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Conversación con Mehmet Tarhan, militante LGBT

«En Turquía vivimos una política de genocidio»

Fuentes: Marcha

La historia de Mehmet Tarhan se repite una y otra vez entre los pobladores de Kurdistán y Turquía. Esa historia está formada por persecuciones, represión y exilios forzados, pero también por décadas de resistencia y defensa de un territorio que es disputado día a día en Medio Oriente. Tarhan hace dos meses que llegó a […]

La historia de Mehmet Tarhan se repite una y otra vez entre los pobladores de Kurdistán y Turquía. Esa historia está formada por persecuciones, represión y exilios forzados, pero también por décadas de resistencia y defensa de un territorio que es disputado día a día en Medio Oriente.

Tarhan hace dos meses que llegó a Argentina como refugiado, luego de sufrir una persecución judicial por parte del Estado turco. Su militancia en el Partido Democrático de los Pueblos (HDP) -del que fue miembro de la Asamblea de la Administración de la organización-, y en los movimientos LGBT y antimilitarista, le valieron arrestos en 2015 y una causa judicial todavía en curso.

Hasta 2013 no pudo salir de Turquía porque el gobierno del presidente Recep Tayyep Erdogan le retuvo el pasaporte como forma de coerción. En las filas de los «objetores de conciencia» que rechazan cumplir con el servicio militar obligatorio, Tarhan sabe que esa militancia tuvo como consecuencia la persecución. Pero no se arrepiente ni mucho menos. La libertad de los pueblos kurdo y turco, para Mehmet, es simplemente profundizar la lucha que se intenta apagar.

«En los últimos seis meses en Turquía vivimos una política genocida», sintetiza Tarhan sobre su país.

En la actualidad, el gobierno turco sostiene una represión sostenida contra los kurdos y las kurdas del sureste del territorio. Bombardeos contra Diyarbakir (capital histórica de Kurdistán), el Ejército en las calles asesinando ciudadanos y ciudadanas, y poblados bajo estado de sitio desde hace tres meses. En la frontera con Siria, Turquía redobló sus ataques de artillería contra las milicias de las YPG/YPJ que defienden el territorio del Estado Islámico (EI), grupo terrorista respaldado por Ankara.

«Más de mil civiles murieron, entre ellos bebés y ancianos -relata Tarhan-. Las ciudades que apoyan masivamente al HDP y que son base popular del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) son víctimas de desplazamientos forzados. El Estado turco reconoció que de estas ciudades salieron 500 mil personas, pero creo que son muchas más. Además, las organizaciones democráticas en el Kurdistán turco ya no tienen derechos».

Como ejemplo de la represión desatada, Tarhan recuerda que «en Sur, en el centro de Diyarbakir, hace 100 días estamos viviendo un estado de sitio. En la ciudad de Cizre más de doscientas personas estuvieron atrapadas en el subsuelo de un edificio y el Ejército los mató de una manera bárbara. Durante 20 días, desde Cizre se llamaron ambulancias y el Estado no les permitió ingresar a la ciudad. Existen pruebas de que el Ejército y la policía turca utilizaron armas químicas».

Tarhan explica que el gobierno turco no niega su política represiva, algo que viene acompañado por el irrespeto a la justicia interna del país y a las normas internacionales. Al mismo tiempo, Erdogan «está utilizando muy bien la carta de los refugiados, porque le dice a Europa que si no lo apoyan les va a mandar tres millones de refugiados. Europa ahora no va a enfrentar solamente la llegada de los refugiados de Siria, sino que los kurdos de Turquía van a intentar llegar», advierte.

Nace el movimiento LGBT

El año 2000 fue un momento de nacimientos en Turquía. El movimiento LGBT comenzaba a dar sus primeros pasos, junto a otros, como el de las mujeres kurdas y los ecologistas. Tarhan comenta que desde los inicios, «los activistas LGBT somos parte de la lucha por las libertades fundamentales en Turquía, por eso siempre somos solidarios con el movimiento de liberación nacional kurdo, con los ecologistas y los antimilitaristas». Igualmente, el movimiento tiene demandas particulares, como es el caso de rechazar los asesinatos de transexuales en Turquía, algo tolerado por el Estado. «Los asesinos nunca son condenados», señala Tahran, y agrega que «la lucha es para que los derechos LGBT sean reconocidos por la Constitución y la primera reivindicación del movimiento es establecer la paz en el país».

Aunque la lucha LGBT todavía es resistida tanto en los pueblos kurdo y turco, Tarhan reconoce un avance importante. En 2015, el HDP llevó como candidato al parlamento al dirigente LGBT Baris Sulu, razón por la cual «todos los partidos burgueses nos atacaron para desacreditarnos. A pesar de eso, en junio multiplicamos por dos nuestros votos. Ellos esperaban que con esta campaña perdiéramos muchos votos, pero creo que el pueblo kurdo es el más politizado en el mundo y supo interiorizar normas de derechos humanos en su vida cotidiana», afirma.

Con respecto al gobierno de Erdogan, Tarhan recuerda que antes de llegar al poder, el ahora presidente «dijo que todos los ciudadanos y las ciudadanas de Turquía son iguales, porque en ese momento trataban de promover que era democrático. Había una esperanza de que si llegaba al gobierno podía hacer algo, pero después no hizo nada. En ese momento teníamos una asociación en Estambul y la cerraron y prohibieron. Durante el gobierno de Erdogan se hicieron muchas investigaciones jurídicas contra militantes LGBT. Cuando pensamos en Erdogan es imposible imaginar un desarrollo democrático en beneficio del movimiento LGBT».

Una muestra de la política oficial contra los movimientos LGBT y de mujeres se pudo observar el 8 de marzo pasado, cuando «todas las manifestaciones en Turquía por el Día Internacional de la Mujeres fueron prohibidas y quienes se manifestaron fueron reprimidos», advierte Tarhan. «En los próximos meses vamos a vivir una tensión más fuerte. Ahora el gobierno está analizando una ley que le da inmunidad a la policía y al Ejército argumentando la defensa de la seguridad nacional, entonces no vamos a poder hacer nada contra ellos jurídicamente. De hecho, los militares y policías tienen libertad para hacer lo que quieran, pero ahora van a legalizar eso», puntualiza.

Tarhan señala que otra muestra de la política oficial la brindó Emine Erdogan, esposa del mandatario, quien en declaraciones recientes argumentó que «el harem es una institución de formación para las mujeres».

«Si no alcanzamos la justicia social nosotros no vamos a obtener la libertad -reflexiona por último Tarhan-. En Europa o Estados Unidos los derechos logrados por los LGBT son para la burguesía. Los pobres LGBT no tienen ningún derecho. Por eso, una reforma dentro del sistema neoliberal siempre va a estar al servicio de las clases dominantes».

Traducción de Mehmet Alí Dogan.

Fuente original: http://www.marcha.org.ar/24380-2/