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Nueva Faluya desde el mar

Israel lanza armamento químico contra Gaza emulando a Estados Unidos

Fuentes: Empire Burlesque

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Según ha informado el conservador diario Times de Londres, el ejército israelí está utilizando proyectiles que contienen napalm y fósforo blanco en su feroz ataque contra Gaza. El fósforo liberado por los proyectiles causa quemaduras mortales, abrasando la carne hasta alcanzar el hueso.

Estas bestiales herramientas de terror son «legales» cuando se utilizan como cortina de humo para enmascarar operaciones militares, pero su uso como arma ofensiva es considerado crimen de guerra. Esta es una distinción bastante esperpéntica cuando esos proyectiles se utilizan en zonas civiles densamente pobladas ya que provocan explosiones que esparcen el fósforo en todas las direcciones. Es decir, que se sabe que servirán para asesinar y mutilar a seres inocentes de la manera más atroz y, no obstante y de todos modos, dan la orden de emplearlas.

Los dirigentes estadounidenses ordenaron también el asesinato y mutilación de civiles inocentes con armas químicas en el brutal asedio contra Faluya de finales de 2004 (entre otros muchos lugares). Allí, además del extendido uso del «Willy Pete» en la ciudad -donde decenas de miles de personas habían sido sitiadas después de que más de 300.000 hubieran tenido que huir de sus hogares-, las fuerzas estadounidenses arrojaron asimismo cantidades masivas de munición de uranio empobrecido, explosivos termobáricos y gasolina en gelatina. El Pentágono declaró la ciudad como zona libre de ataque, dando carta blanca a los soldados para disparar y matar a todo lo que se moviera.

Faluya fue una nueva Guernica del siglo XXI, un crimen abominable que debería haber avergonzado al país durante generaciones, aunque los hechos pasaron virtualmente desapercibidos para la prensa y público estadounidense, excepto que durante un par de semanas emergieron un montón de historias sobre la gran victoria militar junto al ocasional seguimiento de los papagayos empotrados de los poderosos contándonos lo fenomenal que era la vida en la ciudad en aquellos días, mientras EEUU la ayudaba a salir de las cenizas de la destrucción causada por ellos mismos. (Pueden leer informes similares en la servil prensa rusa sobre el «nuevo florecimiento» de Grozny. Al parecer, los huesos de los civiles asesinados resultan ser un excelente fertilizante).

Ahora le toca a Gaza recibir el tratamiento con armas químicas, como informó el Times:

    «Se cree que Israel utilizó bombas de fósforo blanco para cubrir su ataque de ayer contra la densamente poblada Franja de Gaza. Ese armamento, que fue utilizado por las fuerzas británicas y estadounidenses en Iraq, puede ocasionar terribles quemaduras, pero no es ilegal si se usa para crear pantallas de humo.

    Mientras las fuerzas israelíes tomaban por asalto las afueras de la ciudad de Gaza y el número de palestinos muertos llegaba a 500, podía verse como estas bombas esparcían gruesos tentáculos de humo blanco para cubrir el avance de los soldados. «Estas explosiones son espectaculares y producen una gran cantidad de humo que ciega al enemigo para que nuestras fuerzas puedan avanzar,» dijo un experto en seguridad israelí. Las partículas incandescentes de fósforo blanco pueden causar quemaduras muy graves a quienes encuentren a su paso, lo que impide que posibles francotiradores y operadores de explosivos a control remoto puedan actuar. Israel admitió haber utilizado fósforo blanco en la guerra contra Líbano en 2006. El uso de este tipo de armamento en la Franja de Gaza, una de las zonas más densamente pobladas del mundo, puede crear más controversia aún sobre la ofensiva israelí, durante la cual han resultado ya heridos más de 2.300 palestinos».

Mientras tanto, sobre el terreno, tras las cortinas de humo de las armas químicas y la ausencia total de los medios, la maquinaria de matar prosigue su marcha. Leemos en el Guardian:

    Los palestinos afluían hacia el corazón de la Ciudad de Gaza en la esperanza de poder refugiarse allí, pero se toparon con una desbordada crisis humanitaria. La ONU dijo que todos los hospitales de la ciudad, al haber tenido que atender a los cientos de heridos palestinos de los últimos días, llevaban sin electricidad 48 horas y dependían totalmente de los generadores, que estaban próximos a agotarse…

    Mientras las fuerzas israelíes penetran en las ciudades de Beit Hanoun, Beit Lahiya y Yabalia en el norte de Gaza, la cifra de muertos civiles palestinos aumentaba con rapidez. Cinco civiles murieron el domingo cuando un misil de la artillería israelí impactó contra Palestinian Square, un centro comercial en el centro de la Ciudad de Gaza; cinco más fueron asesinados en el exterior de una mezquita en el norte de Gaza. Entre los muertos figuraba también a un paramédico palestino que trabajaba para una organización financiada por Oxfam cuando una ambulancia fue alcanzada por el proyectil israelí en Beit Lahiya. El hombre trabajaba para la Unión de Comités de Trabajo Sanitario. Otro paramédico perdió el pie y el conductor de la ambulancia resultó herido en el mismo incidente. Intentaban evacuar a un herido en la zona de Beit Lahiya, cuando el proyectil alcanzó la ambulancia, según informó Oxfam.

    John Prideaux-Brune, director de Oxfam para Israel y Palestina, desde Palestina, declaró: «Los incidentes muestran de nuevo, una vez más, que desencadenar una campaña militar en las densamente pobladas calles y callejones de la Franja de Gaza no hará más que producir numerosas víctimas civiles».

    La ONG dijo que la ofensiva por tierra estaba impidiendo que pudieran llegar a 1,5 millones de palestinos suministros necesitados urgentemente de medicinas, alimentos, agua y fuel. Prideaux-Brune djo: «Los hospitales en Gaza están saturados de muertos y heridos mientras se enfrentan a gravísimas carencias de suministros esenciales médicos y piezas de repuesto».

La historia señala que la población de Gaza supera el 1,5 millones de habitantes -más de la mitad de ellos niños- hacinados en un área que es poco más de dos veces el tamaño de Washington DC. Allí, uno de los ejércitos más poderosos del mundo está atacándoles por tierra, mar y aire, con bombarderos, misiles, artillería y armas químicas. El resultado es inevitable: una «tubería de sangre», como Gideon Levy señala en Haaretz (vía the Angry Arab):

    La legenda, a no ser que sea una historia auténtica, cuenta cómo el difunto matemático, el Profesor Haim Hanani, pidió a sus estudiantes en el Politécnico que prepararan un plan para construir una tubería que transportara sangre de Haifa a Eilet. Los obedientes estudiantes hicieron lo que se les dijo. Utilizando reglas logarítmicas, procedieron a diseñar una sofisticada tubería. Planearon meticulosamente su trazado, teniendo en cuenta la topografía del paisaje, el riesgo de corrosión, el diámetro de la tubería y calibraron la corriente. Cuando presentaron el producto final, el profesor emitió su juicio: Habéis suspendido. Ninguno de vosotros preguntó por qué necesitamos una tubería de ese tipo, con que sangre la llenaríamos y, en primer lugar, por qué es necesario que fluya.

    Independientemente de si esta historia es una leyenda u ocurrió de verdad, Israel está ahora perdiendo su propio test de la tubería de sangre. Como Israel ha estado toda la semana ocupado con Gaza, nadie ha peguntado de quién es la sangre que está derramándose y por qué se derrama. Todo está permitido, es legítimo y justo. La voz moral de la contención, si es que ha existido alguna vez, quedó atrás. Incluso aunque Israel fuera capaz de borrar Gaza de la faz de la tierra, matando a decenas de miles en el proceso, como me propuso un peón chechenio que trabajaba en Sderot, uno puede asumir que no habría muchas protestas.

    ¿Qué han liquidado a Nizar Ghayan? Nadie habla de las veinte mujeres y niños que perdieron su vida en el mismo ataque. ¿Qué ha habido una masacre de docenas de oficiales durante su ceremonia de graduación en la academia de policía? Es algo aceptable. ¿Cinco hermanas pequeñas? Permitido. ¿Qué los palestinos están muriendo en los hospitales por falta de equipamiento médico? Pelillos a la mar. ¿Qué sucedió en los no tan buenos y antiguos días de Salah Shahadeh? Cuando le liquidamos en julio de 2002, también asesinamos a quince mujeres y niños. Al menos en aquel momento, los reparos morales fueron, durante un momento, dignos de tener en cuenta.

    Ahora, aquí, yacen sus cuerpos, una fila tras otra, algunos de ellos diminutos. Nuestros corazones se han endurecido y nuestros ojos se han vuelto opacos. Todo Israel lleva trajes de faena, uniformes que son opacos y están manchados de sangre y se nos permite perpetrar cualquier crimen. Incluso nuestros principales intelectuales no hablan claro del pánico que hemos sembrado. Amos Oz insta: «Que cese el fuego ya». David Grossman escribe: «Detengan el fuego». Meir Shalev quiere una «operación de castigo». Y ni una sola palabra acerca de nuestra imagen moral, que ha quedado horriblemente deformada.

    El sufrimiento en el sur convierte todo en kosher, como si el atroz sufrimiento de Gaza no fuera nada en comparación. Todo el mundo está hambriento de venganza, y esa ansia se excusa en la necesidad de «disuasión», aún después de haberse probado ya que las matanzas y la destrucción en el Líbano no la consiguieron…

    Es dudoso que se consiga amilanar a Hamas como consecuencia de esta guerra desdichada. Sin embargo, el rostro del estado aparece perfilado en su justa medida, con elites civiles que son apáticas y temerosas. El «campo por la paz», si es que alguna vez existió, aparece puesto en su sitio. El Fiscal General Menachem Mazuz autorizó el asesinato de Ghayan, sin que le importara el coste del mismo. Haim Oron, el dirigente del «movimiento de la nueva izquierda», apoyó el lanzamiento de esta guerra demencial.

    Nadie acude al rescate de Gaza, no queda ni un retazo de humanidad ni de democracia en Israel. Los hombres de estado, los juristas, los poetas, los escritores, la academia y los medios de comunicación se están arrojando de cabeza al más negro de los abismos. Cuando llegue la hora de la verdad, necesitaremos recordar el daño que esta guerra hizo a Israel: la tubería de sangre que proyectó ha sido completada.

Nunca leerán nada ni remotamente parecido a esto en las páginas del New York Times, ni de ningún otro de los «respetables» medios de comunicación dominantes en EEUU. Pero pueden leerlo en Israel. Levy tiene razón: nadie acude al rescate de Gaza: ni las Naciones Unidas, ni las doblegadas tiranías árabes (lean el «Angry Arab» para conocer las más mordaces revelaciones acerca de la cobardía y traición de todos esos regímenes), ni tampoco, ciertamente, acerca del «De Repente Silencioso». Ese que será, en unos cuantos días, el presidente de los Estados Unidos. [Para más detalles acerca de ese silencio y sus implicaciones, pueden ver el excelente artículo de Arthur Silber].

Enlace con texto original:

http://chris-floyd.com/component/content/article/3/1672-fallujah-by-the-sea-aping-america-israel-unleashes-chemical-weapons-in-gaza.html