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El pensamiento también es un arma cargada de futuro

Fuentes: La Jiribilla

Armando Hart Dávalos, «compañero de trabajo y de combate», como lo llamara la Premio Nacional de Literatura Graziella Pogolotti, ha impulsado por estos días la creación de un Club Martiano en el barrio donde reside. Su iniciativa recuerda las reflexiones que sobre su obra hizo Nestor Kohan en el prólogo del libro Marx, Engels y […]

Armando Hart Dávalos, «compañero de trabajo y de combate», como lo llamara la Premio Nacional de Literatura Graziella Pogolotti, ha impulsado por estos días la creación de un Club Martiano en el barrio donde reside. Su iniciativa recuerda las reflexiones que sobre su obra hizo Nestor Kohan en el prólogo del libro Marx, Engels y la condición humana: «Hart está pensando para el futuro, para las nuevas generaciones, para la gente joven que hoy se incorpora a la lucha por otro mundo posible…»

Junto con un grupo de sus vecinos una tarde de septiembre, el director de la Oficina del Programa Martiano aparece, a sus 80 años, como un miembro más de lo que ha de convertirse en lo adelante en fraternidad promotora de la paz, la naturaleza y la utilidad de la virtud . Las palabras que lee, no arrastran el trillado verbo de la arenga; sino que motivan la conversación diáfana en tono familiar, e invitan a pensar a las organizaciones de este tipo como «pilares fundamentales de la cultura política de nuestro pueblo».

Su discurso, que propone estrechar vínculos entre los que considera tres vértices inseparables de un triángulo: la escuela, la familia y la comunidad; evocador de los próceres «de los cuales aprendimos a creer en la igualdad y la justicia»; y en el cual cita a Fidel en la idea de que nuestros pueblos obtendrán la victoria «con la inteligencia y con el corazón», es la prolongación de una obra que no cesa a pesar del paso del tiempo implacable.

Los papeles de Hart tratan de acomodarse hoy en el local que en la planta alta de su hogar, se convertirá en el asiento final del Fondo Personal que atesora hoy unos 18 mil volúmenes. En los libros, las cartas y los artículos escritos para la prensa de esta «leyenda viva de la Generación del Centenario», puede hacerse un recorrido por la historia de la Revolución Cubana, como solo a través de otras contadas figuras. «En pocas vidas -ha expresado el historiador Eduardo Torres-Cuevas– se da tanta coherencia entre la práctica revolucionaria y la producción creadora y retadora de ideas».

Ha dicho varias veces que en el hogar comenzó a formarse la vocación humanista que halló en José Martí el referente más acabado. Una tarea escolar le encargaba de niño su primera composición y Armando eligió al Apóstol como el protagonista del relato. De la estirpe familiar, del ejemplo del padre magistrado y el hermano prócer, viene formándose el joven que desde las aulas de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana denuncia la corrupción política de los gobiernos de la época y que recién graduado, se lleva palmas y premio en México en un Concurso Internacional de Oratoria, al pronunciar una diatriba contra el dictador Fulgencio Batista.

Menciona siempre a Rafael García Bárcenas entre sus maestros. La única vez que Hart ejerció como abogado, lo hizo para defenderlo de una acusación por conspiración. Con él se introdujo en el Movimiento Nacional Revolucionario, que abandonó luego para integrarse al M-26-7. A partir de sus actividades en la clandestinidad y recorridos por la Isla para reclutar jóvenes oposicionistas, conoce a Haydée Santamaría, Frank País y Fidel. Se convierte rápidamente en miembro de la dirección del nuevo Movimiento y pasan como relámpagos -en su doble calidad de fugaces y quemantes- los sucesos del 30 de noviembre, el apoyo a la lucha en la Sierra, los días de refugio en las montañas, la cárcel, la tortura.

Al fin, el triunfo del 59 y luego su acción colosal al frente del Ministerio de Educación y la Campaña que permitió a Cuba proclamarse territorio libre de analfabetismo. Las regulaciones dictadas en el período de Hart como ministro, la organización descentralizada, su método minucioso de buscar provincia por provincia a los mejores pedagogos de la Isla para echar a andar el proyecto educacional del país, son los pilares decisivos en la construcción del sueño que entiende la cultura como el único modo de alcanzar la libertad.

Más tarde, Hart cumplió como miembro del Partido Comunista tareas de dirección que lo llevaron a Camagüey y Santiago de Cuba, desde donde trabajó como Primer Secretario del Partido de Oriente. Luego volvió a ser Ministro, pero de la recién creada en 1976 cartera de Cultura. A su sensibilidad adjudican intelectuales y artistas un «suspiro de alivio» [1] en el desarrollo de nuestras políticas culturales. El escritor Miguel Barnet ha afirmado que «(…) en gran medida gracias a él nuestro socialismo martiano y marxista muestra hoy una vida sana en la esfera cultural. Que prevalece el diálogo, la confrontación, el debate generacional en una relación de confianza recíproca».

De muchos intelectuales más jóvenes, que vivieron el impacto terrible del desmerengamiento del socialismo esteuropeo desde las aulas universitarias, se ha escuchado más de una vez decir que las ideas de Hart los salvaron de la desidia y los mantuvieron en el camino de la Revolución con horizontes socialistas. El teólogo brasileño Frei Betto lo ha llamado «filósofo de la liberación de este país». Hart ha encontrado el camino del pensar la nación cubana desde los presupuestos de la filosofía electiva, las enseñanzas de Caballero y el legado lucista, y la universalidad de la obra martiana, ha sistematizado las ideas del Che y Fidel y la tradición marxista, ha encontrado su continuidad en el pensamiento radical antimperialista de América Latina.

Conoce la importancia del intercambio entre generaciones y por eso, en batalla contra las grietas de la salud, aparece -como lo ha hecho siempre- en cualquier escenario donde puedan plantarse los árboles físicos e inmateriales que representan la continuación del ideario martiano. A cada paso demuestra su fe en el ascenso moral como tabla de salvación de la humanidad, en cada palabra sin haber escrito obra en versos, demuestra ser el poeta que logró ver en él Eliseo Diego: «los poetas lo son también en los actos».

Notas:

[1] Expresión utilizada por Ambrosio Fornet en conferencia pronunciada el 30 de enero de 2007 en Casa de las Américas.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/2010/n491_10/491_35.html