Recomiendo:
0

La carga de la brigada pesada de El País contra la CUP pretende defender las coordenadas centrales del establishment

Fuentes: Rebelión

Si lo que se trata es de defender el establishment, desengáñense, el global-imperial se pinta solo. El último ejemplo: un editorial del pasado sábado 10 de octubre de 2015 [1]. El título: «Mas pende de un hilo». El subtítulo: «No es grave que la CUP sea antisistema sino que CDC le mendigue su apoyo». Veamos. […]

Si lo que se trata es de defender el establishment, desengáñense, el global-imperial se pinta solo. El último ejemplo: un editorial del pasado sábado 10 de octubre de 2015 [1]. El título: «Mas pende de un hilo». El subtítulo: «No es grave que la CUP sea antisistema sino que CDC le mendigue su apoyo». Veamos.

Dos semanas después de las elecciones autonómicas, señalan, la política catalana está paralizada. ¿Por qué? Porque «el conglomerado Junts pel Sí (Convergència-Esquerra-entidades soberanistas), sumado al independentismo radical de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), perdió el presunto plebiscito, como entendieron la prensa internacional de calidad y las cancillerías». Más allá de esta última referencia, la verdad es la verdad, la diga Agamenón o la diga su porquero (no ha hablado esta vez el porquero) y, desde luego, perdieron su plebiscito (a pesar de las ininterrumpidas intoxicaciones de TV3 y otros medios).

Pero, a pesar de que «Junts pel Sí al 3 o 5%» ganó las elecciones, «su mayoría es política y numéricamente precaria, contra la victoria presuntamente rutilante que propagan sus portavoces». La prueba del País: «así lo demuestra el hecho de que tantos días después del 27-S no solo no se ha forjado una mayoría en torno al candidato semitapado para la presidencia de la Generalitat, Artur Mas, sino que esta operación se revela en el mejor de las hipótesis ardua, procelosa y larga, cuando no imposible».

El lo del tapado, candidato 4º posición Rey-Reina, llevan de nuevo razón: lo nunca visto por estos u otros lares en los dos últmos siglos aproximadamente; un candidato a la presidencia que no ocupa una posición del candidato. En lo de presentarse como victoria presuntamente rutilante también. Basta repasar hemerotecas y recordar las manifestaciones de los portavoces. Sin embargo, su demostración no es correcta en lo apuntado posteriormente. Recordemos el tiempo transcurrido hasta que Susana Díaz alcanzó la presidencia de la Junta Andalucía tras su victoria electoral sin mayoría absoluta.

No es ese el punto. «Amén de que la incertidumbre amenaza con paralizar importantes decisiones económicas», prosigue el editorial, y de que «la crónica pasividad del Gobierno de Mas vuelve a brillar por su silencio en la crisis de Volkswagen, frente al activismo, mediación y celeridad de la nueva presidenta de Navarra, la otra comunidad española donde el grupo alemán mantiene fábrica», resulta preocupante, «sobre todo para los electores moderados del nacionalismo catalán» (el global parece hablar en nombre de ellos), «la esotérica deriva de su jefe».

¿Deriva esotérica? Mas no solo rompió la federación con Unió y «se unció a la yunta y exigencias programáticas y de calendario de Esquerra», sino que además, «culmina ahora esos desaguisados mendigando su investidura nada menos que a la CUP, a la que presiona como si su debilidad le permitiese reeditar la táctica de ultimátums que usó para lograr la lista unitaria con Esquerra que enmascaró su debacle el 27-S». ¿Mendigar? ¿Nada menos que a la CUP? ¿Nada menos? ¿Son el diablo o la peste bubónica?

La CUP, afirman (la autora de esta nota no esconde que su simpatía por la arista independentista de las Candidaturas, la rompedora del demos popular común, es equivalente a un 0 sin decimales), «es un grupo inobjetable en punto a su representatividad, y que ha prestado servicios en la lucha contra la corrupción» (¡menos mal, la cara amable del mal absoluto!) pero resulta más que inquietante (sobre todo para el ideario y trayectoria de CDC)». ¿Y eso por qué? Por su perfil socioeconómico anarco-comunista, nacionalmente extremo y «contrario al Estado de derecho». ¡Toma ahí! ¿Contrario al Estado de derecho y nacionalmente extremo? ¿Y qué problema hay con los perfiles anarco-comunistas? ¡Y a mí que me caen la mar de bien!

Pero no, no es eso. La CUP es un colectivo independentista -que en mi opinión, y digan lo que digan, ha dado las espaldas realmente a la izquierda del resto de España (menos algunos núcleos nacionalisttas)-, colectivo u organización contraria al gobierno de este Estado y, si se quiere, a las instituciones o a muchas instituciones de este supuesto Estado de Derecho. Pero no al Estado de Derecho sin más. No es ninguna estupidez afirmar que el Estado de derecho, bien entendido, es incompatible con el capitalismo.

(Añado entre paréntesis: la más que estimable perspectiva crítica de la CUP cuando trata de «asuntos españoles», disminuye notablemente cuando se habla de «asuntos catalanes». La independencia, que en su ideario no es la de Cataluña sino la de los Países Catalanes -incluyendo entre otros, territorios franceses y aragoneses- justifica cosas bastantes raras. Por ejemplo, abrazos con uno de los máximos representantes de la corrupta plutocracia catalana y, en estos momentos, conversaciones con la candidatura que mejor representa ese sector de las clases dominantes. ¿Se imaginan, por poner un ejemplo cercano, a Alberto Garzón en conversaciones con Mariano Rajoy para formar o dar apoyo a un gobierno PP. Raro, muy raro).

El programa de la CUP, el editorial se pone ahora las botas militares, «propone salir del euro, de Europa y de la OTAN, nacionalizar bancos y grandes compañías, una economía planificada, la progresiva colectivización, el impago de la deuda, actuar contra las importaciones e intervenir contra la libre opción lingüística de los medios privados». Dejemos aparte estas dos últimas observaciones. ¿Algún problema con lo anterior? Salir del euro, de la OTAN, nacionalizar bancos y grandes corporaciones (¡pero no hemos visto, no estamos viendo de lo que es capaz una multinacional como Volswagen! ¿No es eso el capitalismo realmente existente?), impago de la deuda ilegal,… ¡Perfecto! ¿No es eso amigas, no es eso amigos? Y la CUP, es evidente, nunca ha propuesto salirse de Europa sino de esta UE, cosa muy distinta.

La cosa sigue y las botas pisan fuerte y con armas anexas en tierra: «Es un machihembrado antisistema de la antigua Albania, el populismo bolivariano y la tradición anarquista barcelonesa». ¡Machihembrado antisistema! ¡Tres en uno: Albania + Venezuela + CNT! ¡Toma el frasco con Pancracio! Y como diría Francisco Fernández Buey: ¿quién en su sano juicio político no es antisistema? ¿Es posible pensar, sentir humanamente, y no serlo?

Los muy demócratas con la boca pequeña del global señalan, eso sí, que esas propuestas «pueden formularse en una democracia liberal» (hablar por hablar, vamos), pero son «refractarias a las grandes corrientes europeas» (de praxis, nada de nada) y sobre todo «incompatibles con el autoproclamado espíritu business friendly de CDC» (desde luego que sí, toda la razón en esto). Que un descorbatado Mas, concluyen y se les va de nuevo la pluma, «apueste por pender de ese hilo antes que por reconsiderar su estrategia desestabilizadora de independentismo exprés, tras el fracaso de reducir sus 62 escaños a la mitad, no desmerece al objeto de su repentino afecto, la CUP». ¿Repentino afecto? ¿No tienen memoria los del global? Revela, afirman, «que bajo su corrección formal se esconde un aventurero al que parece no importarle quebrar la sociedad catalana con tal de mantenerse al timón». Efectivamente: no le importa. También en eso Agamenón dice verdad.

Sentencia final del global-imperial: «El riesgo no radica en la minoritaria CUP, sino en quien bracea para ser elegido por ella y gobernar bajo su patrocinio. El dislate lo pagará caro Mas. O Cataluña. O todos sin excepción». Son amenazas y consejos entre poderosos; no entramos en ese juego. Eso sí: aliarse con Mas es una de las peores cosas que una puede hacer. Amigos de la CUP, háganme caso: no pacte con una encarnación del mal que es el capital! A un ex diputado de las CUP le encanta la brujea avería. ¡Léanla de nuevo!

Ni que decir tiene, mirando desde una perspectiva muy alejada, que muchas ciudadanas (y ciudadanos) que han votado a la CUP (tengo a muchos amigas equivocadas, muy equivocadas -¡no se enteran!- que así lo han hecho) no entienden el sentido de estas conversaciones si de lo que se trata supuestamente, es pactar las condiciones para investir al hijo político de Jordi Pujol, al amigo íntimo de Jordi Pujol Ferrusola, al bendecido por la senyora Marta F, como presidente de la Generalitat de Cataluña. ¿No fue Baños y otros candidatos de las CUP quienes afirmaron durante la campaña, por activa y pasiva, que en ningún caso votarían la investidura del jefe de Boi Ruiz y Félix Puig? Luego entonces…

Por cierto, ¿adivinan quién el nombre del autor del editorial? Yo tengo dos conjeturas. Y creo que una no está equivocada.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/09/opinion/1444413917_831586.html

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.