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Entrevista a Julio Anguita, ex coordinador de IU y miembro del Comité Central del PCE

«La monarquía española fue un apaño que, a los 30 años, empieza a deshilvanarse»

Fuentes: El Mundo

Ocho años después de su retirada de la política nacional y 22 años después de haber dejado la Alcaldía de Córdoba, todavía hoy, cuando pasea, como esta tarde, por la primavera exuberante de los jardines y calles de Córdoba, se le acerca un ciudadano para reclamarle una fuente en el parque o una acera nueva. […]

Ocho años después de su retirada de la política nacional y 22 años después de haber dejado la Alcaldía de Córdoba, todavía hoy, cuando pasea, como esta tarde, por la primavera exuberante de los jardines y calles de Córdoba, se le acerca un ciudadano para reclamarle una fuente en el parque o una acera nueva. Y Julio Anguita, muy suyo, primero lo escucha con atención y luego le espeta con aspereza: «Pues vaya usted al Ayuntamiento a reclamarlo, que para eso están». Es Julio Anguita en estado puro, aferrado a sus principios sin carantoñas ni pasteleos. La crudeza de la sencillez o la rigidez de lo complejo, de lo que va más allá de la apariencia. Es el Julio Anguita que ahora vuelve a dar un aldabonazo en Izquierda Unida.

Pregunta.- O sea, que vuelve usted.

Respuesta.- No, porque nunca me he retirado. Se conoce ahora este documento que he elaborado sobre Izquierda Unida, pero recuerdo no menos de 14 o 15 documentos anteriores que he enviado a Gaspar Llamazares ofreciéndole mi punto de vista. Igual en el Partido Comunista, desde hace al menos seis años. Lo que ocurre es que ahora ha llegado la debacle. Y en vez de sumarse al carrusel de declaraciones de unos y otros, pensé que tenía que poner en marcha un proceso serio. Un proceso de contenidos, de reflexión. La turbamulta de la vida moderna hace que los dirigentes en política se transformen en ejecutivos. No se pueden parar a pensar. Yo parto de un principio que a veces choca: la política es un arte agrario.

P.- Un arte agrario, ya. ¿Y eso?

R.- El arte agrario necesita el arado, la siembra, el riego, las esperas del sol y de la lluvia, las lunas. El campesino tiene tiempo para pensar, para rebinar, que es la palabra que se utiliza. En el momento en el que la política se convierte en un tran-trán, en una foto o una pose, ya no hablamos de políticos, sino de marionetas.

P.- También podemos plantearlo al revés: la velocidad de los tiempos, que no es algo que se elija, impone un determinado tipo de política, más gestual. En fin, que quizá por eso la crítica que siempre le hagan hecho a usted es que es un iluminado.

R.- Sí, ya, pero repasemos un momento qué ha ocurrido con alguna de mis afirmaciones y con aquéllos que decían que yo estaba fuera de la realidad. ¿Qué ha pasado con la gente que estaba en Izquierda Unida y está hoy en el PSOE? ¿Y con algunos altísimos dirigentes sindicales, dónde están? ¿Quién llevaba razón en aquel pleito? ¿Qué ha pasado con las dos orillas? ¿No es verdad que PP y PSOE están en la misma orilla, con la misma política fiscal, con la misma reformas laboral, la misma política económica? Lo que pasa es que lo que yo tenía enfrente era, por un lado, la propaganda del PSOE y del grupo Prisa y, por el otro, la falta de firmeza de mi formación, que se asustaban.

P.- ¿El declive de Llamazares es tan simple como eso, que cambia de política y se echa en brazos del PSOE?

R.- No, en Izquierda Unida hay muchos problemas que vienen incluso de mi época. El PCE, que le dio a Izquierda Unida lo mejor de sí mismo, también le trasladó un mal interno: pensar que la unidad de la izquierda es la de socialistas y comunistas. Y olvida la sociedad y la ideología. Ahí, con diferentes intentos, ‘casa común’ o ‘juntos podemos’, encontrará usted a muchos, por oleadas, que acaban siempre en el PSOE. Y todos los prejuicios para nosotros. En suma, que el PSOE cree que tiene la hegemonía de la izquierda, la patente, el pedigrí.

P.- La consecuencia es que usted, como plantea en su documento, llega a la conclusión de que Izquierda Unida, tras las elecciones, está en una situación terminal.

R.- Muerta, sí, eso es lo que digo. Pero no tras las elecciones: hace meses que lo vengo diciendo, que el PSOE había abducido a Izquierda Unida. Y salían contentos en las ruedas de prensa, ‘gracias a nosotros se ha aprobado…’ ¡Y se lo creían, además! En fin, ante esa situación, que viene de lejos, elaboré este documento para el debate de la conferencia política del PCE.

P.- Muchos piensan que el problema de IU es el PCE, que nunca ha dejado de entrometerse, hasta asfixiarla. Lo dice, por ejemplo, Rosa Aguilar, que es quizá el referente más claro para el futuro de IU.

R.- Todos los almuédanos que se elevan en los alminares de sus mezquitas a acusar al PCE, todos son o han sido del PCE.

P.- ¿Y?

R.- Que eso de acusar al PCE es radicalmente falso, tendencioso, miserable, felón, canallesco y ruin. Y sé de lo que hablo y tengo autoridad para decirlo. Quienes critican al PCE por su injerencia es IU resulta que son los proclives a la dependencia del PSOE. El PCE les importa un pimiento, lo que les preocupa es Izquierda Unida porque el proyecto que tienen es el de crear un partidín socialdemócrata, subalterno del PSOE.

P.- En su documento, habla usted de recarga ideológica de IU. Desde ese punto de vista, lo que no se entiende es que hagan ustedes bandera de la República como ideal de izquierda, cuando la República, por definición, no es ni de izquierda ni de derecha. ¿No es contradictorio?

R.- Está claro. Tiene razón. Pero de la misma forma podemos decir que la Monarquía es reaccionaria; va contra los derechos humanos; es una excrecencia del pasado y, la española en concreto, está manchada por ser imposición de un dictador sangriento. Y ahora voy a hablar de la República; cuando defiendo la III República de lo que hablo es de derechos humanos, laicidad, lucha por la paz, radicalidad democrática…

P.- ¿Y no le parece que todo eso ya está garantizado o se puede garantizar en la Monarquía española?

R.- En absoluto. ¿Cómo vamos a hablar de laicidad si el jefe del Estado va a misa en actos oficiales? ¿Por qué vive la Iglesia del dinero público? Y no son anécdotas, qué puñetas. Este Monarca tiene un origen espurio. Por la procedencia y por lo ocurrido. ¿O no es cierto que el Monarca pidió 10 millones de dólares para subvencionar al partido de Adolfo Suárez? Yo tengo la carta. Y otras acusaciones e imputaciones más. Dice la Constitución que todos los españoles son iguales ante la Ley, y no es verdad: hay uno que es inviolable. Eso sí que es un horror democrático. La Monarquía fue un apaño que, a los 30 años, empieza a deshilvanarse.

P.- ¿Cuál ha sido, a su juicio, la resultante de la oleada de reformas estatutarias en las autonomías?

R.- Un churro. Estamos ante un Estado federal, confederal, autonómico y con elementos centralistas. Ese es el churro, y derivará en conflictos, en confusión. No más, no piense usted que nadie se quiere separar de España. No, la consecuencia será ésa, agravios comparativos y complejos de inferioridad, en dominio del capital… También en Andalucía se vendió la reforma con el gancho de ‘queremos ser iguales’ y se embarcó en un proyecto lleno de contradicciones.

P.- Por cierto, tras la nueva victoria de Chaves, ¿cómo ve la autonomía andaluza?

R.- ¿La autonoqué?