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Apilando yesca en la hoguera sectaria siria

¿Partida final para Bashar al-Asad?

Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Parece, cada vez más, que la partida final para Bashar al Asad en Siria ha llegado ya.

Así es, irónicamente, a pesar del hecho de que Bashar ha demostrado, según parece, que un régimen autoritario, echando mano de sus propios recursos, puede a menudo hacer un buen trabajo a la hora de aplastar a su oposición interna, especialmente si los insurgentes carecen de un puerto seguro, ya sea dentro o fuera del país.

Pero eso puede estar a punto de cambiar.

Arabia Saudí y Turquía se han puesto al frente de un conjunto de poderes regionales que están viendo que podrían aumentar sus ventajas e influencia una vez que el régimen de Bashar al-Asad desaparezca de escena. Incluso -o debido- aunque el movimiento popular en Siria esté contra las cuerdas, podemos esperar que se intensifiquen en Siria toda una serie de implicaciones regionales diseñadas para derrocar a Bashar al-Asad.

Turquía ha anunciado que va a permitir que la oposición política siria abra una oficina en su país, preparando el camino para un eventual reconocimiento.

Sin embargo, es posible que la realidad militar pueda superar las ambiciones políticas de los disidentes sirios.

He escrito antes acerca de la nueva doctrina de la «diplomacia preventiva» promovida en el Consejo de Seguridad por Ban Ki-moon con la ayuda entusiasta de EEUU, que abre la puerta a la derogación de la soberanía de un estado indeseable especialmente cuando un autócrata está acabando con lo mejor de un movimiento democrático. Una diplomacia hecha a la medida de Siria, desde luego.

En cierto sentido, representa el fracaso de la estrategia de un movimiento democrático de base amplia y se acerca al descorche del genio sectario.

El movimiento democrático sirio se ha jugado su legitimidad moral en su unificación y carácter no violento: sunníes y alauíes, el campo y la ciudad, Hermanos Musulmanes y laicos, leones y corderos, etc. Se ha inspirado obviamente en la revolución egipcia.

Lamentablemente, creo que el movimiento democrático sirio ha padecido también de una mendacidad fatal. Para sostener su legitimidad moral, hizo un llamamiento al diálogo.

Pero cuando el gobierno sirio le ofreció dialogar, rechazó su oferta: «no es sincera», «no puede tenerse en cuenta hasta que libere a los detenidos políticos», etc. Y cada semana parecía haber una nueva atrocidad, un nuevo mártir, una nueva razón por la que las exigencias sobre el gobierno se intensificaran antes de que el pueblo pudiera dejar las calles y empezar el diálogo.

No hay duda de que la participación en el «diálogo» orquestado por el gobierno habría retrasado el cumplimiento de las aspiraciones sirias. Y de que hubiera podido convertirse en una frustrante pantomima, algo así como las «negociaciones» que Israel inflinge de vez en cuando a los palestinos cuando las desventajas tácticas y costes políticos de ignorarles devienen excesivos.

Pero no tuvimos la oportunidad de averiguarlo.

El movimiento democrático se empantanó en lo que yo llamo teoría «del cuento de la lechera»: las manifestaciones se harían cada vez mayores, los burócratas y funcionarios desertarían del régimen y el movimiento democrático podría dictar las condiciones en vez de negociar con el gobierno.

Eso es lo que EEUU, Arabia Saudí y otras potencias hostiles a Bashar al Asad esperaban también.

Como Helena Cobban ha señalado, EEUU podría haber apoyado el «diálogo» en Siria, como hizo cuando la Sudáfrica del apartheid, un cliente bastante importante, se enfrentaba a su transición democrática.

La respuesta al asombroso espectáculo de EEUU diciendo: «Todos a casa ahora. Fuera de las calles antes de que se derrame más sangre. Empecemos a dialogar», habría sido algo curioso de observar.

Pero no sucedió. Y el régimen sirio aún no se ha venido abajo.

Momento para el Plan B:

Ahora, algunos disidentes sirios están dejando caer, como el que no quiere la cosa, en Egipto (que ha tropezado con sus propias dificultades) que están a favor del modelo revolucionario libio: lucha armada apoyada, cuando se considere necesario, por una explícita intervención militar extranjera.

Se basa en la asunción de que el ejército sirio, formado en gran medida por reclutas sunníes, extenuado ya tras seis meses de enfrentamiento con los manifestantes por la democracia, recuperará su entusiasmo en la defensa del régimen alauí de Bashar al Asad para flaquear incluso más rápidamente aún en cuanto empiecen a producirse serias bajas.

Esta es una estrategia que creo ha estado latente en Siria desde el comienzo del levantamiento respecto a algunos de los muchos enemigos de Bashar al-Asad. Ha habido informes creíbles de bandas armadas lanzando emboscadas contra fuerzas del ejército desde el principio del levantamiento, posiblemente llevadas a cabo por seguidores del hombre fuerte exiliado, y cliente saudí (¡y multimillonario!), Abdul Halim Khaddam.

Los medios occidentales, del lado del argumento del movimiento no violento por la democracia, no tomaron en serio al principio los incidentes; después los explicaron como «ataques de venganza» provocados por la represión, a diferencia de los esfuerzos planeados para intensificar el conflicto y aumentar la polarización entre la mayoría sunní y otras confesiones.

A medida que la represión se prolongaba y el movimiento por la democracia no conseguía una rápida victoria, la polarización se ha convertido también en un subproducto inevitable del mismo movimiento pacífico, a pesar de los sinceros esfuerzos de muchos de sus dirigentes a favor de la democracia. Las fuerzas de seguridad más leales al régimen son alauíes, mientras la mayor parte de los manifestantes son sunníes, un hecho que ha quedado totalmente claro mientras la ofensiva se intensificaba con el paso de los meses.

Ahora, si Occidente y el CCG deciden que el pacífico movimiento democrático no puede conseguir por sí mismo el cambio de régimen, entonces el apoyo abierto a la revolución siria está en el orden del día y la legitimidad del régimen de Bashar al Asad será oficialmente revocada por el delito de defender su gobierno con demasiada brutalidad.

Eso abre la puerta a la R2P[responsabilidad para proteger]/exclusión aérea/ayuda militar encubierta de la Meguilá que vimos en Libia, cuyo objetivo principal es decapitar la estructura de mando de los leales al régimen de alto rango y enviar el mensaje a las vacilantes unidades del ejército de que lo mejor que pueden hacer es abandonar al régimen.

En el caso de Siria, la violencia no solo estallará entre los altos comandantes leales y los jóvenes oficiales y soldados rasos rebeldes. El ejército sirio, bajo mando alauí, es abrumadoramente sunní. Por tanto, la violencia va a ser de alauíes contra sunníes y viceversa.

Como la mayoría de la población civil siria es también sunní e insatisfecha con el régimen, beneficia a los más duros oponentes del régimen que haya una escalada de la violencia y se acelere la polarización de Siria en campos sunníes y no sunníes.

Ese es un peligro que el régimen de Bashar al-Asad ha invocado incesantemente para servirse de él, incluso avivando las llamas sectarias al enviar a sus leales alauíes a disparar y arrasar todo a su paso por docenas de ciudades y pueblos sunníes.

Probablemente, un enfrentamiento militar parecería más una rebelión sunní y menos una revolución democrática que trasciende aspectos religiosos y económicas.

Gracias al excesivo optimismo de los activistas por la democracia, a la represión de puño de hierro del gobierno de Bashar al-Asad, a las provocaciones de los militantes contra el régimen y al oportunismo post-Libia de Occidente, el CCG y Turquía, el combustible se está amontonando alrededor de la hoguera sectaria.

Todo lo que se necesita es que alguien encienda la mecha, quizá animando/ayudando a los disidentes sunníes a abandonar la no violencia y a defenderse de manera proactiva (o, como diría el Consejo de Seguridad, «de manera preventiva»).

Me temo que Arabia Saudí estaría encantada de hacerles ese favor.

Y eso no serían especialmente buenas noticias para los disidentes alauíes, cristianos o sirios a favor de la democracia.

Peter Lee es un hombre de negocios que ha pasado treinta años observando, analizando y escribiendo acerca de cuestiones asiáticas. Puede contactarse con él en [email protected]

Fuente:

http://www.counterpunch.org/2011/09/28/end-game-for-bashar-al-assad/