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Lagarder Danciu, activista social se cuela en campaña electoral

Fuentes: Rebelión

Lagarder Danciu, un gitano rumano, ha irrumpido en la campaña electoral denunciado a la mafia del PP y en defensa de los excluidos sociales y los sin techo. Incluso se atreve con Podemos, advirtiéndole que no se convierta en otro partido político pacato. Lo que denuncia Lagarder es la exclusión social y la actuación de […]


Lagarder Danciu, un gitano rumano, ha irrumpido en la campaña electoral denunciado a la mafia del PP y en defensa de los excluidos sociales y los sin techo. Incluso se atreve con Podemos, advirtiéndole que no se convierta en otro partido político pacato.

Lo que denuncia Lagarder es la exclusión social y la actuación de las administraciones públicas en relación a ella. Lo que Lagarder parece estar diciendo a todo el mundo es que con la miseria se están forrando muchas empresas, ongs y congregaciones religiosas. Es una crítica de fondo al llamado tercer sector (un sector supuestamente no lucrativo que trabaja en el ámbito de lo social). Una crítica de gran calado que viene a subrayar la dejación del Estado y los poderes públicos en relación a la exclusión social y la pobreza y que cuestiona el uso del dinero público por entidades, que por mucho que se disfracen de entidades no lucrativas, acaban siendo un negocio. También Lagarder denuncia otra cosa: la manipulación de los militantes y activistas de los movimientos sociales por la política. En efecto, la subordinación de las reivindicaciones sociales a la acción institucional de unos políticos significa, a la postre, el abandono de la lucha y de la crítica; además, todo ello suele ir acompañado con una absorción de muchos activistas y militantes por las estructuras de representación y de las administraciones que acaban por engullirlos en su maquinaria burocrática y, sobre todo, acaba por cambiar los objetivos de los movimientos sociales. Lo estamos viendo con Podemos: de reivindicar una renta ciudadana universal a decir que es imposible. De reivindicar una ruptura con el régimen del 78 a «vamos a ver qué pasa». Las necesidades sociales se posponen en aras del realismo y la correlación de fuerzas.

La rebeldía indómita de Legarder Danciu es más que saludable. Pero atendamos que está pasando: la exclusión social se está poniendo en manos de ongs, y congregaciones religiosas, al igual que la ayuda a refugiados. En vez de crear servicios públicos directamente por los ayuntamientos, las administraciones autonómicas o la administración general del Estado, lo que se vienen haciendo es inundar de dinero público a ongs y entidades no lucrativas o a las empresas privadas para desarrollar este tipo de asistencia social. En vez de gestionar las administraciones directamente estas tareas, se arriendan. Un paso para atrás.

Ahora estamos viendo como las organizaciones religiosas católicas están en plena campaña de ayuda a los refugiados. ¡Las administraciones públicas europeas no tiene nada que hacer en esas cumbres organizadas por el Papa de Roma! Si el Vaticano quiere ayudar a los refugiados que lo haga pero que no involucre a los poderes públicos en sus letanías. ¡Que no nos hable el Vaticano de ayuda a refugiados! ¿O acaso se nos ha olvidado que fue el Vaticano quien organizó la huida, por medio mundo, de miles de criminales nazis a cambio de oro? ¡Basta de hipocresía! ¡O ya nadie se acuerda del papel del Vaticano en la guerra de la ex Yugoslavia y su papel belicista, junto con Alemania, en el origen del conflicto! Si el Vaticano quiere ayudar a los refugiados ¡¡que lo haga con su dinero!! Los ayuntamientos europeos no deben de contribuir a estas campañas publicitarias de autobombo que suele hacer el Vaticano. Ahora el Papa Francisco ha ido a Lesbos y con miles de cámaras de fotos tras él se ha traído 13 niños que van a vivir en ese extraño Estado que es el Vaticano ¡¡¡Gran contribución!!! El Papa Francisco tiene una dimensión publicitaria que va a dejar atrás incluso aquel Papa polaco.

Tomemos los bancos de alimentos: un negocio vergonzoso que, paradójicamente, tiene muy buena fama. Negocio controlado por el opus dei y que beneficia económicamente a las grandes superficies, mediante la liquidación de excedentes y las bonificaciones fiscales. No solamente estas entidades no lucrativas se utilizan para evadir obligaciones fiscales, además, muchas de ellas se nutren, en parte, de fondos públicos.

Los ayuntamientos del cambio deberían ser valientes y remunicipalizar todos estos servicios arredados y manejados por este tipo de entidades. No hay excusa posible. ¿Por qué los ayuntamientos, las comunidades autónomas tienen que dar dinero a empresas tipo CLECE, ASISPA etc.? ¿Porque las administraciones no asumen directamente estas funciones? ¿No funcionan bien los hospitales públicos? Por qué, entonces, no va a funcionar bien una centro tutelar de menores, un piso para mujeres maltratadas etc. gestionado directamente por las administraciones públicas. Por cierto, también la denominada cooperación al desarrollo y el dinero que se da a las ongs y empresas diversas debería revisarse. ¿O acaso no sabemos lo que ocurrió con el director general de la cooperación en Valencia?

Las ongs tiene su origen en los años setenta cuando el Banco Mundial, en tiempos de Macnamara, estableció una estrategia de sustituir las subversión y la rebeldía, en los países en desarrollo, por las Ongs y la cooperación al desarrollo. Repartir dinero público a ongs para encuadrar en ellas a los militantes revolucionarios de la época este fue también su objetivo; se pretendía neutralizar las aspiraciones sociales por microcréditos y ongs.

La filantropía burguesa decimonónica era más honrada: ¡por lo menos no se hacía con fondos públicos! Lagarder Danciu tiene todo la razón cuando denuncia sin tapujo a organizaciones católicas como el Secretariado Gitano, una entidad privada, como hay miles, que derrochan dinero público sin pudor. La asunción por las administraciones públicas de los servicios sociales de forma directa generaría, además, empleo público de calidad y no como el empleo que generan empresas que mantienen en sobrexplotación a miles de trabajadores y trabajadoras mientras sus ejecutivos viven a cuerpo de rey. Si las entidades privadas quieren organizar servicios para paliar la exclusión social que lo hagan pero con su dinero y no lo hagan par a evadir obligaciones fiscales. Lagarder parece reivindicar, para luchar contra la exclusión social, buenos servicios públicos, trabajo y renta universal. Nosotros reivindicamos lo mismo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.