Recomiendo:
0

Racismo y discriminación patrocinados por el Estado contra migrantes africanos continúan en medio del silencio de los medios internacionales

La otra guerra silenciosa de Israel

Fuentes: Al Jazeera

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Un reciente artículo de opinión en el Jerusalem Post sobre «La obsesión de Sudáfrica por Israel» resucita quejas respecto al Tribunal Russell sobre Palestina, que durante su sesión de 2011 en Ciudad del Cabo concluyó que «el régimen de Israel sobre el pueblo palestino, dondequiera resida, equivale colectivamente a un solo régimen integrado de apartheid».

El autor del artículo razona que: «si… partidarios del tribunal estuvieran honestamente preocupados por las vidas de palestinos, ¿por qué no menciona una sola palabra sobre el abuso de palestinos por regímenes árabes como ser Siria, Líbano, Jordania y Kuwait, que los mantiene como apátridas, les niega acceso a la educación superior y no les da derecho a voto?»

Esta crítica ignora convenientemente el hecho de que la falta de ciudadanía de los palestinos es un resultado directo del establecimiento de Israel, cuyo crimen inicial de limpieza étnica ofreció a los regímenes árabes la oportunidad de aplicar semejantes abusos.

Además, ninguno de esos regímenes es presentado por la clase política y los medios estadounidenses como una democracia altamente ética que merece donaciones anuales multimillonarias en dólares.

Resulta que la supuesta «obsesión» de Sudáfrica con Israel va más allá del tratamiento dado a los palestinos. En 2012, se aprobó una resolución «execrando los recientes ataques xenófobos patrocinados por el Estado y la deportación de africanos».

Se podría argumentar que, porque africanos son también tratados como excremento en otros sitios en el globo, Israel está siendo escogido injustamente para ser criticado.

Sin embargo, este debate es generalmente evitado gracias al relativo silencio que rodea la suerte de los africanos en Israel.

Combatiendo el ‘cáncer’

Entre las pequeñísimas filas de la elocuente minoría se encuentra el periodista israelí-canadiense David Sheen, quien informa incansablemente sobre los peligros de la existencia africana en el Estado judío.

Estos varían desde el abuso verbal y físico – incluyendo, por ejemplo, el ataque contra mujeres y niños con botellas, caseteros, y otros proyectiles improvisados y los ataques con bombas incendiarias contra casas y jardines infantiles – al encarcelamiento a largo plazo en condiciones inhumanas, a la repatriación secreta por la fuerza de demandantes de asilo sudaneses en violación de la convención de la ONU sobre el estatus de refugiados.

En un blog en mayo para +972 Magazine, Sheen marcó el primer aniversario del «pogromo antiafricano» en Tel Aviv, cuando «mil israelíes judíos se desbocaron por las calles… destruyendo y saqueando negocios operados por africanos y atacando físicamente a cualquier persona de piel oscura que encontraban».

Los alborotadores fueron alentados por gente como el legislador Miri Regev, quien anunció que los migrantes africanos eran «un cáncer en el cuerpo» de la nación – terminología generalmente reservada para los palestinos.

Como señala Sheen, Regev «se disculpó después de la violencia, no ante los demandantes de asilo africanos, sino ante las víctimas de cáncer israelíes, por haberlos comparado con africanos – y fue nombrado por [el primer ministro Benjamin] Netanyahu para dirigir el Comité del Interior de la Knéset, precisamente el organismo que decide la suerte de esos demandantes de asilo».

La campaña de recaudación de fondos de Sheen para escribir un libro sobre los sufrimientos de los refugiados africanos en Israel ha enfrentado una virulencia generalizada, incluyendo la de Amir Mizroch, editor jefe de Israel Hayom English.

En un correo electrónico compartió su respuesta a la afirmación de Mizroch de que escribir un libro sobre el racismo contra africanos en Israel sin discutir también el racismo contra africanos en países árabes constituye racismo contra israelíes: «Cuando me burlé de su lógica preguntándole si era necesario, para poner los informes en el contexto apropiado, que yo también fuera encerrado en una cárcel subterránea y torturado -lamentablemente la suerte de muchos de esos refugiados africanos antes de su llegada a Israel- Mizroch tuiteó: «Pagaría por ver ESO».

Vale la pena reiterar que el maltrato de africanos en sitios no israelíes ocurre a menudo en los países desde los cuales ellos han huido y a los cuales Israel no tiene ningún escrúpulo al deportarlos ilegalmente. Netanyahu ha prometido librar al país de sus «decenas de miles de infiltradores» de África.

Judaísmo monocromo

El uso del término «infiltradores» para hablar de africanos en general, que son caricaturizados como criminales de carácter animal responsables por muchos de los males de Israel, recuerda de modo inquietante otros períodos históricos relacionados con la busca de chivos expiatorios entre minorías étnicas.

Sheen señala: «Cuando Israel caza y deporta a refugiados africanos, convierte en una burla a los millones de judíos que murieron en la Segunda Guerra Mundial porque nadie les ofrecía un refugio».

La sugerencia del ministro adjunto de Defensa Danny Danon de que la presencia de africanos en Israel constituye el establecimiento de un «Estado enemigo de infiltradores» no tiene en cuenta el hecho de que el premio para el establecimiento de establecer países adversarios en las naciones de otros corresponde al propio Israel.

Aunque el motivo fundamental para restringir el acceso africano a Israel es impedir que la balanza demográfica se incline a favor de no judíos, las circunstancias que enfrentan los inmigrantes judíos etíopes indican que la religión no cubre enteramente el problema. Se sabe que Israel ha inyectado por la fuerza contraceptivos a mujeres etíopes por miedo a que la combinación nacional de colores también sea irreparablemente afectada.

Sin embargo, también existen otras excepciones parciales del objetivo del judaísmo monocromo. Sheen señaló en mayo: «desde que Israel se hizo cargo de la responsabilidad de estudiar las solicitudes de revisión del estatus de refugiado de UNHCR, Israel ha aprobado una sola solicitud de los 60.000 demandantes de asilo africanos no judíos que viven en Israel. Y esa única mujer a la que Israel se ha dignado otorgar el estatus de refugiado – es albina.»

En cuanto al jaleo híper paranoico respecto a la supuesta inherente criminalidad de los africanos, semejantes afirmaciones no cuadran con las estadísticas. Como ha documentado Sheen, la conducta criminal es más prevaleciente entre «israelíes veteranos» que entre demandantes de asilo, pero, mientras los casos en los cuales hay africanos acusados de violar a judías producen llamados a la deportación indiscriminada de refugiados, no se genera una histeria semejante cuando el violador es judío.

La hipocresía se hace aún más aguda por la cultura institucionalizada de violación de Israel, de la cual Sheen suministra unos pocos ejemplos contemporáneos:

«El jefe de policía de Jerusalén fue acusado de crímenes sexuales que involucraban a nueve mujeres policías. Un alcalde israelí acusado de ‘violar repetidamente a una subordinada durante un prolongado período no fue condenado a la cárcel, y en su lugar fue invitado a asistir a un evento organizado por la municipalidad para marcar el ‘Día Internacional de la Mujer’.»

Un nuevo vídeo producido por Sheen y el autor de grandes éxitos de ventas Max Blumenthal muestra secuencias de defensores de derechos africanos que son insultados por otros miembros del público con gritos como «¡Que te violen!»

‘Paisaje de negación’

Solicitado originalmente y luego rechazado por el New York Times, el vídeo también incluye una entrevista con el ex miembro de la Knéset Michael Ben-Ari, quien declara: «Estamos librando una guerra contra el fenómeno de la asimilación».

En vista de semejante franqueza respecto a propósitos políticamente incorrectos, la complicidad de los medios internacional en la censura de la realidad se debe sin duda parcialmente al mantenimiento de la imagen de Israel.

Lo mismo hace, obviamente, la maquinaria de relaciones públicas de Israel que, como señala Sheen es «bien lubricada desde hace décadas de distribuir desinformación sobre los palestinos», y por lo tanto está en condiciones de convertir mágicamente el horrendo trato dado a los africanos en una narrativa de incomparable magnanimidad.

La perpetuación de esta narrativa conlleva el intento de silenciar a personas como Sheen, objeto no solo de intimidación verbal sino también de acoso físico.

Las patrañas sobre las cuales se balancea el Estado de Israel son mientras tanto exploradas en un nuevo documental de la periodista israelí Lia Tarachansky, On the Side of the Road, que cuenta la historia «de los que combatieron por borrar Palestina y crearon un paisaje de negación israelí».

El parlamentario David Rotem aparece en una secuencia sobre la Knéset en la cinta informando a sus detractores: «Queréis convertir este Estado en un Estado para todos sus ciudadanos, y no tendréis éxito. Os detendremos.»

Ya hemos hablado bastante de democracia.

Presentados como amenazas existenciales para el Estado judío, palestinos y africanos han servido de objetivo para la Ley de Prevención de la Infiltración de Israel, hecha para frustrar el retorno de palestinos, y actualizada en 2012 a fin de asegurar el encarcelamiento instantáneo sin proceso de africanos.

Parece, sin embargo, que una nación neurótica que depende de la falsificación de enemigos omnipresentes para justificar el atropello caprichoso de derechos y la deshumanizante subyugación del «Otro» puede ciertamente ser su propio peor enemigo.

Después de todo, como ha advertido el historiador israelí Avi Shlaim: «Una historia que ya no es verosímil no sirve ni para legitimar el Estado ni para inspirar… a sus ciudadanos».

Belén Fernández es autora de The Imperial Messenger: Thomas Friedman at Work, publicado por Verso en 2011. Pertenece al consejo editorial de Jacobin Magazine y sus artículos se han publicado en London Review of Books blog, Salon, The Baffler, Al Akhbar en inglés y muchas otras publicaciones. Twitter: @MariaBelen_Fdez

Fuente : http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2013/11/israel-other-silent-war-2013111310271443898.html