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La falta de autocrítica del PSOE

Fuentes: Público.es

Existe una visión bastante generalizada entre dirigentes del PSOE de que el descenso electoral del PSC se debe a que este partido en Catalunya se ha «contaminado de nacionalismo», tal como me indicó en una ocasión un «dirigente histórico» del PSOE. Ahora es este mismo dirigente el que está pidiendo que se rompa la relación […]

Existe una visión bastante generalizada entre dirigentes del PSOE de que el descenso electoral del PSC se debe a que este partido en Catalunya se ha «contaminado de nacionalismo», tal como me indicó en una ocasión un «dirigente histórico» del PSOE. Ahora es este mismo dirigente el que está pidiendo que se rompa la relación del PSOE con el PSC, pues este último partido «se ha convertido en un partido nacionalista, abandonando la orientación social que debería caracterizar a un partido socialista». Según este «dirigente histórico», lo que el PSC debería haber hecho durante todos estos años hubiera sido acentuar las reivindicaciones sociales, tal como hizo el PSOE, y dejar aparte su nacionalismo, causa de su descenso electoral.

Lo que encuentro sorprendente en esta interpretación (ampliamente extendida también en la dirección del PSOE) de lo que les está ocurriendo a ambos partidos es la extraordinaria autocomplacencia y falta de autocrítica que tal interpretación implica. Veamos los datos. Creo que es fácil mostrar que el declive del apoyo electoral al PSC en Catalunya se debe a que, una vez iniciada la crisis en el 2007, se identificó completamente con las políticas públicas del gobierno Zapatero, apoyando sin ningún atisbo de crítica sus políticas neoliberales, que incluyeron toda una serie de medidas antisociales que iban desde la congelación de las pensiones de la vejez hasta una reforma laboral que tenía como objetivo -dijérase lo que se dijera- bajar los salarios. La evidencia muestra que fue el gobierno PSOE el que inició en España estas políticas sumamente impopulares (más tarde extendidas por el gobierno del PP) que afectaron muy negativamente el bienestar y calidad de vida de las clases populares. La respuesta del gobierno Zapatero a la crisis -tal como he documentado extensamente- fue claramente neoliberal. (Véanse las páginas económicas de mi blog www.vnavarro.org)

Y como también he documentado con gran detalle, fueron precisamente tales políticas las que causaron el enorme desastre electoral del PSOE. A la luz de toda esta evidencia, encuentro de una extraordinaria autocomplacencia que las mismas voces (como la del «dirigente histórico» del PSOE) que permanecieron calladas (con un silencio ensordecedor) frente a aquellas políticas neoliberales, ahora critiquen al PSC por no haber seguido al PSOE en su énfasis en políticas sociales, exigiendo ahora que se separen y que al PSC se le expulse del PSOE. La causa de su declive (del PSC) fue precisamente lo contrario, es decir, fue debido a su defensa de las políticas públicas de Zapatero y a su identidad con el PSOE en su respuesta a la crisis.

En realidad, las encuestas muestran que los dos gobiernos tripartitos de izquierda tuvieron en Catalunya un apoyo popular (hasta el 2008) mucho más elevado que el que tuvo el gobierno Zapatero y el que ha tenido el gobierno CiU durante su mandato. Ahora bien, perdió popularidad cuando la crisis empezó, y ello no se debió a que se hiciera más nacionalista. En realidad, tanto en la época Maragall como en la época Montilla, el Tripartito desarrolló políticas públicas de carácter claramente progresista, con mucho más acento social que el PSOE. El Conseller de Economía del Tripartito, el Sr. Antoni Castells, fue, por cierto, el único dirigente socialista en España que criticó la famosa postura del Presidente Zapatero de que «bajar impuestos es de izquierdas», bajada que contribuyó a un agujero en las arcas del Estado de nada menos que de 27.000 millones de euros en los años 2007-2008, que más tarde Zapatero intentó reducir, en parte, mediante la congelación de las pensiones (para conseguir 1.200 millones). En realidad, podría haber obtenido 2.100 millones anulando la rebaja del impuesto de propiedad, o el de sucesiones (más de 2.500 millones), entre muchas otras alternativas, como Juan Torres, Alberto Garzón y yo mostramos en el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España.

El PSC, bajo enormes presiones del PSOE, perdió los valores socialistas, como los había ya perdido el PSOE, y hasta el día de hoy esos «dirigentes históricos» han permanecido callados frente al enorme desastre del PSOE, atribuyendo ahora el declive del PSC en Catalunya al abandono del socialismo. Todavía hoy, las propuestas económicas del PSC son casi idénticas a las del PSOE. De socialistas tienen muy poco. Y los dos partidos son nacionalistas, aunque de signo contrario.

¿Quiénes son los nacionalistas?

Para responder a esta pregunta tenemos que ver los datos. La misma carencia de autocrítica que he citado en la sección anterior aparece también en la utilización del término «partido nacionalista». Los «barones históricos» continúan ignorando un hecho que es obvio. Los partidos nacionalistas más fundamentalistas en este país son el PP, el PSOE y UPyD. Tienen una visión de España profundamente semejante, característica del nacionalismo españolista, excluyente de cualquier otra visión de España que no sea la suya, negando la plurinacionalidad del Estado español (ver mi artículo «El nacionalismo españolista», Público. 22.07.13). Todos ellos tratan la Constitución como un documento sagrado, resistiéndose a su cambio o modificación. Consideran ese documento como resultado de un consenso alcanzado en el proceso de Transición (proceso al cual consideran como modélico) entre las derechas herederas de la dictadura y las izquierdas que lideraron las fuerzas democráticas. Esta idealización de aquel proceso (del cual algunos fueron protagonistas) es una constante en su versión de lo que ha ocurrido en España. Parecen olvidar que fueron el Ejército y la Monarquía los que dictaron «la indivisibilidad de la nación española», asignando al Ejército la labor de garantizarla. Con ello se negaba el carácter plurinacional de España, impidiendo el establecimiento de un Estado plurinacional, en el que varias naciones pudieran expresarse libremente en su deseo de permanencia en el Estado. Y las izquierdas españolas abandonaron su compromiso con tal demanda, resultado de la presión del Ejército, continuador del Ejército golpista del 1936. El desequilibrio de fuerzas en aquel momento, en una Transición vigilada y supervisada por la Monarquía y por el Ejército, niega cualquier carácter modélico a aquella Transición. Y el establecimiento del Estado de las autonomías era el mejor indicador de la negación del carácter plurinacional del Estado español. Y ello pasó a ser doctrina oficial del PSOE. Y más tarde, cuando el fallido golpe militar ocurrió, la misma presión militar forzó que el PSC perdiera su grupo parlamentario propio en las Cortes Españolas. Pasó entonces a ser un apéndice del PSOE.

Pero esta versión de España impuesta en la Constitución no resolvió la articulación de Catalunya con España. Y en el PSC apareció otra versión de España, la federalista, liderada por Pasqual Maragall, a la cual el PSOE definía como «nacionalista», que veía una España plurinacional y policéntrica, no centrada, como hoy, en Madrid. Esta versión contó, desde el principio, con la hostilidad del PSOE, que se había adaptado oportunísticamente al Estado heredado del régimen anterior. La combinación en el socialismo catalán de una visión federal con lo social, que tuvo lugar en Catalunya bajo el mandato de los gobiernos Maragall y Montilla, no fue impopular en Catalunya. Antes al contrario, el Tripartito fue popular hasta el 2008 en que perdieron apoyo, precisamente por su seguidismo del PSOE en sus políticas económicas y en su respuesta a la crisis. Durante todos los años del Tripartito, las encuestas mostraron que los porcentajes favorables al Tripartito fueron mayores que los desfavorables. Su compromiso con lo social (el gasto público social por habitante aumentó considerablemente), combinado con el apoyo a redefinir España con un modelo federal, fueron medidas populares en Catalunya. El gran problema para el PSC en su compromiso con el federalismo era que, en España, el PSOE no quería ni oír hablar de federalismo, estancado en su visión post-franquista de España.

El radicalismo de la población catalana con incremento del apoyo al independentismo es la respuesta lógica a este hecho. Pero esto parece ser demasiado complejo para que lo entiendan los establishments españolistas (incluyendo la dirección del PSOE), basados en Madrid. Prefieren pensar que todo es una manipulación de la población catalana, por parte del gobierno Mas (el cual, por cierto, tiene una valoración como Presidente menor de la que tuvieron Maragall y Montilla), sin entender que aun cuando dicho intento de manipulación existe, la mayor causa de esa movilización es el hartazgo de la población, no con los distintos pueblosy naciones que constituyen España, sino con el Estado español sucesor del que ganó la Guerra Civil (los vencedores de aquella Guerra se autodefinieron como los «nacionales» e impusieron su nacionalismo excluyente y asfixiante al resto de España). Sus herederos continúan dominando el Estado central español con la complicidad del PSOE.

Últimas reflexiones

A raíz de la preparación de la Conferencia que el PSOE está preparando para este próximo fin de semana, he podido ver algunas declaraciones de dirigentes del PSOE, y he leído algunos documentos preparatorios de tal Conferencia. Y me continúa sorprendiendo la incapacidad de la dirección de tal Partido de hacer una autocrítica del gobierno Zapatero y de su comportamiento en el periodo en que ha estado en la oposición. Una muestra de ello es que atribuyen el desencanto popular con las políticas neoliberales llevadas a cabo por Zapatero (que alcanzaron su máxima expresión en la modificación de la Constitución para acomodar la exigencia del establishment financiero europeo e incorporar en ella el Pacto Fiscal, que es un ataque frontal al ya escasamente financiado Estado del Bienestar español) a falta de comunicación, es decir, a que el gobierno Zapatero no se explicara bien. Tal explicación del enorme desastre del PSOE carece de credibilidad. Y este es el mayor problema de la dirección del PSOE. En realidad, la gran insuficiencia de las políticas de oposición del PSOE y del PSC a los gobiernos Rajoy en España y Mas en Catalunya, es precisamente la escasa credibilidad que tienen sus propuestas alternativas a las que estos gobiernos realizan, pues han sido ellos los que iniciaron gran número de tales políticas. Ni que decir tiene que tanto el gobierno PP como el de CiU acentuaron mucho más estas políticas neoliberales. Pero todavía hoy, ambos partidos, el PSOE y el PSC, estancados en su pensamiento neoliberal, y sin haber hecho una autocrítica, están limitados en las propuestas alternativas, que no se perciben como resolutivas de los enormes problemas del país.

Su ausencia de crítica hacia las políticas del gobierno Zapatero, contrasta con la crítica casi unánime de la dirección del PSOE hacia Zapatero en su política territorial. Todos coinciden en que Zapatero cometió un error al indicar que aceptaría el Estatuto que saliera del Parlament de Catalunya. Según la dirección del PSOE, ahí fue donde se inició el «problema catalán» de nuevo. Repitiendo su compromiso con el nacionalismo excluyente que tipifica el nacionalismo españolista, no se dan cuenta de que si se hubiera aceptado aquel Estatuto, no habría hoy un movimiento tan fuerte hacia la independencia en Catalunya. Y España se habría enriquecido con una pluralidad hoy negada con su visión asfixiante nacionalista, que se reproduce en un Estado injusto, corrupto, y que está generando un gran rechazo, no sólo en Catalunya, sino a lo largo de todo el territorio español. Y el aparato del PSOE parece ni captarlo. Y sus propuestas para democratizar el Estado español son enormemente limitadas. No sólo se oponen al derecho a decidir en Catalunya, sino que no lo incluyen como forma de expresión democrática. El referéndum vinculante a todos los niveles del Estado no está en sus propuestas ni se le espera. Su oposición a tal forma de participación democrática expresa un miedo a no poder controlar el proceso democrático por las élites del partido. La misma limitación aparece en sus propuestas económicas extremadamente moderadas que apenas tocan las bases del poder financiero en España.

Lo que el PSOE hubiera necesitado era una revolución de abajo hacia arriba con un cambio de casi 180º, con un mayor radicalismo para ayudar a una segunda Transición de una España con un bienestar claramente insuficiente y una democracia extraordinariamente limitada a una España con un Estado que priorizara el bienestar y calidad de vida de la población, y muy en particular de las clases populares, con un reconocimiento y promoción de un Estado plurinacional. Pero ello no va a ocurrir. Y esto abre un enorme espacio incierto en el futuro de España. Parece obvio que hemos llegado al final de la primera Transición inmodélica. No está claro qué pasará en esta segunda Transición. Lo que está claro es que la mayoría de la población esta harta de los establishments políticos de este país, y que tales establishments son insensibles a este hartazgo. Es una situación cada vez más semejante a lo que está ocurriendo en EEUU, resultado de la americanización de la vida política de España. La narrativa y filosofía de los documentos preparatorios de la Conferencia del PSOE son semejantes a las seguidas por el Partido Demócrata.

El término clase trabajadora ha sido sustituido por clase media, y se intenta por todos los medios evitar un discurso que fuera amenazante a la estructura de poder. Sus medidas a favor de la redistribución se basan, además de medidas (bastante moderadas) de reforma fiscal, en potenciar las oportunidades de las nuevas generaciones a través de ofrecer mayor igualdad de oportunidades, centrándose en aumentar la educación, medidas necesarias, pero dramáticamente insuficientes.

Ahora bien, donde se da la mayor semejanza entre los papeles del PSOE y los del Partido Demócrata es en el reconocimiento de sus líderes de que las conclusiones de la Conferencia serán solamente orientativas, pues el que definirá el programa del partido será el/la candidata/a elegido/a resultado de las primarias, dando un protagonismo a los líderes carismáticos que tipifica la democracia mediática estadounidense, causa de su escasa calidad. Lamento que ello esté ocurriendo en España también. A mi entender, en España hay excesivas personalidades políticas a las cuales los medios los posicionan como figuras históricas o lo que fuera, convirtiendo la política en un politiqueo entre tales personajes, mientras la población se distancia más y más de esta visión de la política, exigiendo, con razón, que sea la gente normal y corriente la que configure la gobernanza del país, no indirectamente a través de tales personajes, sino a través de su poder directo de decisión. Sólo en caso de que ello ocurra podrá tener lugar esta necesaria Segunda Transición.

Vicenç Navarro. Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

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