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Incertidumbre en Israel

Fuentes: La Jornada

Tzipi Livni quería ser primera ministra sin elecciones, pero no pudo formar un gobierno de coalición que integrara a su partido Kadima, a los laboristas y al Shas (sefardí). Este último, partido ultraortodoxo que surgió en los años 80 en el contexto de la consolidación de un nacionalismo intransigente después de la guerra árabe-israelí de […]

Tzipi Livni quería ser primera ministra sin elecciones, pero no pudo formar un gobierno de coalición que integrara a su partido Kadima, a los laboristas y al Shas (sefardí). Este último, partido ultraortodoxo que surgió en los años 80 en el contexto de la consolidación de un nacionalismo intransigente después de la guerra árabe-israelí de 1967, se volvió una fuerza ineludible para la derecha y la izquierda israelíes. Recibe gran ayuda financiera del Estado, lo que le permite cultivar su clientela electoral.

Desde 2001, en Israel predomina una crisis de confianza en el sistema político. En ese ambiente el entonces primer ministro Ariel Sharon creó el partido Kadima (2005), que no es la primera formación centrista en la historia del sistema político israelí, pero nunca antes un primer ministro en funciones había instituido un nuevo partido político concebido claramente para asegurar su elección.

Kadima se mantuvo encabezando la campaña electoral, a pesar del ataque cerebral de su fundador; ello se debe a que logró atraer una diversidad de figuras políticas: el grueso de su fuerza proviene de la corriente pragmática del Likud, como Ehud Olmert, entonces primer ministro, Tzipi Livni, ministra de Asuntos Exteriores; Shaul Mofaz, jefe de Estado Mayor y ministro de la Defensa, pero también sedujo a disidentes del Partido Laborista como Shimon Peres y a figuras de la sociedad civil. Además, su posición centrista está en sintonía con la oferta política que presenta Kadima: preservar a Israel como Estado judío y democrático gracias al establecimiento de fronteras permanentes con los palestinos sin dudar, llegado el caso, recurrir a acciones unilaterales como sucedió con el retiro de Gaza. En el ámbito de la seguridad y la diplomacia, la oferta pragmática de Kadima parecía responder mejor a las expectativas de una población israelí que ya no cree en los grandes planes de paz.

Livni ha estado a cargo de las negociaciones de paz con la Autoridad Palestina y las apoya, lo cual la hace más aceptable, una «moderada», ante los ojos de la comunidad internacional. Su postura contrasta con la posición de su principal competidor en Kadima, Mofaz. Éste, considerado por grupos de derechos humanos como criminal por haber ordenado el asesinato de cientos de civiles palestinos en el curso de la segunda intifada, no acepta concesión alguna a los palestinos, rechaza devolver el Golán a Siria y afirma que Israel debe bombardear las instalaciones nucleares de Irán con o sin el consentimiento de su principal aliado, Estados Unidos.

Livni, por su parte, sostiene que solamente la creación de un Estado palestino salvará la identidad judía del Estado de Israel, pero se opone a la repatriación de un número significativo de refugiados palestinos, así como al retiro israelí a las fronteras de 1967 (como estipulan las resoluciones de Naciones Unidas).

Shimon Peres en los años 90 había sido el último en intentar formar gobierno cuando su margen de maniobra política se había estrechado; también entonces un partido ultraortodoxo, Agudat Israel (ashkenazi), determinó el fracaso de su esfuerzo. El Shas calificó como poco generosas las ofertas de Livni de aumentar los subsidios a las familias generosas, y exigió desde el inicio que el gobierno futuro excluyese la cuestión de Jerusalén de las negociaciones con los palestinos.

Ahora las elecciones generales tendrán que realizarse alrededor de febrero del próximo año. Ehud Olmert seguirá siendo primer ministro, mientras que Livni buscará sobrevivir políticamente contra Ehud Barak del Partido Laborista. Barak, ex primer ministro y actualmente ministro de Defensa, representa ese polo de la izquierda histórica israelí (de David Ben Gurion) para el que la dimensión patriótica prima sobre cualquier otra consideración. Ambos lucharán por los mismos votantes, mientras que el partido Likud, encabezado por el radical Benjamin Netanyahu, espera su turno.

http://www.jornada.unam.mx/2008/11/01/index.php?section=opinion&article=028a1mun