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Honduras

Mujeres en la calle, por sus derechos

Fuentes: SEMlac

Lilian Velázquez es la secretaria general del Sindicato de Empleadas del Hogar, que logró su legalidad recientemente, bajo el gobierno de Manuel Zelaya Rosales, el presidente depuesto por el golpe militar del pasado 28 de junio. Lilian lleva en su record cinco marchas y no le ha tocado ninguna represión, algo extraordinario en un contexto […]

Lilian Velázquez es la secretaria general del Sindicato de Empleadas del Hogar, que logró su legalidad recientemente, bajo el gobierno de Manuel Zelaya Rosales, el presidente depuesto por el golpe militar del pasado 28 de junio.

Lilian lleva en su record cinco marchas y no le ha tocado ninguna represión, algo extraordinario en un contexto donde las mujeres son violentadas de múltiples maneras.

Respira profundo cuando habla, carga una manta color verde fosforescente que reza: «Ni golpes de Estado, ni golpes a las mujeres», y nos dice que es feminista porque sabe que hay que luchar por los derechos humanos de las mujeres.

También nos cuenta que el golpe militar las afecta porque no pueden transitar libremente, porque no hay trabajo y está en peligro la escuela de sus hijos.

Tiene miedo todos los días, cuando amanece, y con frecuencia se dice en sus adentros que se ha terminado la libertad para las mujeres, y para todos, porque el presidente Zelaya aumentó el salario mínimo y quería que ninguna mujer se embarazara por una causa tan terrible como la violación.

Y ahora se habla de una reducción en el salario mínimo y se prohibió la píldora del día siguiente.

Lilian es una mujer del pueblo, de 45 años, pero representa 60, porque ha lavado y planchado toda su vida. Y todavía no atina a explicarse por qué dicen que es malo que les hayan reconocido a las trabajadoras domésticas su sindicato. Por eso marcha, dice, porque Zelaya «debería volver y quitar a los hombres del congreso que actuaron mal».

Ella desde muy joven es trabajadora doméstica y se queja de que los salarios de sus compañeras y de ella no llegan a los cien dólares mensuales, trabajando en las casas de los ricos hasta 12 horas diarias.

Y mientras cuenta que vive en las Rosas, un barrio humilde de Tegucigalpa, señala que empezó a organizar el sindicato desde 1995, «pero nadie nos hizo caso».

Está orgullosa de portar el banderín que muchas feministas enarbolan en las marchas todos los días, a pesar de que el verde fosforescente se queda como un sello en los ojos, sobre todo en estos días de sol espléndido y fuerte.

La marcha que llevará al contingente a la Corte Suprema este día es una forma, explica, de resistencia pacífica. «Nos tienen que hacer caso», afirma con convicción.

Como Lilian hay cientos de mujeres en la carretera que conduce al aeropuerto. Las consignas son continentales y repetidas a lo largo y ancho de América Latina desde hace años.

Hoy, como en los años ochenta –recordará más tarde otra marchista que no quiso dar su nombre–, «porque entonces había un movimiento social muy fuerte». Nuestra anónima entrevistada teme, pero marcha en nombre de su marido desaparecido en esos años y ha sentido la urgencia de no perderse este tiempo. Confía en que esta vez las cosas serán distintas.

En Tegucigalpa, al trasladarnos de un barrio a otro, tenemos la sensación de que no pasa nada. Miles de automóviles transitan como si nada. Están abiertos los comercios y las vallas de policías se mantienen a varios metros del contingente. La Corte Suprema está resguardada por unos cuantos policías, que otros días han reprimido a los marchistas.

«Ha habido de todo», indica Lilian. «Gases lacrimógenos con pimienta; golpes en los glúteos de las mujeres que se llevan a la comisaría y que luego son liberadas tras plantones sucesivos».

También las marchistas se animan, gritan, comen copos de hielo picado y algunas golosinas; y a pesar de la amenaza de los uniformados, que circulan por toda la ciudad, no se echan para atrás.

En los próximos días habrá nuevas manifestaciones callejeras. No van a dejar a los presos políticos solos. Al contrario, dicen los oradores, estarán en las puertas de ese juzgado que no deja entrar a las manifestantes, ni a los representantes de la prensa.

Lo curioso, en este país polarizado, de siete millones y medio de habitantes, cuya capital industrial es San Pedro Tula, es que el golpe los ha despertado.

Escuché a la maestra María Elena Méndez contar con lujo de detalles que es hija de una antigua luchadora social, cómo vivió ya tres golpes de Estado, en 1963 cuando tenía 12 años, en 1973 y ahora.

No se exilió y estuvo mucho tiempo en su casa. Antes del golpe había pensado que no pasaría nada con los jóvenes universitarios. Ella, del medio intelectual, consideró que no se moverían nunca.

También nos contó cómo, en un primer momento, no se dieron cuenta de que en la universidad muchos profesores y funcionarios estaban de acuerdo con el golpe. Sin embargo, cuando el pasado 5 de agosto policías y soldados tomaron las instalaciones, todos, entre ellos muchísimos jóvenes, defendieron la autonomía universitaria.

Confesó su asombro. Pero este golpe, dijo, ha reciclado al movimiento estudiantil. Ella, a cuyas hermanas calificó de golpistas, explicó que la sociedad hondureña está polarizada, las familias divididas, los tiempos muy difíciles. Pero, dijo, está esperanzada en que la democracia podrá reaparecer en su país.

La marcha continúa. Hay preparativos para realizar algunas caravanas los próximos días. Es así como en Honduras se vive esto, que ha sido calificado por algunos analistas como un centro experimental de la barbarie, de los que en el mundo globalizado y neoliberal intentan borrar la dignidad y los derechos de los pueblos.

Tegucigalpa anochece como un nacimiento de luces de colores. La ciudad está rodeada de pequeñas y anchas montañas llenas de casas y techos color naranja. Muchas y muchos jóvenes están en la resistencia.

Nadie quiere armas. La resistencia es pacífica, las únicas armas son una toallita y una botella de agua que se lleva bajo el brazo para ir a marchar. Y como ya se sabe que el vinagre mitiga los efectos de los gases lacrimógenos, algunas mujeres también lo llevan y otras lo reparten.

La agenda del día la escuché en una sorprendente radiodifusora que tiene tres noticiarios diarios, llamada Globo, hermana de Radio Progreso en San Pedro Sula.

Pese a todo, no ha sido posible callar a estos medios, que junto con la Internet y los teléfonos celulares son los medios más recurridos por el ciudadano común para informarse de la verdad en estos tiempos, me contaron en la marcha.

Estadísticas de género

Población

  • En Honduras, las mujeres constituyen 51,7 por ciento de la población; es decir, existen tres millones 918.525 mujeres de un total de 7siete millones 585.155 habitantes.
  • Más de dos millones de esas mujeres viven en las zonas rurales.
  • 466.000 mujeres son jefas de hogar; es decir, sostienen económica, social y psicológicamente al 29 por ciento de los hogares registrados en el país.
  • Un millón 714.835 hogares viven con menos de un dólar diario, de los cerca de 444.000 hogares registrados, muchos de ellos los encabeza una mujer.

Educación

  • Del 16,4 por ciento de analfabetos. Las mujeres superan a los hombres en esta desgracia por tres décimas.

Trabajo

  • Un millón 17.000 mujeres están insertas en el mercado laboral, constituyendo el 34,8 de la fuerza laboral del país; 40,8 por ciento de ellas trabaja en zonas urbanas y 26,9 por ciento en zonas rurales.

Fecundidad

  • La tasa de fecundidad es de 3.3 hijos por mujer; 2,6 en zonas urbanas y 4,1 en áreas rurales. La tasa de fecundidad deseada es de 2,3 por ciento.
  • Entre las adolescentes de 15 a 19 años, las estadísticas no oficiales consideran 137 partos por cada cien mil nacimientos.
  • Existen 27.4 adolescentes por cada 100 mujeres embarazadas.

Violencia

  • El 15 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años ha sido violentada alguna vez por su pareja.
  • El 30,4 por ciento de mujeres de 15 a 49 años ha recibido maltrato o violencia por parte de su ex pareja
  • «En 2008 se recibieron 1.187 denuncias de violencia sexual y 8.721 por violencia de pareja. «Las estadísticas oficiales reconocieron sólo 243 homicidios de mujeres por género en 2008, las cifras extrasociales suman más de 600.

Participación política

  • Alcaldesas: ocho por ciento, sólo 24 de 300 alcaldes.
  • Vice Alcaldesas: 22 por ciento, sólo 66.
  • Diputadas (antes del golpe militar) 24 por ciento, 31 de un total de 130 parlamentarios. Las mujeres ocupaban 25 por ciento de las comisiones del congreso.
  • En el gobierno del depuesto Zelaya había cinco secretarias de Estado (29 por ciento); siete subsecretarias (41 por ciento), tres en cargos de dirección (23 por ciento) y seis en direcciones descentralizadas (32 por ciento).

Migración

  • De 246.000 migrantes registrados en todo el país, 26,6 por ciento son mujeres.