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En Gaza estamos bien, ¿y usted?

Fuentes: Jadaliyya.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

 [Imagen de Insurgencia Gráfica, vía Flickr)

Con motivo de la celebración del 85º aniversario del Partido Comunista de Siria y Líbano, el cantante y escritor palestino Jaled El-Hibr, cantó estas palabras:

En Gaza estamos bien

¿Y usted?

Estamos bien, bajo ataque

¿Y usted?

Nuestros mártires yacen bajo los escombros

Nuestros niños viven ahora en tiendas de campaña

Y preguntan por usted.

Estamos bien en Gaza

¿Y usted?

El mar está detrás de nosotros

Pero luchamos

El enemigo está frente a nosotros

Pero seguimos luchando

Tenemos todo lo que necesitamos:

Alimento y armas

Promesas de paz

¡Agradecemos tanto su apoyo!

Estamos bien en Gaza

¿Y usted?

Nuestras almas

Nuestras heridas

Nuestros hogares

Nuestros cielos

Nuestros rostros

Nuestra sangre

Nuestros ojos

Nuestros ataúdes

Protéjanos de sus armas,

De sus promesas,

De sus palabras,

De sus espadas

Estamos bien en Gaza

¿Y usted?

En lo que parece una constante repetición del pasado, no resulta fácil a las palabras describir la sádica política israelí (con el apoyo de Occidente) dedicada siempre a la caza de palestinos, a perseguir y angustiar continuamente a los nativos, a utilizarles como laboratorio del armamento, como laboratorio de los juegos electorales de Israel: cuantos más palestinos mates, más votos israelíes vas a conseguir en las próximas elecciones.

Tras un levantamiento a gran escala en Jordania que tuvo lugar horas antes de la actual invasión israelí, en el que por vez primera los jordanos exigieron un cambio de régimen y no solo reformas cosméticas en los gobiernos, uno se pregunta por qué Israel no debería preocuparse por su leal vecino: el rey de Jordania. ¿O es que también forma parte del cálculo israelí en esta invasión atraer la atención pública sobre Palestina y permitir que el brutal régimen jordano reprima el levantamiento?

El difunto Fayez Sayegh, en su libro publicado en 1965 «Zionist Colonization of Palestine», analizaba la naturaleza violenta del Estado colonial israelí, insuflado de ideología sionista, como un proyecto para eliminar por todos los medios posibles a la población nativa a través del desplazamiento, la segregación y las guerras constantes contra dicha población y quienes les rodean. Por conquista se originó y mediante la fuerza y la guerra debe continuar, de ahí el peligro que este Estado militarizado representa para los nativos palestinos y para los árabes que viven en su entorno.

Prosigue Sayegh: Es un Estado al que se percibe como el frente de Occidente contra el Oriente; por esa razón obtuvo entonces el apoyo occidental y sigue obteniéndolo ahora. Tanto la Unión Europea como Estados Unidos proclamaron su apoyo a la actual invasión israelí afirmando que Israel tiene derecho a protegerse. ¿De qué? ¿De un pueblo que es un laboratorio de las políticas racistas israelíes y un laboratorio del armamento israelí financiado por Estados Unidos y la Unión Europea? ¿De un pueblo que todo lo que busca es vivir con dignidad, moverse con libertad y seguir adelante con una vida normal trabajando, creando, recreando y soñando?

En el análisis de Sayegh, Israel no solo es el frente de Occidente contra el Oriente, sino que es también un puñal en el territorio que une África y Asia, y así continúa siendo hasta este mismo día como poder hegemónico en ambos continentes. Sus manos llegan hasta Sudán, Etiopía y otros lugares en las ventas de armas a África para sostener cualquier régimen que pueda contribuir a la hegemonía israelí, y lo mismo hace en Asia. Las armas son el principal producto del comercio israelí, un producto natural propio de un estado militarizado; pero las armas solo conducen a una cosa: guerras y violencia, de ahí la exportación de guerras y violencia y de sus efectos, más allá de Palestina.

A los asiáticos y a los africanos nunca les consultaron en el pasado sobre la colonización y las invasiones europeas, ni tampoco les consultan ahora en las Naciones Unidas acerca de las cuestiones referidas a sus regiones que tan importantes son para su futuro. Las decisiones siempre fueron, y así sigue ocurriendo la mayor parte de las veces, un privilegio de Occidente, especialmente en cuanto a la guerra y la violencia. Si ocurre que hablas un lenguaje distinto, que haces planes de forma autónoma, que decides por ti mismo y en virtud de las opiniones de tu pueblo, especialmente en lo que se refiere a las cuestiones centrales del consenso Washington/Occidente, caerás en desgracia, te convertirás en persona non grata, en un terrorista. No se busca sino la complacencia, jamás se respeta la dignidad.

En su película «Los fantasmas de Goya», estrenada en 2006, el director checo Milos Forman nos recuerda el infinito régimen de inquisición bajo el que vivimos, que a todos nos afecta pero que machaca especialmente a los débiles. En una escena que casi describe muchas de las aventuras occidentales en el Tercer Mundo, el Rey, Carlos IV, reúne a sus hombres armados, localiza una zona para la caza, y él y sus más cercanos patrocinados rodean la zona elegida y empiezan a disparar contra los pájaros; después sus soldados/sirvientes recogen los pájaros cazados y vuelven a la ciudad para exhibir esos pájaros ante la muchedumbre, que parece admirar la actitud agresiva del Rey y la forma en que ha organizado la caza. Una vez que el Rey regresa a su palacio, el pintor Francisco de Goya está a punto de terminar el retrato de su esposa, la Reina María Luisa. Una vez acabado, al mirar el retrato, la Reina estalla en furia y el Rey se lleva a un lado a Goya para decirle que el retrato que ha pintado es un retrato feo. Por esa razón se le castiga a tener que escuchar al rey tocando el violín y convirtiendo en penosas melodías las obras maestras de Beethoven. Lo que el rey quería enseñarle es que el feo retrato no era un reflejo fiel de la reina sino la falta de habilidad del pintor.

Ambos ejemplos ilustran bien muchas de las políticas y prácticas occidentales contra los pueblos del Tercer Mundo, al que consideran un sitio y un coto de caza donde exhibir su masculinidad, admirada por muchos y que sirve para ilustrar una gran parte de las sádicas guerras, la última de las cuales es la actual guerra de Israel contra Gaza en Palestina. El rechazo a la hora de aceptar el producto de la obra del pintor como un hábil reflejo y reflexión de la realidad que ve, es también la negativa a mirarse de cerca en el espejo ante el horror de tener que contemplar la realidad de uno. Supone también una negativa a pararse a considerar cómo ven los otros la realidad, porque esa realidad es la negación de la naturaleza y de las funciones de la maquinaria bélica y de las dinámicas de dominación que sirven para estructurar la mentalidad de quienes ocupan el poder en Occidente, en primer lugar, a la hora de dirigirse a sus propios pueblos y, después, a todos los demás en el Tercer Mundo. No es fácil que quienes detentan el poder renuncien a esta dominación y sádicas prácticas. Al menos es difícil que renuncien a través del razonamiento, aunque no está mal recordarles que el que siembra vientos recoge tempestades, y que todo lo que asciende acaba finalmente cayendo.

Por otra parte, no debemos subestimar el poder del pueblo, y la canción con la que empezaba este ensayo es ilustrativa del enorme potencial de un pueblo que continúa defendiendo su vida y luchando:

En Gaza estamos bien,

En Palestina estamos bien,

¿Y usted?

[Puede verse el video de la canción al final del artículo original en inglés]

Magid Shihade es profesor del Instituto Abu-Lughod de la Universidad de Birzeit, en Palestina. Además de numerosos artículos y capítulos de varios libros, es autor del libro recién publicado: » Not Just a Soccer Game: Colonialism and Conflict among Palestinians in Israel», University Press. Participa en la junta editorial de Journal of Alternative Perspectives in the Social Sciences, Resistance Studies Magazine and Interface: A Journal about and for Social Movements.

 Fuente original: http://www.jadaliyya.com/pages/index/8455/we-are-fine-in-gaza.-how-are-you