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Entrevista a Isabel Moya, directora de la revista Mujeres y experta en género y comunicación

«En los medios de Cuba no podemos hacer como hace la publicidad capitalista, para la que existe un solo tipo de mujer»

Fuentes: cubainformacion.tv

Isabel Moya es periodista cubana, directora de la revista Mujeres y Muchacha, así como de la Editorial de la Mujer. Es presidenta de la Cátedra de Género y Comunicación del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana. Además, es coautora de «Las cubanas ante el fin de siglo, realidades y desafíos» (1995) e […]

Isabel Moya es periodista cubana, directora de la revista Mujeres y Muchacha, así como de la Editorial de la Mujer. Es presidenta de la Cátedra de Género y Comunicación del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana. Además, es coautora de «Las cubanas ante el fin de siglo, realidades y desafíos» (1995) e «Imagen de la mujer en los medios en la era de la globalización neoliberal» (1998), y autora de «De Gutemberg al microchip: rompiendo silencios» (2001). Cubainformación le entrevistó en el plató de televisión por Internet instalado en el Cine Capitol, de Bilbao, durante la Muestra del Festival de Cine Pobre de Gibara, organizada por la ONG vasca Mugarik Gabe en coordinación con el citado festival cubano. En este evento, Isabel Moya impartió una interesante conferencia sobre género y comunicación.

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Género y comunicación, un tema del que eres experta. ¿En Cuba eres un poco vanguardia?

Realmente soy una apasionada del tema, porque creo que los medios hoy son estratégicos, tienen una centralidad como socializadores de normas, de juicios de valor, de conceptos, de valoraciones; y de una u otra manera, incluso aunque uno no quiera exponerse a los medios, te asaltan. Te asaltan desde una valla, te asaltan desde la música de un taxi. Dice Silvio Rodríguez en una canción que la voz de las antenas va sustituyendo a Dios, un poco para graficar con una metáfora poética la centralidad del discurso mediático en el mundo contemporáneo.

Por eso pienso que no puede haber realmente una comunicación más plural, más democrática, si están ausente por una parte las voces de las mujeres, y si por otra parte la imagen, tanto de las mujeres como de los hombres, se sigue representando a través de los estereotipos. Se ha logrado, en algunos países, una mayor participación de las mujeres en la vida pública, se ha logrado mucho desde el punto de vista legal, pero desde lo simbólico, desde lo cultural, seguimos todavía muy atrás.

Y eso es lo que de alguna manera explica por qué fenómenos como la violencia de género siguen teniendo tanta presencia en determinadas sociedades y, porqué, incluso aunque hay participación importante de las mujeres en la vida pública, todavía no es así en «los lugares de toma de decisiones» -como dirían en Naciones Unidas-, o «donde se corta el bacalao» -como diríamos en Cuba-. Es realmente apasionante para mi trabajar y estudiar acerca de este tema.

No es sólo la imagen que los medios ofrecen de las mujeres sino también la presencia en las propias estructuras de las empresas mediáticas. ¿El famoso «techo de cristal»?

Sí. Hay que decir que en los grandes medios transnacionales, pero también en los propios medios cubanos, hay mucha presencia de mujeres. Sin embargo, cuando analizas en qué puestos están, la cosa cambia. En el caso de Cuba, han logrado mucho protagonismo en la radio, como dirigentes en emisoras, etc. Pero todavía la prensa impresa esta prácticamente en su totalidad dirigida por hombres.

La excepción podría ser, como no podía ser menos, la revista Mujeres, ¿desde cuándo existe esta publicación que tú diriges?

Mujeres y yo tenemos una especie de unión simbólica, porque Mujeres nació el 15 de noviembre del año 1961 y yo nací el 25 de noviembre de ese mismo año. Así que no sé si fue mi aché o mi karma, pero cuando me gradué de Periodismo me tocó hacer allí lo que en Cuba llamamos el servicio social. Me apasioné con el tema, tanto que hoy la dirijo.

s una revista que tiene 46 años, con una salida trimestral y una tirada de 139.000 ejemplares. Es grande, pero insuficiente, teniendo en cuenta que la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), su patrocinadora, tiene más de cuatro millones de mujeres afiliadas.

¿Cómo es el trabajo cotidiano de Isabel Moya?

Dirijo la Editorial de la Mujer y la revista Mujeres. La Editorial es una de las dependencias de la Federación de Mujeres Cubanas que se dedica fundamentalmente a sus publicaciones. Hacemos tres publicaciones periódicas: Mujeres, que es de alguna manera la insignia; un periódico que se llama Muchacha, también trimestral, con 100.000 ejemplares; y también tenemos Mujeres en la web, que la hacemos semanalmente y que tiene una tremenda acogida.

Pero además publicamos libros. En la última Feria del Libro de La Habana presentamos diversos trabajos. Uno de ellos, uno de los mejor acogidos -cuando salía para acá estaba en el segundo lugar de ventas- se llama «Enigmas de la sexualidad femenina». Este libro ha tenido un gran impacto, también, debido a Vilma Espín, presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas y fallecida recientemente. Ella fue la primera en Cuba que abordó los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, pero también la sexualidad desde el derecho al placer de la propia mujer, y no sólo como ha sido construido culturalmente, para complacer al otro. Realmente, este libro es novedoso porque abordamos la sexualidad de las mujeres ampliamente, es decir, no sólo la sexualidad heterosexual que es la que normalmente se aborda, sino en general, también la sexualidad de las mujeres lesbianas, cómo se expresan, qué problemas de salud y reproductivos tienen. Yo digo siempre que es el primer intento, por lo que estoy segura que faltan cosas, pero ya dimos el primer paso en el camino a entender que la heterosexualidad no es la norma ni debe verse como la norma, y a evitar ver el resto de las orientaciones y conductas sexuales como anormales, como nos han hecho creer desde la cultura androcéntrica y patriarcal.

Esa cultura androcéntrica y patriarcal está en todos los países. ¿Cuba, a pesar de su Revolución y todos sus logros, todavía mantiene estos patrones?

Sin duda. Hemos avanzado muchísimo en relación con el año 1959, sobre todo hay una presencia femenina cuantitativa muy fuerte en la vida pública. Hay una película famosa que se llama «Un día sin mexicanos», que de alguna manera hace una ironía sobre la debacle económica que ocurriría en Estados Unidos si desaparecieran todos los trabajadores inmigrantes mexicanos. Lo mismo ocurriría en la Fiscalía de Cuba, donde más del 70% son mujeres. Asimismo, en la colaboración médica en el exterior el 52% del personal de la salud que está en más de 33 países de todo el mundo son mujeres.

Todavía en lo subjetivo tenemos mucho que hacer, porque los cambios que dependen de la conciencia, de la cultura, no se estructuran automáticamente desde cambios en la vida económica o en la legislación. Por eso, para nosotras el trabajo de la revista, el trabajo en los medios, es tan importante, porque es ayudar a cambiar estereotipos, porque es ayudar a socializar nuevas ideas, nuevas representaciones de lo femenino y de lo masculino. Es un campo más complejo, podemos lograr consenso y aprobar una ley, pero después esa ley pasa por las costumbres, por los juicios de valor y por las mismas decisiones personales, influenciadas por la presión social que norma, que dicta qué es lo correcto o lo incorrecto.

Imagino que te hábrás encontrado, en ocasiones, con impedimentos, con incomprensiones sobre tu labor.

A veces me pasa con mis diseñadores. Por ejemplo, en la portada de la revista siempre aparece una mujer. Si elegíamos una mujer de más de 50 años, me decían «ay, no, esta portada no va a gustar porque es una mujer vieja». Yo les decía: «¿cómo? Si nosotros estamos planteando que lo natural es la diversidad de las edades, que no podemos hacer como hace la publicidad capitalista, la publicidad comercial, para la cual sólo existe un tipo de mujer, que es una mujer joven, de determinado sector, con determinado color de la piel…».

Pero poco a poco he ido ganando el terreno y hoy ya lo asumen. Igual ocurre con la diversidad racial. Cuba es una país que tiene una diversidad racial muy rica. Ha dicho Nicolás Guillén que hay un «color cubano».

Desde Mujeres, desde sus portadas, desde las fotos interiores, tratamos de ser muy cuidadosas, para poder reivindicar que la belleza es también una construcción cultural. Que lo considerado bello o feo es también una construcción cultural, y que podemos socializar que lo diverso es lo bello, y que de ninguna manera lo diverso es inferior.

En ese sentido trabajamos, luchamos mucho y creo que poco a poco hemos ido logrando avances, y me siento contenta realmente de cómo trabaja el colectivo hoy, discutimos mucho las ideas. A veces yo llevo un tema y si el colectivo no lo aprueba… bueno, tratamos de darle otra vuelta.

Esos cánones de belleza de los que hablas, procedentes de la publicidad, no son reales, ya que la inmensa mayoría de las mujeres del mundo no los cumplimos…

Es indudable. La ponencia que traigo a este Festival organizado por Mugarik Gabe se llama «Género, imágenes e imaginarios». Se detiene en esta especie de mujer global, diseñada por los medios, que no responde para nada a la media de las mujeres.

Se dice que cualquier Miss Universo tiene como peso un 20% promedio menos que una mujer considerada bien en su peso. Lo más terrible de estas pautas normativas es que crean inseguridad y baja autoestima. No sólo es la anorexia y la bulimia, de las cuales se habla mucho y que sin duda son muy graves, sino también otras formas de manipulación del cuerpo a través de la cirugía estética, los implantes de mama,…

Vuelve a utilizarse un hecho biológico y natural para controlar a las mujeres. No es fácil decirlo públicamente, ya que el discurso políticamente correcto no lo permite, pero se sigue tratando de controlar a las mujeres a partir de normar su cuerpo y sobre todo de negar la diversidad de edades. Las mujeres de cierta edad están ausentes de los medios, no las ves nunca, en el cine, en la televisión y mucho menos en la prensa impresa, que se ha ido convirtiendo en un espacio donde se negocia el poder y que es un espacio de élite.

Recordando la necesaria «sororidad», solidaridad entre las mujeres de la que habla Marcela Lagarde, ¿qué alianzas tenéis a nivel internacional?

Desde Cuba tenemos dos acciones con mirada internacional que nos parecen muy importantes, coordinadas con la Unión de Periodistas de Cuba y la Federación de Mujeres Cubanas. En el Instituto Internacional José Martí de Periodismo creamos una Cátedra de Género y Medios de Comunicación, y hacemos un diplomado internacional en febrero todos los años. Este diplomado lo dedicamos al Observatorio de Medios, y tenemos un sueño que todavía es sólo una semillita: de hacer un Observatorio Iberoamericano de Medios a partir del establecimiento de redes.

Además, celebramos cada dos años un Encuentro Iberoamericano de Género y Comunicación, a partir del cual hemos ido consolidando alianzas muy importantes con organizaciones de mujeres y con medios alternativos. Creo que, muchas veces, aunque los medios alternativos son muy importantes, a veces quedan cortos. Tenemos que visibilizarlos más creando red. Si tú tienes un medio, haz un link al mío, yo hago un link al tuyo, y de esa manera nos multiplicamos, nos hacemos más visibles. En los años 60 una frase famosa decía: «el pueblo unido jamás será vencido». Hoy nosotras tenemos que decir: «las mujeres en solidaridad venceremos».