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Nuevos modelos de gestión cultural en Cuba

Fuentes: Temas

Cuba es reconocida como una especie de paraíso de la creación artística. Sorprenden, en un país tan pequeño, las enormes potencialidades creativas, con especial expresión en las manifestaciones de la cultura lo que, sumado al elevado nivel de instrucción promedio de su población y a los fuertes subsidios que el Estado ha dedicado a la […]

Cuba es reconocida como una especie de paraíso de la creación artística. Sorprenden, en un país tan pequeño, las enormes potencialidades creativas, con especial expresión en las manifestaciones de la cultura lo que, sumado al elevado nivel de instrucción promedio de su población y a los fuertes subsidios que el Estado ha dedicado a la enseñanza y el consumo de las artes, crea el escenario perfecto para un amplio acceso a expresiones de alto valor cultural.

El principal reto que en el sector enfrenta el país en estos tiempos de cambio consiste en lograr que dicha creación encuentre espacios de diálogo con las audiencias, garantizando su repercusión y función social, al mismo tiempo que su sostenibilidad económica, en unas circunstancias en que el Estado intenta y necesita redimensionar sus estructuras y sistema de subvenciones.

Las transformaciones que se derivan del proceso de actualización de la economía cubana, planteadas a partir de los Lineamientos de la política económica y social, en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba en 2011, impactan directamente en la gestión de las artes. Este proceso va generando continuamente nuevos escenarios y oportunidades que implican, para los modelos de gestión cultural, el desafío de aprender, adaptarse y mutar a formas alternativas.

Con un sistema de distribución y consumo cultural altamente institucionalizado y centralizado, el artista cubano ha encontrado, durante muchos años, poco margen para el emprendimiento individual y colectivo, más allá de la producción de la obra. La mayoría de los creadores tiene una relación laboral de empleado-empleador con el Estado, lo que garantiza unos mínimos de programación o exhibición en el entorno nacional (y excepcionalmente -en relación con la cantidad de agrupaciones artísticas «en plantilla»- en algunos espacios fuera de Cuba) y garantiza también un salario básico; pero cercena, de hecho, la posibilidad de una explotación independiente de su creatividad o de optar por agentes o mediadores no estatales. En materia de búsqueda de financiamiento adicional para necesidades de producción y distribución, el organigrama muchas veces burocratiza y dilata los procesos que debe acometer el artista para llevar adelante su propuesta.[1]

El carácter paternalista del Estado en relación con el arte atraviesa todos los procesos, y actúa en algunos casos como paralizador de posibles emprendimientos, mientras en otros provoca proyectos formales sin una audiencia objetiva, poco rentables y eficaces, o empobrecimiento de la oferta cultural y su consumo.

Este sistema hiperverticalizado y como opción única comienza a perder sentido en un contexto en que la socialización y el acceso a las nuevas tecnologías han dado al artista gran libertad creativa, de promoción y de gestión, y consigue acceder muchas veces a su público potencial desligándose de la intermediación.

Cada año aparecen en Cuba nuevos proyectos artísticos y culturales, nuevos liderazgos y modelos de negocio, sin que en la mayoría de los casos encuentren un cauce natural en las estructuras legales y económicas que existen para el sector. Estas iniciativas, localizadas mayormente en entornos urbanos, y sobre todo en la capital, ya están configurando, aún de manera incipiente, la relación de larga data entre la ciudad y su vida cultural.

Por contraste, varios de los más grandes y mediatizados eventos que han sucedido o están por acontecer -particularmente a partir de los cambios favorables en las relaciones Cuba-Estados Unidos-, en el terreno, por ejemplo, de la música, surgen y son aprobados a partir de la iniciativa de empresas y empresarios extranjeros, lo que con frecuencia deja a los gestores nacionales del sector el papel de mano de obra barata contratada para el trabajo de campo.

Revisemos las características principales de muchos de los emprendimientos cubanos en el sector cultural. La mayoría de los modelos que utilizo como ejemplos comparte más de una, aunque he preferido colocarlos como muestra en aquella donde su mención resulta más ilustrativa:

  • Autogestión (individual o colectiva).
  • Generación de nuevos espacios, ya sean físicos (Fábrica de Arte Cubano, Carlos Acosta, Guámpara Music), virtuales (Proyecto de creación y promoción literaria Isliada.com; Belkis Ayón Estate), o ambos.
  • Diversificación de las fuentes para la obtención de recursos y financiamiento. La tipología de fuentes de financiamiento en un sector cultural que se ha apoyado, casi de manera absoluta, en la subvención estatal ha ido aumentando paulatinamente hacia otras modalidades como el mecenazgo, los patrocinios culturales, los fondos de cooperación internacional, las becas y concursos de proyectos, el crowdfunding[2] y la autoproducción.

Para ejemplificar el patrocinio cultural, es casi obligada la mención de la empresa mixta franco-cubana Havana Club, con su proyecto Havana Cultura, que se ha convertido en la entidad comercial más comprometida con la promoción del arte nacional, especialmente la música, seguida de cerca por la venezolana PDVSA. Se hace cada vez más frecuente que proyectos o eventos consigan pequeños patrocinios, generalmente en servicios, por parte de empresas mercantiles totalmente cubanas como Los Portales, Habanos, o Bucanero. También se encuentran, aunque con menos frecuencia que la deseada -dada la importancia de la movilidad de los artistas en la proyección internacional de su obra-, algunas menciones a colaboraciones de líneas aéreas y agencias de viaje.

El Lyceum Mozartiano de La Habana, empren-dimiento del pianista y gestor cultural cubano Ulises Hernández, nació de un proyecto de cooperación internacional en el que participan, por Cuba, la Oficina del Historiador de la Ciudad y el Instituto Superior de Arte; y, por la Unión Europea, la Fundación Mozarteum de Salzburgo. Muchas son las actividades que desarrolla el Lyceum, pero quizá el resultado más tangible y sostenido ha sido la creación, y en buena medida el mantenimiento, de la Orquesta Escuela, una de las mejores sinfónicas de Cuba, así como la realización de dos fantásticas ediciones del Festival Mozart Habana.

En cuanto al crowdfunding o micromecenazgo, aún no extendido -más que todo debido a las limitaciones de conectividad y a la imposibilidad de utilización desde Cuba de sistemas de pago como PayPal, conocemos de varios proyectos que se han realizado utilizando esta modalidad en plataformas digitales como Verkami (Antes que lo prohiban, el disco debut de Jorgito Kamankola y el CD Última noticia, del grupo Yissy y BandAncha, así como el documental Juan sin nada, del realizador Ricardo Figueredo).

Mención especial dentro de las modalidades de financiamiento merecen los fondos de tipo multilateral, especialmente los vinculados con Iberoamérica como región idiomática: Ibermedia, Iberescena e Ibermúsica -a la que Cuba acaba de incorporarse como miembro pleno-, por las convocatorias de ayudas a la movilidad[3] entre los países que conforman la región.

Habrá que estudiar si caben en el sector, especialmente en las áreas más industriales (editorial, cinematográfica, servicios técnicos a la cultura), variantes económicas más complejas como la inversión extranjera o la asociación internacional.

También es de esperar que con la evolución y maduración del sector fiscal cubano, una futura política impositiva consciente y cuidadosa estudie otros modos para apuntalar financieramente el desarrollo artístico mediante fórmulas concebidas para estimular los emprendimientos del sector o los de otros que se decidan a apoyarlas.

  • Aparición y desarrollo de emprendimientos mercantiles enfocados a ofrecer servicios técnicos a los eventos y programas culturales. Buenos ejemplos son La Rueda Producciones, O.K. Eventos, Sarao, MB Sound o P.M.M., que también realiza producciones propias en el sector de la música. Para el cine, son numerosas las pequeñas «empresas» que se dedican a rentar equipamiento, realizar casting para audiovisuales, editar o hacer posproducción.
  • Prácticas interinstitucionales que superan el binomio institución vs. no-institución; dentro vs. fuera de la institución, para aplicar complejos y diversos flujos y sistemas de relaciones.

La mayoría de las prácticas que estamos describiendo tienen, de alguna manera, una «aprobación» ya sea expresa o tácita del sistema institucional, a veces tras dilatados y complejos sistemas de negociación. Ejemplos muy peculiares podrían ser las diversas oficinas y galerías de artistas destacados, autorizadas o simplemente permitidas, que realizan gestión comercial y administrativa en una frontera poco clara entre la actividad pública y la privada. Producciones Ojalá, de Silvio Rodríguez; PM Records y Oficina Proposiciones, de Pablo Milanés; las oficinas de Leo Brouwer, Omara Portuondo, Compay Segundo, Santiago Álvarez; Kcho Estudio, de Alexis Leyva; Galería-Estudio, de Nelson Domínguez, son algunos ejemplos.

Otro fenómeno relativamente reciente en cuanto a la posibilidad de colaboración entre instancias complementarias, y de mucho interés, en especial por el modo en que han ido adoptando conciencia de gremio, negociando y madurando hasta la creación de un lobby sólido y organizado, en diálogo con el sector institucional, es el de las productoras audiovisuales no estatales: Producciones de la 5ª Avenida, El Central Producciones, Puntilla Films, Lía Rodríguez & Antonio López Producciones, por mencionar solo algunas. Valga, a modo de ilustración, el dato contrastado de que en los últimos cinco años casi la mitad de los audiovisuales cubanos inscritos en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana fue producida de forma autónoma, sin la participación de entidades estatales.

  • Aparición de nuevas plataformas no estatales de crítica, promoción y distribución cultural.

Si bien en Cuba prácticamente todos los periódicos y revistas estatales tienen al menos una sección dedicada al arte y la cultura y existen algunas con perfil específicamente cultural, el alto grado de centralización de su política editorial, la baja tecnologización y la limitada efectividad en tanto mecanismos de promoción han provocado la generación espontánea de nuevos dispositivos de visibilidad y circulación de la producción artística que resultan con frecuencia más eficientes que aquellos, por su flexibilidad, inmediatez y llamativo diseño, a lo que se añade una consciente y sostenida labor en las redes sociales. Suenacubano, Beat 135 -enfocada en la música electrónica-, la naciente BandEra -dedicada al rock-, coexisten con ArtOnCuba, Vintage, D’Aquí; A Mano (diseño y artes visuales), Esquife e Isliada (sobre temas literarios) o Vistar, de corte más ligero y general, por solo mencionar unas pocas entre las decenas que van surgiendo.

A ello se suman incipientes aplicaciones para teléfonos móviles como Ke Hay Pa’ Hoy o GuiArte. Un modelo absolutamente sui generis por su carácter alternativo desde todo punto de vista es el muy estudiado y debatido Paquete semanal, que se ha convertido probablemente en la segunda fuente más importante de difusión de productos culturales en Cuba, después de las ofertas del estatal Instituto Cubano de Radio y Televisión. (¿O quizás es la primera?)

  • Proyectos autónomos o semiautónomos de investigación, docentes o de formación. Buenos ejemplos son Circuito Líquido, organización autónoma que desarrolla un amplio programa de capacitación a jóvenes en gestión cultural e industrias creativas; el Laboratorio Ibsen, plataforma de investigación y gestión en las artes escénicas; o la Escuela de Fotografía Creativa de La Habana, modelo que aprovecha la figura del trabajo por cuenta propia para desarrollar un proyecto docente cultural en toda su extensión.
  • Proyectos gremiales espontáneos que actúan como especie de asociaciones profesionales sin personalidad jurídica, como el colectivo de diseñadores Club de Amigos del Cartel (CaCa), el grupo profesional online Quinqué-Proyecto Cubano de Fotografía; o el llamado «G-20», colectivo que lidera dentro del gremio de creadores audiovisuales, el análisis, la discusión y el lobby necesarios para influir en la aprobación de lo que sería una ley del cine y el audiovisual en Cuba.
  • Nuevas fórmulas de producción y consumo cultural de gran espontaneidad y pocas posibilidades de ser institucionalizadas, como teatro a la carta, microteatro, video-danza, animación y arte callejero (Gigantería, Isla Teatro, entre otras).
  • En sentido general, las caracteriza un mayor interés por el uso de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

En la matriz DAFO[4] planteamos las principales debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades que identificamos en estos nuevos modelos de gestión.

En el contexto socioeconómico que Cuba estrena, con la expresa voluntad estatal de conseguir un socialismo próspero y sostenible, es urgente el estudio a fondo de los nuevos lenguajes, tecnologías y discursos de las prácticas artísticas y culturales en sus procesos de creación, mediación y consumo. Este análisis es imprescindible para evitar tanto el éxodo masivo de nuestros talentosos creadores en busca de horizontes más propicios para el desarrollo de sus proyectos, como un bandazo hacia tácticas mercantilistas en el arte y la cultura que pasen por encima de la larga tradición y la voluntad de conservación patrimonial, de la enseñanza artística de la que Cuba se enorgullece y del acceso universal a la cultura que ha sido principio constitucional y práctica social.

Sería importante revisar cuidadosa y creativamente la posibilidad de aplicar las diferentes formas de personalidad jurídica que permite la legislación cubana a algunas de las nuevas variantes de gestión cultural que están actuando en el país, dada la especificidad de las relaciones interinstitucionales, económicas, sociales, laborales y mercantiles que tienen lugar en estos nuevos modelos. No hacerlo a tiempo puede traer como resultado el agotamiento de estos, a fuerza de la incertidumbre jurídica, económica y de sostenibilidad en la que desarrollan su trabajo, mientras se mantiene un sistema institucional que tuvo un muy importante rol en otras épocas, pero cuyas estructuras enormes son ya en muchos casos poco prácticas o realistas, y están saturadas de apéndices a-legales o paralegales que en definitiva resultan caldo de cultivo para la corrupción, la falta de transparencia y la evasión fiscal.

En el entorno de una Cuba plenamente insertada en el mundo y conectada con él, muchas de las organizaciones y los proyectos culturales que con carácter espontáneo se van creando en el país -la mayoría de las veces a partir del liderazgo de uno o más artistas de vanguardia-, pueden y deben ser vistos como aliados naturales del Estado en la ejecución de las políticas culturales. En lugar de intentar apropiárselas o ahogarlas, el Ministerio de Cultura debería generar estrategias y tácticas que acompañen y apuntalen estas prácticas, permitiéndoles participar en la elaboración de modelos técnicos, legales y económicos que respondan operativamente a la realidad y a la necesidad de la gestión cultural hoy y en su futuro inmediato.

Notas:

[1] En julio de 2016 se aprobó la Resolución Ministerial 22/2016 contentiva del «Procedimiento para la asignación de financiamiento en CUP y CUC para los proyectos culturales sin fines comerciales, a ejecutar por escritores, artistas y grupos de creadores». Hasta la fecha de cierre de este trabajo la autora desconocía casos de aplicación que permitieran valorar la interpretación que tendrá en la práctica, para su ejecución, esta legislación.

[2] Crowdfunding: Modelo de financiamiento para proyectos que apela a las contribuciones de un gran número de personas. Actualmente, aunque existen otros modos de ejecutar estas iniciativas, la más común es mediante plataformas en Internet. Consiste en la colocación de una idea en una de estas plataformas y el llamado a una comunidad de personas para que contribuyan a financiarla aportando pequeñas cantidades hasta alcanzar la suma necesaria para su total ejecución. Se utiliza ampliamente en proyectos artísticos y creativos, aunque también en cuestiones relacionadas con la salud, los viajes y los proyectos de emprendimiento social. [N. de la E.]

[3] Las ayudas a la movilidad buscan apoyar la capacidad del sector cultural y las industrias creativas para operar fuera de sus países de origen, pues promueven la circulación de las obras internacionalmente. [N. de la E.]

[4] La matriz DAFO es una herramienta de estudio de la situación de una empresa o proyecto, que analiza sus características internas (Debilidades y Fortalezas) y externas (Amenazas y Oportunidades). Fue creada a principios de la década de los 60 y su objetivo último es definir las ventajas competitivas de la empresa o proyecto analizados, a fin de definir mejor la estrategia más conveniente para su desarrollo en un entorno específico. [N. de la E.]

Abreu, J. y Fernández Maceira, D. (2014) «Fabricar arte en Cuba». Documento base del I Encuentro-Taller de proyectos de gestión cultural liderados por artistas, Fábrica de Arte Cubano. La Habana, septiembre. Disponible en multimedia que acompañó al evento.

García Lorenzo, T. y Pérez, B. (2012) «Actualización y producción cultural. Algunas hipótesis». Temas, n. 72, octubre-diciembre, 11-9. Disponible en https://goo.gl/Ine3lt [consulta: 7 abril 2017].

Partido Comunista de Cuba (PCC), (2011) Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución. Resolución del VI Congreso del PCC, junio. Disponible en http://bit.ly/1X2YXzg [consulta: 7 abril 2017].

Fuente: http://www.temas.cult.cu/articulo/1944/nuevos-modelos-de-gesti-n-cultural-en-cuba