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Los dos mitos (erróneos y persistentes) de la izquierda española que simpatiza con el independentismo catalán

Fuentes: Rebelión

Creo que el nacionalismo no es hoy una posición defendible en Europa. Nuestro continente ha tenido ya demasiadas experiencias negativas en nombre del nacionalismo. Pasqual Maragall (1998)   Convergència ha cogido la bandera del independentismo porque fracasó estrepitosamente en sus políticas de recortes sociales de 2010 a 2012. Y la única manera de escabullirse de […]

Creo que el nacionalismo no es hoy una posición defendible en Europa. Nuestro continente ha tenido ya demasiadas experiencias negativas en nombre del nacionalismo.

Pasqual Maragall (1998)

 

Convergència ha cogido la bandera del independentismo porque fracasó estrepitosamente en sus políticas de recortes sociales de 2010 a 2012. Y la única manera de escabullirse de un fracaso anunciado fue coger la bandera independentista como una fuga hacia delante.

Andreu Mayayo (2014)

 

Daría cualquier cosa por saber con certeza en nombre de quién se han cometido los actos que, según afirman públicamente, han sido hechos en nombre de la patria.

Georg Christoph Lichtenberg [1]

 

Con izquierda española, no hay ningún sentido peyorativo en la expresión por supuesto, me refiero en este caso a las personas, colectivos, partidos o cualquier otro tipo de asociación de izquierda que intervienen en el conjunto de nuestro país de países o en una de sus partes (a excepción de Cataluña en este caso) desde posiciones contrarias al neoliberalismo y/o al capitalismo.

«Falsos mitos sobre el proceso catalán» es el título de un artículo de Albert Noguera Fernández [ANF] publicado recientemente en Rebelión [2]. El autor pretende criticar dos supuestos y, en mi opinión, presupone o cree en dos mitos de mayor alcance y peligrosidad. Salvo error por mi parte, estos dos presupuestos u opiniones están extendidos e incluso arraigados en un sector no marginal de la izquierda española (incluyendo, en ocasiones, a la izquierda catalana).

El primer mito es que el proceso secesionista catalán es insolidario con las clases populares del Estado… ¿Clases populares del Estado? ¿Las trabajadoras sanitarias han tomado ya algún ministerio? No, no, nada de eso. ANF quiere hablar de España, pero España, como es sabido, es palabra prohibida-prohibidísima para determinados colectivos de izquierdas. No, en cambio, Cataluña, Euskadi, País Valencia, Andalucía, Aragón…

En opinión de ANF, es posible hacer una interpretación inversa a ese primer mito. La siguiente: «La democratización del Estado se encuentra hoy atrapada en un círculo vicioso. Por un lado, la manera de despertar la conciencia de la gente y su movilización para poder lograr una ruptura con el Régimen del 78 pasa necesariamente por una explosión de participación. El 15M fue ejemplo claro de ello». La explosión participativa en las plazas, afirma, despertó la conciencia de muchos ciudadanos y ciudadanas hasta entonces pasivos. Por otro lado, prosigue, «la manera de que se produzca una mayor participación requiere un incremento de la conciencia política y una reducción de la desigualdad social. La igualdad sustantiva facilita la participación efectiva de todos en los asuntos públicos». En consecuencia, parece concluir, «el círculo vicioso que dificulta avanzar en la ruptura democrática del Régimen del 78 es evidente: no podemos lograr más participación sin un cambio previo de la conciencia y la desigualdad, pero a la vez, no podemos reducir la desigualdad y aumentar la conciencia si antes no aumenta la participación».

El lenguaje, en mi opinión, es bastante enrevesado, el círculo construido es todo menos evidente, no hay apenas novedad en la situación descrita respecto a otras circunstancias conocidas por todos, la conclusión es todo menos una inferencia necesaria, el presupuesto del requerimiento de la reducción de la desigualdad social para intervenir en los asuntos públicos tiene miles de contraejemplos, etc, etc. Sea como sea podemos dar por buenas las anteriores consideraciones. Supongamos y admitamos que la cosa es así… sin serlo.

¿Cómo salimos entonces del círculo para poder transformar? La tesis de ANF: «En los 70, C.B. Macpherson, marxista canadiense hoy difunto, escribió que no podemos plantearnos el cambio total de uno de estos dos elementos para luego llegar al otro. Los cambios en el factor de la participación y en el factor de la conciencia y desigualdad, que parecen requisito previo el uno del otro, sólo pueden llegar recíprocamente y fase por fase, de manera que un pequeño cambio parcial en el uno lleva algo de cambio del otro, para luego repercutir de nuevo en el primero, y así sucesivamente». En consecuencia, es Macpherson quien habla de nuevo, «no hay que esperar a que uno de los cambios sea completo para iniciarse el otro. Lo que hay que hacer es buscar fallos en cualquier punto del círculo, buscar cambios parciales ya visibles o en perspectiva y potenciarlos para que actúen con efectos acumulativos y abran el camino de la ruptura».

Tampoco aquí hay mucha novedad. Como ANF señala, toma pie en reflexiones de los años setenta. Busquemos, luchemos por cambios parciales que nos permitan avanzar en el camino de la ruptura. Una especie de reformismo revolucionario. Cambiando A, B, C, D,… transformaremos el conjunto del alfabeto. Vale, sea así.

Pues bien, prosigue ANF, y éste el punto clave, aquí concreta su posición: «Parece indiscutible que una ruptura constituyente en Catalunya abriría una grieta de inestabilidad importante en el régimen, desmoronándose algunos de los principios fundamentales sobre los que levanta la Constitución del 78, dando lugar a la adquisición de conciencia para muchos de que ‘sí se puede’, abriendo nuevos focos de inestabilidad y participación en otros pueblos como Euskal Herria o reactivando la demanda constituyente en el Estado». Para ANF, «una posible ruptura constituyente catalana no puede más que observarse desde la izquierda estatal como una oportunidad para abortar la actual estrategia de los partidos del sistema de cerrar el proceso democratizador abierto en 2011 mediante una reforma constitucional cosmética y poder romper el círculo vicioso que impide derrocar el Régimen del 78″.

El mito que ANF abona -una falsa creencia que riega a un tiempo su reflexión- es este: «Una posible ruptura constituyente catalana no puede más que observarse desde la izquierda estatal como una oportunidad para abortar la actual estrategia de los partidos del sistema de cerrar el proceso democratizador abierto en 2011″. Y no, nada de eso, lo contrario es mucho más probable y verdadero. La grieta que podría abrirse en el Régimen del 78 podría ser, como es evidente, para peor, para mayor centralismo, para mayor españolismo con real arraigo en mayor número de ciudadanos, para consolidar aún más el bipartidismo actual. Por lo demás, es evidente que el nuevo régimen instaurado en Cataluña, sean cuales sean los cuentos que se siguen contando, podría ser muchísimo peor, desde el punto de vista de los valores de izquierda, que la actual situación, de forma tal que la izquierda catalana transformadora e internacionalista, vinculada con mil lazos con la izquierda del resto de España, se ubicara durante varias décadas en el reino de lo políticamente inexistente y el nacionalismo, en tres o cuatro versiones no todas ellas afables, se hiciera amo, con mando indiscutible en plaza, del panorama político catalán durante tres o cuatro generaciones calculando a la baja. Sin referirme a Euskadi, no entro en ello, en lugar de la reactivación de la demanda constituyente en el Estado, es decir, en el resto de España supongo que quiere decir ANF, podría darse perfectamente todo lo contrario. Un bloqueo de hierro de aquí a 2157 aproximadamente y con apoyos por confusión entre las clases trabajadores, entre los de abajo que diría Francisco Fernández Buey..

En síntesis: a lo loco, a lo loco no suele vivirse mejor. Y el pueblo unido, así pensábamos hasta hace poco, jamás será vencido o, cuanto menos, podrá resistir y avanzar más. Los pueblos desunidos acaban siendo ámbitos de intervención exitosa de sus clases hegemónicas y dominantes. Añado por otra parte que nada de lo argüido por ANF prueba el carácter no insolidario del secesionismo catalán. De hecho, como seguramente él sabe muy bien, algunos de los argumentos más exitosos y más extendidos recuerdan las proclamas de la xenófoba Liga del Norte italiana: los catalanes lo hacemos mejor, los catalanes somos más productivos, solos nos lo montamos de fábula, los subsidiarios del Sur nos han explotado demasiado. Nada que tenga que ver con la fraternidad de los pueblos

El segundo mito, en opinión de ANF, «es que el proceso catalán es un proceso liderado por Mas, del que el resto de fuerzas políticas hacen seguidismo. Un análisis de los acontecimientos nos permite ver que CiU no es la vanguardia del proceso sino su freno». ¿Freno, la actual CDC, no hablo de UDC, es freno actualmente del independentismo? Cada vez, prosigue ANF, «que se ha podido producir un ‘suceso-clave’ para la ruptura, como fue el 9N, CiU lo ha frenado o desnaturalizado». Más aún: «La burguesía catalana se encuentra atrapada en una contradicción. Aunque la transformación del sector industrial a favor del financiero-inmobiliario supuso un declive de su importancia y posición en el marco de las élites estatales y en la apropiación de la plusvalía estatal y la salida independentista representa para ella un nuevo modo de inserción en el capitalismo mundial, su naturaleza conservadora les impide llevar a cabo la ruptura, única vía posible para la independencia». Ello les lleva, sostiene ANF, «a una retórica independentista y una práctica timorata». Por lo tanto ,concluye, «si algún día la ruptura constituyente se produce en Catalunya, será porqué la sociedad civil y los partidos a la izquierda del PSOE habrán desbordado a CiU y asumido el liderazgo del proceso».

Tal vez pueda ser así, habrá que verlo aunque no hay indicios que apunten en esa dirección, pero es evidente que ANF piensa con coordenadas superadas, de otros años, de otro tiempo. La burguesía catalana es heterogénea, como todas las burguesías, y toca varias teclas a un tiempo. Un sector de ella es favorable al independentismo. Y ahí está la transformación independentista de amplios sectores de CDC que llegarán hasta donde llegarán pero, por el momento, han dividido por dos a la sociedad catalana y están levantando barreras entre ésta y el resto de pueblos españoles.

Por lo demás: ¿qué sentido tendría que CDC, que el hijo político del estafador y manipulador Jordi Pujol, usaran una falsa retórica independentista, realizaran una práctica timorata, fueran freno del secesionismo, y que el máximo representante de la izquierda comunista independentista de los Países Catalanes se abrazara repetidamente con Mas? ¿Qué sentido tendría ese abrazo, esos abrazos, la manifestación pública reiterada de un fuerte acuerdo, si CDC, si Mas fueran un freno para la independencia de Cataluña? ¿El mundo al revés? ¿También los dirigentes de la CUP estarían cuidando las apariencias?

El grueso -no todo él- del movimiento independentistas, las reflexiones y valores anexos que se repiten una vez y otra vez, tienen más que ver, como decía, con el argumentario de la Liga del Norte -nosotros somos productivos y los del Sur son unos vagos que viven a nuestra costa- que con cualquier proceso real de liberación popular. ¿Qué persona de izquierda no se siente al lado, no está mucho más cerca de las luchas de Gamonal o de las Mareas madrileñas que de las concentraciones nacionalistas organizadas por la Assemblea Nacional de Catalunya? ¿Desde cuándo la izquierda no ha sido federalista? ¿Desde cuando las gentes de izquierdas de aquí no se han sentido hermanadas con gentes de allí? ¿Desde cuándo la izquierda ha usado un lenguaje etnicista? ¿Desde cuándo la izquierda se ha reído de los niños gallegos o andaluces por hablar mal, por no entendérseles, al decir del amigo de Boi Ruiz, al hablar en castellano?

Por supuesto, y como todos, puedo estar equivocado en todo… Pero tal vez no del todo y quizás algo de lo afirmado tiene una intersección no vacía con la verdad o cuanto menos con la prudencia. Si se quieren ver los valores, el paradigma, la cosmovisión, la concepción del mundo, como se quiera decir, que abonan y dan vida al movimiento independentista catalán basta venir el próximo 11 de septiembre a Barcelona. Miren atentos. Si observan alguna vindicación, alguna consigna que tenga que ver con los valores y el ideario de la izquierda en sentido amplio tomen nota y no dejen de decírmelo. Me abrirán un mundo desconocido. Me temo que no será el caso. Basta con que cuenten el número de referencias al 11 S chileno y las veces que en la campaña electoral se recordará que un 27S, la fecha de las votaciones, hace 40 años, el Régimen fascista asesinó a cinco luchadores antifranquistas. Uno de ellos, Txiki, muy cerca de Barcelona.

Notas:

[1] Las tres citas están tomadas de Martín Alonso, El catalanismo del éxito al éxtasis. I La génesis de un problema social, El Viejo Topo, Barcelona, 2014.

[2] http://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/27561-falsos-mitos-sobre-proceso-catalan.html

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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