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Asturias

Homenaje al neoliberalismo y condena a las estrategias sociales

Fuentes: Rebelión

En Asturias toca cambio en las filas del PSOE y ya se encuentra preparado el nuevo candidato a presiente del Gobierno autonómico y también a la alcaldía de Gijón: Javier Fernández releva al presidente Álvarez Areces después de tres legislaturas, precedidas de otras tantas como alcalde de Gijón, en total casi un cuarto de siglo […]

En Asturias toca cambio en las filas del PSOE y ya se encuentra preparado el nuevo candidato a presiente del Gobierno autonómico y también a la alcaldía de Gijón: Javier Fernández releva al presidente Álvarez Areces después de tres legislaturas, precedidas de otras tantas como alcalde de Gijón, en total casi un cuarto de siglo manejando influencias y repartiendo las prebendas que, entre otras cosas, le han propiciado el microclima en el que ha podido desenvolverse y hacer triunfar a las élites económicas. Y con no menos fortuna, lo mismo sucede ahora en el Ayuntamiento de Gijón en el que Santiago Martínez, actual Concejal de Hacienda, sucederá a la alcaldesa Fernández Felgueroso después de tres mandatos, de doce años de favores a la burbuja inmobiliaria a la que todo quedó supeditado.

El trasiego de la dictadura a la monarquía contagió sin duda a los partidos ahora en el poder en el sentido de que se han constituido en familias y clanes herméticos al margen de la ciudadanía en donde ni siquiera funciona la democracia interna, mucho menos pueden y van a transmitirla al exterior. Copan los cargos de la Administración burlando las promociones ordinarias y acaparan el control de infinidad de empresas que han sido privatizadas o bien van a parar a empresas que han tenido o tienen mucho que ver con los concursos y asignaciones con dinero público.

Seguramente a nivel del Estado es difícil conocer de cerca y saber de las andanzas precisas y necesarias para llegar a ostentar el poder político. Pero a nivel de comunidades es más fácil, la historia de cada cual está en la calle, más o menos, sin que esto quiera decir que sea necesario ni entrar en las alcobas ni tampoco conocer todos los pactos y los tejemanejes internos necesarios para alzarse con el poder.

En este ritual del cambio de poderes en donde precisamente lo que se traspasa sólo es un decir porque nada se ha propuesto ni se propone para que cambie sino más bien para que todo no solamente siga igual, sino para apostar de nuevo por repetir con más sadismo, diría yo, la crisis existente intentando imponer los mismos modelos socioeconómicos cada vez más antisociales.

En este proceso el poder político se ha apoderado hasta del lenguaje, ha usurpado el vocabulario y los términos con los que podíamos entendernos cuando queríamos hablar de derechos, de asuntos sociales, de libertades, de dignidad y hasta de democracia. Dueños en exclusiva de todo este vocabulario confunden, y nos hacen confundir, sus palabras con la realidad y hasta nos avergüenzan cuando hablamos de reivindicaciones incluso de las más elementales. Porque en este paraíso del PSOE gobernado por «socialistas» y por «obreros» resulta que sólo ellos son los depositarios de lo social y de lo proletario.

Pero en estos momentos preelectorales, cuando aún queda casi un año para las próximas elecciones municipales y autonómicas, los que se van y los nuevos que no lo son tanto, unos y otros, se deshacen en elogios recíprocos y en contarnos las grandes victorias sobre la economía y sobre las mejoras sociales. De tal modo, que cuando mezclamos la usurpación del contenido de las palabras con los éxitos que dicen haber obtenido podemos oír al presidente Areces decir que «ahora estamos más preparados para esta nueva crisis provocada por las ideologías del capitalismo neoliberal de la derecha más pura».

Pero retrocedamos 23 años, porque para llegar tan alto seguramente hay que empezar muy abajo. Para ser grande parece que hace falta cimentarse sobre ciénagas, cuantas más mejor, el camino es duro y no hay tiempo para contemplaciones, la calle del medio es lo más corto sin que importen los medios, sólo el fin, pero el propio fin y el propio provecho. En 1987 el ahora presidente Areces comenzó su «carrera política» erigiéndose en el candidato a la alcaldía de Gijón previo pucherazo y escándalo en la asamblea celebrada en la Laboral de Gijón sin que importara que meses después el juzgado lo confirmara, pero Areces ya era Alcalde y contaba además desde el principio con la conformidad del propio partido que bendijo su cainita tropelía. Tampoco importó que unos años antes saliera del PC, dicen que por la izquierda, y que él asegurara que no iría a parar al PSOE.

En la primera semana en el cargo como Alcalde, su primera decisión fue duplicarse el sueldo que el anterior Alcalde, José Manuel Palacio más leal con los ciudadanos que con el partido, había fijado en 150.001 ptas, una más que el Secretario del Ayuntamiento. Después vendrían asuntos tan oscuros y complejos como el que se inicia con la urbanización del Rinconín, a unos metros del mar, la condonación de unos 5.000 millones de ptas del Grupo Inmobiliario Mall con Cajastur, los planes de urbanismo especulativos amparados en las leyes autonómicas, la ampliación del puerto de El Musel, la concesión sin límites a las grandes superficies, la reforma de la Laboral de Gijón, etc, y por supuesto, las privatizaciones de numerosos servicios públicos junto con la creación de empresas con dinero público pero regidas por el derecho mercantil, de tal modo que escapan al control del Parlamento, de los funcionarios y de las auditorías de la Administración para quedar en manos del Consejero de confianza correspondiente. No deja de ser alarmante la frivolidad y la alegría con la que se manejan los asuntos públicos en los que se mueven presupuestos millonarios y la ósmosis existente entre las personas con cargos y responsabilidades políticas y estos negocios.

Por otra parte la función del Gobierno se ciñe a las grandes empresas, principalmente a las multinacionales para las que llueven los millones de euros a fondo perdido y las concesiones sin contraprestación alguna que se sepa. Mientras, la pequeña y mediana empresa generadora del 90% o más del empleo queda a su suerte lo mismo que los sectores económicos tradicionales o los que debieran ir creándose para acompañar a la obligada evolución de la economía regional. En definitiva, inversiones intensivas en capital que consumen cuantiosos recursos naturales generando una gran degradación medioambiental con una creación de empleo exigua pero que proporcionan suculentos beneficios, así que no es de extrañar los elogios y los homenajes que ya se han iniciado.

No es sorpresa que Asturias haya de importar la mitad de la manzana para la elaboración de la sidra tradicional, lo mismo que la mayor parte de los productos agrícolas de la cesta de la compra o las tres cuartas partes de los productos cárnicos, todo ello por el abandono institucional del campo en una región tradicionalmente agrícola y ganadera.

El que Asturias lidere la más baja natalidad de la UE, que la población joven haya de emigrar y que el paro asole no hace temblar ni un minuto a las autoridades lideradas por Areces, porque esto poco o nada tiene que ver con su cometido cuando apuesta por la ampliación del puerto despilfarrando más de 800 millones de euros, pero enfrente, a un par de millas, ha ido cerrando uno a uno los astilleros a pesar de las movilizaciones y enfrentándose a ellas.

Sin embargo, en todo momento, el presidente Areces mantiene contactos estrechos con toda la oligarquía financiera y económica de Asturias y también de medio mundo al que ha visitado en ostentosos «viajes institucionales» para promocionar no se sabe bien qué, mientras que se olvida de los municipios de la geografía asturiana y de sus problemas.

Casi un cuarto de siglo oyendo discursos leídos, pero siempre el mismo modelo descafeinado e isultantemente anodino que tanto valdría para un bautizo como para un funeral, sin que sea capaz de hilar dos ideas o dos sugerencias sobre alguna política a seguir y, por supuesto, sin dar nunca una solución a alguno de los problemas que se han ido presentando. Sucede todo esto cuando a la política se llega y llegan trileros expertos en triquiñuelas y no profesionales y gente capaz de implementar estrategias económicas y sociales al lado de los ciudadanos. Sólo la patronal y las multinacionales habrán quedado satisfechas pero no tanto por lo que haya podido hacer, sino más bien, por que lo que les haya dejado hacer, a sus anchas por supuesto, y por la millonaria generosidad que con ellos ha tenido.

El poder económico y financiero sabe escoger, proteger y financiar, sin duda, a los líderes políticos que cuanto más ineptos tanto mejor, porque para especular y para los negocios es lo más adecuado, a juzgar por los magníficos resultados económicos. La oligarquía económica con esta izquierda para qué necesita una derecha cuando además le saldría mucho más cara.

Todo este entramado no hubiera sido tan fácil sin mediar primero una brutal persecución legal a los medios de comunicación cuando en unos años el Presidente Areces acabó cerrando la media docena de televisiones existentes que daban una razonable información y con debates, para sustituirlo todo por una RTPA (Radio Televisión del Principado de Asturias) con cerca de 50 millones de presupuesto, con adjudicaciones a dedo y con una programación tan mezquina que ni siquiera alcanza la audiencia de la mayoría de las modestas televisiones anteriores.

Pero a pesar la neoliberalización de este Gobierno socialista y de la catadura tanto de su presidente como de su Gobierno, en segundo lugar y a pesar de todo esto cabe añadir que IU ha agravado la situación firmando, de hecho, pactos de gobierno incondicionales tan nefastos que han acabado por convertir al PP en oposición, si es que así se le puede llamar.

Con este bagaje y estas credenciales ya sabemos de quién han de venir ahora los homenajes al presidente Areces que se va o lo echan, esto no se sabe.  

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Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.