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30 años después, 3 años más tarde

El método y la moral

Fuentes: Rebelión

Estábamos en la evolución del marxismo de Manuel Sacristán. De nuevo tomo pie en los apuntes del curso doctorado de FFB de 1993-94 impartido en la UB. 1. El método de Marx ¿Cuál es ese método»? MSL alude dos veces en el prólogo al «historicismo» de Marx (la segunda en PyM I, 17).»Historicismo» se usa […]

Estábamos en la evolución del marxismo de Manuel Sacristán. De nuevo tomo pie en los apuntes del curso doctorado de FFB de 1993-94 impartido en la UB.

1. El método de Marx ¿Cuál es ese método»? MSL alude dos veces en el prólogo al «historicismo» de Marx (la segunda en PyM I, 17).»Historicismo» se usa en el texto que comentamos sin definir (aunque se podría considerar que, implícitamente, de forma positiva). No parece que haya que pensar en una identificación con la corriente histórico-filosófica que ha llevado ese nombre en Alemania y que tenía por entonces gran florecimiento entre los marxistas italianos seguidores de Gramsci. Más bien parece que «historicismo» se usa aquí para reconocer la dedicación de Marx a la historiografía, la conciencia que tuvo como historiador, pues se habla en ese contexto «del historicismo de principio de Marx» en referencia a que para comprender él mismo y hacer comprender a sus lectores el pronunciamiento de O’Donnell y Dulce, el insólito periodista promete y realmente ofrece un de la primitiva historia revolucionaria de España». A partir de ahí viene la parte más interesante del prólogo, aquélla en la que MSL pone de manifiesto una importante diferencia entre «el verdadero método de Marx» y «la simplificadora imagen del mismo que suele darse en manuales y polémicas al uso» (PyM I, 18). Se fija Sacristán en dos cosas: en la importancia que da Marx al «rasgo diferencial» de la historia moderna de España, por comparación con la historia de otros países europeos, y en el hecho de que su estudio de esta particularidad se haya movido al mismo tiempo en el «terreno sobreestructural» de las instituciones (la cultura, la psique popular y la política) pero correlacionándola con la historia moderna europea en general («no como un empírico aferrarse a una supuesta sustantividad cerrada de un complejo de datos nacionales», «no como futuro de una gratuita postulación de misteriosos rincones estancos y racionalmente irreductibles en el alma o vividura de los pueblos»). Ve, pues, MSL el proceder metodológico de Marx en estos escritos como la consecuencia de la asunción de un principio metódico más general, a saber: «la importancia concedida al papel dialéctico de los elementos sobrestructurales (tradición, cultura, instituciones, política, religión) en su reversión sobre los elementos estructurales básicos de la vida social». En ese contexto MSL formula una interesantísima caracterización de lo que en la tradición marxista se ha llamado «el análisis concreto de la situación concreta» (más allá de determinismos y reversibilidades de estructura y sobrestructura). Esta caracterización esta sólo apuntada en el prólogo de 1959, pero vale la pena tenerla en cuenta:

Marx se mueve inicialmente en cada análisis en un terreno sobrestructural, generalmente el político, y no lo abandona hasta tropezar, como sin buscarla, con la intervención ya palmaria de las «condiciones naturales» sociales. El método puesto en obra por Marx en estos artículos podría cifrarse en la siguiente regla: proceder en la explicación de un fenómeno político de tal modo que el análisis agote todas las instancias sobreestructurales antes de apelar a las instancias económico-sociales fundamentales. Así se evita que éstas se conviertan en Deus ex machina desprovistos de adecuada función heurística. Esa regla supone un principio epistemológico que podría formularse así: el orden del análisis en la investigación es inverso del orden de fundamentación real admitido por el método. (PyM I,19-20).

Una comparación entre este punto de vista sacristaniano acerca del proceder metódico de Marx y lo que estaban escribiendo por entonces, en Francia o en Italia, Garaudy, Lefebvre, Althusser, Vilar, Della Volpe, Luporini, Colletti, Gerratana, etc. mostraría probablemente la proximidad de MSL a la modestia metodológica (no siempre ampliable a otras cosas) de un historiador como P. Vilar (pero tener en cuenta discrepancias a finales de los 60 en otros planos) y a la prudencia filológica de un lector sin prejuicios como Valentino Gerratana (al que trataría MSL a comienzos de los setenta) en sus polémicas de entonces con Norberto Bobbio de una parte y con Lucio Colletti y Galvano della Volpe, de otra. Naturalmente, la otra comparación interesante (más explícita y conocida) es con G. Lukács (todavía está por explorar si en la correspondencia entre MSL y Lukács en los setenta hay piezas sobre toros temas que no fueran los editoriales relativos a la traducción del húngaro-alemán al castellano. Una vía para trabajar sobre este punto: Juan Grijalbo; tal vez también A. Heller).

2. Más sobre dialéctica y marxismo MSL volverá a tratar el tema de la «dialéctica», en 1960, en el apartado III de «Tres notas sobre la alianza impía». <> «Tres notas sobre la alianza impía» recoge inicialmente una preocupación y una crítica de Bernal. La «alianza impía» es la coincidencia entre positivismo cientificista y pensamiento teológico y místico de la tradición en la común empresa del agnosticismo filosófico y de la crítica al marxismo. MSL sale ahí al paso de una alianza que estaba cuajando en el cambio de la década de los cincuenta a la de los sesenta: la alianza entre positivismo cientificista e irracionalismo. Este es uno de los ensayos más notables que MSL ha escrito desde el punto de vista del análisis crítico de las ideologías contemporáneas. El contexto polémico lleva a una caracterización positiva del materialismo dialéctico (pág. 20 y ss.): COMENTAR TEXTO.