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Hace 95 años nació Che Guevara en Rosario, Argentina

Fuentes: Rebelión

En el año 1928, cayó sobre la región cercana a la desembocadura del Paraná (río de la Plata), sobre todo en la ciudad de Rosario una hermosa nevada, acontecimiento meteorológico que se presenta por esos lares cada 30 a 60 años.

Pues bien, en el cálido seno de la familia de los Guevara de La Serna, nace un niño que le bautizan como Ernesto el 14 de junio de 1928. Así, la patria Argentina, desde las orillas del Paraná traía al mundo una de las personas que marcaría la historia suramericana, y mundial en la segunda parte del Sigo XX. El niño Ernesto ya a los dos años de edad presenta su primera crisis de asma que le acompañará toda su vida, no obstante, en esos años, esta enfermedad le hará acercarse a la lectura, a su escritor favorito, Julio Verne y le convertirá en un ávido lector y un apasionado a la Filosofía y a la poesía, además de aficionado al ajedrez, desarrollando un fuerte espíritu de disciplina y autocontrol, más adelante, desarrollará un interés por la filosofía existencialista y las teorías psicológicas de Freud. A los 17 años, Ernesto crea su propio diccionario de Filosofía y se internaba en la literatura social latinoamericana. En el área deportiva practicó el rugby, es la época que recibe el alias de “Chancho”, también comienzan sus largos recorridos en bicicleta en su patria Argentina y toma su primer empleo en un laboratorio vial. Comienzan sus estudios de Medicina en la Universidad de Buenos Aires. Posteriormente en 1951 es contratado como paramédico en la flota petrolera de la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Argentina (YPF) y recorre toda la costa atlántica suramericana.

Ernesto inicia sus estudios de Medicina en 1948 y los culmina en 1953. Ya en 1950 había iniciado sus recorridos en bicicleta en su patria Argentina, se cuentan de 4.500 kilómetros. De esa experiencia, dice Guevara: «No me nutro con las mismas formas que los turistas. […] El alma [del pueblo] está reflejada en los enfermos de los hospitales». De la experiencia vivida por el Che en 1952, resalta su viaje por Suramérica en compañía de Alberto Granado. En Chile se les daña la moto y allí la dejan, debe haber sido una aventura atravesar Los Andes por esta zona. En Perú se encuentran con el doctor Hugo Pesce, dirigente del Partido Comunista de Perú y discípulo de José Carlos Mariátegui, que se ha especializado en la atención de enfermos de lepra. Guevara se encuentra en este viaje con la miseria y la explotación de los pueblos latinoamericanos, principalmente por las empresas estadounidenses. Visitan la Amazonía peruana, de allí pasan a Colombia por el trapecio de Leticia, luego entran a territorio venezolano el 14 de julio de 1952. Pasarán por San Cristóbal, por la carretera trasandina, Mérida, Páramo de Los Cóndores, Valera, Barquisimeto, finalmente llegarán a Caracas. Visitan la Universidad Central y el estadio universitario, Caño Amarillo, se hospedan en una residencia estudiantil católica, sita entre las esquinas de Mijares a Las Mercedes. Se trasladan a La Guaira y conocen el Leprosario de Cabo Blanco en donde queda empleado Alberto Granado. Che parte de Maiquetía, rumbo Miami y Maracaibo a su querida Argentina a seguir el consejo que le dio el Doctor Jacinto Convit de culminar sus estudios de Medicina en Buenos Aires.

En Caracas, Che escribió esta crónica de su visita al barrio de La Charneca: “Caracas se extiende a lo largo de un angosto valle que la ciñe y la oprime en sentido transversal, de modo que, a poco andar se inicia la trepada de los cerros que la circundan, la progresista ciudad queda tendida a nuestros pies, mientras se inicia un nuevo aspecto de su faz multifacética… Ya las casas de concreto han desaparecido totalmente y sólo los ranchos de adobe reinan en la altura. Me asomo a uno de ellos: es una pieza separada a medias por un tabique donde está el fogón y una mesa, unos montones de paja en el suelo parecen constituir las camas; varios gatos esqueléticos y un perro sarnoso juegan con tres negritos completamente desnudos. Del fogón sale un humo acre que llena todo el ambiente. La negra madre, de pelo ensortijado y tetas lacias, hace la comida ayudada por una negrita quinceañera que está vestida. Entramos en conversación en la puerta del rancho y al rato les pido que posen para una foto pero se niegan terminantemente a menos que se la entregue en el acto; en vano les explico que hay que revelarlas antes, o se las entrego allí o no hay caso”.

En julio de 1953 Ernesto realiza su segundo viaje por Suramérica, esta vez acompañado por Carlos Ferrer. En Bolivia conoció la lucha que llevaba el Movimiento Nacionalista Revolucionario. El 24 de diciembre llega a Guatemala y comienza su apoyo al presidente Jacobo Arbenz. Vivió ahí nueve meses, hasta que es derrocado Arbenz por el ejército que recibía órdenes de Washington. Integra las brigadas juveniles comunistas que organizan la resistencia y piden en vano armas al Gobierno. En su estancia en Guatemala fue fundamental su encuentro con Antonio «Ñico» López, exilado cubano que participó en el ataque al cuartel Moncada que lanzó Fidel Castro el 26 de julio de 1953. López sería quien daría el apodo de «Che» a Guevara. En Guatemala, Che escribió esto: «Tuve la oportunidad de pasar por los dominios de la United Fruit, convenciéndome una vez más de lo terribles que son estos pulpos. He jurado ante una estampa del viejo y llorado camarada Stalin no descansar hasta ver aniquilados estos pulpos capitalistas.” A duras penas pudo Che salir de Guatemala, en septiembre de 1954 se traslada a México, allí trabajará como Médico y Fotógrafo por dos años. Se reencuentra con el cubano López.

En 1955 conoce a Raúl Castro, quien le presenta a su hermano Fidel Castro y se incorpora Che a la expedición revolucionaria que parte en el Granma a Cuba. Fidel le evoca de esta manera: «El Che era de aquellos por quienes todo el mundo sentía inmediatamente afecto, a causa de su sencillez, de su carácter, de su naturalidad, de su espíritu de camaradería, de su personalidad, de su originalidad. No necesitamos mucho tiempo para ponernos de acuerdo y aceptarle en nuestra expedición. […] Cuando nosotros nos encontramos con el Che, ya era un revolucionario formado; además, un gran talento, una gran inteligencia, una gran capacidad teórica».

Wolfgang R. Vicent Vielma. Licenciado en Geografía, Trabajador de la Casa de Nuestra América José Martí, Profesor de la Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada Bolivariana. Caracas, mayo de 2023

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