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El debut de la heredera

Fuentes: Rebelión

Al cumplirse el 40 aniversario de la aprobación de la Constitución en las Cortes y cumplir 13 años, la heredera del trono ha tenido su primera aparición pública política. Y es sintomático que las crónicas y fotos en la prensa sean muy parecidas, nos refiramos al Hola y la prensa del corazón que a diarios […]

Al cumplirse el 40 aniversario de la aprobación de la Constitución en las Cortes y cumplir 13 años, la heredera del trono ha tenido su primera aparición pública política. Y es sintomático que las crónicas y fotos en la prensa sean muy parecidas, nos refiramos al Hola y la prensa del corazón que a diarios que se tienen como «serios». Hace poco, denominé la utilización de menores con objetivos políticos como «pedofilía política». Esta ha sido una buena muestra. A la heredera del trono (que lo es mientras no le nazca un hermanito, porque si esto ocurre se entera rá del grado de democracia de la Constitución del 78, en este caso en cuanto a la igualdad de género) le dieron a leer el artículo que define la forma de estado como «monarquía parlamentaria». Supongo que ya esté enterada de que a su abuelo lo puso Franco en el lugar que le dicen que ella ocupará algún día. Supongo, también, que le hayan dicho que esa ilegitimidad democrática de origen se «limpió» con la aprobación de la Constitución en las Cortes, hizo ayer cuarenta años, y en referéndum poco más de dos meses después. Pero me temo que no le hayan contado que esa Constitución, que tanto es alabada por no pocos autoconvencidos «democrátas», se hizo bajo la vigilancia de los «poderes fácticos» y del «ruido de sables» y no a través de un proceso constituyente sino como Reforma del franquismo, que no Ruptura con este.

Es cierto que la Constitución fue aceptada, con mayor o menor entusiasmo, por la gran mayoría de los partidos y de los votantes. Pero también es verdad que fue presentada (y esto se silencia) como el plato de lentejas que «si quieres las tomas y si no las dejas»… y te quedarás sin comer; o sea, bajo las leyes franquistas, porque no estaban presentes otras alternativas ni era posible realizar enmiendas siquiera parciales. Para gran parte del país, la Constitución era «un mal menor» en que se combinaba el reconocimiento de derechos (la mayoría de ellos sin ninguna garantía para su efectivo cumplimiento, como se ha comprobado) que era necesario para cumplir con los mínimos que exigía Europa para admitir al estado español en el Mercado Común y en la OTAN con la continuidad de postulados claramente franquistas, en cuanto a la definición de España (con palabras sacadas de los libros de «Formación del Espíritu Nacional»), el no reconocimiento de los derechos nacionales de los Pueblos del estado, la propia Monarquía, la especial consideración de la Iglesia Católica y otras cuestiones de gran relevancia, tanto real como simbólica (como la bandera bicolor, el himno, etc.) Sería bueno que alguien pudiera explicar todo esto a Doña Leonor, como ridículamente la llaman los profesionales de la política, periodistas famosos y hasta sesudos juristas. Porque los niños y niñas -también los de la familia real- tienen derecho a saber: a que no se les oculte la verdad.

Isidoro Moreno es catedrático de Antropología Social

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