Recomiendo:
0

El uso del tiempo devela inequidades entre mujeres y hombres

Fuentes: SEMLac

El uso y la distribución del tiempo de mujeres y hombres en sus actividades cotidianas continúan develando inequidades de género en la sociedad cubana, según alertan profesionales que estudian el tema. A juicio de la economista Teresa Lara Junco, experta en estadísticas e indicadores de género, cuando se mide el tiempo nos colocamos ante el […]

El uso y la distribución del tiempo de mujeres y hombres en sus actividades cotidianas continúan develando inequidades de género en la sociedad cubana, según alertan profesionales que estudian el tema.

A juicio de la economista Teresa Lara Junco, experta en estadísticas e indicadores de género, cuando se mide el tiempo nos colocamos ante el resultado expreso de la división sexual del trabajo y las relaciones de poder: las expresiones más claras de desigualdad.

«Es desde la naturalización de las actividades que tienen que hacer las mujeres en los hogares y los hombres fuera de casa, él como proveedor de recursos y ella como productora de cuidados, que se comprende con más claridad este fenómeno», apuntó a SEMlac Lara Junco.

La problemática del trabajo en el hogar es un aspecto generalmente invisibilizado, sostuvo la entrevistada, para quien la implementación de políticas que permitan una conciliación Estado-familia-comunidad es fundamental para el desarrollo de las fuerzas productivas, tanto en el sector privado como estatal. «Si analizamos el uso del tiempo desde el punto de vista del ciclo vital, vemos que las personas nacen, se alimentan, se cuidan, se curan, estudian… y en todo ese ciclo, hasta la muerte, están siempre acompañadas por personas, por cuidados que la mayoría de las veces provienen de las mujeres», dijo.

El tiempo puertas adentro 
Datos de la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género (ENIG) 2016 muestran la persistencia de brechas de género en la carga total de trabajo de hombres y mujeres.

El estudio, desarrollado por el Centro de Estudios de la Mujer de la Federación de Mujeres Cubanas y la Oficina Nacional de Estadísticas, con una muestra representativa de la población cubana de 15 a 74 años, evidenció que, respecto al trabajo no remunerado, las mujeres dedican como promedio, en una semana,14 horas más que los hombres.

Ellas continúan asumiendo las tareas domésticas y de cuidados no remunerados de manera preponderante, incluso cuando están ocupadas en la economía, sostiene la encuesta.

Resultó significativo que ni las mujeres ni los hombres reconocen la sobrecarga doméstica como un problema para los últimos. Este indicador muestra para las mujeres una diferencia de 26 puntos porcentuales con respecto a los hombres.

En contraste, la ENIG 2016 evidenció que son ellos quienes mayor tiempo destinan al trabajo remunerado, con 34,26 horas como promedio semanal, en tanto se comporta proporcionalmente inverso el tiempo destinado al trabajo no remunerado, con 22,16 horas. Las mujeres, por su parte, dedican 22,09 horas y 36,37 a estas actividades, respectivamente.

Tales cifras llaman la atención sobre el hecho de que las mujeres ocupadas, en relación con los hombres, presentan una diferencia de casi 10 horas en el tiempo asignado al trabajo no remunerado, lo cual significa que aún en condiciones de participación en la actividad económica, ellas mantienen la carga doméstica y constata la doble jornada de trabajo que enfrentan.

Entre las actividades que más tiempo promedio les consume a las mujeres, la ENIG 2016 identifica las de planificación, preparación y servicio de comida, y las relacionadas con la limpieza e higiene de la vivienda. De igual modo, las tareas de lavado y planchado de ropa, así como reparaciones textiles.

Las compras para el hogar, los cuidados de animales y cultivos y las reparaciones caseras son las actividades que más tiempo promedio les consume a los hombres.

Sin embargo, las brechas de género se amplían en lo referente al cuidado, donde prevalece la participación femenina (25,78 %) con respecto a sus pares masculinos (12,26 %), en todas las tareas relacionadas con la atención a niños, adultos mayores o personas incapacitadas.

Respecto a la distribución del tiempo para intereses personales, la ENIG develó que no existe mucha diferencia entre ambos sexos en cuanto al cuidado personal, uso de los medios de comunicación, el descanso y al estudio. Pero el análisis por grupos de edades enfatiza las diferencias entre ambos sexos en actividades como visitar y compartir con amistades y familiares, asistir a eventos culturales y hacer ejercicios, en las cuales ellas quedan en desventaja.

Anatomía de un iceberg 
La economista Teresa Lara destaca que el aporte que las mujeres realizan a la sociedad hay que analizarlo desde el hogar y también desde el valor agregado al cuidado, la educación, la salud y la formación de las nuevas generaciones, actividades muy feminizadas. «Ello, sin perder de vista que cuando la mujer sale de casa, también tiene la capacidad de aportar».

Los datos de la encuesta advierten que la sobrecarga de las mujeres en el trabajo doméstico y de cuidados pudiera constituir un obstáculo para el acceso igualitario al trabajo remunerado. «Desde la construcción social de género no estamos frente a una plena igualdad», sostiene la especialista.

«La igualdad de derechos no necesariamente es igualdad de oportunidades. No todos partimos del mismo lugar, o tenemos los mismos ingresos, formación profesional, identidad cultural, proyectos de vida», dice.

«Cuando una mujer se ausenta de su puesto laboral porque no ofreció servicio el círculo infantil donde tiene a su hijo, puede pedir días de ausencia porque está naturalizado el derecho de faltar justificadamente para cuidar, pero no tiene el derecho de cobrar el salario de ese día. Y olvidamos que el cuidado también es trabajo», reflexiona Junco.

De acuerdo con la socióloga Dayma Echevarría, profesora del Centro de Estudios de la Economía Cubana, en estudios realizados sobre los efectos de los cambios en el empleo en la vida de las mujeres se observó que hacia el año 2014 existía una brecha salarial del seis por ciento entre ellas y los hombres. «Esta diferencia se asocia a las ocupaciones que realizan, en las que estos ocupan los puestos mejor remunerados. También muestra que las mujeres se ausentan más al empleo por sus responsabilidades de cuidado, lo que al final de mes redunda en menor salario», apunta la experta a SEMlac.

A ello se añade que asistimos a un desplazamiento hacia el hogar de cuidados que antes transcurrían en instituciones hospitalarias, a partir del avance de las tecnologías; y asumidos sobre todo por mujeres, no necesariamente amas de casa, destaca Lara.

Sobre ese tema, la economista advierte que no se puede separar el desarrollo económico del país de esta mirada de género de la división sexual del trabajo. De acuerdo con la ENIG, tanto hombres como mujeres coinciden al expresar que los bajos ingresos económicos, la escasez de viviendas y los problemas de transporte son los tres principales problemas para las mujeres en Cuba hoy día.

Para los hombres, los mayores problemas son los bajos ingresos económicos, las dificultades para conseguir alimentos y la escasez de viviendas; el encontrar empleo y los problemas de transporte.

«Mantener bajos los ingresos en los hogares facilita crecimientos moderados de la economía y da al traste con varias problemáticas sociales», alerta Lara. Otra de las brechas identificadas es la persistencia de una segregación vertical en el mundo laboral. «La mayoría de los altos cargos de poder son de hombres. Somos jefas de relaciones públicas, comercialización, pero no estamos suficientemente representadas en la toma de decisiones. ¿Por qué? La respuesta puede estar en el machismo; pero también en el uso del tiempo», opina la experta.

A su juicio, si queremos incrementar las fuerzas productivas de hombres y mujeres en Cuba tenemos que mirarlas a ellas, que tiene una capacidad de desarrollo intelectual y física demostrada, y son un potencial de recurso humano imprescindible para avanzar hacia una sociedad próspera.

Tiempo es salud 
Para Zoe Díaz Bernal, profesora e investigadora de la Escuela Nacional de Salud Pública, un mayor desgaste psicológico y esfuerzo diario son solo algunos de los costos que tiene la sobrecarga de tareas, en materia de salud.

«Esta dinámica impacta también en la generación deficiente de redes sociales de apoyo, capacidades intelectuales y cognitivas, y en el desarrollo de las estructuras que conforman la autoestima de las personas, en este caso de las mujeres», explicó la también antropóloga médica.

Todo ello provoca que, ante los retos de las diferentes etapas del curso vital, ellas se puedan estancar en términos de desarrollo personal, intelectual y cognitivo…, o que incluso retrocedan en relación con etapas anteriores, lo cual les resta funcionalidad y capacidad de adaptación, asegura la doctora.

«Es común encontrar mujeres que se han quedado sin amistades y familiares a los que acudir ante un problema, incluida la vivencia y sobrevivencia de la violencia; o mujeres de la tercera edad, con muy limitada vida social, en entornos solitarios donde la salud mental puede afectarse», apunta Bernal.

También es frecuente que queden rezagadas en relación con sus propios compañeros de vida y su descendencia, lo cual genera disfuncionalidad en la relación de pareja y en la familia, explica.

«Con frecuencia se atrasa el diagnóstico temprano de enfermedades crónicas como el cáncer, debido al escaso tiempo dedicado a ellas, desde explorarse el cuerpo a la hora del baño, hasta acudir a consulta ante signos de alarma».

Ello puede verse agravado, explicó Echevarría, en personas que ocupan cargos, para quienes los temas de salud se encuentran relegados, en ambos sexos. «La ilimitada disponibilidad de tiempo en función del trabajo, hacerse cargo de situaciones conflictivas de forma operativa y la sensación de administrar crisis ponen siempre en tensión el tiempo dedicado al empleo y a la vida personal y familiar», comenta la experta.

Entre otras recomendaciones, Echevarría aboga por capacitarse en el mejor empleo del recurso tiempo y reconocer algunas trampas en las que caemos: hacer lo que más nos gusta, lo más fácil, urgente, lo último que llegó. Asimismo, aconseja identificar las actividades «consumidoras y ladronas de tiempo»: aquellas propias de nuestra labor y las derivadas, por lo general, de una mala gestión.