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Israel y su relación colonial

Fuentes: La Jornada

La polémica iniciada sobre el presunto antisemitismo de un colega en las páginas de nuestro diario cobró una dimensión distinta con la agresión militar de Israel a la población palestina en la franja de Gaza durante el fin de año y la posterior invasión terrestre todavía en curso. En todo el mundo se han desarrollado […]

La polémica iniciada sobre el presunto antisemitismo de un colega en las páginas de nuestro diario cobró una dimensión distinta con la agresión militar de Israel a la población palestina en la franja de Gaza durante el fin de año y la posterior invasión terrestre todavía en curso. En todo el mundo se han desarrollado manifestaciones de protesta por la masacre que ha causado centenares de muertos y miles de heridos, con una alta proporción de civiles y no pocos infantes entre las bajas palestinas.

El Partido Comunista de Israel y el Frente por la Paz y la Igualdad de ese país exigieron a poco de iniciados los bombardeos aéreos el inmediato cese «de la criminal ofensiva militar israelí», y uno de sus diputados, Mohamed Barakeh, emplazó al gobierno a «detener de inmediato el crimen de la franja de Gaza» y denunció que «la escalada no traerá la calma y la tranquilidad. Es inconcebible para los palestinos de Gaza vivir entre la hambruna y el bombardeo. El gobierno y el ministro de Defensa intentan sacar rentabilidad política con vistas a las (próximas) elecciones a costa de la sangre palestina». El analista Tariq Alí coincide con la idea de la utilización macabra de la guerra como un recurso politiquero: «Los palestinos asesinados son poco más que un triunfo electoral en la lucha desvergonzada entre la derecha y la extrema derecha en Israel» («El gueto de Gaza y la hipocresía occidental», La Jornada Morelos, 7 de enero de 2009).

En otra de las manifestaciones en el interior de Israel, la ex diputada comunista Tamar Gozansky reiteró: «sólo una solución política basada en una paz justa que reconozca el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino pondrá fin a las hostilidades. No estamos de acuerdo con el bombardeo de poblaciones civiles, tanto israelíes como palestinas, pero todo el tiempo que continúe la ocupación, continuará la violencia. Nuestro partido proclama que es menester poner fin a la ocupación de los territorios palestinos, acabar con el cerco impuesto a la franja de Gaza, desmantelar los asentamientos israelíes en los territorios y resolver la cuestión de los refugiados palestinos acorde con las decisiones de las Naciones Unidas. Sólo un Estado palestino soberano e independiente, con Jerusalén oriental como capital, podrá garantizar la paz para los dos pueblos» (Agencia Digital Independiente de Noticias).

Sin embargo, la agresión militar de fin de año tiene antecedentes importantes que parecen ser soslayados por quienes arremeten contra los críticos de Israel con la acusación de «antisemitismo». El Buró Nacional de la Unión de Judíos Franceses por la Paz denunció la responsabilidad directa de Francia y de la Unión Europea en el mantenimiento por años de un criminal bloqueo de la franja de Gaza por parte de Israel -como potencia ocupante-, que viola deliberadamente todas las leyes internacionales, y describía: «Un millón y medio de civiles son prisioneros del ejercito israelí y son privados de todo: alimento, carburantes, electricidad, medicamentos, material escolar. Menos de una decena de camiones necesarios para el abastecimiento normal de la población han llegado a pasar. El aeropuerto y el puerto han sido destruidos antes de haber podido funcionar. Está prohibido pescar. Sólo unos cuantos barcos fletados por militantes solidarios han podido romper el bloqueo. La población sufre un castigo colectivo despiadado por haber votado ‘mal’ (por Hamas). La comunidad internacional deja hacer, alienta el sitio. El ocupante ha expulsado a Robert Falk, el enviado especial de la ONU sobre derechos humanos» (27 de diciembre de 2008). Recordemos que varios intelectuales encabezados por Noam Chomsky, Howard Zinn y Eduardo Galeano, hicieron pública una declaración en agosto de 2006, en la cual afirmaban: «El terror de Estado que se inflige a Líbano se ve reproducido en el gueto de Gaza, mientras la ‘comunidad internacional’ observa en silencio. Mientras tanto, el resto de Palestina es anexada y desmantelada con la participación directa de Estados Unidos y la aprobación tácita de sus aliados» (Rebelión).

Este bloqueo ilegal por parte de Israel y la campaña sistemática contra el gobierno democráticamente elegido de Hamas son los factores desencadenantes de los cohetes lanzados por sus milicias a territorio de Israel. Numerosos analistas señalan la imposibilidad de la simetría entre la capacidad militar de Hamas y el Estado de Israel, que en el caso de Gaza se muestra dramáticamente comparando las 15 bajas de un lado y las 3 mil del otro, entre muertos y heridos; lo mismo se aplica para el tema de la «seguridad de Israel» versus la del pueblo palestino.

La diferencia cualitativa radica en el estatus de Israel como potencia ocupante de territorios ajenos a lo acordado en múltiples resoluciones de la ONU, desde la resolución 181, de 1947, que debiera dar lugar al establecimiento de dos estados, el de Israel y el de Palestina, y que nunca fue acatada. Israel es un Estado expansionista que establece una relación colonial con la población palestina, a la cual somete a un régimen muy similar al apartheid, o de limpieza nacional (que incluye muros, fronteras, retenes, controles, etcétera), con la complicidad de gobiernos árabes como los de Egipto, Arabia Saudita o Kuwait e, incluso, el de autoridades palestinas corrompidas dentro de los territorios ocupados.

Identificar la política de Israel como «terrorismo de Estado» es congruente con la condena del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial; reprobar el carácter colonialista de la relación de Israel con el pueblo palestino es consistente con la condena de los actos de neonazis en contra de judíos en la Europa actual y en cualquier otra parte del mundo; como también lo es reconocer el derecho a la legítima defensa del pueblo palestino contra un ejército ocupante.