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La máquina del rey para contar dinero

Fuentes: Rebelión

Que la corona de España disponga de tres cajas fuertes y de una máquina para contar dinero en sus dependencias palaciegas, pagado todo a expensas del erario público y asentado en la relación de gastos que se aprueba para la Casa Real, evidencia que, al margen de las asignaciones económicas que les corresponden por su cargo como jefes del Estado español, nuestros recelosos monarcas manejan a nuestras espaldas dinero negro de una forma habitual.

La existencia de esa máquina de contar dinero y de esas cajas fuertes donde almacenar billetes y monedas de curso legal, demuestra, sin ningún género de dudas, que la familia real lleva, al margen de las nada despreciables asignaciones que les corresponden por sus funciones como monarcas, una contabilidad interna oculta a los ojos de todos los demás.

Lo que comenzó siendo calificado por la misma familia real española como una calumnia surgida de la lengua viperina de Corinna Larsen (cuando ésta afirmó que Juan Carlos tenía una máquina para contar dinero en su palacio y que su misma Majestad la utilizaba en su contabilidad personal), se ha acabado confirmando: en los últimos años han sido adquiridas por la Casa Real española, por valor de cerca de cinco mil euros, tres cajas fuertes y una máquina digital para contar dinero. De esta forma, la familia real puede desarrollar una contabilidad “doméstica” donde asentar todos los ingresos clandestinos, comisiones ilícitas y ganancias surgidas de negocios sucios que le llegan por cauces extraoficiales y que le suponen cantidades nada despreciables e imposibles de justificar en su contabilidad oficial. En términos de fraude tributario, esto se llama “dinero negro” y “doble contabilidad”, delitos de los que el rey de España, por la absoluta “impunidad” de que goza ante la ley, nunca tendrá que responder ante ningún tribunal. La imagen del avariento monarca español, colocando billetes y monedas en su máquina de contar dinero, evoca inevitablemente al dickensiano personaje Ebenezer Scrooge, protagonista de la inmortal obra navideña Christmas Carol (Cuentos de Navidad).

No hay que ser una lumbrera para deducir que, tanto el actual rey de España, Felipe VI, como su cleptómano progenitor Juan Carlos I -reclamado por la justicia helvética-, han estado utilizando la máquina de contar dinero con la misma diligencia y aplicación con que lo haría una banda mafiosa. Gracias a esa ingeniosa máquina y a las oportunas cajas fuertes que tienen a mano en la Zarzuela, pueden mantener a buen recaudo el dinero y llevar relación fidedigna de todo el botín conseguido por medios ilícitos e imposibles de declarar. Sólo falta que el rey Midas baje del cielo para convertir en oro todo lo que los miembros de la Casa Real puedan tocar.

Otra ventaja de tener el dinero oculto en cajas fuertes privadas de la Zarzuela, en vez de depositarlo en bancos, como hacemos todos los demás, es que, cuando llegue lo inevitable, esto es, la estrepitosa y ya hartamente profetizada caída de la monarquía española, y sus majestades tengan que abandonar a toda prisa el país, podrán meter este dinero en maletas y llevárselo consigo a donde se piensen exiliar. Si lo hizo su antepasado Alfonso XIII, cuando abandonó precipitadamente España en 1931 para impedir ser juzgado por traición… ¿Por qué no lo iban a poder hacer también los descendientes de su estafadora y chapucera estirpe real?