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Una vida pródiga

Fidel Castro en su plenitud

Fuentes: Rebelión

Fidel Castro celebra su cumpleaños ochenta, evento que debió haber sido conmemorado el pasado trece de agosto pero fue interrumpido por una coyuntura de salud. El tiempo es propicio para el recuento de una larga fructífera vida. En 1952 Fulgencio Batista hirió la República con un nuevo golpe de estado, en los que era diestro. […]

Fidel Castro celebra su cumpleaños ochenta, evento que debió haber sido conmemorado el pasado trece de agosto pero fue interrumpido por una coyuntura de salud. El tiempo es propicio para el recuento de una larga fructífera vida.

En 1952 Fulgencio Batista hirió la República con un nuevo golpe de estado, en los que era diestro. En medio de la confusión cívica, el caos en los partidos, el desaliento democrático, los menos orientados por principios se lanzaron al colaboracionismo del Consejo Consultivo y los cargos de gobierno. Pero los animados por preceptos martianos, los que confiaban en la posibilidad de un país libre buscaron la vía insurreccional. El poderoso aparato armado de Batista parecía invencible. Debía ser uno muy optimista, o muy tenaz, para pensar en la posibilidad de una liberación por la vía armada pero Fidel Castro estuvo entre quienes escogieron la insurrección. Dotado con extraordinarias dotes de proselitismo y de una capacidad de cohesión, con una dialéctica convincente, organizó el asalto contra los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo, que no tuvo éxito pero pudo haberlo tenido, acortando notablemente la dictadura. No obstante, el Moncada sirvió de punto de partida para armar una coherencia generacional. El juicio le sirvió para dotar de un programa al movimiento revolucionario naciente.
La prisión en Isla de Pinos fue sistematizada en torno a un sistema de aprendizaje, una universidad entre rejas, lo cual contribuyó a formar intelectualmente a los actores de la etapa que comenzaba. De la misma manera la aventura de Tuxpan y el yate Granma parecía igualmente irrealizable. Todos los obstáculos se acoplaban y solamente la voluntad inconmovible de Fidel Castro por alcanzar una meta pudo rebasarlos.
Los años en la Sierra, la organización de la lucha clandestina en las ciudades, debilitaron a la tiranía, y a la vez fueron otorgando una toma de conciencia al pueblo. Fidel Castro adoptaba decisiones maduras, veía los peligros que los demás no advertían, señalaba rumbos en la estrategia que demostrarían su eficacia. Los cubanos reverdecieron sus ideales: los de la manigua insurgente, de los rebeldes antimachadistas, del guiterismo y el autenticismo inicial, de la ortodoxia chibasista pura y cuando se produjo el triunfo de enero ya existía una percepción del necesario cambio social. Fidel Castro había nacido como el líder moral indiscutido de la nación cubana.
Estuvo a la altura de esa responsabilidad subido a un tanque en Girón, rechazando a quienes hollaban el suelo sagrado de la patria y demostró su intransigencia cuando la crisis de los misiles, impugnando a las grandes potencias que arbitraban sobre la soberanía de Cuba sin contar con los principales actores.
Cuando la multiplicidad de organizaciones y tendencias amenazaba la unidad de la revolución cubana Fidel Castro supo engarzar los rumbos diversos en instituciones integradoras. No permitió las divergencias que habrían fraccionado el impulso inicial. Tampoco permitió que los grupos de rufianes que se concentraron en las elevaciones centrales de la isla pudieran lograr su propósito levantisco, sabiendo que se trataba de autómatas teledirigidos desde Estados Unidos.
Fidel Castro ha creído firmemente en la virtud de compartir y asistir, de favorecer a los débiles y liberar a los sometidos. En África y Asia conocen de ese apoyo cubano, militar, técnico o científico, países como Argelia, Angola, Namibia, Pakistán, Guinea-Bissau, Mozambique, Zimbabwe, Congo y Timor. En América Latina, casi todos, con un especial énfasis en los últimos tiempos en Venezuela y Bolivia. Ese espíritu de fraternal solidaridad era algo desconocido en los tiempos del libre mercado y el neoliberalismo.
Resistir el poderoso bloqueo de Estados Unidos ha requerido de una solidez que solamente la robusta consistencia de carácter de Fidel Castro ha logrado resistir. Las maniobras financieras para bloquear créditos malogrando acuerdos económicos y excluyendo a Cuba de foros internacionales, buscando su incomunicación diplomática y tratando de cercarla para que rinda su soberanía, el intento de aislamiento diplomático, la satanización constante mediante una campaña calumniadora sobornando medios de prensa y columnistas, estableciendo un aparato de calumnias y distorsiones que ha esparcido rumores y alentado la guerra psicológica, el bombardeo de gérmenes nocivos en una inhumana guerra biológica, los constantes sabotajes, desembarcos de comandos armados, organización de atentados, infiltración de grupos sediciosos han sido agresiones que se han frenado. Su prédica ideológica ha tenido vastas repercusiones y hoy vemos la vertebración de una izquierda latinoamericana integrada por Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Uruguay, Haití y Ecuador.
Fidel Castro ha llevado a su culminación una vida plena, su prestigio trasciende las fronteras, su pueblo lo respeta y estima, el surtidor inagotable de su energía ha legado una acción trascendente y ha instituido un cuerpo de ideas sobre las necesidades de la sociedad moderna que cuenta con muchos seguidores; el imperio estadounidense ha encontrado en él un temible obstáculo a su afán de dominación mundial. Los centenares de personalidades internacionales que están arribando a La Habana para dejar huella de su homenaje son una prueba definitiva de que su legado vivirá durante un largo tiempo y la memoria de sus actos, aún más.