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¿Foros para programas o movimientos?

Fuentes: Diagonal

¿Tiene sentido refundar una apuesta electoral si no hay movimientos sociales que lo demanden? Foros de -y para- los movimientos sociales ya están en marcha -a pesar de lo flojos que andamos-, y muchos pensamos que esto es lo principal. Sin movimientos los debates electorales parecen puras elucubraciones de café o partidistas e interesadas. Todo […]

¿Tiene sentido refundar una apuesta electoral si no hay movimientos sociales que lo demanden? Foros de -y para- los movimientos sociales ya están en marcha -a pesar de lo flojos que andamos-, y muchos pensamos que esto es lo principal. Sin movimientos los debates electorales parecen puras elucubraciones de café o partidistas e interesadas. Todo el mundo habla de los movimientos pero no se ve a tantas personas arrimando el hombro, o facilitando sus movilizaciones. A bastantes nos parece que lo importante es no tomar atajos equivocados. ¿Podría la derecha construir sus opciones políticas sin los empresarios, o la izquierda sin los movimientos sociales? No es cuestión de programas, sino de que las personas y los colectivos estén vinculados de alguna manera a movimientos sociales, o la credibilidad es mínima.

Algunos estamos un poco cansados de hacer programas y aburridos de trabajar con gentes de IU -y de otros colectivos- para que luego apenas hagan nada realmente participativo desde sus ayuntamientos o desde sus asociaciones o sindicatos. O sea, el problema es previo, es la credibilidad que no existe en las formas electorales, salvo en situaciones puntuales. No está el fallo en el programa sino en el ‘estilo’ de hacer política. No es tener un programa mejor o más perfecto, ya que casi nadie los lee, como se puede demostrar con los actuales. La dificultad no está en los debates programáticos sino en la credibilidad de los colectivos y las personas por su forma de hacer las cosas. No hay credibilidad por las continuas peleas de familias -que todos percibimos más personalistas que ideológicas-, por la no aplicación de los programas -por ejemplo, los Presupuestos Participativos llevan más de 15 años en el programa y pocos ayuntamientos de IU los aplican-, etc. No fracasa el programa sino su aplicación donde se puede y la credibilidad de quienes siguen usando el viejo estilo de partido.

Convendría separar el espacio electoral y de movimientos para que no se perjudiquen mutuamente. Hay un debate sobre si en los foros o plataformas de movimientos, los partidos molestan más que ayudan. Si los partidos y formaciones electorales ya tienen su espacio en las consultas institucionales, y sus militantes están en los movimientos, ¿a que viene poner sus siglas en estas plataformas o foros? En el Foro Social Mundial la cosa está clara y deberíamos aprender. Y el que dirigentes de movimientos se alineen con una formación política ¿a quién beneficia? Es un tema delicado. Más contundentes Además, ¿vale la pena jugar a la apuesta electoral si -como dice IU- las cartas están marcadas y sus votos valen mucho menos que los de los dos grandes, o los nacionalistas? ¿No habría que empezar por alguna estrategia de denuncia más contundente? Pero supongamos que los movimientos sociales demandan una opción para la transformación social también desde lo electoral… Lo primero sería reconocer que el terreno electoral no es neutral, ni por los recursos económicos que hacen falta para una campaña, ni por la ley electoral que también condiciona. Es decir, que como mucho es estar jugando en campo ajeno -los medios- y con el árbitro en contra también -la ley electoral-. El campo favorable son aquellos movimientos sociales transformadores y las formas democráticas participativas cuando se pueden desarrollar. ¿Cuánto tiempo se dedica a lo uno y a lo otro en estas refundaciones? Esto es un test de credibilidad también aplicable para las otras izquierdas anticapitalistas o nacionalistas radicales, y para algunos dirigentes de movimientos.

No tienen por qué ser antagónicas las posturas electorales y movimentistas si se profundizan. En el parlamento y las instituciones se puede influir, pero sabiendo que juegas en campo ajeno -sin dinero- y con las reglas trucadas -bipartidismo, etc.-. Se pueden conseguir resultados ‘a medias’ y querer alcanzar la derrota del capital. Algunos movimientos lo saben hacer desde hace muchos años. La postura del «desborde reversivo» trata de superar las dicotomías más paralizantes. Por ejemplo, aprender de los movimientos latinoamericanos. Se usa el campo electoral pero la clave está en los grupos motores de los mejores movimientos, desbordando el sistema electoral, desde sus prácticas democrático-participativas.

La cuestión es construir un estilo creíble de hacer política, ‘estilo cuidadoso’ con los demás e internamente. Por ejemplo para no caer en viejos errores. No partir de profesionalizarse en la ‘política electoral’, sino cada cual a vivir de su profesión a ser posible. Usar las ‘metodologías participativas’ para evitar personalismos y favorecer el debate de ideas y acciones. Crear buen ambiente con ‘grupos motores’ para el ‘cuidado’ de las personas y de los procesos transformadores.

No es cuestión de buscar líderes o varios que ‘atraigan a las masas’ sino de escuchar a la gente. Tarea sencilla pero que demanda tiempo y anteponer al prestigio personalista las necesidades de los trabajadores y la gente. Cada vez que he pedido a gente de partidos que vengan a apoyar movimientos siempre estaban reunidos para elegir al nuevo líder o las listas que iban a atraer a los votantes.

Algunos propondríamos escuchar a la gente no afiliada, y entre otras cosas saber por qué está tan desencantada de las izquierdas. Escuchar a los no votantes. Escuchar por qué están ocupados en internet o en otras tareas que creen más importantes.

Hace falta un cambio generacional, pero no tanto por la edad sino por los estilos de hacer política. Hace falta credibilidad previa a los programas electorales, y eso se gana en los movimientos básicamente. Algunas iniciativas desde los ayuntamientos, de los foros o de profesionales vendrían bien, para poder empezar a ver que cambia el estilo de los partidos realmente existentes. Mientras tanto algunos seguiremos apostando por batallas concretas y efectivas para defendernos del capitalismo y de la manipulación.

Tomás R. Villasante es profesor emérito de Universidad Complutense de Madrid

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/Foros-para-programas-o-movimientos.html