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La izquierda y la política. El caso Unidos Podemos

Fuentes: Viento Sur

Entre las gentes que luchan por una sociedad justa, solidaria y sostenible es posible que haya acuerdo sobre tres cuestiones: 1. El capitalismo global pese a su fortaleza sigue en crisis, pero como no tiene un antagonista organizado y fuerte puede continuar con sus planes expoliadores del trabajo y la naturaleza. 2. El desastre ecológico […]

Entre las gentes que luchan por una sociedad justa, solidaria y sostenible es posible que haya acuerdo sobre tres cuestiones:

1. El capitalismo global pese a su fortaleza sigue en crisis, pero como no tiene un antagonista organizado y fuerte puede continuar con sus planes expoliadores del trabajo y la naturaleza.

2. El desastre ecológico mundial avanza, la biosfera está en peligro, o al menos las condiciones de equilibrio de la naturaleza que permiten la vida humana tal como la conocemos, pero nadie toma medidas.

3. La arquitectura política de la Unión Europea se resquebraja pero no se presentan alternativas por parte de las fuerzas de izquierda mayoritarias ni se combaten eficazmente y de forma suficiente sus políticas austeritarias que, además de anti sociales, son un fracaso económico, aumentan la desigualdad y favorecen que los acreedores (países y bancos) saqueen a los deudores (países y personas) y que los patronos se lucren mediante el expolio de las clases trabajadoras.

Antonis Ntavanellos en un artículo sobre el reciente congreso de Syriza hace un análisis que comparto totalmente: «Este panorama es una pesadilla política. Sin embargo no es inevitable. Va a depender de las iniciativas de la izquierda radical a nivel del movimiento social y de su expresión política. Iniciativas que podrían suscitar esperanzas de nuevo».

Ahora nos corresponde acertar en los primeros pasos a dar. Diagnosticar los problemas es el primer paso. Por eso tenemos que analizar el estado de salud y energía de la izquierda -de la clásica y de la radical- para buscar soluciones a su crisis como sujeto político.

Entiendo por izquierda clásica a las organizaciones, las prácticas y el pensamiento que lejos de subvertir el sistema económico y social depredador, el capitalismo, y los modelos políticos que lo sustentan, ayudan a mantenerlos y legitimarlos por no tener un proyecto propio independiente del de la clase dominante. En el plano de los modelos políticos, la izquierda clásica en general no ha apoyado e incluso en muchos casos ha combatido a los que encarnan directamente dictaduras. Sin embargo no es esa su actitud frente a la creciente tendencia de constitución de Estados autoritarios con democracia parlamentaria; Estados que enajenan el poder de las masas reduciendo su participación a la mera designación de su representación mediante delegación en los parlamentos, práctica siempre necesaria pero insuficiente para lograr el empoderamiento popular y la participación activa y continua del conjunto de la sociedad en los asuntos de su propio gobierno. Estados que recortan las libertades y los derechos. Por ello no es una hipérbole afirmar que esa izquierda clásica en las democracias occidentales ha pasado a convertirse en uno de los elementos de legitimación del régimen capitalista y un factor que asegura la gobernabilidad oligárquica.

Entiendo por izquierda radical no aquella que interesada y despectivamente se asocia por parte de los voceros de la burguesía -sean conservadores o social liberales- con extremismo vocinglero, sino con la izquierda que trabaja por un cambio que permita solucionar los problemas de fondo que aquejan a nuestra sociedad yendo a la raíz misma de sus causas. ¿Cómo lo hace? Esa es la cuestión central del debate a realizar.

La izquierda de cualquier tipo no es un actor relevante en la escena mundial. En el ámbito europeo, la izquierda clásica forma parte del proyecto neoliberal o, a lo sumo, intenta humanizarlo, y la izquierda radical es débil y no tiene coordinación internacional para pensar y actuar conjuntamente. En el marco de cada país, la izquierda radical tiene mayor incidencia pero tiene dificultades para establecer la relación entre su lucha en el ámbito nacional con el plano europeo. La izquierda de izquierdas tiene como mayor riesgo proclamar un internacionalismo abstracto pero, de hecho, realizar un repliegue nacionalista buscando la zona de confort «hogareño».

¿Qué retos tiene la izquierda radical europea?

1. Construir y tener un proyecto de sociedad para el siglo XXI y un diseño estratégico para impulsar la conciencia y la acción de la mayoría social contra el capital. Dicho de otra manera necesitamos un proyecto socialista y unas propuesta de transición a la altura de los retos de la crisis civilizatoria, ecológica y social del capitalismo globalizado.

2. Desplegar una nueva pedagogía. De nada vale elaborar una propuesta si no se parte de la necesidad y la percepción social; hay que partir de las necesidades de las masas y de su nivel real de conciencia para elevarlo y hacerlo transcrecer, para crear un nuevo «sentido común» popular clasista no subordinado al pensamiento hegemónico de la clase dominante. En ese camino por construir un pensamiento colectivo alternativo prefiero la «fórmula» de Ortí: dialogar con el sentido común instalado en las masas para cambiarlo, en lugar de la vía que propone Bourdieu, combatir el sentido común vulgar.

3. Ganar la hegemonía en el seno de las masas en términos gramscianos, la hegemonía política y cultural primero en el pueblo de izquierdas, para desplazar al reformismo y poder disputar con la burguesía la influencia en el conjunto de la sociedad.

Para avanzar en este camino tenemos que trabajar por convertir la humillación y dolor de las masas en rebeldía y la sumisión en acción antagonista. Nuestro objetivo debe ser transformar la indignación social en acción política contra el capital.

Ello implica que la izquierda supere dos falsas concepciones: «la ilusión de lo social» (la sola acción del movimiento social es suficiente) y una variante de la actitud politicista, la «ilusión electoral-institucional» (desde una mayoría parlamentaria y gubernamental se puede lograr todo). Se trata de establecer la relación dialéctica -no exenta de contradicciones- entre el movimiento social y la lucha electoral y ello solo realizar en el plano de un proyecto político emancipador. Solo así podrán realimentarse mutuamente el trabajo en las empresas y en las calles y el trabajo en las instituciones, solo así podrá encontrarse un equilibrio entre el discurso y el programa, solo así podrá poner se en pie una estrategia hacia el poder popular y la transición ecosocialista. Podemos nació gracias al 15 M, el 15 M y las mareas sociales necesitaban diversos correlatos políticos y hoy la galaxia Unidos Podemos y las confluencias en Cataluña o las Mareas de Galicia, necesitan un nuevo aliento en las calles, en las plazas y en los centros de trabajo y estudio.

Abrir un nuevo ciclo de movilización social y política requiere, partiendo de la realidad actual, impulsar una política de alianzas en el seno de la izquierda favorable al cambio, en el seno de los movimientos sociales y entre ambos espacios. Hasta ahora la cuestión de las alianzas ha sido el talón de Aquiles de la izquierda política y social transformadoras en el Estado español. Creo que estamos comenzando a darle solución.

La crisis del régimen de 1978

La Constitución española aprobada hace 38 años fue fruto de un pacto entre la burguesía franquista y los partidos mayoritarios de la izquierda en el marco de una operación de reforma que supuso una amnistía para el franquismo, el reconocimiento de una parte de las libertades y aspiraciones populares y la negación de importantes derechos democráticos reivindicados por el movimiento de masas. El 15 M, el movimiento de las y los indignados, treinta y tres años después, rompieron el consenso sobre el «régimen de la reforma» (especialmente legitimado por el Partido Socialista Obrero Español, PSOE) e impugnaron las políticas de austeridad anti social. El grito del 15 M «no nos representan» denunciaba la corrupción del derechista Partido Popular (PP) pero sobre todo impugnaba a la izquierda clásica como representante político de las aspiraciones de cambio.

Surgió la necesidad de construir nuevas expresiones políticas que se materializaron en cuatro sujetos políticos: Podemos en el conjunto del Estado español, las confluencias de fuerzas en las naciones de Cataluña y Galicia, la creación de candidaturas populares unitarias para las elecciones municipales en muchas ciudades y pueblos y finalmente el acuerdo electoral en los últimos comicios entre Izquierda Unida y Podemos en la fórmula Unidos Podemos. Estos nuevos sujetos han contribuido a romper el bipartidismo de la pareja PP-PSOE que se turnaban en el gobierno central español.

No se ha logrado la ruptura con el régimen de 1978 ni la mayoría parlamentaria para las fuerzas del cambio. Pero, por otro lado, la crisis por la que atraviesa actualmente el partido socialista, el gran legitimador ante los sectores populares del régimen, y que el PP tenga que gobernar con unos muy bajos resultados electorales, son manifestación de que la crisis política no está resuelta. El PP de momento no logra cerrar la crisis del sistema político en solitario y necesita el apoyo del PSOE, quien al prestárselo en el último voto para la investidura como jefe de gobierno de Mariano Rajoy, agrava su propia crisis dada la ausencia de proyecto propio e independiente. Estamos ante una paradoja: el ciclo político que abrió el 15 M se cierra, la crisis del régimen político todavía persiste y aunque en peores condiciones que hace dos años, existen todavía posibilidades para impulsar una política destituyente con el objetivo de lograr una ruptura democrática que podría abrir una ventana de oportunidad a la apertura de varios procesos constituyentes (sea en el conjunto del Estado español sea desde las naciones que reivindican su derecho a decidir).

Podemos el enemigo nº 1 del sistema

Precisamente porque sigue habiendo posibilidades para nuevos e importantes cambios, la oligarquía se inquieta. Dicho de forma futbolística: queda tiempo de partido por jugar. ¿Podemos tiene un programa revolucionario que haga temblar los cimientos de los ricos? No se puede analizar la naturaleza, situación, evolución y el papel de la galaxia Unidos Podemos, confluencias, Ayuntamientos de izquierda por el cambio, candidaturas municipalistas unitarias y alternativas, etc. sólo por su programa. Programa que es insuficiente, contradictorio y cambiante. En muchos casos y temas incluso se puede calificar como frágil.

El perfil futuro de todas esas organizaciones dependerá de la correlación de fuerzas interna entre posibilistas que se han adaptado a los límites institucionales y realistas que trabajan en clave de cambios sin auto censuras previas. El futuro dependerá de quien sea hegemónico en el interior de las nuevas organizaciones, o bien el extremo centro cuyo objetivo es convertirlas en meros partidos «atrapalotodo», o bien la izquierda que tiene por objetivo crear un nuevo bloque histórico contra-hegemónico anticapitalista. Pero esa correlación interna, a su vez, dependerá del grado de exigencia, movilización y auto-organización del movimiento social.

Lo importante en este momento es cómo son percibidas las nuevas fuerzas políticas del cambio por los sectores populares que demandan alternativas y también por el enemigo de clase. La burguesía, sus medios de comunicación y los partidos del régimen califican a Podemos y por extensión al resto de fuerzas del cambio como el mayor peligro para la gobernabilidad política y el crecimiento económico. Pero por el contrario, los sectores populares de izquierda, sobre todo la juventud, los ven como una herramienta, aunque la critiquen.

Las lecciones de Grecia

En el Estado español nadie de los que en su día apoyaron a Tsipras, tras su traición a la voluntad popular, lo defiende hoy. Poco a poco se ha abierto camino el discurso de quienes apoyamos sin vacilar la defensa del «No» a la Troika, aprendimos la palabra «Oxi» y la hicimos nuestra. Algunas cuestiones han ido quedando claras.

En la Unión Europea no se ganan las batallas frente a los hombres de negro con habilidad negociadora, sólo se pueden ganar manteniendo la firmeza hasta la ruptura si fuera necesario. Se ganan tomando medidas preventivas. Se ganan impulsando una correlación de fuerzas más favorable a los intereses populares y en el ámbito internacional. Tsipras se plegó a la Troika en el primer round. Teresa Rodríguez en un mitin en 2015 en la Universidad de Verano de Anticapitalistas, planteó un deseo a la vista de la experiencia ajena: que en caso de gobernar no nos tiemblen nunca las piernas ante el enemigo. Más aún, podemos concluir que una fuerza de izquierdas no puede ser el verdugo popular gestionando un memorándum y relegando la voluntad expresada por la mayoría.

Hubo poca solidaridad internacional con el pueblo griego y ello pesa en el pasivo de las fuerzas de izquierda y populares europeas. Pero si el gobierno griego hubiera mostrado que tenía voluntad de lucha, habría abierto la posibilidad de la creación y extensión de un movimiento solidario con su resistencia.

Lograr ganar el gobierno es una condición necesaria para impulsar el cambio, pero no suficiente. Debe ser un gobierno valiente y consciente. Estar preparado para aplicar medidas anticapitalistas que limiten la capacidad de reacción de la oligarquía y del viejo aparato de estado, medidas que aseguren los derechos adquiridos y promuevan nuevas conquistas sociales y democráticas. Esa es la forma reafirmar la legitimidad del gobierno y de dar pasos hacia un nuevo poder popular basado en la autorganización del movimiento social.

Hemos aprendido estos años que no basta elaborar un programa, que es necesario articular el discurso político y avanzar en la comunicación, pero discurso y comunicación son puro vacío si no se dispone de un proyecto de país, de un proyecto de sociedad alternativo y de una estrategia de transición hacia ese objetivo.

Los retos de Unidos Podemos

En este momento Unidos Podemos es la segunda fuerza en intención de voto tras el PP y primera fuerza de oposición real en el Parlamento español. Por ello la responsabilidad que tiene es muy alta y exige del debate libre y democrático y la cooperación leal entre las tres corrientes -con una gama de matices y diversidad muy compleja- que lo atraviesan: se llamen a sí mismas o no populistas de izquierda, eurocomunistas o anticapitalistas.

Unidos Podemos y las confluencias deben crecer y transcrecer para avanzar más allá de la coalición electoral hacia una nueva fuerza política anti neoliberal, hacia un nuevo partido movimiento con estructura confederal. Para ello será necesario construir un modelo de democracia interna participativo, eficaz y no caudillista, que permita la formación de equipos, la deliberación pluralista antes de la votación para que esta no quede en mero plebiscito. En las nuevas formaciones se vota mucho y se debate poco en las bases de las organizaciones en las que quedan rémoras de las viejas formas de hacer política: hiperliderazgo individual y escaso trabajo en equipos colectivos.

Las nuevas formaciones y la que surja de su acuerdo, deberán desarrollar un programa de las transiciones necesarias (política, social, económica, ecológica y energética) con una orientación ecosocialista, feminista y radicalmente democrática. Y hacerlo superando dos riesgos: quedar reducidas al «extremismo» de la gesticulación simbólico verbalista por un lado, o por otro, ceñirse al único objetivo de atraer votos sin propuesta política mediante un programa ambiguo, «atrapalotodo«, típico del peronismo «kichnerista«. Tan importante es ganar el gobierno cómo saber y anunciar para qué se gana.

La acción política de Unidos Podemos deberá superar cinco pruebas. En primer lugar dar soluciones estratégicas alternativas al imposible restauracionismo keynesiano, lo que comporta ahondar en la respuesta ecosocialista. En segundo lugar no caer en la trampa de procurar una regeneración del régimen de 1978 mediante el juego de las meras reformas constitucionales de aspectos parciales y sin participación popular, lo que nos lleva a seguir luchando en clave de ruptura democrática para posibilitar la apertura de procesos constituyentes. Cierto es que actualmente no existe la correlación de fuerzas para lograr esa apertura, a no ser que se inicie en Cataluña y se contagie el resto, pero sí que existen posibilidades de continuar la labor destituyente para crear las condiciones de la ruptura democrática.

En tercer lugar las nuevas fuerzas no deben intentar sustituir al viejo PSOE mediante la creación de un «partido socialista 2.0» y posmoderno mediante la mera renovación generacional de las élites y de sus métodos de comunicación en las redes sociales; por cierto, renovación generacional necesaria de arriba abajo en los partidos y redes más que útiles e imprescindibles para las batallas políticas. El objetivo debe ser superar al PSOE y construir una nueva dirección política referente de la mayoría y con una orientación antineoliberal y ¿por qué no? socialista. Ello implica hacer frente a las políticas de austeridad impulsando un discurso alternativo al neoliberal en el parlamento y en los medios de comunicación e impulsar la organización de la resistencia popular en las calles, ayudando y codo con codo con las organizaciones sociales y sindicales en lucha.

Esa es la manera de establecer la relación dialéctica entre la posición representativa alcanzada en las instituciones -sin aceptar sus límites ni adaptarse a los mismo- y el impulso y apoyo a la autorganización popular sin subordinación ni jerarquía entre las organizaciones del movimiento social y las políticas con la perspectiva puesta en la creación de instituciones que expresen el poder popular.

En cuarto lugar, las fuerzas del cambio deberán establecer lazos internacionales, particularmente con la izquierda de los pueblos del sur de Europa, para preparar con firmeza, inteligencia y seguridad la ruptura con el euro y la creación de una nueva área de colaboración fuera de la lógica ordoliberal de la Unión Europea. Ello implica recorrer un camino práctico de experiencias transnacionales comunes desarrollando iniciativas políticas supra estatales con temas sentidos y reivindicados por las y los de abajo y con vocación de tener un impacto de masas.

¿Es fácil realizar esto? Nadie nos aseguró que lo fuera. Precisamente por eso estamos aquí, nos organizamos y unimos esfuerzos: para intentarlo.

Nota:

1/ Syriza, el congreso de la social-democratización, Red, A l´Encontre, Viento Sur ( http://www.vientosur.info/spip.php?article11854 )

Manuel Gari forma parte del Consejo Asesor de VIENTO SUR

Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article11995#sthash.crURijou.dpuf