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Reunión del Bilderberg

Inquietudes y preguntas ciudadanas

Fuentes: Rebelión

Lo conocido. En 1954, el príncipe Bernardo de Holanda y David Rockefeller fundaron un lobby de propaganda y acción capitalistas. La primera reunión la celebraron en un hotel de Osterbeek, en Holanda, el Bilderberg. De ahí su nombre. La idea partió de un emigrante judío, de origen polaco, un consejero y analista político llamado Joseph […]

Lo conocido. En 1954, el príncipe Bernardo de Holanda y David Rockefeller fundaron un lobby de propaganda y acción capitalistas. La primera reunión la celebraron en un hotel de Osterbeek, en Holanda, el Bilderberg. De ahí su nombre. La idea partió de un emigrante judío, de origen polaco, un consejero y analista político llamado Joseph Retinger. Finalidad explícita del grupo de presión y acción en sus orígenes: dado el creciente «antiamericanismo» europeo a inicios de los cincuenta, es decir, dada la creciente resistencia crítica de la ciudadanía de izquierdas europea ante los desmanes imperiales y su estúpido, alienante y antiecológico «american way of life», se diseñó un encuentro anual internacional que contara con la participación, esa era su pretensión, de la flor y nata mundial del empresariado, de las finanzas, de líderes medios de (des)información y de políticos serviles con sus planes acumulativos y sus deseos insaciables de poder [1]. En síntesis, una arista más de la caliente guerra fría que había tenido sus orígenes en agosto de 1945, o incluso antes [2], con el lanzamiento de las dos bombas de destrucción masiva.

Se han reunido desde entonces de manera ininterrumpida. Menos en 1976. Un escándalo de corrupción afectó al monarca holandés. Están hechos de esta pasta.

Es la segunda vez que la conferencia bilderberguiana se celebra en España. La primera fue en 1989, en la Toja. Entre otras «personalidades», contó con la presencia del «socialista» Felipe González, quien curiosamente disertó sobre las relaciones entre la Unión Soviética y la OTAN [3], del ex ministro felipista Miguel Boyer, de Jesús de Polanco de PRISA y del Premio Nobel de la Paz, el criminal de guerra, Henry Kissinger.

Esta año se celebra en Sitges. En el lujosísimo Hotel Dolce. ¡Qué nombre tan hortera y consistente para un club de estas características!

¿Es razonable que el presidente del gobierno español, la segunda autoridad del Estado, acuda a esta reunión para dar cuenta de la situación de la economía española y de sus futuros planes a un grupo privado que no tiene ninguna representación política y que lo único que puede ostentar y ostenta es el color del dinero y un fuerte poder? ¿Ha ido o irá a pasar algún examen?

¿Es admisible que la reina Sofía, la consorte sin arista política constitucional de la Primera Autoridad del Estado, asista a estas reuniones que, según comentó a Pilar Urbano, encuentra muy, pero que muy interesantes?

¿Es correcto que el director del Banco Central Europeo, una entidad que dice ser independiente de gobiernos, partidos y grupos de presión, el señor Jean-Claude Trichet, sea también un invitado de la conferencia en el dolce?

¿Es consistente que el que fuera director de un diario que decía ser el independiente de la mañana sea un asiduo de estas reuniones, asistencias que lleva en el más oculto de los secretos?

¿Es políticamente admisible que el actual Ministro de Exteriores español, ningún ex, haya sido invitado y acuda a esta reunión de notables y magnates?

¿Es razonable que el señor Bernardino León «Bilderberg», un habitual a los encuentros del frío lobby guerrero en los últimos años, un político chulesco y prepotente que hace pocos años, cuando trabajaba en Exteriores, intentó poner firmes a Evo Morales y Álvaro García Linera tras el intento de éstos de controlar los desmanes de las multinacionales españolas en Bolivia, sea nada más y nada menos que el secretario general (¡secretario general!) de la Presidencia del Gobierno del Reino de España?

¿Está justificado que los gastos de seguridad que se elevan a unos 150.000 euros diarios, 600 mil es el total de los cuatro días, vayan a cargo del erario público?

¿No es un atentado a la liberad de expresión y acción que los vecinos de la zona no puedan tomar fotografías desde sus viviendas acordonadas por expresa prohibición policial?

¿Es una sociedad abierta, el concepto es de sir Karl Popper que no sé si participó en alguno de los encuentros, que un club de estos vuelos prohíba taxativamente la concesión de entrevistas o que se revelen detalles, por insignificantes que sean, de lo hablado en los encuentros?

¿No será que el club, además de reflexiones y transmisión de ideas interesantes, Reina Sofía dixit, interviene o pretender intervenir decisivamente en los asuntos públicos nacionales internacionales?

¿No es peor incluso que lo narrado en 1984 la pretensión última del club que, según Daniel Estulin, un estudioso de los Bilderberg, no es tanto actuar como un gobierno mundial en la sombra, que también, sino la de transformar el mundo en una empresa global dirigida por un Consejo de Administración de sabor y estilos bilderbeguianos?

¿No abonan algunas aristas de las teorías conspirativas de la historia y la política estos encuentros con focos, con limusinas ahumadas, con prohibiciones amenazantes de ocultamiento y sin luz alguna y, mucho menos aún, sin ningún control de la ciudadanía?

Una concepción de la racionalidad que no olvide el non serviam, por temperada que sea, impide contestar afirmativamente a la mayoría de estas preguntas.

Eso no es obstáculo para señalar un posible vértice teatral de la representación. Es posible que el Club sea mucho menos de lo que señalan y aspiran. No es improbable que su función fuera más fructífera durante la caliente guerra fría contra la Unión Soviética. No es inconsistente pensar que su fuerza real sea menor que la que sugieren a pesar de contar con matarifes de la talla de Henry Kissinger. No es una ensoñación pensar que el papel de Jim Tucker, un periodista usamericano de extrema derecha que colabora en el portal ultraconservador American Free Press, el primero que ha informado de la fecha y del lugar de la reunión de este año, sea la de ser portavoz controlado, y supuestamente independiente, de los líderes del Club. Sea como fuere, con prendas teatrales o sin ellas, los poderosos se reúnen, se exhiben ocultándose, dictan el orden del día de la agenda mundial y citan a sus servidores para que les expliquen si sus planes entran o no en sus coordenadas diabólicas. Por si faltara algo, las prácticas mafiosas están muy presentes en el escenario diseñado.

Notas:

[1] He tomado pie en artículos aparecidos en Público, 4 de junio de 2010, pp. 2-4; en informaciones aparecidas en la misma publicación anteriormente y una selección de artículos y comentarios publicados e voces de Wikipedia en catalán.

[2] En marzo de 1945, dos meses de finalizar la II Guerra, 26 divisiones alemanas permanecían en el frente occidental frente a 170 divisiones (6,5 veces más) en el frente oriental donde, además,. los combates se encarnizaron al extremo (Jean Salem, Lenin y la revolución. Barcelona, Península, 2010, p. 21, traducción de José María Fernández Criado)

[3] Que un líder político de pensamiento tan conservador y de relaciones tan peligrosas como Felipe González haya secuestrado parte del pensamiento de izquierdas español, y latinoamericano, y haya penetrado hasta el fondo del alma en dos generaciones de ciudadanos de clases trabajadoras españolas es claro indicio de la exitosa contrarrevolución político-cultural que se organizó desde mediados de los sesenta. Vale la pena acudir a las hemerotecas y leer la entrevista que hacia 1978 le hizo Fernando Claudín para una revista de izquierdas de la transición (acaso Zona Abierta). Para llorar profundamente.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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