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El histórico legado de Siria se sumerge en un «holocausto» patrimonial y artístico

Fuentes: Cuarto Poder

Incluso aunque Rusia y Estados Unidos se pongan de acuerdo para acabar con la sangría, el grado de destrucción es tal que Siria no levantará cabeza durante décadas. Si la propuesta ruso-norteamericana anunciada por John Kerry y Vladimir Putin en Moscú consigue sentar en una misma mesa al régimen y a la oposición, no solo […]

Incluso aunque Rusia y Estados Unidos se pongan de acuerdo para acabar con la sangría, el grado de destrucción es tal que Siria no levantará cabeza durante décadas. Si la propuesta ruso-norteamericana anunciada por John Kerry y Vladimir Putin en Moscú consigue sentar en una misma mesa al régimen y a la oposición, no solo habrá que hacer encaje de bolillos diseñando una fórmula política para un país ya «de facto» fragmentado territorialmente, sino que la comunidad internacional deberá poner en marcha un vasto programa para su reconstrucción.

Entonces volverán a funcionar la red de comunicaciones, los suministros de gas, agua, luz y teléfono y se repondrán los innumerables infraestructuras inutilizadas tal vez con una tecnología más moderna, pero nadie podrá recuperar el impresionante patrimonio histórico y artístico desaparecido para siempre bajo las bombas.

Siria es probablemente el país de Oriente Medio que conservaba el más valioso legado para la Humanidad, ya que, debido a su posición geográfica en el extremo oriental del Mediterráneo, ha sido un «punto de encuentro» de civilizaciones desde hace más de 4.000 años, como lo definió la directora general de la Unesco, Irena Bokova, el año pasado al denunciar los peligros que amenazan a los miles de yacimientos arqueológicos y a los seis lugares declarados «Patrimonio de la Humanidad» por esta organización de la ONU: las zonas arqueológicas de Idlib, la ciudad de Alepo, Palmira, el casco antiguo de Damasco, Bosra y el Krak de los Caballeros.

Hasta ahora estos «tesoros» se conservaban en relativas buenas condiciones al no haber sufrido guerras especialmente destructivas. Cualquiera que haya visitado Siria habrá visto por doquier, en cada ciudad, edificios y lugares con una potencialidad turística prácticamente sin explotar. Ha tenido que llegar el siglo XXI para que una guerra fratricida sumerja estas joyas arquitectónicas en una especie de holocausto patrimonial y artístico.

En las actuales condiciones bélicas, nadie puede hacer un cálculo exacto de los monumentos afectados por los combates, pero el hecho de que tres de esos lugares declarados «Patrimonio de la Humanidad» estén entre los más afectados da una idea de lo que está ocurriendo. Incluso lugares que, como el Krak de los Caballeros, están apartados de los núcleos urbanos han recibido impactos de artillería.

La parte superior del minarete de los Omeyas destruido en Alepo convertido en puesto de combate. / APSA

De acuerdo con las denuncias realizadas por varias organizaciones y especialistas, está siendo una práctica generalizada que tanto las fuerzas del régimen como los rebeldes utilicen edificios monumentales como escudos o bases militares, como ha hecho el régimen con las ruinas de Palmira, se protejan tras los muros de las antiguas ciudadelas -Alepo, Bosra, Al Mudiq, Al Rahba-, se parapeten en mezquitas e iglesias y hasta usen las excavaciones arqueológicas como trincheras, como ha ocurrido en Ebla, un yacimiento con 5.000 años de antigüedad.

Especialmente llamativa ha sido la destrucción del minarete de la Mezquita de los Omeyas en Alepo y la práctica destrucción de todo su casco histórico, de forma especial el zoco, considerado el mayor del mundo, solo comparable con el de Istanbul y comenzado a construir en el siglo XIV. En las fotografías difundidas por la Asociación para la Protección de la Arqueología en Siria (APSA), se puede ver perfectamente cómo la parte alta del minarete de los Omeyas fue reforzado con sacos terreros para hacer de él una posición de tiro o cómo las almenas del Teatro Romano de Bosra, transformado por los ayubidas en fortaleza medieval, están cubiertos por nidos de ametralladoras.

Menos conocido para los turistas es el barrio de Bostan al Diwan, en el casco antiguo de Homs, convertido, como el de Alepo, en campo de batalla y, por lo tanto, sus hermosos palacios otomanos y mezquitas -Khalid ib al Walid o Abu el Hul-, en un montón de escombros. Igualmente ha quedado destruida la iglesia de Om el Zenar, considerada una de las más antiguas que se conocen y que, según la tradición, fue levantada sobre otra anterior que ya existía en el año 50, por lo tanto posiblemente utilizada por fieles cristianos que pudieron conocer en persona a Jesucristo.

El histórico bazar de Deir Ez-Zor totalmente destruidos. / APSA

También tiene un significado especial la destrucción del Puente Colgante de Deir Ez-Zor, edificado por los franceses en 1924, cuando las tropas galas, una vez finalizada la I Guerra Mundial, se dedicaban a reasentar a los supervivientes del Genocidio Armenio por el norte de Siria, fundamentalmente en esta ciudad bañada por el Eúfrates y en Qamisli. Ahora bajo las aguas del río bíblico, el Puente Colgante era un verdadero símbolo de la ciudad, que también ha perdido el histórico bazar Al Hemydi y buena parte de los objetos que se conservaban en su museo.

El saqueo de museos y yacimientos arqueológicos es otra de las plagas extendidas por la guerra. Según un cálculo realizado por la organización norteamericana Información Humanitaria, dependiente del Departamento de Estado, el 97 por ciento de los bienes culturales se encuentran en zonas de guerra o de desplazamiento de población. A ello hay que unir los 700 pueblos, villas y monasterios de valor histórico que ya se encontraban abandonados debido a la dejación de las autoridades.

Como ocurrió en Irak, los robos se han multiplicado a medida que el caos se ha adueñado del país. Según, Cheikhmous Ali, una de las personas más comprometidas en denunciar este expolio y destrucción, de la ciudad romana de Apamea han desaparecido los mosaicos bizantinos. También hay denuncias por robo en los museos de Hama, Raqqa, Idlib y Maarat al Numan. Al principio, dice Cheikhmous, las sustracciones eran responsabilidad de habitantes locales o miembros tanto de los grupos insurgentes como de las unidades del Ejército, pero después han comenzado a funcionar bandas organizadas siguiendo indicaciones de mafias internacionales, como se ha constatado en Mari, que fue, junto a Ebla y Ugarit, también en Siria, una de las culturas más antiguas de la Humanidad.

Fuente original: http://www.cuartopoder.es/terramedia/el-historico-legado-de-siria-se-sumerge-en-un-holocausto-patrimonial-e-historico/4969