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Reseña del libro El Informe Iberdrola. Por qué el capitalismo verde no salvará al mundo, de Oriol Malló

Una defensa de los recursos naturales desde los poderes públicos frente a lo privado

Fuentes: Rebelión

Con El Informe Iberdrola. Por qué el capitalismo verde no salvará al mundo (Tafalla, Txalaparta, 2022), de Oriol Malló, estamos ante un libro que no te deja indiferente. Su contenido es duro y muy controvertido. Según se desprende de su título, lo que trata no debería generar grandes problemas, pero ya desde el principio del relato el autor lanza una serie de andanadas sobre los intríngulis de la lucha contra el cambio climático que se salen de las ideas que mucha gente -y me incluyo- tiene o tenía. Por eso, si no se lee el libro con detenimiento y hasta con paciencia, puede que no se entienda el objetivo que se ha marcado el autor y, lo que es peor, que se llegue a calificarlo de reaccionario. Todo esto no es óbice para que haya algunos aspectos que no deban ser criticados, bien porque el autor los haya marginado o bien porque se ha centrado más en aquellos que ha querido resaltar.  

Grosso modo, en las propias palabras del autor, esto que sigue es -para mí- el meollo de lo que expone: «Las energías renovables tienen su papel. Histórico podría decirse. Son un complemento necesario y útil en sistemas eléctricos que expanden su matriz de generación para asegurar el complejo equilibrio de un sistema eléctrico de potencia, encargado de cubrir minuto a minuto la curva de la demanda que millones de unidades van consumiendo durante el día. Más allá de las limitaciones técnicas, asfixiadas en esta mareante mezcolanza de propaganda, deseos e idealismo que sepulta debates siempre urgentes sobre su viabilidad -casi imposible- en una red interconectada de gran tamaño, es necesario que las empresas públicas de electricidad tomen la iniciativa de la construcción de grandes parques solares y eólicos».

He decidido poner este párrafo ahora, pese a estar situado en la página 516 de las 525 que tiene el texto en sí (sin contar la larga parte dedicada a las referencias bibliográficas y hemerográficas), porque creo que puede ayudar a que quien quiera leer el libro no se asuste de todo lo que se expone. Pero vayamos por partes.  

De entrada, resalto que se mencionan varios espacios geográficos (países, en realidad), cuales son: España y México, ante todo; también, EEUU y, de una manera especial, el estado de California; en menor medida, pero no sin importancia, tienen su hueco Puerto Rico o Chile; y también, aunque sea más de pasada, están China, el ente supraestatal de la Unión Europea, Rusia, Ecuador, Noruega… 

Lo de los dos primeros países tiene sentido y es que la empresa Iberdrola, que aparece en el título, hace de nexo común. El emporio empresarial que, nacido en la España bastantes décadas atrás, ha hecho de México su segunda patria contable. La Iberdrola moderna, la que desde principios de este siglo tiene al frente a un genio de los negocios: Ignacio Sánchez Galán. El artífice empresarial de «El Informe Iberdrola», una especie de catecismo que ha dotado a la «energía verde» del argumento doctrinario para lo que en realidad no es otra cosa que un nuevo nicho en el mundo de los negocios. Un nicho de nuevo tipo desde el que se ha lanzado una estrategia para la Península basada en la descarbonización y su (aparente, subrayo) sustitución por las energías renovables del viento y el sol, mientras que al otro lado del océano, en México, se hace todo lo contrario. ¿Por qué así? Como se desprende de lo que en alguna ocasión dijo el propio Galán, porque aquí no disponemos de petróleo.

Y como telón de fondo, siempre está el contexto general del capitalismo al que se ha añadido la variante de verde y a la que no le falta que, en su naturaleza, pertenezca a la versión neoliberal extrema que actúa a sus anchas desde la década de los ochenta del pasado siglo. La misma que hinca sus raíces en las lejanas propuestas lanzadas en los años treinta del siglo pasado por Friedrich Hayek y su escuela económica, y que cuatro décadas después fueron puestas al día por Milton Friedman y sus Chicago boys. Y es que: «El auge de las renovables llegó de la  mano de las privatizaciones, del capital financiero y de las políticas de Estado destinadas a reducir, liquidar o marginar las empresas nacionalizadas de energía eléctrica» (p. 517). 

Malló tiene claro el componente de clase que está detrás de lo que denomina como doctrina del choque climático. Y, ojo, que no estamos ante un negacionista del cambio climático, sino de lo que se esconde detrás de lo que determinados sectores sociales y políticos están defendiendo en la práctica. Por eso dice que existe «una histórica sinergia de opuestos que es hoy el credo establecido de la clases profesionales, los directivos de las empresas y los políticos de turno, padres e hijos todos de aquel movimiento de ruptura que hoy es corriente principal de opinión» (p. 404). 

¿Y por qué así? Malló nos pone el siguiente ejemplo de lo que está ocurriendo en California, donde determinados sectores sociales intermedios han hecho de la inversión en equipos solares y eólicos su modo de obtener y consumir energía: «Sus recibos negativos son el fruto del esfuerzo del emprendedor verde, consciente y amigable. El buen ciudadano puede decir al mundo: no le pagué un dólar al oligopolio eléctrico y puse mi grano de sol contra el cambio climático». Para añadir al poco: «El problema es que allá donde se aplica masivamente la compensación de kilovatios particulares, se castiga directamente al proletariado urbano, que son todos aquellos que viven de alquiler o al día, con facturas cada vez más elevadas y ni pueden, bajo ningún concepto, pasarse al nirvana de prosumer [consumidor que es a la vez productor]» (p. 491). 

Pero lo más importante se encuentra en un hecho que resulta clave para entender lo que está ocurriendo: con el modelo energético que se está imponiendo (pretendidamente) para luchar contra el cambio climático, lejos de reducir la contaminación desde las energías fósiles, éstas siguen existiendo y, por ende, emitiendo CO2 a la atmósfera. Y esto ocurre porque ese gas que se está evitando en esos lugares «limpios», «se transfiere a los generadores fósiles de centrales de gas natural o de diésel que cubren el hueco del sol y se instalan, generalmente, cerca de los barrios populares que pagan, con su salud, los costos ambientales» (p. 491).

¿Pero, en definitiva, qué está proponiendo el autor del libro? No tiene duda: «En mi mundo, obsoleto quizás, no hay nada mejor que la nacionalización de activos, la soberanía energética y el control público de empresas hidroeléctricas, pozos petroleros, redes de gasoductos o reactores nucleares por monopolios de propiedad estatal, capaces de garantizar una energía asequible y barata, aunque, a veces, esta no sea tan limpia como esperamos». 

Lo que está haciendo es una defensa de los recursos naturales desde los poderes públicos frente a lo privado; y un reparto por igual para todo el mundo frente al acaparamiento para determinados sectores sociales y el incremento de las cuentas de beneficios para las grandes corporaciones privadas. 

Es lo que explica, por ejemplo, que México en la actualidad sea escenario de una dura disputa entre el gobierno liderado por el presidente Andrés Manuel López Obrador y empresas como Iberdrola, que hasta 2018 habían gozado de los favores concedidos desde los años ochenta por los gobiernos de naturaleza neoliberal que le precedieron. 

Estamos ante un libro que merece la pena leer. Necesario, por lo que cuenta. Controvertido, por determinadas apreciaciones que hace sobre las contradicciones existentes en la lucha contra el cambio climático, y sobre algunos personajes y grupos ecologistas. Y duro, porque la realidad en la que vivimos es dura, sobre todo para la mayor parte de la humanidad. Invito, pues, a leerlo, porque haciéndolo se puede aprender más.

Blog del autor: https://marymeseta.blogspot.com/2022/12/un-libro-de-oriol-mallo-la-vez.html).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.