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La rendición frente al derecho a existir

Los palestinos deben pagar un precio por su elección

Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión y Tlaxcala por Germán Leyens

«The Palestinians Must Pay a Price for Their Choice»

Enfatizando que fue educado en la profunda convicción de que el pueblo judío jamás tendría que renunciar a parte alguna de la «tierra de nuestros antepasados,» Ehud Olmert dijo el 24 de mayo en su discurso ante una sesión conjunta del Congreso [de USA]: «Creía, y hasta hoy sigo creyendo, en el derecho eterno e histórico de nuestro pueblo a todo este país.» Concedió a continuación que sólo los sueños no podrían llevar de por sí a la paz y no preservarán a Israel como un «Estado judío democrático seguro.» Pero lo que se destaca en esta declaración poco remarcada de apego judío al país es su afirmación de un supremo derecho judío a toda Palestina, no importa quién más pueda vivir allí. En el contexto de alguna esperanza de un acuerdo justo y equitativo entre Israel y los palestinos, se trata de un destructor de acuerdos por excelencia.

A la luz del punto de vista oficial israelí de que el pueblo judío tiene «un derecho eterno e histórico a todo este país,» uno se queda atónito ante la hipocresía de la exigencia – enunciada universalmente por Israel, USA, la UE, y casi el resto de la comunidad internacional – de que los palestinos deben reconocer el «derecho a existir» de Israel incluso antes de que alguien hable con ellos, antes de que puedan ser admitidos a la compañía civilizada del mundo. ¿Significa esta exigencia de que los palestinos reconozcan el derecho de Israel a existir, que deben reconocer el «derecho [de Israel] a todo el país», como lo define Olmert? Y si es así, ¿cómo pueden sentirse seguros los palestinos, incluso si Israel les otorgara magnánimamente un «Estado» o un «Bantustán» en una parte de ese «país entero», de que Israel no lo recuperará en alguna fecha futura, ya que los judíos tienen «un derecho eterno e histórico»? ¿Por qué va a creer alguien que alguna concesión de tierras de Israel sea permanente?

La reafirmación por Olmert de este «derecho» judío que abarca todo no es ciertamente una característica nueva del dogma israelí y sionista. La noción ha subyacido al sionismo desde sus inicios, oculta a veces tras un barniz izquierdista de ajuste a la realidad de la presencia palestina en esa sagrada tierra judía, pero nunca ha estado muy lejos bajo la superficie. La creencia sionista en la supremacía nunca ha sido verdaderamente ocultada. Encontré esta realidad en su forma vulgar hace unos pocos años. Poco después del comienzo de la Intifada palestina en 2000, un conocido – no un amigo, sino un irritante fanático que siempre argumenta abiertamente por el caso de Israel sobre la base de que los intereses judíos son superiores a los de los palestinos – me escribió un correo electrónico en el que concluía que, porque «simplemente no hay suficiente espacio en Palestino para judíos y palestinos,» los palestinos debían «volver a Jordania, de donde provienen» y dejar Palestina a los judíos, que son los dueños y que necesitan terriblemente una patria. (La noción errónea de que los palestinos llegaron de Jordania es una estratagema para aliviar la conciencia de la imaginación sionista, diseñada para «probar» que los palestinos no provienen originalmente de Palestina, son simplemente intrusos en un país judío, y por lo tanto no sufrirán daños ni molestias al «retornar» al sitio del que provinieron). Le dije que se equivocaba en cuanto a los hechos y que era totalmente inmoral – lo que estoy segura que no hizo mella en su conciencia, pero sirvió, gracias a Dios, a terminar nuestra correspondencia.

El argumento específico presentado por ese individuo en particular expresa más racismo elemental que el que la mayoría de los partidarios de Israel admitirán que sienten, pero su posición refleja realmente los puntos de vista oficiales del gobierno israelí y del gobierno de USA que lo apoya. En última instancia, su posición, que es desde luego idéntica a la de Olmert, captura la esencia del sionismo y define lo que ha formado la base de la política de USA hacia Israel y el sionismo desde mucho antes de que se estableciera el Estado de Israel hace 58 años: es decir, que los intereses de Israel como Estado judío y los «derechos» de Israel siempre tendrán prioridad, no importa cuáles sean los intereses y los derechos de los palestinos, y que se tendrán en cuenta las necesidades palestinas sólo cuando no interfieran con las de Israel o cuando los palestinos cedan ante las exigencias israelíes. A fin de cuentas, es una política basada en la suposición de que «simplemente no hay sitio en Palestina para judíos y palestinos» y que la única solución posible a largo plazo es que los palestinos desaparezcan de alguna manera. Como gusta decir el embajador de la OLP en USA, Afif Sadieh, Israel quiere la geografía palestina, pero no su demografía – la tierra pero no la gente.

Según los cálculos israelíes, esa desaparición de los palestinos puede ser lograda por uno de varios caminos. Primero, se les podría inducir a abandonar Palestina por completo; Israel ha estado trabajando desde su creación en alguna versión de esta opción – expulsión pública, como ocurrió en 1948, o la inducción a una partida «voluntaria» haciéndoles la vida insoportable, como ocurre en la actualidad – como el mejor camino para librarse del «problema» palestino». O, como segunda opción, los palestinos podrían ser forzados a someterse, como ha sido la suerte del 20% de la población de Israel que es palestina, y fue la suerte de los palestinos de Cisjordania y Gaza durante los primeros 20 años de ocupación cuando se mantuvieron quietos bajo el control israelí. Esta opción ya no es factible desde el punto de vista de Israel, sin embargo, ya que ahora o pronto habrá más palestinos que judíos en Palestina, lo que convierte la tarea de imponer la sumisión en algo demasiado indecoroso para un Estado que pretende ser democrático. O, como tercera opción, los palestinos podrían ser llevados a un sometimiento político que los conduzca, por desesperación, a aceptar toda condición israelí, es decir, lo que hizo Yasir Arafat al firmar el acuerdo de Oslo y reconocer el «derecho» a existir de Israel, renunciando así a todas las cartas palestinas para la negociación sin obtener a cambio algún acuerdo israelí de hacer más que realizar negociaciones.

Ya que esta tercera opción se derrumbó en Camp David en 2000, Israel volvió a trabajar sobre la base de la primera opción. El proceso de Oslo fracasó esencialmente porque Arafat se despertó en el último momento, después que Israel trató de imponer por la fuerza un acuerdo final totalmente insatisfactorio, y al hacerlo rechazó que lo condujeran a una capitulación total. Desde el despertar de Arafat, la agenda israelí, apoyada de todo corazón por USA y en menor grado por el resto de Occidente, ha sido impulsar la primera opción, induciendo a los palestinos por diversos medios a abandonar por completo Palestina – en otras palabras, tratando de forzar a los palestinos a una abyecta rendición sobre la base de condiciones que suponen una supremacía judía total.

USA y Occidente se esfuerzan por ayudar a Israel a imponer esta rendición. Mientras los palestinos pasan hambre debido al corte de la ayuda de la comunidad internacional, Washington Post da el tono acusando a las víctimas palestinas: «los dirigentes palestinos,» recitó el Post en un editorial reciente en el que describe la crisis de la ayuda, «tienen una larga tradición de explotación de los sufrimientos de su propio pueblo con fines políticos; Hamas se ha contentado con fomentar una crisis humanitaria en Cisjordania y la Franja de Gaza.» Aunque la lógica de esta acusación de que los palestinos causaron su propia catástrofe porque no votaron como Israel y el Post lo deseaban y porque Hamas se niega a ceder ante los dictados de Israel no es clara a primera vista, ayuda a comprender que la suposición básica de Israel y de sus partidarios en USA es que las exigencias y los derechos de Israel, siempre tienen prioridad y que los palestinos son sólo aceptables si los reconocen permanentemente.

Poco después de la elección de Hamas en enero, Robert Satloff, director del Instituto de Washington para la Política de Oriente Próximo – gabinete estratégico asociado a la organización de lobby israelí AIPAC – presentó la exigencia esencial a los palestinos. Ante Lehrer News Hour, Satloff declaró que el pueblo palestino debe pagar un precio por su decisión y que derrocar el gobierno de Hamas debe constituir un «objetivo estratégico» de la comunidad mundial. Hace veinte años, señaló Satloff con sorprendente arrogancia, la OLP accedió a lo que calificó de «requerimientos mínimos de ingreso» al reconocer a Israel – ingreso, es decir, para Israel y el mundo del lobby, donde los judíos tienen los derechos superiores en Palestina y tienen el látigo en la mano y donde los palestinos cuentan sólo cuando se inclinan ante esta supremacía judía.

Esta actitud actual de haz-lo-que-digo-o-ya-verás caracteriza todas las actitudes israelíes y occidentales hacia los palestinos e informa la exigencia de que Hamas reconozca el derecho a existir de Israel. En una conferencia de prensa con Olmert el 23 de mayo, Bush reprendió a los palestinos, declarando que «no se podría esperar que ningún país» (queriendo decir Israel) «haga la paz con los que niegan su derecho a existir.» Pero se espera que los palestinos hagan la paz con los que les niegan su derecho a existir como nación. Bush no ve contradicción alguna, porque no ve más allá de la supuesta supremacía de los derechos de Israel en Palestina.

En realidad, la elección de Hamas, y la reacción israelí y occidental ante ella, han sacado a la luz el problema básico con todas las negociaciones de paz tal como han sido formuladas por Israel y USA durante los últimos decenios: Han permitido que los palestinos participen – se les ha concedido algún papel en los esfuerzos de reconciliación – sólo cuando han aceptado que se ajustarían a las exigencias de Israel. Pero esta exigencia principal a los palestinos es un obstáculo fundamental a toda solución real del conflicto. La insistencia en que los palestinos «reconozcan el derecho de Israel a existir» no significa simplemente, para Israel y USA, que los palestinos deban comprometerse a no arrojar a los judíos al mar. No cometer algo tan drástico es bastante fácil hasta para el más militante de los islamistas. Pero significa en realidad que se reconozca la legitimidad moral de Israel. Para un palestino esto significa reconocer – por cierto, adoptar como imperativo moral – el derecho de Israel a haber expulsado a los palestinos y haberse apoderado de sus hogares y sus tierras.

Esta exigencia ignora la realidad de que Israel fue establecido como una entidad específicamente judía en un país poblado abrumadoramente por no-judíos y que el mantenimiento de su mayoría judía requirió la expulsión de gran parte de su población no-judía. La exigencia del reconocimiento palestino de la legitimidad moral de Israel presupone una prioridad de los intereses israelíes sobre aquellos de los palestinos en negociaciones de paz. que socava por entero todo proceso de negociación que pretenda asegurar justicia para ambas partes. El reconocimiento palestino no puede ser el requisito previo central para todo proceso de paz – que debe ser obligatoriamente aceptado incluso antes de que comience el proceso – cuando Israel se niega a reconocer un derecho moral similar para los palestinos.

La OLP reconoció el derecho de Israel a existir en 1988 como condición previa para su participación en negociaciones de paz, pero toda continuación de la obligación palestina de adhesión a ese reconocimiento ha sido obviada por la negativa de Israel de ofrecer un reconocimiento recíproco de la existencia de los palestinos. La grave injusticia infligida a los palestinos en 1948 y en las décadas posteriores nunca ha sido reparada, y debe constituir la pieza central de todo proceso de negociación. Por el mismo motivo de que no existe un Estado palestino establecido, el tema crucial en toda negociación, debiera ser, no el reconocimiento de la legitimidad de Israel, sino el reconocimiento del derecho de los palestinos a existir como un Estado independiente, viable y soberano. Israel existe y no está en peligro de dejar de existir; la continua preocupación por su existencia y las continuas exigencias de que los palestinos lo reconozcan como Estado judío, sin una exigencia de reciprocidad de Israel, constituye una afirmación de que los derechos judíos son superiores. Es una presunción fundamentalmente injusta e inmoral en las relaciones internacionales, como en toda relación humana. Ni Israel ni Usamérica tendrán paz algún día hasta que Israel sea obligado a reconocer al pueblo que desplazó en Palestina como igual en el país.

Kathleen Christison es una ex analista política de la CIA y ha trabajado en asuntos de Oriente Próximo durante 30 años. Es autora de Perceptions of Palestine y de The Wound of Dispossession. Para contactos: [email protected].

Fuente: http://www.counterpunch.org/christison05272006.html

Germán Leyens es miembro de los colectivos de Rebelión y Tlaxcala (www.tlaxcala.es), la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción es copyleft.