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Martín Chambi, fotógrafo quechua

Fuentes: Rebelión

Al espectador que contempla las fotografías de Martín Chambi (1891-1973) le invade un sentimiento de hechizo y reverencia que se desprende de la honda vivencia estética de las imágenes captadas por este artista quechua. Las formas refinadas de los rostros, el esplendor casi místico de la arquitectura incásica, la sombra y la luz cerniéndose en […]

Al espectador que contempla las fotografías de Martín Chambi (1891-1973) le invade un sentimiento de hechizo y reverencia que se desprende de la honda vivencia estética de las imágenes captadas por este artista quechua. Las formas refinadas de los rostros, el esplendor casi místico de la arquitectura incásica, la sombra y la luz cerniéndose en el paisaje andino, el contraste entre lo visible y lo invisible de la realidad plasmada en matices blanquinegros revelan una excepcional sensibilidad creativa.

Aprendió el oficio de fotógrafo de manga en los talleres de la plaza de armas de Arequipa, pero fue en Cuzco donde los caracteres específicos de su capacidad expresiva alcanzaron los mayores logros, al haber interpretado, con claro talento, una amplia variedad de particularidades sociales y culturales. Refleja, a veces con cierta ironía, lo que fue la sociedad cuzqueña de los años 20 y 30, ostentosa de un sistema de códigos ajenos, afanosa por desentenderse de la identidad indígena.
El repertorio de personajes es amplio y entretenido: militares y curas, conspicuas damas de la «alta sociedad», bohemios impenitentes y políticos de profesión. Con acuciosidad recoge las figuras de sencillos cuzqueños desprovistos de pretensiones, jugando al «sapo», entonando huainos y yaravíes, reposando en los mullidos herbazales de la campiña.
Se detiene en los barrios marginales, retrata las penas de una comunidad que soporta el choque de culturas confrontadas por implacables coloniajes. Con la aguda mirada de su cámara, exhibe el centro de Cuzco y sus iglesias barrocas donde conviven lo incaico y lo europeo.
Chambi comprendió que mientras fue libre el pueblo quechua estuvo infundido de pensamiento mágico, rasgo espiritual que supo exaltar en su poderosa arquitectura. El fotógrafo consiguió traducir en fieles imágenes la grandeza de Machu Picchu, que sigue reinando en la cordillera andina, y el resplandor del sol -el Inti- fulgurante en la pantalla pétrea de Ollantay Tambo.
El artista ha querido proteger del olvido las huellas y los valores tradicionales de sus ancestros. Hombres de pie enmarcados por pórticos trapezoidales se yerguen como custodios de las canchas sagradas; añejos callejones, ceñidos por pulidos sillares de altas murallas, salvadas por su rotunda solidez, guardan como un presagio algo de la antigua existencia del Tahuantinsuyo.
En el lenguaje icónico, las personas, menajes y objetos quechuas sobreviven. El gobernador de Tinta y su familia aparecen en el retrato fotográfico como figuras míticas de un pasado fabuloso; los fastos de sus vestiduras rememoran a las de los propios Incas; lucen como señores de un pueblo dueño de su destino.
La exposición de Martín Chambi, que se ha exhibido en los museos más importantes del mundo, ha llegado por fin a Quito, al Museo del Alabado, donde se podrá admirarla hasta el próximo mes de abril.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.