dijeron que podía hacer lo que quisiera: excepto escribir sobre Marruecos y el norte de África. Negoció su salida del diario, que se produjo en abril de 2014. Actualmente realiza colaboraciones en algunos medios, pero sin trabajar específicamente en ninguno. Cuenta con varias ofertas pero, por el momento, promociona su último libro: «La España de Alá» (La Esfera de los Libros), presentado esta semana en la Universitat de València (La Nau).

Cembrero recibió en 2015 el Premio al Mejor Corresponsal, que otorga el Club Internacional de Prensa. Se formó en París, en el Instituto de Estudios Políticos y en la Fundación Nacional de Ciencias Políticas. Actualmente ve «muy mal» el panorama periodístico en España, y «bastante mal» en Europa. Salva parcialmente al periodismo anglosajón, que considera más independiente de los poderes públicos y económicos. Y existen más medios de comunicación en los que poder trabajar. El problema en el estado español, opina, es que hay pocos medios y escasa independencia, sobre todo en la prensa convencional, la que posee medios en papel. En los digitales la autonomía es mayor, pero generalmente menores los recursos. «Por algo España es el país de Europa donde más medios digitales han surgido», destaca.

-El libro «La España de Alá» se subtitula del siguiente modo: «Cinco siglos después de la Reconquista los musulmanes han vuelto. Son dos millones y siguen creciendo». ¿Significa esto que el libro alerta de una supuesta «invasión»?

El título es una provocación, porque en este país no se venden libros. Así que toda la portada, pero sobre todo el título y la fotografía, son un intento de enganchar al lector. Después dedico más de 400 páginas a desmentir la cubierta, a decir que la inmigración no es un peligro, aunque pueda implicar problemas. Es, sobre todo, una oportunidad para sociedades envejecidas como la nuestra.

-La fotografía que presenta el texto es la del perfil de la Península Ibérica con un grupo de musulmanes, postrados, en tiempo de oración. ¿Recibiste presiones del editor para escoger el título y la portada?

Fue una idea consensuada, con una óptica de marketing y comercial. Se trata de una fotografía tomada en Ceuta por un fotógrafo de El Faro de Ceuta, con motivo de una fiesta religiosa musulmana. En su día tuvo mucho éxito y la publicaron muchos medios de comunicación españoles. Para la portada del libro, se ha retomado la fotografía y adaptado al mapa de la España peninsular.

-En 2006 publicaste el libro «Vecinos alejados. Los secretos de la crisis entre España y Marruecos». ¿Cómo observas la relación actual entre los reinos de Marruecos y España?

Como una relación de sometimiento de los diferentes gobiernos españoles, en muchos aspectos, a los deseos de Marruecos. Y con una falta total de transparencia por parte del Gobierno de España en actuaciones, que no se cuentan, de apoyo a Marruecos en el Tribunal Superior de Justicia de la UE o en la ONU. A finales de abril, algunos países miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pretendían dar un «tirón de orejas» a Marruecos, por haber expulsado a la pata civil de la MINURSO (contingente de Naciones Unidas en el Sahara Occidental). Francia y España (como miembros del Consejo de Seguridad), aunque también otros países, ayudaron a Marruecos. Todo ello a cambio del control de la inmigración, principalmente en la costa norte del reino marroquí, y la cooperación en materia antiterrorista, además de negocios. Podemos discutir si merece la pena hacer este esfuerzo con el país vecino, pero personalmente como ciudadano (primero) y como periodista, me indigna la opacidad del gobierno español en estas actuaciones.

-Según el Estudio Demográfico de la Población Musulmana, elaborado por la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE) y el Observatorio Andalusí, en España viven 1,8 millones de musulmanes. ¿Se informa en exceso sobre los ciudadanos que profesan el islam desde el punto de vista de las fuentes de Inteligencia y el Ministerio del Interior, de la «seguridad ciudadana» de los españoles? ¿Podría contribuir esto a la criminalización, a generar un clima propicio para la xenofobia?

La población musulmana ha aumentado un 77% en la última década. Lo que creo es que hay una hiperactividad de las fuerzas de seguridad desde los atentados de 2004, en la estación madrileña de Atocha. Esto tiene su lado bueno en que en España no han vuelto a producirse atentados, ni amago de atentados. De hecho, España es actualmente uno de los países más seguros en materia de terrorismo yihadista. No se ha producido ninguna amenaza seria. La parte negativa es que se ha detenido y sentado en el banquillo a gente que después los jueces han absuelto.

-Cuando en el libro explicas la situación de las comunidades musulmanas en España, te refieres al «omnipresente CNI» ¿A qué te refieres?

A que es difícil entrevistarse con algún musulmán que esté en asociaciones, sindicatos, tenga alguna actividad o destaque en una comunidad musulmana y que no haya tenido algún contacto con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Vigilan a las comunidades musulmanas y los procesos de radicalización. No se trata de interrogatorios, porque no los convocan en ninguna parte, pero van a verlos, preguntarles y entrevistarlos… La presencia es constante. También intentan reclutar a colaboradores entre su gente. De hecho, antes del verano se anunció la contratación de 500 espías del CNI, en buena medida para dedicarse a esta tarea.

-La Plataforma contra el Odio y la Islamofobia registró 278 casos de odio y discriminación en 2015, lo que supone un incremento del 567,3% respecto al año anterior. ¿Qué te sugieren estas cifras?

El fenómeno se halla en auge, pero todavía es muy bajo si nos comparamos con Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania o Austria. Es cierto que en España han sucedido últimamente casos de islamofobia, principalmente después de cada gran atentado en Francia, Bélgica o Alemania. Recientemente hay ejemplos como el de un pequeño pueblo de Murcia, Abarán, donde los vecinos se rebelaron contra la apertura de un oratorio. Se recogieron firmas y entregó un escrito al ayuntamiento. Asimismo hemos podido leer referencias a la agresión por parte de cuatro vigilantes de seguridad a un taxista musulmán que estaba rezando. Sucedió en el Hospital del Mar de Barcelona. Pero también es cierto que, en España, los partidos con representación parlamentaria prácticamente no incorporan en sus lenguajes y programas los elementos xenófobos. Excepto en algún caso en Cataluña.

-El exalcalde de Badalona y actual portavoz del PP en el Parlament catalán, García Albiol, afirmó en noviembre de 2015 en su página de Facebook que uno de los principales «problemas» para Europa y Occidente es el multiculturalismo. Consideraba que éste es una garantía de «guetos», «inadaptación» y «conflicto». Al comentario se le adjuntaba una fotografía de mujeres musulmanas con el rostro velado. En septiembre de 2015 el ministro del Interior, Fernández Díaz, declaró que no pueden descartarse «elementos yihadistas de ISIS» entre los refugiados que llegan a Europa…

Diría que sólo veo el problema en el caso de Cataluña, donde tres partidos han vertido este tipo de expresiones y sobre todo durante las campañas electorales: la antigua Convergència Democràtica de Catalunya, el Partido Popular; y otro que está en vías de desaparición, y que a mi juicio es uno de los que más lejos ha llegado: Unió Democrática de Catalunya. En 2011, la entonces ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, intentó propiciar que los marroquíes residentes en España pudieran votar en las elecciones municipales. Pero no lo hizo, ya que antes terminó la legislatura. El primero que levantó la voz en su blog y en mítines fue Duran i Lleida; afirmaba que era inadmisible que los marroquíes pudieran votar.

-En «La España de Alá» señalas un fenómeno que sintetizas como «muchas detenciones, pocas condenas». ¿Qué hay detrás de esos procedimientos?

Quien más ha trabajado la cuestión es Fernando Reinares, del Real Instituto Elcano, uno de los mayores expertos de España. Aparentemente la situación está cambiando, ya que se ha dado una vuelta de tuerca al Código Penal. Primero, durante la última etapa de Rodríguez Zapatero, y después con el gobierno del PP, promovida por Fernández Díaz. Los jueces tienen ahora más medios e instrumentos para condenar. Es verdad que en los primeros tiempos, y hasta 2012-2013, la mayoría de la gente terminaba siendo detenida y expulsada. Por ejemplo, se daba el caso de marroquíes detenidos que, después, cuando los jueces los ponían en libertad, el Ministerio del Interior los expulsaba mediante un procedimiento administrativo. El caso más llamativo fue en 2006 la llamada «Operación Duna» en Ceuta, dirigida por el juez Garzón. Resultaron detenidas once personas en una operación espectacular, incluso con helicópteros, en el barrio del Príncipe Alfonso. Pasaron dos años en prisión preventiva, y todos fueron absueltos menos uno, que fue condenado pero por un delito que no tenía que ver con el terrorismo. Eso pasa hoy menos, porque se ha endurecido el Código Penal.

-¿Pero es positivo endurecer el Código Penal?

Me cuesta pronunciarme, porque creo que habrá que verlo con el tiempo. Hay aspectos que me parecen muy chocantes. Por ejemplo, aquel que navega por páginas Web «radicales», sólo por el hecho de visitarlas (y yo lo hago con asiduidad), podría teóricamente acabar detenido y juzgado. Sólo por visualizar esa propaganda terrorista, me parece un exceso. Para los policías y los académicos resulta un instrumento de trabajo al que tenemos que acudir. Pero visitarlo no significa compartirlo, ni mucho menos. España, insisto, es un remanso de paz desde 2004 en comparación con otros países (el de Atocha fue el mayor atentado terrorista perpetrado en la historia de la Europa continental). Hasta noviembre de 2015, España fue el país donde se efectuaron mayores «operaciones antiterroristas». Después nos han superado Francia y Bélgica. La gente detenida se dedicaba a difundir propaganda y a intentar reclutar a jóvenes para que se dirigieran a Siria, Iraq y en algún caso a Mali. Sólo en tres casos se proyectó un atentado, siempre en estado muy embrionario y sin medios para perpetrarlo.

-Cuando te refieres a las mezquitas, apuntas la importancia del oro del Golfo Pérsico y de Marruecos…

Hay una financiación externa de las mezquitas en España y en toda Europa que llega fundamentalmente del Golfo, en primer lugar y con diferencia de Arabia Saudí, porque es el país con más recursos. Pero también de Qatar, Emiratos Árabes y Kuwait; Asimismo llega dinero de Marruecos, aunque en menor medida. Creo que éste es un mal negocio para todos porque muchas veces, no siempre, la financiación viene aparejada a la propagación de cierto tipo de Islam, y la colocación de imanes afines. Se trata del salafismo y el wahabismo, que es el que se practica en Arabia Saudí y que ha hecho mucho daño al Islam y a los musulmanes en general.

-Por último, ¿por qué opinas que Ceuta y Melilla son «dos ciudades sin futuro»?

Porque tienen enormes problemas y las autoridades -sobre todo el gobierno central pero también las administraciones locales- no actúan para intentar resolverlos, sino que miran para otro lado. Una de las razones es para no tener problemas con Marruecos. Pienso que el futuro de las dos ciudades, especialmente el de Ceuta, pasa por renunciar a su actual estatus fiscal e ingresar en la Unión Aduanera europea. Es algo que pidió por unanimidad la Asamblea de Ceuta en la etapa final de la legislatura de Zapatero. Pero el Gobierno español no ha dado un paso en esa dirección. Veo, además, que son ciudades costosísimas para el erario público, totalmente subvencionadas, en las que no hay ningún tipo de inversión privada. También creo que hay un «problema» con la población musulmana, en el sentido de que hoy en día la convivencia es pacífica pero en Melilla los musulmanes son mayoría. Y en Ceuta van a serlo en breve. Y sin embargo, apenas tienen representación en el Gobierno de cada ciudad. Son, proporcionalmente, las ciudades en las que más invierte el estado. Con cerca de 85.000 habitantes cada una, tienen un presupuesto equivalente al de la ciudad de Granada, de 240.000 habitantes.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.