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Huelva: ¿Crónica de una muerte anunciada?

Fuentes: Rebelión

«En la historia de los hombres cada acto de destrucción encuentra su respuesta, tarde o temprano, en un acto de creación.»   (Eduardo Galeano)   Cuando se piensa en Huelva, no sé puede dilucidar qué duele más: 1- Saber que paulatinamente muere un ecosistema, se violenta el medio natural, se pierden vidas humanas, se destrozan […]

«En la historia de los hombres cada acto de destrucción encuentra su respuesta, tarde o temprano, en un acto de creación.»

  (Eduardo Galeano)

 

Cuando se piensa en Huelva, no sé puede dilucidar qué duele más:

1- Saber que paulatinamente muere un ecosistema, se violenta el medio natural, se pierden vidas humanas, se destrozan familias;

2- Pensar en la desidia, en las miradas recelosas, en las historias paralelas que se fraguan «tras bambalinas», en las posturas burocráticas, en el estatismo, en ese triste argumento que hace asistir a la victoria de la barbarie sobre la civilización.

De un lado de la acera, se encuentran cientos de hombres y mujeres que ven en el Polo químico de Huelva, las únicas posibilidades de empleo y de desarrollo local y que saben de las secuelas para la salud, pero que se consuelan con la frase: «de algo hay que morir»; del otro los que escapan de la enajenación y ven languidecer la cuidad, el medio; e incluso, al hombre, como especie que asiste a un proceso de «deshumanización».

El conflicto

Considerado entre los «más grandes» vertederos de residuos industriales del mundo, calculado sobre las 1.200 hectáreas y, aproximadamente a 300 metros de la población (sin especificar las actividades que realizan los habitantes locales a orillas del Tinto), pareciera que posee, como tragedia, un «final predestinado». Sin embargo, aún hay soluciones posibles, más allá del prisma con que se ha observado la situación.

Es válido especificar que, el sulfato cálcico dihidrato o fosfoyeso es un polvo blando de yeso que se obtiene como subproducto de la fabricación de ácido fosfórico, este se encuentra acumulado en grandes balsas situadas al sureste del núcleo urbano de Huelva entre un polígono industrial y la marisma del Río Tinto.

Personajes

La empresa Fertiberia1, responsable principal de la acumulación de residuos derramados, se estima que ha vertido 100 millones de toneladas de fosfoyesos, aunque no puede dejar de mencionarse que la empresa Foret2 fue corresponsable del vertido de fosfoyesos en Ría de Huelva. Según el informe presentado por el laboratorio de la CRIIRAD3, se especifica además que el vertedero:

(…) ha recibido entre otras cosas, en 1998, residuos contaminados por cesio 137 a consecuencia del accidente acaecido en la fábrica de ACERINOX en Algeciras (Cádiz). Alrededor de 7.000 toneladas de esos residuos habrían sido vertidas en el emplazamiento encima de los fosfoyesos, y recubiertas después con 1 a 2 metros de tierra. El vertedero contiene igualmente diferentes clases de residuos (…) Que los residuos han sido vertidos incontroladamente, sin una capa impermeable infrayacente (bajo los mismos), en una zona pantanosa, cerca de la costa, sin confinamiento perenne de la superficie (capa de tierra de algunas decenas de centímetros que es arrastrada por la lluvia), y sin dispositivos que impidan el acceso a los paseantes, pescadores, etc. Y que por añadidura, las autoridades han sumado a esa contaminación por radionucleidos relacionados con los fosfoyesos, una contaminación por cesio 137.4

Resulta alarmante, que aún hay quienes ignoran los niveles de radioactividad, conociendo además que coexisten junto al uranio, arsénico, plomo, cinc y otros (principalmente uranio 235 y 238, además de radón 222, polonio 210, radio 226 y plomo 210)5. Está en cuestión radionucleicos con un periodo de desintegración de millones de años (4 500 millones de años el uranio 238, 75 000 años el torio 230 y 1600 años el radio 226); el radón 222 (gas radioactivo) posee un marcado carácter cancerígeno, según especialistas consultados podría ser responsable del 10 % de los cánceres de pulmón. Entonces, ¿puede alguien ignorar tales datos?

Como es conocido, por decisión de la Audiencia Nacional, la planta de fertilizantes (Fertiberia) cesó el vertido en 2010; no obstante, las balsas permanecen ocupando las marismas del Río Tinto, justo donde se encuentra la marea del estuario y la que no es estanca.6

Nudo

La solución, supuestamente «más viable» para la restauración de la zona, fue la propuesta realizada por Fertiberia para la clausura de las balsas de fosfoyesos, que subcontratando a la empresa Ardaman realizarían el llamado proceso de «clausura y encapsulado». Dicha propuesta, cubre solo 720 hectáreas de la zona. En el proyecto presentado originalmente, se especifica la eliminación de aguas de proceso embalsadas, la adecuación estructural de apilamiento mediante el movimiento de los yesos, la conformación de caminos internos, la ejecución de infraestructuras de drenaje de aguas internas, la impermeabilización de la superficie de los apilamientos mediante la implantación de diferentes materiales naturales y sintéticos, la recuperación paisajística y revegetación del emplazamiento con especies vegetales autóctonas de la marisma. «Contempla un tratamiento específico para cuatro espacios de la zona tres, donde están los denominados fosfoyesos negros, con una concentración más elevada de carácter radioactivo7

En noticias relacionadas con el tema, el diario El Mundo publicaba el 12 de noviembre de 2017 que el colectivo Mesa de la Ría habría alertado sobre el posible «riesgo de colapso» de las balsas de fosfoyesos, debido a su «inestabilidad geotécnica»:

«Los datos geofísicos obtenidos por el comité de expertos mediante «sísmica de reflexión» en el río Tinto (al borde de la balsa número 2), evidencian una situación de grandes deformaciones diapíricas a consecuencia de las enormes presiones sobre el subsuelo, de lo que resulta que la migración de los fluidos contenidos en los mismos podrían provocar una descompresión brusca y repentina de la base del apilamiento.8

Por su parte, la revista internacional de recursos hídricos Water Research publicaba en el 2018 las conclusiones aportadas por la tesis doctoral de María Eugenia Papaslioti9 donde se expone que el agua del Tinto accede a la balsa en profundidad y posteriormente retorna al estuario en forma de filtración ácida y contaminada10. El estudio realizado trasluce que las restauraciones realizadas hasta ahora, han resultado poco efectivas, lo que llama con urgencia a adoptar otras medidas.

El 29 de marzo del presente año se publicaban informaciones relacionadas con el informe que realizara un comité de expertos por encargo de la Mesa de Participación de los Fosfoyesos tratando de dilucidar una solución definitiva al problema de los fosfoyesos de Ría de Huelva. Las investigaciones del comité de expertos, al frente del cual se encuentra el profesor José Borrego11 arrojan que «las referidas estructuras de deformación, que afectan de forma especial a la llamada zona 2, así como  migraciones de fluidos que han modificado completamente la estructura sedimentaria y el comportamiento mecánico del soporte de las balsas».12

En el desolador escenario medioambiental en el que está inserto la problemática de los fosfoyesos de Huelva y, como añadidura al conjunto de «noticias funestas» relacionadas con esta historia «lamentablemente de la vida real», se encuentran los expedientes sancionadores que son tramitados en el Tribunal de Justicia Europea contra España, en su mayoría por «falta de planes de gestión de residuos, la seguridad nuclear, entre otros…»13.

Otra de las posibles soluciones analizadas en su momento fue la de trasladar los fosfoyesos de lugar, para lo cual la Junta de Andalucía a través de la Empresa de Gestión Medioambiental (Egmasa)14 realizó un estudio de viabilidad, donde se concluyó que resultaría sumamente «costoso y complejo» trasladar los fosfoyesos a otra zona. Para el traslado sería necesario «proyectar la construcción de 10 nuevos depósitos (vertederos) con una capacidad individual de 8.000.000 m3 (…) donde se realizaría el traslado a partir de la utilización de 485 camiones por día durante 30 años».15

Desenlace

Generalmente el fosfoyeso desechado por las industrias termina en el apilamiento en balsas, tal y como ocurrió en Huelva, lo que produce el daño ecológico y humano; sin embargo, hoy día suele hablarse de otros usos para ese material -dígase-, por ejemplo: en la fabricación de lozas y tejas, para el tratamiento de cultivos agrícolas, como relleno de carreteras y acerados, entre otros.

A consideración del profesor Joaquín Fidel Gibanel16: «la única dentro del abanico de soluciones para reaprovechar reconvirtiendo este residuo tóxico, radiactivo y peligroso en un subproducto, susceptible de ser utilizado es romper su estructura molecular con la premezcla de otros, junto con reactivos potentes de unos y los añadidos para que al final el resultado sea un material diferente y nuevo.»17 Por supuesto, se tiene la conciencia de que el tratamiento en la zona de Huelva exige mayor prudencia, dedicación y cautela.

La propuesta en cuestión, se sustenta en una experiencia de más de cincuenta años de trabajo en la fabricación de nuevos materiales que dan soluciones a problemáticas concretas y emergentes, hace referencia a la creación de productos de mejor calidad a partir de un proceso de reciclaje de residuos tóxicos. Lo que propiciaría además empleo para la población de Huelva, porque implica la instalación de un taller de reciclaje y luego de fábricas de eco elementos para un programa de 1.500 productos artículos, lo que sin lugar a dudas daría un giro satisfactorio para esta historia. Cada planta que pueda instalarse generaría 300 puestos de trabajo directos.

Según la concepción y diseño de la propuesta que trae a colación Gibanel:

Los residuos hay que eliminarlos convirtiéndolos primero a un subproducto y luego a un recurso válido en forma de un material que habrá acogido además a otros tantos restos, contribuyendo los primeros a una limpieza masiva de la manta verde (…)Y no solo hay que sacar y consumir esa materia, sino un determinado grosor de la tierra que ha estado en contacto con ella, donde habrán penetrado lixiviados, limpiando las aguas del estuario dañadas, quitando la presión existente de su gran peso propio al terreno marismeño, regenerándola totalmente y recuperándola para un nuevo asentamiento que sea un parque temático de las mejores innovaciones medioambientales, respecto de las principales actividades del humano hoy.18

Dicho proceso implica además un sistema de enseñanza-aprendizaje, que en materia medioambiental constituye hoy una prioridad para la humanidad. En este primer acercamiento, resulta imposible abordar en toda su dimensión la anterior propuesta, aunque existe la confianza plena en que servirá de antesala para compartir criterios y sobretodo tomar acciones en pro del bienestar de Huelva toda. La respuesta en presente, para los fosfoyesos de Ría de Huelva, necesariamente tiene que ser un acto de creación.

Notas:

1 La fábrica Fertiberia en Huelva fue inaugurada por Franco el 25 de abril de 1967, para la fabricación de ácido sulfúrico, ácido fosfórico y fosfatos amónicos para su comercialización directa y para la obtención de fertilizantes: fosfato diamónico (DAP), abonos complejos y fosfatos solubles.

2 Foret fue inaugurada el 6 de octubre de 1970 a cargo del Ministro López Letona (aunque llevaba en funcionamiento desde 1968, para la fabricación de ácido fosfórico, tripolisfosfato sódico para su uso en fabricación de detergentes, industria textil y cerámica, fosfatos cálcicos y monocálcicos para la alimentación animal.

3 Comisión de Investigación e Información Independientes sobre la Radiactividad, emitió el Informe CRIIRAD N°07-117 Huelva (fosfoyesos y vertido Cs 137), 29 de noviembre de 2007

4 Informe CRIIRAD N°07-117 Controles radiológicos en HUELVA (España).

5 «Huelva: bajo los efectos de la contaminación», texto: M. Núñez y C. Navarro, INTEGRAL número 267 marzo de 2002 en www.terra.org.

6 Ver más en: «Estimación del aporte de contaminantes de la balsa de fosfoyesos al Estuario de Huelva», Rafael Pérez López, Aguasanta Miguel Sarmiento, Sergio Carrero, Pablo Cruz Hernández, Francisco Macías, Silvia M. Pérez Moreno, José Miguel Nieto, Juan Pedro Bolívar. En Repositorio Institucional de la Universidad de Huelva, Editorial Española de Mineralogía.

7 Radio-Huelva: «Fertibeiria limita a 720 hectáreas su proyecto para restaurar las balsas», 28-09-2016 en www.cadenaser.com.

8 «Alertan riesgo de colapso para las balsas de fosfoyesos de Huelva», 12 de noviembre de 2017 en www.elmundo.es

9 Teniendo como tutor a Rafael Pérez López y la doctora Annika Parviainen de la UGR-CSIC, www.cadenaser.com, 29-05-2018.

10 www.cadenaser.com, Radio Huelva: «Confirman la conexión del estuario y las balsas de fosfoyesos», 29-05- 2018.

11 José Borrego: catedrático del área de Estratigrafía y Sedimentología de la Universidad de Huelva (UHU).

12 «El subsuelo de la marisma del Tinto se resiente por el peso del fosfoyeso» en https://sevilla.abc.es, 29-03- 2018.

13 «España se enfrenta a una bactería de multas por no implementar leyes europeas de protección del medio ambiente», en www.eldiario.es, 07-07-2018

14 www.juntadeandalucia.es: «Estudio del coste económico y temporal del traslado a vertedero de las balsas de fosfoyesos», octubre de 2010.

15 www.juntadeandalucia.es: «Estudio del coste económico y temporal del traslado a vertedero de las balsas de fosfoyesos», octubre de 2010.

16 Joaquín Fidel Gibanel Salazar: Ingeniería de Eco-Prospectiva y Medio Ambiental (INEPROME); propietario

17 Gibanel Salazar, Joaquín -Fidel: «I: Fosfoyesos y residuos industriales». Ingeniería de Eco-Prospectiva y Medio Ambiental (INEPROME); propietario FRANQUIHABITAT, propietario Asociación TECNATUR (Tecnologías aplicadas a la salud y al medio natural); «Expert-evaluater» Science, Reserch & Development European Commission Convocatoria V y VI Programa Marco.

18 Gibanel Salazar, Joaquín -Fidel: «III Fosfoyesos, eliminación y saneamiento del suelo de las balsas y estuario por valorización». Ingeniería de Eco-Prospectiva y Medio Ambiental (INEPROME); propietario

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.