Han pasado 15 años desde aquella tarde del 11 de marzo del 2011, el día que ocurrió la triple catástrofe, el terremoto más grande de la historia de Japón, que ocasionó el tsunami que causó una en falla de la planta nuclear de Fukushima Daiichi. El accidente obligó a más de 150.000 personas a abandonar sus hogares para conservar sus vidas. Desde ese día, Fukushima se convirtió en un desastre nuclear activo, vigente hasta el día de hoy.
El Gobierno de Japón y la Tokyo Electric Power Company (TEPCO), la empresa que maneja todos los reactores nucleares de Japón, continúan con su afán de reactivar los 33 reactores nucleares que aún existen en el país, que habían sido suspendidos tras el desastre. Según Reuters (8 de marzo 2026) en Japón persiste en algunas personas un sentimiento pronuclear. Por ejemplo el joven de 18 años Hashimoto Takuma, quien tenía 3 años cuando la triple catástrofe obligó a él y a su familia a abandonar su hogar en Iwaki, quiere dedicarse a la energía nuclear en un centro de monitoreo de radiación. Hoy en día, quien más entusiastamente apoya el regreso de la energía nuclear es la primera ministra Sanae Takaichi, quien tras su victoria electoral, ha impulsado el reinicio de la industria nuclear en Japón. Incluso reactivó uno de los siete reactores en la planta nuclear Kashiwazaki-Kariwa, la planta nuclear más grande del mundo.
Todo parece indicar que el Gobierno quiere ignorar la historia y la propia geología de Japón, isla-nación que sufre al menos 1.000 terremotos al año. Argumentan que el peligro es cosa del pasado, que la tierra y el agua están limpias, pero la gente de Fukushima sabe la verdad, pues son ellos los que por 15 largos años han vivido con el peligro y con el estigma de habitar en la villa nuclear.
Según el periodista Thomas A. Bass (en su articulo “Fukushima at 15”, The Bulletin Of Atomic Scientist, 9 de marzo) Ante la ineficacia del Gobierno para proveer un ambiente seguro y condiciones de vida dignas, la gente de Fukushima, en una muestra de ingenio, se dio a la tarea de aprender a descontaminar sus propios campos y hogares. Construyó laboratorios para monitorear sus suelos y medir los niveles de radiación en su comida. Incluso organizaron viajes a Chernóbil para ver cómo viven otras personas en zonas de radiación activa y aprender de ellas.
Tal es el caso de AI Kimura, la directora y jefa de investigación de Tarachine el Laboratorio de radiación de las madres, un centro de medición de radiación que fue establecido por residentes locales para proteger la vida y la salud de los niños (según la pagina oficial del laboratorio). El laboratorio sobrevive y es capaz de llevar a cabo su misión gracias a donaciones. Están equipados con máquinas especializadas para la detección y el monitoreo de tritio, estroncio y cesio, principalmente cuando están presentes en el agua, una tarea que ha resultado invaluable desde el 2023 cuando TEPCO empezó a liberar agua contaminada en el mar.
Kimura dijo a Thomas A. Bass: “Somos madres. Hay cosas que necesitamos saber ahora para cuidar de nuestros hijos y nuestras familias. No es que la crisis ya haya acabado, en realidad no hay final a la vista. El Gobierno quiere que la gente crea que todo está mejorando, que no hay nada de qué preocuparse. Pero no es verdad. Hay lugares en los que los niveles de radiación aumentan. Hemos visto parques y escuelas recontaminadas. Tenemos que monitorear constantemente y nunca olvidar”. (pagina oficial del laboratorio)
Las luchas de los habitantes de Fukushima por justicia y respuestas no se detienen ahí, Muto Ruiko, nacida en Miharu-machi, Fukushima, es una abogada y opositora de la energía atómica desde la década de los 80, cuando fue claro que nadie seria hecho responsable tras la tragedia, ella misma organizó y lideró la demanda para que los ejecutivos de TEPCO recibieran cargos penales. Aunque el proceso continúa ya ha habido pequeñas victorias a lo largo de mas de una década, (vía su biografía publicada en Asia-Pacific Journal) Muto ha mantenido contacto con fundaciones de apoyo a los sobrevivientes, tales como la fundación “3.11” para niños con cáncer de tiroidea, condición que antes del accidente solía ser extraña en Fukushima, con solo un caso en un millón, pero que desde el 2011 ha aumentado a 400 casos en 380.000.
En las palabras de la propia Muto: “no importa cómo se decida el caso, es importante para nosotros establecer los hechos y permitir que las victimas obtengan justicia”
El medio Japan Times varias veces ha alabado el proceso de limpieza del sitio nuclear por parte de TEPCO, más recientemente en un articulo publicado el 9 de marzo del año presente, fueron tan lejos como llamar al proceso el blueprint para la recuperación nuclear, pero no todos comparten esta opinión, Yoichi Tao quien inicio la organización llamada saisei-no-kai, la resurrección de Fukushima, que ha desarrollado nuevos métodos para descontaminar campos de cultivo, no esconde sus criticas hacia los ingenieros de TEPCO:
“No aceptan consejos de nadie, ni siquiera de ganadores del Nobel que buscan ayudar. Si su tierra es segura ¿por que la remueven? Tirar agua en el océano es otra mala idea, hace años les aconseje que usaran un sistema de circulación cerrado. No hay manera de decomisionar la planta nuclear para el 2051, la fecha establecida. Nos dicen que tienen 880 toneladas de combustible derretido y hasta ahora solo han logrado sacar un pedazo del tamaño de un grano de arroz. Va a tomar 100 años o mas. Generaciones futuras van a estar limpiando Fukushima mucho después de que muramos” (Vía Thomas A. Bass)
Quince largos años son los que Fukushima lleva siendo un sitio nuclear activo, durante estos la gente de sus alrededores han tenido que luchar, en ocasiones ellos solos, contra radiación, contra estigma, contra abuso y traiciones por parte de un Gobierno para el que es mas fácil mirar hacia un supuesto futuro que hacia ellos, y de la TEPCO, una compañía que en su proceso de limpieza de la planta continúa perjudicando a las personas que viven alrededor de ella.
Un año después de la tragedia el escritor Kenzaburo Oe, ganador del Nobel de Literatura dijo: “Fukushima fue una tercera bomba atómica, solo que esta vez Japón se la tiro a sí mismo”
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