Recomiendo:
1

Lenin en Cuba: altanería, analfabetismo, soborno

Fuentes: Rebelión [Imagen: cortesía de Luis Marcelo Yera]

Este 22 de abril se conmemoró el natalicio 154 de Lenin, acompañado como es de esperar por un artículo en Granma, órgano del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Curiosamente, en esta ocasión Internet no informó de otro que se haya publicado bajo dominio .cu. Por lo menos no este 22, y exceptuando a emisoras de radio y televisión.

Por su parte, el presidente Díaz-Canel citó a Fidel en X: «El homenaje a #Lenin se le puede brindar con el sentimiento. Pero cuando se estudia su obra y su vida, cuando se estudia su pensamiento y su doctrina, los pueblos adquieren lo que pudiera llamarse un verdadero tesoro desde el punto de vista político». (22/4/70).

También recordaron a Lenin los altos dirigentes partidistas o estatales Roberto Morales Ojeda, Manuel Marrero Cruz e Inés María Chapman.

Sin embargo, no parece que muchos más; al menos en esa red que en algún momento de un Último Jueves de la revista Temas se mencionó como la de «los jefes», mientras que Facebook es «la del pueblo».

Mirando aquí, acullá, apareció esta cita de Lenin, a entender de este periodista más que actual para Cuba: «…hoy se alzan ante el hombre, independientemente de las funciones que ejerza y de las tareas que tenga planteadas como instructor político, tres enemigos principales, y son los siguientes: la altanería comunista, segundo, el analfabetismo, y tercero, el soborno» (Lenin, V.I., 1977a, p.190-191).

Por lo primero -altanería – parece «campear por sus respetos» en Cuba el ejercicio de una prepotencia burocrática de «puñetazos sobre la mesa», que en términos digamos elegantes un destacado politólogo nombra «voluntarismo»; algo así como realizar un tacto rectal con el dedo envuelto en alambre de púas.

Por cierto, no es inusual que a la digitación a lo Torquemada se una la «creatividad lingüística» en el empleo de neologismos de manigua, como «aperturar» por abrir o inaugurar, o «abcesar» por acceder, lo cual es también una forma de analfabetismo.

Sí: analfabetismo, que aunque no lo parezca tiene mil caras; aún en esta tierra de un graduado universitario por más o menos diez habitantes y más de siete millones de usuarios de Internet, alrededor de 68% de la población.

Aquí, en «el hervorio caribeño de las ninfas», ese analfabetismo puede equivaler también a la ignorancia olímpica de tales o cuales ante, por ejemplo, el criterio de los mejores economistas de Cuba respecto a la evolución del mercado cambiario informal y el desprecio de leyes económicas -algunas aportes de Lenin -, las cuales son sustituidas por la alegre difusión de teorías conspiranoides, tales como que una tasa de cambio puede ser determinada desde una computadora. Y ojo, que semejante disparate ha sido dicho desde «bien arriba» y además en medios de difusión masiva.

Analfabetismo , al decir de Lenin y en una de sus mil caras, pueden ser también declaraciones de estreno del secretario provincial del Partido Comunista de Cuba, quien afirmó que «La Habana no puede ser una carga para el resto del país».

Fuente: Canal Caribe

Tal parece que la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba (ONEI) no brinda suficientes datos acerca de lo que más bien es lo contrario, dicho sea con todo respeto.

Jorge Rodríguez Hernández, experto periodista especializado en Economía, apuntó en reciente artículo que en La Habana se halla el 42% de las empresas estratégicas del país; la ciudad es el segundo destino turístico criollo; concentra el 57% de las entidades de Ciencia, Tecnología e Innovación y es la líder nacional en micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), así como en Proyectos de Desarrollo Local; estos entes, pese a mil obstáculos y hasta hostilidades públicas a ambos lados del Estrecho de La Florida, están evadiendo el criminal efecto de las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos contra Cuba, vulgo bloqueo; bien dijo el líder del emprendimiento Dofleini Software, diputado Carlos Miguel Pérez Reyes, que sin las mipymes la situación económica cubana sería peor de lo que ya es.

Datos a la mano: el Producto Interno Bruto (PIB) va por un decenio más o menos estancado, a precios reales; el Índice de Desarrollo Humano ha caído alrededor de 30 lugares en la escala mundial y la desigualdad social, aunque no se dispone de datos fiables, se estima por el destacado economista José Luis Rodríguez en un Índice de Gini superior a 45%; lo cual, para la Cuba de justicia que se pretende, es un escándalo.

¿Cuánto representa La Habana en términos de aporte al Producto Interno Bruto criollo?

Consúltese a la ONEI, que no obstante sus insuficiencias está ofreciendo más información que nunca; por demás bien asequible mediante Internet, y citada a más y mejor por los tirios y troyanos del contrapunto político cubano.

Finalmente, soborno. O más exactamente, corrupción: pero además, ¿existe ya cleptocracia?; no es lo mismo: la primera se define como «el mal uso por parte de un funcionario de su autoridad y los derechos que se le confían, así como la autoridad relacionada con este estado oficial, oportunidades, conexiones para beneficio personal, contrario a la ley y los principios morales».

La corrupción es pago a funcionarios mediante dinero, favores, tráfico de influencias: hasta el disfrute de carnes de beldad o de un príapico Farraluque a lo Lezama Lima .

El cohecho, por tanto, implica un acto corruptor que por lo general va de quien desea obtener a quien puede otorgar.

Cleptocracia es la escala superior de la corrupción y va en sentido inverso; es por esencia extorsión; el cleptócrata emplea su poder para imponer al común que sólo mediante pago, de la forma que sea, podrá acceder a un derecho, por muy reconocido que el mismo esté. Basta que «quien puede» demore un trámite plenamente legal durante meses, intencionalmente, escudado en subterfugios, y ya se crean condiciones para que un agotado ciudadano ceda al chantaje.

Desde la cotidiana vivencia criolla, hasta los informes de Transparencia Internacional, la percepción de corrupción aumenta entre los cubanos; es un hecho terco, recientemente confirmado por la destitución y procesamiento del ya exvicepremier y exministro de Economía y Planificación Alejandro Gil Fernández, justo por corrupción.

Mas ¿sólo percepción? Cifras de los delitos cometidos de ese tipo no se publican desde ¡1975! – ni de otros -; este periodista pudo conocer algo en una edición restringida del Anuario Estadístico de Cuba de ese año, a la que accedió en 1994 por «casualidades de tálamo».

¿Así es posible que la sociedad tenga una visión objetiva de un problema con potencial para ser una amenaza de seguridad nacional? ¿Cómo anda el rol de la prensa como veladora de esa seguridad y del fuero lícito del común?

Altanería, analfabetismo, soborno, corrupción, ¿cleptocracia? Lenin alerta…

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.