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El plan Livni-Rice: ¿Hacia una paz justa o hacia el apartheid?

Fuentes: palsolidarity.org

Traducido por J. M. y revisado por Caty R.


Desde hace muchos años soy uno de los fatalistas que mantienen el argumento de que la solución de «los Dos Estados» (en Palestina, N. de T.) está muerta y que el apartheid es el único resultado real de la política israelo-palestina, al menos hasta que surja una dura batalla contra el segregacionismo que pueda modificar esta realidad indiscutible.

Baso mi teoría en hechos concretos y reales. Durante los últimos 40 años Israel  ha ejercido un intenso e irreversible control en los territorios ocupados  además de establecer unos 300 asentamientos que vuelven imposible la creación de un estado palestino viable. Ningún político israelí que  propusiera la retirada de los territorios  ocupados  para crear un estado palestino sería elegido, ni siquiera como partícipe en una coalición en la que manifestara la voluntad de un plan semejante. Y dado el apoyo incondicional que los dos grandes partidos estadounidenses le han dado sucesivamente a Israel en el Congreso, reforzado por la derecha cristiana, la influyente comunidad judía y el lobby militar, además de la falta de voluntad que manifiesta parte de la comunidad internacional para presionar con el fin de que Israel haga concesiones significativas, la solución de los dos estados está virtualmente fuera de cuestión a pesar de que es la opción patrocinada por la comunidad internacional en la agonizante iniciativa llamada «Hoja de Ruta».

Bien, entonces si es cierto que la solución de dos estados ya está fuera de cuestión, la siguiente alternativa lógica sería la solución de «Un Estado», especialmente desde que Israel se ve a sí mismo como un país que ocupa el territorio que va desde el Mediterráneo hasta el Jordán  -la Tierra de Israel- y de hecho así lo materializa con las nuevas colonias y su red de carreteras. Si se considera que Israel gobernó  prácticamente todo ese territorio en los últimos cuarenta años, ¿por qué no se declara abiertamente como un estado democrático para todos los habitantes de la región? (Después de todo Israel  proclama que es la única democracia de Oriente Medio). La respuesta está clara: un estado democrático en la Tierra de Israel es inaceptable -para Israel- porque ese estado, con una mayoría palestina, no podría ser «judío».

Esto nos retrotrae al principio, el apartheid, un sistema en el cual una población se separa de otra y luego la domina estructural y permanentemente. Desde el momento en que el grupo dominante busca controlar el país entero y desea expulsar a la población indeseada de sus tierras, propicia la creación de bantustanes (porciones de territorios separados entre sí, N. de T.) y los convierte un una suerte de estados-prisión. Esto  es exactamente lo que propuso Olmert en una sesión conjunta del Congreso estadounidense en mayo del año pasado cuando presentó su «plan de convergencia» (que recibió 18 ovaciones). Y es en esto precisamente en lo que Condoleezza Rice y la Ministra de Asuntos Exteriores israelí Tzipi Livni, estuvieron trabajando en las últimas visitas mensuales que hizo Rice a la región.  

Este plan encarna la peor pesadilla de los palestinos. La fase II de la Hoja de Ruta, incluye la «opción» de un estado palestino independiente con fronteras provisionales, «como un paso hacia el establecimiento de un estado permanente». Públicamente, Livni insiste en la fase II que reemplaza la fase I,  mientras crecen los temores de los palestinos que ven cómo se congela el plan de un estado definitivo, y queda como «casi definitivo» un estado sin límites precisos, sin soberanía, económicamente inviable, cercado, fragmentado y controlado por Israel y sus colonias eternamente en expansión. 
Por su parte, Livni y Rice actúan silenciosamente, en claro contraste con las explosiones de sus jefes varones. De momento incluso se abstienen de dar un nombre a su plan, que Livni denomina simple e inocuamente como «la iniciativa de Israel para la solución de dos estados». Ari Shavit, un destacado periodista del diario israelí Haaretz  pregunta «¿Tiene la Ministra de Asuntos Exteriores Tzipi Livni un plan diplomático claro que está tratando de promocionar?   Livni da a entender que lo tiene, pero se niega a dar más  explicaciones. Habla de su visión de dos estados y de la necesidad de dividir el país políticamente, pero no explica en qué consiste realmente el plan».  

El plan es simple, pero está lejos de la opinión pública. (Recientemente el periódico New York Times dijo que Rice se estaba poniendo en una situación humillante al frecuentar Israel sin ningún plan aparente). Queriéndose poner a tono con el plan de la Hoja de Ruta dirigido por EEUU, Livni  habla de llegar a la solución de dos estados por medio de negociaciones. Pero la Hoja de Ruta obliga a Israel a congelar la instalación de asentamientos, a lo que Israel se niega enérgicamente. ¿Cómo se puede llegar a un acuerdo de esta manera? ¿Cómo puede Israel proponer la solución de dos estados mientras continúa  expandiendo sus asentamientos e infraestructuras en el corazón de los territorios donde debería establecerse el estado palestino?  

La respuesta yace en una pequeña pero fundamental noticia que habla de un cambio en la política de EEUU anunciado por el presidente Bush en abril de 2004 y ratificado unánimemente por las dos Cámaras del Congreso: «En virtud de los hechos sobre el terreno, que incluyen el crecimiento de centros poblacionales israelíes (que la administración Bush llama  asentamientos masivos israelíes)», determina que «no es realista pensar que el final de las negociaciones pueda implicar el retorno completo a las fronteras del armisticio de 1949». De esta manera y de un plumazo, Bush frustra la base de la diplomacia internacional que trabaja para la solución del conflicto israelí-palestino, incluyendo su propia hoja de ruta: el retorno de Israel a las fronteras de 1967 (1949) que permitirá el espacio para establecer un genuino estado palestino. Israel proclama que la construcción de los asentamientos  en esos territorios no viola la Hoja de Ruta, puesto que esos territorios fueron reconocidos unilateralmente por Estados Unidos como parte integrante de Israel. De esta manera, entre un 15 y un 25% de Cisjordania se ha sacado de las negociaciones y se ha anexionado de hecho a Israel, mientras que como «territorios ocupados» se define en la actualidad únicamente lo que queda fuera de esos asentamientos y es sobre lo que se puede negociar.  

Israel espera que los palestinos consientan en una especie de ocupación como resultado de las «negociaciones», en las que a priori los palestinos pierden el 85% de su territorio original. Esto es inaceptable para los palestinos además de patético. La actitud de Israel en un principio fue ¿a quién le preocupa?  Los palestinos siempre fueron irrelevantes, incluyendo su participación en el «proceso de paz» de Oslo. En su discurso en el Congreso Olmert expuso claramente su intención de imponer una unilateral Pax Israeliana  si fuera necesario: «no podemos  esperar eternamente a los palestinos. Es nuestro deseo más profundo construir un mejor futuro en nuestra región, mano a mano con nuestro socio palestino. Si esto no fuera posible, nos adelantaremos -pero no solos-, nunca hubiéramos podido implementar el plan de retirada sin el apoyo de EEUU. Esta retirada nunca se hubiera podido llevar a cabo sin el compromiso dispuesto por el presidente Bush en una carta del 14 de abril de 2004 respaldado por las dos Cámaras del Congreso y con una mayoría sin precedentes.» 

Aquí Olmert se pilla los dedos. La Hoja de Ruta -por una gracia concedida- llama claramente a poner fin a la ocupación y el conflicto por medio de negociaciones. El conflicto israelí-palestino, cita el texto, debe ser resuelto «por medio de acuerdos negociados para llegar a un final satisfactorio para ambas partes». Tanto Bush como Blair dijeron claramente a Olmert que el «plan de convergencia» no se puede imponer unilateralmente. El debe «simular» (y me consta que el gobierno británico utilizó esta palabra) negociaciones con Abbas durante un año. Eso es lo que subyace bajo los encuentros ocasionales entre Olmert y Abbas, de los que Olmert dijo públicamente  que estaban estrictamente limitados a «cuestiones prácticas».  El Boston Globe  publicó el 15 de abril de 2007: «El primer ministro israelí Ehud Olmert y el presidente palestino Mahmud Abbas, de acuerdo con la iniciativa de EEUU mantuvieron un encuentro el domingo, evitando puntos álgidos del conflicto de Oriente Próximo…’No discutiremos los asuntos centrales del conflicto -tales como el de los refugiados, Jerusalén y las fronteras-‘ declaró Olmert a los medios en la reunión semanal de su gabinete».  

Y aquí es donde entra la propuesta de Tzipi Livni de sustituir la fase I por la fase II. Pasado un año (en mayo de 2007) y cuando está claro que los palestinos no han sido «participativos», Israel estará en condiciones de declarar como sus fronteras  «provisionales» la línea del muro de separación, anexionando de esta manera alrededor de un 10% de Cisjordania. Esto podrá parecer poco, pero incorpora a su territorio los mayores asentamientos (más 500.000 colonos israelíes), a la vez que convierte Cisjordania en un puñado de  pequeños, desconectados y empobrecidos «cantones». Esto despoja a los palestinos de sus mejores tierras de cultivo y de toda el agua.  También anexiona una «Gran Jerusalén» israelí en toda la parte central de Cisjordania  cercenando la economía, la cultura, la religión y el corazón histórico de cualquier posible estado palestino. Deja a los palestinos aprisionados entre  el muro y otra frontera «de seguridad», el valle del Jordán, otorgando a Israel dos fronteras occidentales. Esto impide el desplazamiento de personas y bienes tanto dentro de Israel como de Jordania, e internamente entre los diferentes cantones. Israel también se arroga el control del espacio aéreo de Palestina, la esfera electromagnética y hasta el derecho de los palestinos a conducir su política exterior. 

De esta manera los palestinos obtienen su estado,  aunque con «fronteras provisionales». Israel aumenta su territorio entre un 82 y un 85%, siempre de acuerdo con la Hoja de Ruta y el apartheid -en forma de «solución de dos estados»- deviene en una realidad política. Y  así nos quedaremos para siempre jamás. 

Aquí aparece un estorbo.  Ni israelíes ni palestinos quieren abandonar la solución de los dos estados aunque se encuentren estancados. Tzipi Livni, que es uno de los miembros del gabinete con pensamiento propio, ha ido más lejos en sus propuestas que incluso el partido laborista. «Por un lado quiero enfocar mis prioridades en los temas de seguridad, desmilitarización y el problema de los refugiados», dijo  recientemente, «y por otra parte deseo crear una alternativa real para los palestinos que sea una solución para su problema nacional». 

Livni ha sido crítica con el enfoque masculino  sobre el conflicto en los últimos años. En una entrevista de Haartez (20-12-06) le preguntaron: «¿Ve usted la influencia de las hormonas masculinas a su alrededor?» «A veces se plantean los asuntos como ‘cosas de hombres'» respondió sinceramente.  «¿Hubo un problema de ese tipo en la conducción de la guerra (de Líbano)?» Presionó el entrevistador. «No sólo en la guerra», respondió la ministra, «en todo tipo de discusiones escucho argumentos por el estilo entre generales y almirantes y les  pido que se detengan. Hubo algo de eso durante la guerra, el planteamiento era demasiado militarista… Al principio de la guerra algunos pensaron que el rol diplomático era darle tiempo al ejército.  Y eso es comprensible: en el pasado siempre lo hemos conseguido, conquistamos,  liberamos, ganamos, entonces el mundo nos aplaudía. La victoria era militar y el fracaso político. Pero esta vez fue a la inversa».  

Livni, como la mayoría de los israelíes, no puede abandonar el plan de los dos estados. La alternativa de un estado (apartheid) es claramente inaceptable. La existencia de un estado judío depende de la existencia de otro palestino.  Sin embargo esto no impidió la expansión de las colonias israelíes, que continúa mientras escribo estas líneas. Aparentemente la Sra. Livni cree ingenuamente, como la mayoría de los israelíes,  que hay una posibilidad de acuerdo con el mínimo que los palestinos podrían aceptar y el  mínimo que los israelíes están dispuestos a conceder, específicamente en lo concerniente a un estado palestino soberano, territorial y económicamente viable. Dudo de esta probabilidad, especialmente sabiendo que más del 60% de los palestinos que habitan en los territorios ocupados son menores de 18 años y necesitan un futuro realmente viable.  

Como los palestinos no aceptan la zanahoria, los israelíes -y aquí no sé cuál es la postura de Livni- vuelven al palo y oprimen a los palestinos todos los días con duras  acciones militares, sanciones económicas y una durísima vida cotidiana, con el fin de que acepten un mini estado dividido territorialmente, inviable y «semisoberano».  Es necesario que Israel continúe con su opresión y alternativamente «endulce la píldora» para conseguir que la comunidad internacional acabe considerando aceptable el apartheid, proponiendo, por ejemplo, dar a los palestinos el 90% de los territorios ocupados. Pero hay que tener en cuenta que en el 10% restante con el que se quedaría Israel es donde están todos los recursos que permitirían el potencial y soberano desarrollo. Y pretenden estar haciendo una «generosa oferta» irresistible para los palestinos.  En definitiva, ¿quién se preocupa por la «viabilidad del estado palestino»?  

Pienso que la solución de los dos estados ya es historia y estamos a las puertas del apartheid. No veo ningún posible malabarismo que permita la entrega de suficientes territorios como para hacer realidad un estado palestino. Por el momento el plan está atascado y aquí quiero señalar tres criterios indispensables para que se lleve a cabo el plan de los dos estados: 1) Gaza debe ser palestina, así como el 85-90% de Cisjordania con sus recursos de agua y las conexiones necesarias entre ellas para que estén perfectamente conectadas; 2) Palestina podrá establecer sus fronteras con los otros estados árabes (el valle del Jordán y el cruce de Rafah con Gaza) y podrá disponer del mar y los aeropuertos sin limitaciones y 3) La ciudad de Jerusalén compartida debe ser parte integrante del estado palestino con acceso libre y sin restricciones.  

Me temo que el plan Livni-Rice está lejos de estas condiciones.  No dudo de la sinceridad de Livni  (algo inusual en mí que no se da con otros políticos, menos aún con alguien del Likud-Kadima), pero me temo que ella,  así como la mayoría de los israelíes que buscan la paz, minimiza las condiciones que los palestinos podrían aceptar.  Si no aceptan lo que los israelíes quieren dar son culpables de no querer la paz. Livni misma manifestó: «Abbas no es un socio para un acuerdo final, pero sí puede serlo para otras negociaciones del proceso de la Hoja de Ruta».  

¿Puede Livni llevarlo adelante? Todo depende de su sinceridad, su habilidad para moverse buscando la paz en un gobierno de extrema derecha como el de Olmert y si éste cae, siendo elegida como Primera Ministra y estableciendo un gobierno propio que sea capaz de presentar alternativas realistas y tomar las decisiones adecuadas para conseguir la paz justa que requieren los palestinos. En este bello panorama, debemos decir que Tzipi Livni no es la persona que los israelíes tienen hoy en la cabeza.  

Mientras tanto el plan sin nombre, sin publicidad, el «no plan» Livni-Rice sigue su curso  oculto tras otros acontecimientos aparentemente más importantes como la iniciativa de la Liga Árabe. Pero, ¡un momento!  ¿Qué hay de la iniciativa de la Liga Árabe saudí?  ¿Acaso no propone la solución de dos estados y el retorno de los refugiados? Sí lo hace, por supuesto, pero pocos la toman en serio en el mundo árabe. La gente entiende que la justicia  para los palestinos va en detrimento de las relaciones de los gobiernos árabes con Estados Unidos e Israel y acabarían siendo tratados como lo es actualmente Irán. De esta manera se entiende esta iniciativa, más para aplacar los ánimos  del público árabe que como una posición política que pueda tener efectos negativos sobre el plan  Livni-Rice.  

Quienes estamos en el campo de la paz debemos supervisar muy de cerca las actuaciones de Livni y Rice.  Nada es realmente secreto, todo lo antedicho ha sido publicado en la prensa israelí. Simplemente se trata de componer el puzzle, recoger los indicios y conectarlos con las medias palabras. Debemos desarrollar la habilidad para comprender el significado real de comentarios aparentemente triviales como «Abbas no es un socio para llegar a los acuerdos finales pero…», justo lo contrario de  lo que suele hacer el New York Times para «explicar la realidad». De esta manera, la importancia del plan Livni-Rice es inversamente proporcional a su valor periodístico.  


Jeff Halper es el coordinador del Comité Israelí contra la demolición de casas (ICAHD) y candidato, junto con el activista por la paz Ghassan Andoni, al Premio Nobel de la Paz 2006. Su correo electrónico es  [email protected]

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Tlaxcala y Cubadebate. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, la traductora y la fuente.