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Defensor del Estado de Israel, negador de la opresión palestina

Elie Wiesel, ¿presidente de Israel?

Fuentes: counterpunch

Traducido para Rebelión por LB.

El primer ministro israelí Ehud Olmert ha sugerido reemplazar a Moshe Katzav por Elie Wiesel como presidente de Israel. Katzav está siendo forzado a dimitir en medio de acusaciones de violación.

Las calificaciones de Wiesel para el cargo son impecables. Es el icono de eso que Norman Finkelstein ha llamado «la industria del Holocausto» y como tal ha servido como banderín de enganche para «conseguir el voto judío» a todos los presidentes usamericanos desde Gerald Ford. Defiende a Israel por considerarlo «el Estado judío», por mucho que más de la mitad de la población de los territorios controlados por Israel no sea judía sino mayoritariamente árabe palestina. Elie Wiesel no llama campo de concentración a Ketziot o a Gaza, no llama muro a la «barrera de seguridad», y no admite que Israel sea un Estado apartheid en el que los judíos gozan de la hegemonía y los no-judíos tienen menos derechos o ninguno.

Para Wiesel el Holocausto se refiere exclusivamente al sufrimiento judío y significa la culminación de 2000 años de persecución por parte de los goyim. Como el nacimiento de la Virgen, la división de las aguas del mar Rojo y el arca de Noé, el Holocausto es un acontecimiento místico, insondable e incuestionable. Para Wiesel «Auschwitz no puede ser explicado ni visualizado… El Holocausto trasciende la historia… Los muertos poseen un secreto que nosotros, los vivos, no somos dignos ni capaces de penetrar… El Holocausto [es] el acontecimiento definitivo, el misterio definitivo, imposible de ser comprendido o transmitido«. (Elie Wiesel, «La trivialización del Holocausto», New York Times, 16 de abril de 1978).

Elie Wiesel es multimillonario pero cultiva cuidadosamente una imagen de profesor perpetuamente desaliñado. Aunque ha recibido el premio Nobel de la Paz, la Medalla Presidencial de la Libertad, la Medalla del Guardián de Sión y el premio literario Ophra, a mucha gente en Israel le molesta la forma como ha utilizado el Holocausto para ganarse la vida. Algunos israelíes lo consideran un «sho’an«. «Sho’a» es la voz hebrea para decir Holocausto; si se le añade el sufijo designa a un profesional especializado en el tema, a un «shoalari«. Es un apodo a la vez jocoso y despectivo, similar al que utiliza Norman Finkelstein cuando se refiere a Wiesel llamándolo «payaso en nómina» del circo del Holocausto.

Israel Shahak, un superviviente del Holocausto que vivió y trabajó en Israel, se refería a Wiesel como un «embustero patriótico«, pero patriota no de Rumania, su país natal, y tampoco de USA, sino patriota del «Estado judío» de Israel. Se dice que Wiesel presionó a Clinton para que perdonara al financiero fugitivo Marc Rich y durante mucho tiempo ha hecho campaña a favor de la liberación del espía israelí convicto Jonathan Pollard. Sin embargo, Wiesel permaneció mudo cuando Israel secuestró a Mordechai Vanunu (por revelar datos sobre el arsenal nuclear israelí), lo encarceló durante 18 años y sigue manteniéndolo virtualmente bajo arresto domiciliario. El segundo encarcelamiento de Vanunu, tras haber cumplido íntegramente su condena, perturbó incluso a un archisionista como Alan Dershowitz, pero no a Elie Wiesel, para quien Vanunu no es un héroe de la lucha antinuclear sino simplemente un traidor a Israel.

En 1948 Wiesel trabajó como periodista del Irgun, una banda de terroristas judíos que perpetró la masacre de Deir Yassin (1), probablemente uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia palestina del siglo XX. Sin embargo, este «humanista de prestigio mundial» se niega a pedir disculpas o siquiera a reconocer el asesinato, el caos y la limpieza étnica provocadas por su empleador. A menudo acude a Yad Vashem, el más célebre museo del Holocausto, situado en Jerusalén, y desde el Museo de los Niños puede ver al otro lado del valle el lugar donde estaba situada la aldea de Deir Yassin. No obstante, jamás ha reconocido lo que su empleador perpetró allí; como patriota que es simplemente «nunca dirá nada malo sobre los judíos«.

Wiesel cita con frecuencia al gran pensador espiritual y académico Martin Buber, pero ignora que Buber dijo: «La cuestión de Deir Yassin es una mancha negra sobre el honor de la nación judía«. Como patriota eternamente sumiso que es, Wiesel muestra su coherencia al ignorar la masacre cometida por los judíos en Deir Yassin, y en Sabra y Shatila, y en Kana, y en Jenin.

Wiesel pontifica: «Lo contrario del amor no es el odio sino la indiferencia«. Pero no es sino indiferencia absoluta lo que él ha manifestado repetidamente ante la desposesión y deshumanización sionistas del pueblo palestino. Proclamado «mensajero de la humanidad«, en su discurso de aceptación del premio Nobel de 1986 Wiesel «juró no callar nunca allí donde los seres humanos padezcan sufrimiento y humillación«. ¿Significa ello que considera que los palestinos son inferiores a los humanos? Líbrenos Dios de pensar que considera a los palestinos Untermenschen, como los nazis consideraban a judíos y gitanos.

Muchos israelíes piensan que Wiesel debería haberse establecido en Israel tras la guerra en lugar de irse a Francia y luego a los Estados Unidos, donde adquirió la ciudadanía en 1963. Wiesel proclama: «Un judío puede ser judío lejos de Jerusalén, pero no sin Jerusalén. Aunque un judío no viva en Jerusalén, Jerusalén vive dentro de él«. Ahora, a la edad de 78 años, tal vez es la última oportunidad que le queda a Wiesel para trasladarse a Israel y servir a su país.

Daniel McGowan es profesor emérito en las universidades de Hobart y William Smith y actualmente es director de Deir Yassin Remembered, un colectivo de personas judías y no judías que trabajan conjuntamente para construir un memorial en Deir Yassin, en la parte occidental de Jerusalén. Puede contactarse con él en: [email protected]

  1. Deir Yassin es el nombre de una aldea palestina próxima a Jerusalén en la que entre el 9 y 11 de abril de 1948 elementos del grupo sionista Irgun asesinaron a sangre fría a entre 100 y 120 civiles palestinos, en su mayoría niños, mujeres y ancianos. El terror que provocó esta masacre contribuyó decisivamente al subsiguiente éxodo de civiles palestinos, de cuyas tierras se apropiaron los israelíes, hasta la fecha.

Texto original: http://www.counterpunch.org/mcgowan10252006.html