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En el Gobierno reina el caos, la derecha toma la calle y los poderes conspiran, el momento es excelente

Fuentes: Cuarto Poder

«La movilización de la derecha es subalterna, sin un proyecto propio de país y al servicio del bloque de poder hegemonizado por el capital financiero».

Para Juan Rivera, por recordar en voz alta

Se dice que ha sido una metedura de pata de dimensiones épicas; sin embargo, lo que realmente se trasmite es que hay un duro conflicto en el Gobierno y que se está llegando a un punto de no retorno. Seguramente no es para tanto, pero esta lectura es posible y, lo más significativo, sirve para dar argumentos a una operación en marcha contra el Gobierno que dura meses. Se produce en un momento, hay que subrayarlo con fuerza, en el que asistimos a la rebelión de las élites económicas, empresariales y políticas que no tienen ningún reparo en usar a fondo a la extrema derecha para decantar el proceso a su favor. El problema real, lo que desvela el conflicto en el Gobierno, es determinar quién va a dirigir el proyecto de reconstrucción económica y social una vez que se controlen las consecuencias socio sanitarias de la pandemia del covid-19. Este es el debate político relevante. Lo demás es secundario.

Hay que insistir. Tenemos que distinguir dos momentos, el del control de la pandemia y el de la reconstrucción. La clave está en entender que los dos están íntimamente unidos; es decir, lo que se haga ahora, las medidas que se tomen ahora, marcarán la orientación y el tipo de reconstrucción del país. El dilema redistributivo, el reparto de los costes (siempre desiguales), tiene que ver con el modelo de desarrollo que se quiere para España. Para decirlo con más claridad, ¿vamos a seguir basándonos en salarios bajos, en la precariedad laboral y en un Estado social cada vez más limitado o en salarios dignos, derechos sociales para todos y todas y un control estricto de los grandes poderes económicos? No nos engañemos, esto significa reinsertarse de otra forma en una Unión Europea que va a acentuar dramáticamente la diferenciación y la asimetría entre el Norte y el Sur.

¿Por qué esta animadversión tan radical a un Gobierno que defiende un programa moderadamente socialdemócrata, que no cuestiona las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que sigue estrictamente las directrices de la Comisión Europea y se comporta como un buen alumno de una UE que, por decirlo suavemente, vive una crisis que puede ser terminal? Los poderes no descansan. Sus centros de elaboración y programación trabajan a todas horas. Lo fundamental: adelantarse, sacar ventaja y generar escenarios adecuados. Este Gobierno no es el que quieren los poderes económicos y empresariales; no se fían, no tanto por lo que hace, sino por lo que impide. El papel de Unidas Podemos es, hoy por hoy, de veto, pero además, intenta diseñar políticas anticrisis progresivas y apunta a superar los aspectos más nocivos de un modelo productivo basado en la precariedad, la desigualdad y la pobreza.

Es significativo que la crisis haya llegado por el modelo de relaciones laborales. Una de las claves de una salida de derechas a la crisis es la libre disponibilidad de la fuerza de trabajo por parte del empresariado, la dependencia completa del trabajo al capital. Kalecki lo analizó muy bien hace más de 70 años, siguiendo la huella de Marx: el objetivo es disciplinar a las clases trabajadoras, obligarlas a aceptar bajos salarios, condiciones de trabajo y laborales inhumanas. El instrumento es el paro masivo, la profundización en la precariedad, la pérdida de peso del sindicalismo de clase y la pobreza estructural. Se trata de la lucha de clases que, al parecer, solo los grandes empresarios y las derechas creen en ella. Como decía el gran Luciano Gallino: el conflicto de clase dirigido, organizado y ejecutado desde el alto, desde las clases dirigentes.

Los dos momentos están unidos. Lo que no se haga ahora, difícilmente se hará en el futuro. Sabemos ya algo con certeza: no habrá solidaridad de la Unión Europea. La mentira y la propaganda se entremezclan y lo que llegue será poco e insuficiente. Una vez más Alemania, con la ayuda impagable de Francia, está ganando tiempo, un tiempo precioso y utilísimo. En septiembre o en octubre nos daremos cuenta de esta realidad que hoy pocos admiten. Hay que escuchar atentamente lo que dijo el otro día el gobernador del Banco de España. El escenario es claro: un desempleo en torno al 20%, una reducción enorme de los ingresos del Estado y una gran necesidad de financiación. Se habla de un 120% de deuda pública y un déficit presupuestario por encima del 10%. Cojo las cifras más moderadas. La deuda, es bueno saberlo, no es un problema cuando lo es en tu moneda, cuando tienes soberanía monetaria, pero se convierte en un drama cuando es, como el euro, en una moneda extrajera. Desde la Comisión Europea se nos anima a endeudarnos; es decir, que los bancos y los grandes fondos de inversión pidan créditos al BCE y compren nuestra deuda, que, a su vez, será comprada por el BCE, lo que les dejará grandes ganancias. Esto tendrá límites precisos. Pronto notaremos qué significa estar de nuevo en manos de los mercados financieros y poder real del BCE, auténtico dictador moderno.

Lo he dicho muchas veces: los que mandan intentan construir un escenario donde el Estado de necesidad se convierta en Estado de excepción. Volverán los viejos dilemas y, para cerrar el círculo, se nos obligará a elegir entre el euro y las políticas de austeridad. Los plazos no se alargarán demasiado y pronto nos encontraremos que retornan los problemas de la deuda soberana y la necesidad de un ajuste permanente que, según el gobernador del Banco de España, nos llevará al año 2030. Es decir, dos décadas perdidas y una inserción cada vez más subalterna en la Europa alemana. Hablar de reconstrucción económica y social del país obliga a hacerlo en serio. Estamos ante la enésima operación para continuar con el mismo modelo de acumulación, pero con peores condiciones productivas, tecnológicas y sociales. Nuestras élites económicas, empresariales y políticas –la trama- lo que quieren realmente es mandar a cualquier precio pactando con los grades poderes internacionales y garantizando que cumplirán las sagradas reglas de la Unión Económica y Monetaria.

Resumiendo: 1) Estamos ante una batalla política de grandes dimensiones que está comenzando; 2) El objetivo es Pedro Sánchez, ablandarlo, debilitarlo y obligarlo a cumplir las directrices de los poderes económicos. 3) Para que esto sea posible es necesario desestabilizar el Gobierno y echar de él a Unidas Podemos. 4) El territorio del enfrentamiento lo marcará, como siempre, la Unión Europea. 5) La movilización de la derecha es subalterna, sin un proyecto propio de país y al servicio del bloque de poder hegemonizado por el capital financiero.

Hay un silencio atronador. Las bases sociales y políticas de la izquierda están desmovilizadas, carecen de referentes claros y no tienen relaciones orgánicas con el gobierno del PSOE/UP. Las clases populares, los intelectuales críticos, los jóvenes, las mujeres no ven a este Gobierno como algo propio que merezca la pena defender y dar la cara por él. La esperanza convive con el escepticismo y el temor de que, al final, este no sea realmente un Gobierno comprometido con las mayorías sociales. ¿Qué es lo que hace falta? Proyecto y programa. Solo así se conseguirá el compromiso activo de los hombres y de las mujeres que quieren una sociedad más justa, democrática y solidaria, comprometida con la igualdad sustancial.

Pedir al PSOE que organice la movilización social, que promueva el debate público y que favorezca la autoorganización social parece excesivo; para Unidas Podemos es obligatorio, esté en el Gobierno o fuera de él. Esta crisis, conviene volver al inicio, ha demostrado que las diferencias en el ejecutivo son sustanciales y que conviven en él proyectos contradictorios. La agudización de la crisis económico-social obligará a una definición clara y nítida. Pedro Sánchez ya no podrá mediar y deberá escoger aliados políticos y alianzas sociales. El margen para las maniobras tacticistas se está terminando, llegó la hora de la política a lo grande.

El dilema con el Gobierno o contra el Gobierno ya no define las dimensiones estratégicas del problema. Ahora de lo que se trata es de con el Gobierno, pero más allá. ¿Eso qué significa?: primero, reforzar la autonomía del proyecto de Unidas Podemos, bajo el principio de a más unidad, más independencia estratégica. Segundo, hay que reforzar la definición programática de UP, elaborando un decálogo de ideas-fuerza que expresen con claridad y precisión el proyecto de España que defendemos. Tercero, hay reforzar la organización de UP, creando una formación política de nuevo tipo que organice comités unitarios a todos los niveles, que favorezca la unidad de acción y que permita el debate plural y abierto. Cuarto, hay que reforzar los vínculos sociales, reinsertarse en los territorios e implicarse activamente en el conflicto social.

El momento es excelente para tomar decisiones. Nada de pesimismo; en la realidad ya existen las condiciones para construir un bloque social alternativo. Lo que hace falta es saber a dónde se va, qué es lo que viene e ir más allá de una política exclusivamente centrada en la gestión gubernamental y en el trabajo parlamentario. Si algo demuestra la experiencia de UP en el gobierno es que necesita la implicación y la complicidad de actores y movimientos sociales. En los próximos meses esto será aún más importante.

Fuente: https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/05/25/en-el-gobierno-reina-el-caos-la-derecha-toma-la-calle-y-los-poderes-conspiran-el-momento-es-excelente/

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