Recomiendo:
0

El veto ruso-chino frena la ocupación neocolonial de Siria

Fuentes: Rebelión

Parece que el veto de Rusia y China a la resolución sobre Siria presentada por Marruecos ante el Consejo de Seguridad de la ONU no les ha gustado mucho a los dirigentes occidentales y a sus marionetas árabes. (Qué ironía, la autocrática y corrupta monarquía magrebí se ha convertido de la noche a la mañana […]

Parece que el veto de Rusia y China a la resolución sobre Siria presentada por Marruecos ante el Consejo de Seguridad de la ONU no les ha gustado mucho a los dirigentes occidentales y a sus marionetas árabes. (Qué ironía, la autocrática y corrupta monarquía magrebí se ha convertido de la noche a la mañana en promotora de la democracia árabe. ¡Sorpresas te da la vida!). Después de presionar por todos los medios a Rusia, de edulcorar el texto inicial y de orquestar una campaña mundial de intoxicación para pintar como salvadores de Siria a los promotores de la agresión, la jugada de tahúr quedó al descubierto por la firme oposición de dos de las más grandes naciones del mundo. La prensa británica habla de «furia» entre sus elegantes diplomáticos, la francesa de «ola de indignación» y Susan Rice, embajadora estadounidense ante la ONU, se confesaba «asqueada» por el doble veto.

El secretario general de las Naciones Unidas, que viaja por todo el mundo sin ver nada, ahora lamenta la falta de unanimidad del Consejo y expresa «la decepción para todos los que apoyan la democracia y los derechos humanos». Es una lástima que Ban Ki-moon no se enterara de las invasiones de países islámicos por parte de la OTAN (Afganistán y Libia en fecha reciente), ni de las violaciones constantes de los derechos humanos en muy diferentes lugares (contra la población palestina, en el Sahara, en Honduras, en Colombia, en Yemen, etc.) y que no advirtiera tampoco el carácter dictatorial de Hosni Mubarak en Egipto y Ben Ali en Túnez antes de que el movimiento popular los derrocara. No deberíamos dudar de su capacidad de comprensión porque cuando le interesa al imperio, sí se entera e incluso exagera a veces. Quizá sea una servidumbre del cargo en un mundo hasta ahora unipolar.

Recordemos a los desmemoriados el uso y abuso que ha hecho Estados Unidos de ese privilegio que poseen los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Según datos oficiales, ha ejercido el veto en solitario en 58 ocasiones, 40 de ellas para bloquear resoluciones de condena a Israel que de ese modo se han convertido en papel mojado. El 23 de septiembre de 2011 Palestina presentó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas su solicitud como miembro de pleno derecho. Le faltó tiempo al gobierno norteamericano, incluido al propio presidente Obama, para oponerse a tal petición con la abierta amenaza de ejercer su derecho a veto en el Consejo de Seguridad, si fuera necesario (hasta ahora ha conseguido incluso retrasar la toma en consideracion de tan legítima demanda, ya prevista por las Naciones Unidas en 1948). Ante tales hechos, ¿hemos tenido conocimiento de alguna furia, indignación o asco de los politicos occidentales y de los sumisos medios de comunicación ahora tan irritados por el atrevimiento ruso-chino en las barbas del imperio? El ministro turco de Asuntos Exteriores quiere, al parecer, suprimir ese privilegio de las grandes potencias: puede comenzar por exigírselo al gobierno de los Estados Unidos con el que son tan complacientes.

«Los amigos del pueblo sirio» seguirán tramando al margen de la ONU

La cofradía del santo reproche no se da por vencida y está dispuesta a seguir conspirando. Para tapar sus vergüenzas hablan de la Liga Árabe y sus propuestas democratizadoras, como si no estuviera clara semejante operación con sólo saber que las petromonarquías del Golfo son las que dirigen el rumbo de esa impresentable Liga. Su primer objetivo no es otro que derrocar al Jefe de Estado de Siria: así lo declaró de modo solemne el presidente Obama poco antes de la votación del Consejo de Seguridad y así lo acaba de confirmar en la Conferencia de Seguridad celebrada en Munich Hillary Clinton, quien ha convocado a los «amigos y socios» para derribar el régimen sirio y apoyar con todos los medios a los rebeldes y mercenarios alzados en armas.

Nicolás Sarkozy (político derechista caracterizado por la islamofobia y su apoyo al sionismo) que antes encendió la guerra en Libia, quiere ahora repetir la jugada. Acaba de proponer la formación «de un grupo de amigos del pueblo sirio» cuya tarea consiste en llevar a la práctica el plan de desestabilización de Siria planeado por la Liga Arabe. Su ministro de defensa, Gerard Longuet, sin consultar a nadie, se ha arrogado el apoyo de la opinión pública europea a la agresión al país árabe y en un exceso de optimismo se atrevió a afirmar: «Estamos en vías de aislar (?) al poder ruso sobre esta cuestión».

Con menos retórica y más pragmatismo, el ministro británico de Asuntos Exteriores, William Hague, se ha planteado la pregunta de la fábula: ¿y quién le pone el cascabel al gato? En la confianza de hacer cambiar de opinión a rusos y chinos, ésta ha sido su matizada y amenazante respuesta (The Guardian, 5 de febrero 2012) «En Libia teníamos la autorización de las Naciones Unidas para tomar todas las medidas necesarias. Dado lo que ha sucedido este fin de semana [es decir, el veto ruso-chino], no podríamos hacer pasar una resolución semejante. En segundo lugar, las consecuencias serían mucho más difíciles de prever en Siria de lo que fueron de una manera relativamente sencilla en Libia, debido al golpe de efecto a través de la región. En tercer lugar, esto tendría que llevarse a cabo de modo dramático en una mayor escala en Siria para ser efectivos». Dicho con otras palabras, y traduciendo el lenguaje críptico de los diplomáticos al «roman paladino»: el veto ha valido para evitar el ataque occidental a Siria; para seguir adelante con la agresión de «los amigos del pueblo sirio» habría que emplear una imponente fuerza militar a consecuencia de la cual ardería Oriente Medio.

Rusia y China, que han aprendido del error sobre Libia al dejar hacer a las potencias occidentales hace unos meses lo que les viniera en gana bajo el lema publicitario de la llamada «guerra humanitaria», no sólo han frenado una nueva agresión, han hecho también unas propuestas razonables para salir de la crisis. Vitaly Churkin, embajador ruso ante la ONU, indicó el camino político que habían cortado los impulsores de la resolución: «varios miembros influyentes de la comunidad internacional, incluidos algunos que están sentados en esta mesa [del Consejo de Seguridad], han socavado la oportunidad de un acuerdo político, pidiendo un cambio de régimen y empujando a los opositores al poder, no deteniendo las provocaciones y alimentando los métodos de lucha». Por su parte, el embajador de China, Li Baodong, manifestó ante el Consejo el apoyo de su país a la demanda del pueblo sirio de reformas, subrayando al mismo tiempo que la comunidad internacional debe respetar la independencia, la soberanía territorial y la integridad de Siria: «prejuzgar el diálogo o imponer una solución no ayudará a resolver la cuestión siria, sino que complicará más la situación», concluyó.

A la vía de la intervención extranjera, de la invasión y de la guerra promovida por el neocolonialismo y apoyada por las petromonarquías árabes, hay que oponer un arreglo pacífico basado en el diálogo entre las fuerzas políticas sirias. Un primer paso en esta dirección puede haber representado el doble veto ruso-chino en el Consejo de Seguridad que tanto ha irritado a los enemigos del mundo árabe, ahora disfrazados con la piel de cordero de «los amigos del pueblo sirio».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.