Hundirnos en el mar

Fuentes: OnCuba

La prensa tiene deberes propios; el primero de ellos es informar con objetividad, y con ello brindar opiniones sensatas y equilibradas acerca de temas en los que tal vez el gobierno se puede o se deba hacer de la vista gorda. Sobre todo desde inicios de los 70, y hasta que se restableció el capitalismo […]

La prensa tiene deberes propios; el primero de ellos es informar con objetividad, y con ello brindar opiniones sensatas y equilibradas acerca de temas en los que tal vez el gobierno se puede o se deba hacer de la vista gorda.

Sobre todo desde inicios de los 70, y hasta que se restableció el capitalismo en las naciones que constituyeron la Unión Soviética o que estaban bajo su esfera de influencia, poco o nada se supo aquí de las enormes contradicciones que, de manera al parecer súbita, cambiaron drásticamente el destino de la República Democrática Alemana, Bulgaria, Yugoslavia, Rumania… por no mencionar a Albania, y, por supuesto, la misma URSS. La prensa cubana solo informaba sobre los méritos de dirigentes que luego fueron defenestrados sin miramientos, y con la anuencia mayoritaria de los ciudadanos a los que debían responder, o sobre las condecoraciones que les eran otorgadas.

La caída del campo socialista, de aquel socialismo calificado como real, tuvo detrás procesos de deterioro que, aún hoy, han sido poco divulgados y estudiados entre nosotros. Durante aquellos años, la visión más veraz sobre el este de Europa la recibimos por el cine: para quienes seguíamos las muestras de películas de esos países resultaba incongruente lo que se informaba o se analizaba en los medios con lo que se veía en aquellas obras de ficción que, evidentemente, estaban muy apegadas a sus realidades.

Por más de una década, México fue el único país latinoamericano que no rompió relaciones con Cuba. Para proteger esa amistad, imprescindible, a no dudarlo, apenas se divulgaba sobre sus movimientos guerrilleros o las crudas represiones de que fueron objeto cientos de jóvenes y militantes de la izquierda mexicana.

Más acá en el tiempo, cuando en 2014 cuarentaitrés jóvenes normalistas fueron desaparecidos en Ayotzinapa, la prensa cubana demoró en reflejar un hecho que estuvo de inmediato en los titulares de la mayoría de los periódicos del mundo.

No pocos de los gobernantes que hoy son solidarios con Cuba, o incluso que son tratados como amigos, actúan, en otras zonas de la política internacional, o dentro de sus propios países, de formas contradictorias, erráticas, incluso reprobables, y nuestros medios oficiales lo ignoran por completo. Desde hace algunos años, los nuevos medios permiten que una parte de la población, todavía minoritaria, pueda acceder a otras fuentes de información. A pesar de que Telesur ha ofrecido matices que jamás aparecen en los canales cubanos, el grueso de la ciudadanía puede permanecer en la ignorancia, y se sorprenderá si este o aquel amigo intachable mañana es acusado de algún delito, juzgado, condenado, o derrocado por su propio pueblo, o si suceden cambios, revueltas, en sitios que se suponían estables, tranquilos.

En este mismo minuto, por ejemplo, Ecuador está sacudido por conflictos entre el presidente Lenin Moreno y el expresidente Rafael Correa. El movimiento Alianza País está fraccionado y las acusaciones han ido subiendo de tono. Cuesta trabajo deslindar la posible verdad cuando casi todo lo que se escribe está colocado bajo la simpatía hacia uno u otro contendiente. ¿Qué han dicho los medios oficiales cubanos sobre este delicado asunto?

Infinitamente más grave, sin dudas, es la guerra, hasta ahora verbal (aunque apoyada por movimientos militares peligrosísimos), en que están enzarzados los presidentes de los Estados Unidos y de la República Popular y Democrática de Corea.

Hace pocos días, antes de que Corea del Norte disparara un misil que sobrevoló una isla japonesa, Kim Jong-Un dijo que «las invencibles fuerzas navales (norcoreanas) están unidas en su determinación de hundir la totalidad de Estados Unidos bajo el agua si ese país trae nubes de guerra o de agresión a nuestro territorio» que su país tenía poder militar suficiente para hacer desaparecer a los Estados Unidos y hundirlos en el mar). Lo que escribo aquí es la cita textual de lo que escuché en una emisión del noticiero de la televisión cubana.

Desde que comenzaron las luchas por nuestra independencia, en el siglo XIX, líderes políticos cubanos han proclamado, sobre todo en instantes climáticos, que estamos dispuestos a ser borrados de la faz de la Tierra antes de volver a ser colonia, o neocolonia, de cualquier imperio. Del «libertad o muerte» de los mambises al «patria o muerte» de Fidel en vísperas de la invasión por Playa Girón hay una continuidad en que está implicado, fundamentalmente, el compromiso de resistencia, de sacrificio de la mayoría de los cubanos en esas situaciones extremas en que ha estado en peligro el porvenir de Cuba. La voluntad de «hundirnos en el mar» la hemos incluso cantado junto a la voz de Pablo Milanés.

Pero esa voluntad nada tiene que ver con el enfrentamiento entre los Estados Unidos y Corea del Norte. Este frágil archipiélago, como todo el Caribe, está incluido en la amenaza de Kim Jong-Un. Cuba entera también desaparecería si se hiciera realidad.

Que un gobierno como el de los Estados Unidos, encabezado ahora por ese ser enloquecido, vocifere y se apreste a dañar a millones de seres humanos de cualquier región del planeta no es extraño. Ha sucedido muchas veces, y forma parte de su propia naturaleza imperial. Tampoco esa nación tiene ningún derecho, moral o legal, para impedir que otro país posea armas nucleares. Lo deseable sería que todo el armamento atómico fuese destruido.

La historia entre estos dos países, el enorme desequilibrio entre el poderío de uno y otro, llevaría a simpatizar con Corea del Norte. Según un artículo de Guillermo D. Olmo aparecido en BBC Mundo, sobre esa parte de la península cayeron 635.000 toneladas de explosivos, 32.557 toneladas de napalm, hubo 282.000 muertos, lo cual implica que entre el 12 y el 15 por ciento de la población civil norcoreana murió en los bombardeos entre 1950 y 1953 y «Corea del Norte se convirtió en una nación subterránea y en permanente alerta antiaérea».

Sin embargo, ahora ha elegido un modo de defender su autodeterminación que pone en riesgo la paz mundial, y eso es algo que toda persona lúcida sobre la faz de la Tierra tendría que rechazar tanto como el militarismo estadounidense.

Entre los derechos que deberíamos tener los cubanos, está el de ser bien informados, aún más si se trata de conflictos tan complejos y que nos atañen muy de cerca, aunque parezcan tan lejanos.

Fuente: http://oncubamagazine.com/columnas/hundirnos-en-el-mar/