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La «zona caliente» de la democracia cubana

Fuentes: OnCuba

La televisión cubana ha vuelto a tener éxito. Bailando en Cuba fue un concurso bien organizado, que llegó a nosotros como un espectáculo y nos recordó que hay mucha gente talentosa a la que hay que darle trabajo y confianza para crear y decidir. Pero a mí me asustan los concursos, sufro con los que […]

La televisión cubana ha vuelto a tener éxito. Bailando en Cuba fue un concurso bien organizado, que llegó a nosotros como un espectáculo y nos recordó que hay mucha gente talentosa a la que hay que darle trabajo y confianza para crear y decidir.

Pero a mí me asustan los concursos, sufro con los que pierden y rememoro que no he ganado nunca ni en una rifa escolar.

Algo me llamó la atención, sin embargo, más que la belleza de los vestuarios y la dificultad de las coreografías. Cientos de miles de personas votan mediante mensajes de textos vía telefonía celular, para «sacar» a sus parejas preferidas de la llamada zona caliente, especie de lugar peligroso donde ningún concursante quiere estar.

Hace cerca de veinte años que repetimos algo que es evidente en medio mundo: la democracia puede usar las nuevas tecnologías -que ya no son tan nuevas- para agilizar la participación y las consultas populares.

Hace rato que se puede comprar de todo por internet, que se puede mandar por esta vía un cheque bancario, que se ingresa en las páginas de una embajada para realizar trámites migratorios, y así una infinidad de opciones. Hace menos tiempo que los Estados usan internet para propiciar la participación política.

Las redes sociales han demostrado que tienen capacidad de convocatoria, de movilización de personas, de organización de opiniones y por lo tanto son un nuevo camino para la participación.

En Cuba la conexión a internet sigue restringida, se puede decir que está literalmente «por el suelo», porque la mayoría de la gente se conecta sentada en el piso de parques y plazas, en zonas wifi. Pero la cantidad de personas que tiene teléfonos celulares ha crecido mucho en los últimos años, aun cuando sepamos que la mayoría no los usa para conversar sino para estar localizables.

El programa Lucas, de la televisión nacional, fue el primero que nos mostró votaciones masivas para decidir la popularidad de un video musical, luego Bailando en Cuba informó que medio millón de personas votan por salvar a una pareja de la zona caliente.

Y yo me pregunto, ¿por qué no podemos consultar al pueblo, también, sobre asuntos de otro tipo, para que votemos todos, incluidos los que no tenemos teléfonos móviles, sobre temas sociales, económicos, políticos, institucionales, ambientales, etcétera?

Durante años escuchamos que la democracia directa es imposible de organizar en sociedades modernas, con poblaciones infladas, ciudades enormes, pero lo que demuestra la historia de las últimas décadas es que la gente sí quiere participar, no solo en carnavales, sino también en política.

Internet, las redes sociales y la telefonía móvil pueden ayudar a que la consulta al pueblo no sea tan extraordinaria como lo ha sido hasta hoy. Por estas vías el pueblo puede opinar sobre proyectos de leyes en discusión, puede dar soluciones distintas a las que se les ocurren a los funcionarios, ofuscados en la rutina de la burocracia y debilitados por los protocolos del poder.

Ha sido la televisión quien ha puesto delante de nosotros el hecho de que la gente vota cuando algo le interesa, que el pueblo participa cuando sabemos que no nos consultan por quedar bien sino para decidir mejor.

La democracia cubana también tiene su zona caliente. Es urgente que votemos por salvar del peligro a la imaginación, la valentía política, la honestidad, el altruismo, la laboriosidad, la confianza en las nuevas generaciones, el respeto al conocimiento, el amor a la patria, el apego a la legalidad, la pureza de la República.

En la zona caliente hay que dejar, en cambio, al dogmatismo, el extremismo, el culto a la personalidad, el oportunismo, la doble moral, la corrupción, y el miedo a la democracia.

El pueblo de Cuba ha alimentado, por miles, a universidades, escuelas, institutos. Ha estudiado, aprendido idiomas, leído libros de todas partes, admirado películas de todos los estilos y latitudes. Hemos respetado el sacrificio de los que murieron y de los que todo lo arriesgaron. Ahora deben confiar en que nuestro voto será responsable, no solo para escoger a una pareja de baile carismática, sino para proponer algunas avenidas por donde quisiéramos que avanzara el destino de la nación.

Fuente: http://oncubamagazine.com/columnas/la-zona-caliente-de-la-democracia-cubana/