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Proclamando el Estado Palestino

La gran apuesta

Fuentes: Counterpunch

Traducido para Rebelión por LB.

Conocí a Salam Fayyad, el primer ministro palestino, hace dos semanas, y volví a quedar impresionado por la calma y modestia que irradia.

Normalmente me lo suelo encontrar en manifestaciones, por ejemplo en las que se organizan contra el muro de separación en Bil’in. Tampoco en esta ocasión tuvimos oportunidad para otra cosa salvo estrecharnos la mano e intercambiar unas pocas palabras de cortesía.

Aparecimos juntos en los actos de celebración Día de la Tierra en una pequeña población cercana a Qalqiliya cuyo nombre sólo conocen unas pocas personas: al-Izbat Tabib. La aldea fue fundada en 1920 pero las autoridades israelíes de ocupación no reconocen su existencia. Quieren demolerla y transferir [la propiedad de] sus extensas tierras al cercano asentamiento [judío] de Alfei Menashe.

Nos rodeaba un numeroso grupo de respetables personalidades -jefes de los pueblos vecinos y funcionarios de los partidos integrados en la OLP-, así como los habitantes de la aldea. Sólo pude hablar con él desde la tribuna. Le rogué que fortaleciera la cooperación entre la Autoridad Palestina y el campo de la paz israelí, una cooperación que se ha debilitado desde los asesinatos de Yasser Arafat y de Faisal Husseini.

Es imposible no querer a Fayyad. Irradia decencia, seriedad y sentido de responsabilidad. Invita a la confianza. No se le ha pegado ninguna excrecencia de la corrupción. No es un funcionario de partido. Sólo después de muchas dudas se afilió a un partido pequeño («la Tercera Vía»). En el enfrentamiento entre Fatah y Hamás no pertenece a ninguno de los dos bloques rivales. Se parece a un gerente de banco, y de hecho eso es lo que era: un alto funcionario del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

Con sus 58 años Fayyad es todo lo contrario de Yasser Arafat, quien comenzó nombrándolo Ministro de Finanzas. El Rais irradiaba autoridad, el Primer Ministro irradia desconfianza. Arafat era una persona extrovertida, Fayyad es introvertido. Arafat era un hombre de gestos dramáticos, Fayyad no sabe lo que es un gesto.

Pero la mayor diferencia entre los dos radica en sus métodos. Arafat no puso todos sus huevos en una cesta, utilizó muchas cestas. Estaba dispuesto a utilizar -simultánea o alternativamente- la diplomacia y la lucha armada, la acción popular y los canales secretos, los grupos moderados y los grupos radicales. Creía que el pueblo palestino era demasiado débil para permitirse el lujo de prescindir de ninguna herramienta.

Fayyad, por el contrario, pone todos sus huevos -los de los palestinos- en una única canasta. Escogió una estrategia única y a ella se aferra. Ésa es una apuesta personal y nacional, muy audaz y peligrosa por cierto.

Al parecer, Fayyad cree que la única oportunidad que tienen los palestinos para alcanzar sus objetivos nacionales es utilizar medios no violentos y trabajar en estrecha cooperación con EEUU.

Su plan consiste en construir las instituciones nacionales palestinas, establecer una base económica sólida y proclamar el Estado de Palestina a finales del 2011.

Eso recuerda a la clásica estrategia sionista bajo David Ben-Gurion. En jerga sionista, a eso se le llamaba «crear hechos sobre el terreno».

El plan de Fayyad se basa en la suposición de que los EEUU reconocerán el Estado palestino e impondrán a Israel las bien conocidas condiciones de paz: dos Estados, retorno a las fronteras de 1967 con algunos pequeños y consensuados intercambios territoriales, Jerusalén Oriental como capital de Palestina, evacuación de todos los asentamientos no incluidos en el intercambio de tierras, retorno de un número simbólico de refugiados a territorio israelí y asentamiento del resto en Palestina y en otros lugares.

Parece una estrategia sensata, pero plantea muchas preguntas.

Primera pregunta: ¿Pueden realmente los palestinos confiar en que los EEUU cumplirán su papel?

En las últimas semanas las posibilidades de que eso ocurra han aumentado. Tras sus impresionantes victorias en el escenario doméstico e internacional el presidente Obama está demostrando una nueva confianza en sí mismo en el tema palestino-israelí. Ahora podría estar listo para imponer a ambas partes un plan de paz estadounidense que incluyera esos elementos.

Los EEUU han dejado claro que esto no es un show secundario, sino una estrategia basada en una evaluación realista de los intereses nacionales [estadounidenses] y respaldada por la cúpula militar.

Sin embargo, la batalla decisiva aún no se ha iniciado. Cabe esperar un combate de titanes entre los dos grupos de presión más poderosos en Washington: el lobby militar y el lobby pro israelí. La Casa Blanca contra el Congreso. La apuesta de Fayyad se basa en la esperanza de que Barack Obama, con la ayuda del general David Petraeus, gane ese combate.

Es una apuesta razonable, pero arriesgada.

SEGUNDA CUESTIÓN: ¿Es posible construir el embrión de un Estado palestino bajo la ocupación israelí?

De momento Fayyad lo está logrando. Es indudable que existe en Cisjordania un cierto nivel de prosperidad, pero beneficia principalmente a una determinada clase. El gobierno de Netanyahu apoya este esfuerzo con la ilusión de que la «paz económica» pueda servir como sustituto de la verdadera paz.

Pero todo este esfuerzo tiene pies de barro. Las autoridades israelíes de ocupación pueden destruirlo todo de un golpe. Lo pudimos ver en la operación «Muro Defensivo» de mayo del 2002, cuando el ejército israelí destruyó de un solo golpe todo lo que los palestinos habían construido a raíz del acuerdo de Oslo. He visto con mis propios ojos la destrucción de las oficinas de la Autoridad Palestina en Ramala, los ordenadores triturados, las pilas de documentos arrugados esparcidos por el suelo de los Ministerios de Educación y Salud, los destrozados muros de la Mukata’a.

Si el gobierno israelí así lo decide, todas las bien ordenadas oficinas de gobierno de Fayyad, todas las nuevas empresas e iniciativas económicas palestinas serán reducidas a cenizas.

Fayyad confía en la red de seguridad estadounidense. Y, de hecho, es dudoso que Netanyahu pueda hacer en el año 2010, en plena era Obama, lo que Ariel Sharon hizo en 2002 con George W. Bush.

Un componente importante de la nueva situación es el «ejército de Dayton». El general estadounidense Keith Dayton está entrenando a las fuerzas de seguridad palestinas. Todo el que las haya visto sabe que son, a efectos prácticos, un ejército regular. (En la manifestación del Día de la Tierra, los soldados palestinos, con sus cascos y uniformes de color caqui, se desplegaron en la parte alta de la colina, mientras que los soldados israelíes, vestidos de forma parecida, se desplegaron debajo. Eso ocurría en la zona C, que según los acuerdos de Oslo se encuentra bajo de control militar israelí. Ambos ejércitos utilizaron los mismos jeeps estadounidenses, solo que pintados de colores diferentes).

No hay duda de que Fayyad es consciente de que apenas una estrecha línea separa su estrategia de la colaboración con la ocupación.

TERCERA PREGUNTA: ¿Qué pasará si los palestinos declaran su Estado a finales de 2011?

Muchos palestinos se muestran escépticos. Después de todo, el Consejo Nacional Palestino ya declaró un Estado palestino independiente en 1988. En aquella festiva ocasión se leyó la Declaración de Independencia Palestina escrita por el poeta Mahmoud Darwish. El documento tenía un extraño parecido con la Declaración de Independencia de Israel. Docenas de países reconocieron al nuevo Estado, países en los que los representantes de la OLP gozan de la condición oficial de embajadores. Pero, ¿hizo eso que mejorara la situación de los palestinos?

La cuestión principal es si los EEUU reconocerán al Estado palestino el día de su fundación y si el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas hará lo mismo.

En mayo de 1948 EEUU otorgó al nuevo Estado de Israel su reconocimiento de facto, pero no de jure. Stalin se les anticipó al reconocer a Israel de jure desde el primer día.

Si se cumple la esperanza de Fayyad y los EEUU reconocen al Estado de Palestina, la situación de los palestinos cambiará drásticamente. Casi con toda seguridad, el gobierno israelí no tendrá más remedio que firmar un acuerdo de paz que será prácticamente dictado por los estadounidenses. Israel tendrá que devolver casi toda Cisjordania.

CUARTA PREGUNTA: ¿Se aplica esto a Gaza?

Probablemente sí. Contrariamente a la imagen demoníaca creada por la propaganda israelí y estadounidense, Hamás desea un Estado palestino, no un emirato islámico. Al igual que nuestros propios ortodoxos, que aspiran a un Estado judío gobernado por la ley religiosa y por los rabinos, Hamás sabe conciliarse con la realidad. Los objetivos de Hamás no se limitan al pequeño enclave que ahora controlan. Quiere jugar un papel importante en el futuro Estado de Palestina.

La posición oficial de Hamás es que aceptará un acuerdo firmado por la Autoridad Palestina si éste es ratificado por el pueblo palestino en referéndum o mediante un acto del Parlamento. Cabe señalar que, incluso ahora, Hamás trata el experimento de Fayyad con relativa indulgencia.

Fayyad es un hombre de compromisos. Hace mucho tiempo que habría llegado a una entente cordiale con Hamás si los EEUU no hubieran impuesto un veto total contra esta organización.

El cisma palestino es en gran medida obra de EEUU e Israel. Israel ha contribuido a él impidiendo todo contacto físico entre Cisjordania y la Franja de Gaza, en flagrante violación del acuerdo de Oslo, que define a Cisjordania y la Franja de Gaza como un único territorio. Israel se comprometió a abrir cuatro «corredores seguros» entre ambos territorios. No los ha abierto ni un solo día.

Los estadounidenses tienen una visión primitiva del mundo, heredada de la época del salvaje oeste: en todas partes hay buenos chicos y tipos malos. En Palestina, los buenos chicos son la gente de la Autoridad Palestina, los tipos malos son Hamás. Fayyad tendrá que trabajar duro para convencer a Washington de que adopte una postura un poco más matizada.

¿Qué pasará si la apuesta de Fayyad resulta ser un error histórico? ¿Si el lobby pro israelí gana contra estadistas y generales? ¿O si alguna crisis mundial desvía la atención de la Casa Blanca en otra dirección?

Si Fayyad falla, todos los palestinos llegarán a una conclusión evidente: no hay posibilidad alguna de alcanzar una solución pacífica. Estallará una sangrienta Intifada y Hamás tomará el control del pueblo palestino -hasta que ellos mismos sean suplantados a su vez por fuerzas mucho más radicales.

Salam Fayyad está en condiciones de decir con toda propiedad: après moi, le déluge.

Fuente: http://www.counterpunch.org/avnery04122010.html