Recomiendo:
0

Aleida Guevara habla de "Evocación", libro de su madre, Aleida March, en el que devela su vida al lado del Che

En el horizonte de los jóvenes de Cuba «no hay incertidumbre»

Fuentes: La Jornada

Al maridito le gustaba un café y un flan de leche para el desayuno. Aleida March se lo tenía listo a las nueve o diez de la mañana, cuando él se levantaba y apuraba la breve rutina hogareña para lanzarse al vértigo de sus labores diarias, que constituían, nada menos que en sentar las bases […]

Al maridito le gustaba un café y un flan de leche para el desayuno. Aleida March se lo tenía listo a las nueve o diez de la mañana, cuando él se levantaba y apuraba la breve rutina hogareña para lanzarse al vértigo de sus labores diarias, que constituían, nada menos que en sentar las bases prácticas para hacer viable la revolución socialista en Cuba.

Eran los primeros, convulsionados años de la década de los 60 en La Habana. Fueron pocos los meses en los que Ernesto Che Guevara y su esposa Aleida vivieron la cotidianidad hogareña, el despertar y dormir en la misma cama, jugar, hacer de comer y poner la piyama de los niños pequeños -primero Aliucha, luego Camilo, Celia y al final Ernesto.

Instantes de ese breve tiempo de vida familiar del legendario revolucionario son ahora presentados en el libro Evocación, de la autoría de la esposa del Che, Aleida March, editado por Ocean Sur y promocionado ahora en México por la hija mayor, Aleida Guevara.

Desgrane de recuerdos

Sin literatura ni ornamentos linguísticos, la compañera de Ernesto Guevara dibuja ángulos ricos y vívidos de uno de los personajes más atractivos del siglo XX. Introvertida y poco elocuente, encaminada ya hacia sus 80 años -puro cálculo a ojo de buen cubero, puesto que ella guarda su verdadera edad como si fuera secreto de Estado-, la pedagoga y guerrillera que enamoró al líder revolucionario en la sierra de Escambray, tomó una resolución recientemente: Una tarde tomé en mis manos una grabadora para ir desgranando los recuerdos que de pronto me asaltaban. Quise, pero no pude…

Así empieza su libro. Y en ese tono narrativo que demuestra que a la memoria no siempre le es fácil expresarse, continúa. Por eso mismo, cada pincelada donde asoma el Che más humano, el enamorado, el papá que añora estar junto a sus críos, el esposo que goza que su mujer lo cele (los celos, ese ingrediente infaltable en las parejas cubanas), es un hallazgo. El personaje que ha sido objeto de cientos de libros y estudios, de decenas de biografías gruesas como enciclopedias, de materiales que llenan interminables estantes en bibliotecas de todo el mundo, tenía todavía recovecos desconocidos. Y ahora están ahí, en Evocación: mi vida al lado del Che.

En el proceso de dictar sus memorias, recuerda ahora su hija Aleida, médica pediatra, yo la vi llorar. No fue nada fácil para una mujer como ella, siempre muy privada, de origen campesino, develar una parte tan importante de su vida; una vivencia intensa que tuvo que congelar en su corazón para poder seguir adelante después de la muerte de papá.

¿Cómo está ahora Aleida March, esa chica rubia de rasgos finos y sonrisa cándida que aparece en tantas fotografías históricas al lado de su hombre, compañera y secretaria, madre de sus hijos?

«Pues fuerte, muy activa -responde la hija mayor-; algo achacosa por la edad, como es natural, pero muy lúcida. Lee mucho, maneja su auto desde los rumbos de Playa, donde radica; vive con Valentín, su compañero de muchos años, muy decidida a sacar adelante el trabajo pendiente del Centro de Estudios del Che, en Nuevo Vedado, una institución que se propone poner al alcance de las nuevas generaciones toda la obra escrita de Ernesto Guevara; gozando a los nietos».

Tiempos de desafío

En entrevista con este diario, Aleida Guevara nos completa el resto del árbol genealógico del Che, con sus 10 nietos. Dos hijas de Aleida: Estefanía, la mayor, de 23 años, economista recién egresada de la Universidad, y Celia, estudiante de medicina. Hijos de Ernesto son Rocío, de 22 años, que vive en Canarias, España; Ernesto, de 16, estudiante de preuniversitario, y Elenita, de ocho. Los de Celia son Javiera, de 18 años y Aleida Camila, de secundaria. Y de Camilo son Camila, de 13, Ana Alexia, de seis, que vive en Suiza con su mamá, y Celia Habana, la regalona de la familia, con sus tres añitos, hija de una compañera venezolana. No olvida, desde luego, mencionar a los hijos de Hilda Guevara, la hija mayor del Che con su primera esposa, la peruana Hilda Gadea. De mi hermana Hildita son dos varones, Canek y Camilo. Los dos viven en México y no tenemos contacto con ellos desde hace años.

Para esa segunda generación de los Guevara -por lo menos para los que viven en Cuba- el horizonte es muy diferente al que vivieron sus abuelos hace cinco décadas. «Pero sí son tiempos de desafío -comenta Aleida-; días en los que los cubanos tenemos que hacer un gran esfuerzo para adaptarnos y sacar adelante al país y su proyecto socialista».

La doctora Guevara no acepta llamar reformas ni ajustes los cambios introducidos en los años recientes por el gobierno de Raúl Castro en la economía y el mercado laboral, con el adelgazamiento de las estructuras productivas del Estado, el despido de miles de empleados y la introducción de las actividades de los cuentapropistas, una variante cubana de la pequeña empresa familiar.

Más que reformas son soluciones prácticas a los problemas de la crisis mundial, que nos afecta como al resto de los países. Estamos en un periodo de adaptación, de aprendizaje para vivir en una forma diferente de organizar el trabajo. Pero dentro de un sistema de planificación, dentro del socialismo. Pero lo que sí podemos decir es que para los jóvenes al menos, en el horizonte, no hay incertidumbre: tienen su educación garantizada, seguridad, salud.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/08/24/cultura/a03n1cul

0