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El semanario digital Ctxt cumple dos años de información crítica y a cocción lenta

«Nos declaramos una revista de izquierdas»

Fuentes: Rebelión

No todo el periodismo son prisas, urgencias y presiones a la hora del cierre. «Orgullosos de llegar tarde a las últimas noticias», saca pecho el semanario digital Ctxt (Contexto y Acción). La revista vio la luz en enero de 2015, cuando un grupo de periodistas huérfanos, que procedían de El País, El Mundo o La […]

No todo el periodismo son prisas, urgencias y presiones a la hora del cierre. «Orgullosos de llegar tarde a las últimas noticias», saca pecho el semanario digital Ctxt (Contexto y Acción). La revista vio la luz en enero de 2015, cuando un grupo de periodistas huérfanos, que procedían de El País, El Mundo o La Repubblica se decidieron a trabajar libremente, sin corsés políticos ni empresariales. Sólo contaban con los fondos de las campañas de micromecenazgo, el dinero de sus ahorros y su trabajo durante las 24 horas del día. Han pasado ya dos años, y Ctxt ha cumplido 105 números. Para conservar su línea editorial crítica, los redactores se ajustan a un estricto código ético, según informa la página Web del periódico. Tienen prohibidos los «refritos» de agencia, el corta-pega de informaciones y tampoco pueden aceptar regalos ni trabar relación con los anunciantes. «Sólo aceptamos patrocinadores transparentes y sobrios, que no interfieran en la línea editorial», afirman. Tampoco aceptan contenidos patrocinados por empresas ni publicidad «oculta».

El director de Ctxt, Miguel Mora (Madrid, 1964), abandonó El País debido a un ERE que califica de «ideológico», después de pasar -fueron 22 años en el periódico- por la sección de Cultura y las corresponsalías en Lisboa, Roma y París. «El País había dejado de ser ya un medio ‘progresista’, aunque no se le pudiera calificar de izquierdas», recuerda en el centro social Ca Revolta de Valencia. «La empresa se quitó de en medio a los mejores periodistas, a los más incómodos, y todo acabó con una deuda impagable de 5.000 millones de euros y los bancos al frente del periódico». Los recortes de plantilla, despidos y cierre de medios se cebaron con una legión de profesionales, de manera que muchos se aventuraron a dar el «salto» digital. En el caso de Ctxt, los inicios se apoyaron en una inversión muy modesta y los socios fundadores sin cobrar durante un año y medio. Con dos años de recorrido, la revista ha sumado seis millones distintos de lectores. «Cerca de medio millón de personas (diferentes) nos leen todos los meses», apunta Miguel Mora.

La revista publica 200 artículos al mes, y aunque de periodicidad semanal, diariamente se editan en la página Web nuevos contenidos. La radiografía del lector medio apunta a jóvenes menores de 35 años (el 65% de los lectores), en muchos casos con formación universitaria y forzados a salir de España por la crisis, que se suscriben a la revista y dedican un promedio de quince minutos a la lectura de las informaciones; y lo hacen más a través del teléfono móvil que de la computadora. Pero más allá de las estadísticas, Mora resalta que existe hoy «un nicho para la información analítica, crítica y de izquierdas», en un contexto de fuerte mengua de la credibilidad de los medios. «El ciudadano tiene hoy en peor consideración al periodista que a los políticos y a los jueces», destaca Mora; «el problema en muchos casos es que el medio para el que trabajas están en manos del poder al que quieres denunciar», agrega el también autor de libros como «La voz de los flamencos» (Siruela) y «El mejor año de nuestras vidas. La epopeya del Atlético de Madrid» (Ediciones B).

Libertad, pluralismo y pensamiento crítico. Estas son las divisas del periódico, que se concretan en artículos de cocción lenta y en los que se trabaja al detalle. En la nómina de colaboradores figuran curtidos periodistas y escritores como Soledad Gallego-Díaz, Andy Robinson, Joaquín Estefanía, Bárbara Celis, Roberto Saviano (autor de «Gomorra»), Guillem Martínez o Rosa Pereda; también sociólogos como Ignacio Sánchez Cuenca o Éric Fassin y cineastas como José Luis Cuerda. Al mes de nacer la revista, se sumó al proyecto el politólogo Noam Chomsky como presidente de honor del Consejo Editorial. En cuanto a los contenidos, coexisten las secciones «clásicas» de un periódico -España, Internacional, Economía, Comunicación- con otras innovadoras: «Flamenco» y «Viajes y Ficciones» dentro de la sección de Cultura; o «Gestas y Leyendas» y «La Colchonería» en el ámbito deportivo. En coherencia con la profundidad y la reflexión a la que se apela en los principios editoriales, Ctxt publica «Especiales» que ahondan en la actualidad, por ejemplo «Europa contra sí misma», «¿Qué fue del socialismo?» «Cataluña: choque frontal o cortina de humo» y «Vistalegre II», entre otros.

Ana Ioanas, periodista de 24 años, colabora desde hace poco en Ctxt. «Estamos muy mal acostumbrados a un periodismo poco reflexivo y sólo de titulares», afirma. Además resalta la importancia de las audiencias: «Es la gente la que se suscribe y tiene la capacidad de demandar un periodismo de calidad, que explique el porqué de las cosas con rigor y frente al todo gratis». La profesora e investigadora Adoración Guamán también destaca el valor de la revista, «una de las pocas en las que puedes publicar un artículo de 20 páginas sobre el TTIP o el CETA». Una mirada rápida al último número encuentra textos sobre la refutación de la economía neoclásica, la mayoritaria hoy, por parte del nuevo economista jefe del Banco Mundial; la floración de cooperativas en el estado español como herramienta para salvar los cines; o una investigación titulada «Alt Right: radiografía de la extrema derecha del futuro». Además los artículos de Ctxt se publican en abierto, pues los promotores consideran el periodismo como un servicio público; sin embargo, las suscripciones resultan imprescindibles; de momento cuentan con 1.600, pero el objetivo es llegar a las 4.000, con lo que la revista ya podría cubrir el 85% del presupuesto. En 2016 dos tercios de los ingresos procedían de los lectores, a través de las suscripciones o el micromecenazgo.

Para acceder a recursos, no queda más remedio que adentrarse en la jungla publicitaria. «Durante muchos años la publicidad institucional ha funcionado como un pesebre», constata Miguel Mora, quien da cuenta de las dificultades para conseguir anuncios, todavía hoy, de ayuntamientos como los de Madrid o Barcelona. «Nos dicen que no, porque temen que se les echen encima los grandes medios». No piden la luna. «En un medio como Ctxt los periodistas no van a hacerse ricos, ni a dedicarse a las aventuras bursátiles; se trata de llegar a fin de mes», asegura el director del periódico. Algunos medios digitales sirven como punto de referencia, por ejemplo Mediapart en Francia -uno de los más potentes- o el holandés De Correspondent. También en Ctxt se traducen textos de la estadounidense The Nation. En cambio, «la tradición de revistas digitales está mucho más consolidada en América Latina», subraya Mora, quien apunta la senda que marcan publicaciones como El Faro en El Salvador. Pero también Ctxt hace un «guiño» al papel. Se trata del suplemento «Dobladillo» (referencia a su formato de gran desplegable), que se les remite a domicilio a los suscriptores. El primer número (febrero de 2017) incluye artículos como «El pueblo contra el ‘panzer’ Trump» o un debate sobre el trabajo garantizado y la renta básica entre James Livingston y Scott Ferguson.

¿Cómo es el día a día en la sala de máquinas de la revista? Adoración Guamán llama la atención sobre los contenidos «muy cuidados», de manera que cuando un parágrafo resulta oscuro la redacción pide la aclaración y el contraste. «Tampoco se publica todo lo que el colaborador envía, Ctxt no es un medio de aluvión». Miguel Mora agrega otro de los criterios de selección: «Tratamos de huir de la agenda que impone el poder, fuimos de los primeros en empezar a publicar sobre el TTIP en España». Entre las líneas vertebradoras del medio destaca la información sobre Europa (recurren al epígrafe «Europa contra sí misma»), los refugiados, la pobreza y la desigualdad. «Nos declaramos una revista de izquierdas», acota el director. El formato, sobrio, invita como la extensión y los contenidos a una lectura pausada, la del tradicional suplemento dominical de la prensa de papel. Y no menos importante es hacer frente a la precariedad laboral. Después de trabajar gratis 14 periodistas durante un año y medio, ya perciben un salario. Todos son trabajadores autónomos. Además, a los colaboradores se les remunera. «Todo lo que se escribe se paga», resume Miguel Mora.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.