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Las formas prácticas de hacer política

Fuentes: Cubarte

La Cuba de los años 50 mostró, en forma descarnada, la autodestrucción del pluripartidismo al no poder éste articular una respuesta seria al golpe de estado de Batista y a la quiebra del orden constitucional. El régimen jurídico y político fue impotente para conocer que Batista planeaba un golpe de estado, evitarlo, y mucho menos […]

La Cuba de los años 50 mostró, en forma descarnada, la autodestrucción del pluripartidismo al no poder éste articular una respuesta seria al golpe de estado de Batista y a la quiebra del orden constitucional. El régimen jurídico y político fue impotente para conocer que Batista planeaba un golpe de estado, evitarlo, y mucho menos enfrentarlo. Esto explica algunas de las características del proceso revolucionario cubano nacido del combate al golpe de estado y de la defensa del orden constitucional.

La supervivencia de la Revolución en medio de las agresiones y de la hostilidad permanente de la principal potencia imperialista a 90 millas de nuestras costas seria inconcebible sin el amplio y poderoso movimiento de masas que ella generó.

La realización de la campaña de Alfabetización en solo un año, la gigantesca batalla educacional y cultural en general emprendida desde entonces hasta la creación más reciente de universidades en todos los municipios del país, las campañas masivas de vacunación, el enfrentamiento a los huracanes con cientos de miles de evacuados para proteger las vidas de nuestros ciudadanos y la discusión de los proyectos de ley con toda la población, por citar solo unos ejemplos, no podrían llevarse a cabo sin esa participación activa y consciente de las organizaciones de masas y sociales creadas por la Revolución. Esto desde luego implica la existencia de un gobierno y un estado identificados con los intereses de toda la población cubana y la aplicación de una política consecuente.

Para toda la labor educativa, política y cultural en general. la experiencia adquirida en la Revolución cubana, la de Fidel, nos conduce a insistir en la necesidad de articular, desde la base hasta la cúspide, el control sistemático de ese trabajo apoyándonos en cuatro esferas esenciales y que inciden decisivamente en el éxito del esfuerzo:

– La familia

– La escuela

– La comunidad

– Los medios masivos en general

Tengo algunas ideas al respecto que puedo modestamente sugerir, y que se derivan de las experiencias adquiridas a lo largo del proceso revolucionario cubano. Sin embargo, la solución concreta de cómo hacer funcionar democrática y eficientemente esta relación interesando el movimiento social, solo vendrá a escala de cada país a partir de la situación específica que tengan delante.

Sobre estos fundamentos podremos encontrar los caminos que conduzcan a nuevas fórmulas para relacionar el movimiento intelectual y el social con el papel del Estado.

Como he planteado en otras ocasiones el fruto más útil y original de la historia de las ideas cubanas es sin duda lo que hemos llamado cultura de hacer política. No me estoy refiriendo sólo a cultura política, que, desde luego, constituye la fuente de la cual se nutrió este patrimonio cultural sino a las maneras prácticas de su materialización y de vencer los obstáculos que se levantan ante todo proyecto revolucionario.

Precisamente, el aporte singular de José Martí a la historia de las ideas políticas universales se fundamentó en iluminar y esclarecer con su inmensa cultura y erudición las formas prácticas de hacer política a favor de los intereses de las grandes mayorías y de la nación en su conjunto. Sobre la base de la tradición de estas enseñanzas martianas, Fidel Castro, en la segunda mitad del siglo XX forjó la unidad de nuestro pueblo para hacer la Revolución, mantenerla, desarrollarla y vencer los inmensos obstáculos que le oponían el imperialismo y las condiciones internacionales. No es fácil encontrar en la historia de los países occidentales a políticos de la estatura de Fidel Castro y de su maestro, el héroe de Dos Ríos.

Este legado constituye la cultura de hacer política concebida ésta como una categoría de la práctica y que consiste en superar la vieja y reaccionaria divisa de divide y vencerás y establecer la idea revolucionaria de unir para vencer; esto solo es posible sobre el fundamento ético que incorpore al empeño liberador a la inmensa mayoría de las personas. Si se defienden intereses privados o particulares no es posible lograr el apoyo ampliamente mayoritario. En cambio, si se exaltan aquellos objetivos que se vinculan a las aspiraciones y los intereses de los más amplios sectores y se procura el apoyo de la población sin divisionismos, se puede lograr la mayor unidad posible para vencer. He ahí un aspecto clave cuyo estudio resulta esencial para el análisis del tema que estamos considerando.

Estamos en una coyuntura internacional cargada de peligros y también de enormes posibilidades para la lucha de los pueblos a favor de ese mundo mejor al que aspiran millones de seres humanos en todo el planeta.

Es necesario, como nunca antes, investigar, estudiar y promover la cultura de José Martí en función del principio Patria es Humanidad a fin de extraer conclusiones filosóficas en general con respecto a los acontecimientos y procesos más concretos de la actualidad nacional e internacional que resulten de interés político y educativo para hoy y para mañana, tales como los siguientes:

– Antecedentes, orígenes, evolución y nacimiento de la nación cubana y su alcance y proyección latinoamericana, caribeña, hemisférica y universal.

– El carácter de las relaciones fraternales y solidarias de nuestro pueblo con los movimientos sociales, políticos y filosóficos de otras regiones.

– Las contradicciones que debió enfrentar y las más notables experiencias extraídas de las mismas.

– El valor de la cultura, la ética y la política solidaria que sirvió de base a la identidad nacional cubana.

Abundan en nuestra América las personalidades históricas de las que hay que escoger los mejores textos que sirvan de fundamento a estos trabajos. En primer lugar, desde luego, José Martí, Simón Bolívar y los más grandes próceres y pensadores que aportan el imprescindible sustento teórico a las formas prácticas de hacer política.