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‘La noche se hizo toda roja y pensamos que era el día del Juicio Final’

Fuentes: www.elmundo.es

«Un ataque terrestre es indiferente para nosotros. Estamos absolutamente tranquilos. Es peor el ataque aéreo que estamos sufriendo», explica Hazim Sarraj, un médico oftalmólogo, formado en la Universidad española, en conversación telefónica desde su céntrica casa de la ciudad de Gaza. Interrumpe sus palabras para alertarme del sonido de las bombas que en esos momentos […]

«Un ataque terrestre es indiferente para nosotros. Estamos absolutamente tranquilos. Es peor el ataque aéreo que estamos sufriendo», explica Hazim Sarraj, un médico oftalmólogo, formado en la Universidad española, en conversación telefónica desde su céntrica casa de la ciudad de Gaza.

Interrumpe sus palabras para alertarme del sonido de las bombas que en esos momentos caen rompiendo el silencio de la ciudad y poco antes de prepararse para salir con sus hijos, también médicos, al hospital general Al Shifa, desbordado ante la avalancha de heridos.

Hazim Sarraj tiene 59 años, sufre secuelas de una hemiplejia y camina a diario kilómetro y medio, junto con dos de sus hijos médicos, hasta el hospital central Al Shifa «para ayudar en lo que puedo a los heridos». «Todo son amputaciones, pérdida de trozos de cabeza, heridas de gran envergadura y no hay vendajes para cubrir las heridas ni mercurocromo, y las familias nos dicen ¿para qué venimos al hospital?».

En Al Shifa, con una capacidad para 400 camas, han dejado de recibir las urgencias rutinarias de cualquier servicio de emergencias hospitalario desde que hace cuatro noches se iniciaran los bombardeos de Israel sobre la franja de Gaza, que han causado cerca de 400 muertos y más de 1.800 heridos, desde sus aviones de combate F 16 con misiles de una tonelada. «Más del 12% de heridos son niños» aclara Hazim Sarraj.

«Aquí la gente dice que no es una cuestión de Hamas sino de una destrucción del pueblo palestino», continúa durante la conversación telefónica. «¿Dónde están los derechos humanos? ¿Por qué matarnos de esta manera? Si ustedes quieren matar a Hamas vayan a buscarlos pero ellos dicen que cada casa es Hamas», dice sin elevar el tono de su voz encadenando una pregunta tras otra.

Una familia observa los daños causados en su vivienda en Maghaze.(Foto: EFE) Hoy llueve en Gaza, las casas están cerradas, no hay movimiento en las calles y se acumula el sueño perdido de las últimas noches de bombardeos desde el inicio de la operación israelí ‘Plomo sólido’.

Hazim Sarraj vive en su casa, en las inmediaciones de la avenida de Omar El – Mukhtar, con su mujer, hijos y sus nietos, el mayor de siete años. Toman té y pan a diario para alimentarse. No hay leche. Sólo harina y patatas que llega de la ayuda humanitaria de la ONU.

A la una de la madrugada del lunes, «los niños saltaron de la cama llorando» cuando 10 cazabombarderos lanzaron contra el complejo de edificios ministeriales erigido en su día por Arafat «veinte misiles de una tonelada cada uno». «La explosión se escuchó en todos los rincones de la ciudad y la noche se hizo toda roja y pensamos que era el día del Juicio Final».

Desde hace 40 años no se había producido un ataque con tantas víctimas mortales palestinas en tan sólo cuatro días consecutivos de bombardeos, contestados por los cohetes de Hamas que han terminado con la vida de cuatro israelíes.

‘Vamos a destruir tu casa ahora’ Los destrozos materiales son incalculables y sobreviene a la situación de escasez y penuria producida por el embargo. Sin luz, sin agua, sin gas, sin medicinas, sin mantas… Sin nada. El médico palestino recibe en su móvil la llamada del consulado español, que está pendiente en estos días y a diario de los 150 españoles que viven en Gaza.

Se vive un toque de queda voluntario. Nadie se mueve. No hay sirenas que avisen de los inmediatos bombardeos. «En un día normal nadie sale de casa porque los aviones persiguen cada objeto que se mueve. Los aviones están encima de nuestras cabezas. Algunos reciben llamadas de teléfono con mensajes enlatados del tipo ‘vamos a destruir tu casa ahora. Hemos descubierto que usted tiene armas. Tiene media hora para salir’. La propaganda del miedo hace que algunos se vayan, otros se quedan, ¡qué van a hacer!».

Hazim Sarraj, que en estos días ha perdido a más de medio centenar de amigos íntimos y conocidos, afirma que todos «son víctimas inocentes. No han localizado a líderes del Gobierno de Hamas y ningún lanzacohetes». Narra cómo un hombre de 76 años fue tomado por terroristas y derribado mientras recogía verduras para su familia y cómo un niño también moría, alcanzado por una bomba. «No hay sitio para los nichos de los muertos».

Recuerda los dieciséis años de estudiante de medicina en España, «donde he vivido los mejores años de mi vida. Me considero más español que palestino. Me honra ser español», se despide Hazim Sarraj. «Yo le pido a Dios que nadie en el mundo pase lo que nosotros estamos pasando».

http://www.elmundo.es/elmundo/2008/12/31/internacional/1230715657.html