Recomiendo:
0

Primer aniversario de la última invasión israelí a la Franja de Gaza

Fuentes: Rebelión

Observado históricamente, uno puede registrar una creciente brutalización de la sociedad israelí sobre la población nativa palestina, mayoritariamente musulmana. Con altibajos y también con saltos en la modalidad. A una colonización cuidadosamente planificada aunque no exenta de violencia durante la primera mitad del siglo XX, hasta 1948, tras el terrible episodio de la expulsión masiva […]

Observado históricamente, uno puede registrar una creciente brutalización de la sociedad israelí sobre la población nativa palestina, mayoritariamente musulmana. Con altibajos y también con saltos en la modalidad.

A una colonización cuidadosamente planificada aunque no exenta de violencia durante la primera mitad del siglo XX, hasta 1948, tras el terrible episodio de la expulsión masiva de cientos de miles natives, el asesinato de miles, la destrucción de centenares de aldeas y el desalojo, saqueo y apropiación de ciudades palestinas, siguió un período algo más medido, deglutiendo todo lo adquirido entonces, que sirvió para forjar un imaginario hasta socialista, en algunos epígonos del experimento colonial sionista. Ese período contó con la invalorable «contribución» que la atroz persecución nazi descargara entre otros, sobre los judíos, lo cual fue prestamente usado por el sionismo para corroborar sus tesis (pureza étnica, vivir separados).

Esa edad comparativamente beatífica, pero que mantuvo todos los rasgos racistas de cualquier colonización, duró hasta1966-1967, cuando empieza el período de las guerras preventivas israelíes, que en realidad es como el segundo período de expansión sionista.

Desde 1967, vamos observando como se ahonda el proceso de brutalización que señalamos inicialmente.

Del cual no tienen porque estar exentos otros «actores» del drama palestino-israelí; la violencia palestina, por ejemplo. Pero desde hace ya mucho tiempo, podemos observar un aumento de la violencia israelí y una resistencia cada vez más autodefensiva palestina. Como fue la intifada de 1987 y sobre todo la segunda intifada, del 2000 (que muchos califican como tercera, poniendo como primera la conmoción callejera de 1936-1939, contra la penetración sionista que iba vaciando la sociedad palestina); contra un «estado judío» ensoberbecido.

Así, tras invasiones «limpiadoras étnicas», que es la denominación funcional de genocidio, como, por ejemplo, a El Líbano en 1982, hemos tenido que presenciar la demolición del campamento de Jenin, en 2002, matando a mansalva a sus pobladores. Terje Roed-Larsen, encargado noruego de la ONU en Jerusalén dijo tras la matanza: «Combatir el terrorismo no da carta blanca para matar civiles«. Y sin embargo, hemos visto palidecer semejante acción (unos cien muertos), ante la incursión a la Franja de Gaza en 2006 y a El Líbano inmediatamente después, con cientos y miles de víctimas, respectivamente.

En esta escalada calificamos la invasión israelí a la Franja de Gaza en diciembre 2008-enero 2009 como la más atroz, porque se descargó sobre una población bloqueada, hambreada, hostilizada, impedida de sostener funciones sociales elementales como obtener agua potable, cruel y abusivamente dosificada por los ocupantes; ubicar desechos cotidianos en alguna parte; obtener peces en la costa; disponer de atención médica y de sus accesorios mínimos, bloqueada, hostilizada y agredida permanentemente por tierra, mar y aire.

Pero paralelamente con lo que he calificado brutalización de la ocupación y de los objetivos que se ha ido dando progresivamente el sionismo, ha ido creciendo otra resistencia al lado de la que ejercen los palestinos con riesgo de sus vidas. Una resistencia de otros seres humanos que no podemos soportar con indiferencia la política de vaciamiento territorial, desprecio radical y abuso sistemático que caracteriza el comportamiento israelí en Palestina y que está procurando llevar a cabo un genocidio silencioso mediante el quiebre de la voluntad de los habitantes milenarios de ese territorio, como alguna vez lo explicitara un halcón asesino, Ariel Sharon, cuando ordenó el despeje de colonias en la Franja de Gaza.

Aunque minoritarias, se expanden las voces de quienes repudian este tratamiento fríamente calculado, genocida que procura evitar ese calificativo. Eso es el Movimiento de Solidaridad Internacional entre cuyos miembros recordamos a Rachel Corrie tan atrozmente asesinada (no fue, sin embargo, la única víctima mortal del MSI), eso es el Ship to Gaza, ese barco fletado desde Chipre que desde hace algunos años procura atracar en el destruido puerto de la costa gazano. Eso es el BDS, el movimiento de origen palestino que desde 2005 está extendiendo el boicot a las mercaderías israelíes, la no aceptación de los fondos financieros israelíes y procurando sanciones contra las violaciones a los derechos humanos ejercidos sistemáticamente por la construcción político-ideológica racista del sionismo. Eso es la floración de agrupamientos de judíos indignados, avergonzados y refractarios a Israel que se autodenominan «No en nuestro nombre», o IJAN, Red Judía Antisionista Internacional. Eso han sido las caravanas de cientos de vehículos que con vituallas han procurado, reiteradamente, cruzando varios países europeos y asiáticos, romper el cerco (entre los participantes de las más diversas nacionalidades y orígenes, sabemos que ha habido argentinos).

Eso fue, finalmente, la Marcha por la Libertad de Gaza ante el primer aniversario de la invasión y matanza en la Franja, 27 diciembre 2008-18 enero 2009, que auspició un grupo de internacionalistas pacifistas que se nuclearon en El Cairo con la esperanza, que resultó vana, de cruzar hasta Rafah, al sur de la Franja, para saludar a los gazanos tan atrozmente tratados por el feroz bloqueo israelí, al punto que ni siquiera han podido reparar o reedificar los miles de casas, viviendas, destruidas o dañadas hasta la inhabitabilidad. Porque Israel sigue impidiendo el paso de accesorios y repuestos para bombas de agua, pastillas potabilizadoras, elementos de cirugía y hasta gasa y alcohol, ladrillos, vidrios para reparar los miles hecho añicos y todo lo más indispensable.

El gobierno egipcio no permitió el contacto, la confraternización entre solidarios y compasivos por un lado y maltratados y humillados por el otro. Hizo su juego, estableciendo una lista de organizaciones aceptables y dejar pasar a un centenar de los 1300 que esperaban tener paso, calificando al resto de las organizaciones como terroristas y anti-egipcias (ese habitual pecado de narcisismo, por el cual confunden a organizaciones antisionistas con problemas internos egipcios).

Aunque malogrado el contacto que se quiso establecer a través del Sinaí, dos huellas nos parecen enormemente positivas: una, que la larga cola de, otra vez, unos 200 camiones que estaban esperando para cruzar fronteras e ingresar a Gaza con las necesitadísimas vituallas para reparar siquiera mínimamente la indefensión y la postración a que se hallan sometidos los gazanos, tiene posibilidades de éxito: el gobierno egipcio, tras el desgastante rechazo a los manifestantes de a pie, ha aceptado que los camiones sean desembarcados en Al Arish y se dirijan a Rafah. La tripulación inicial eran unos 400. El operativo no se ve claramente: los camiones habrían sido embarcados en un trasbordador (de Lakatia, Siria a El Arish, en Sinaí) y sus tripulantes cumplirían el mismo itinerario pero por vía aérea, separados de los vehículos bajo su responsabilidad, y en el flete «humano» ingresaron sólo 130 «camioneros». Falta saber si se trata de un primer vuelo…

Pese a tales incongruencias, al parecer hoy 5 de enero el operativo está en plena marcha. Como si fueran los Reyes Magos, el 6 la población de la Franja dispondrá de algunos elementos de los tantos de que han sido privados o que se les ha destrozado…

El gobierno egipcio ha hilado fino: ha rechazado a los manifestantes políticos que iban al encuentro de lo que gobierna la Franja, el Hamas, aliado de la Hermandad Musulmana egipcia, enemiga jurada y mortal del gobierno de Mubarak. A la vez acepta «el convoy de Galloway», como se nombra mediáticamente a la caravana de camiones con provisiones que entre sus participantes cuenta con este parlamentario británico, que se presenta como ayuda material, acto de caridad y no político, a lo cual tácitamente le reconocen pertinencia. Así, aceptan, sin decirlo, que Israel está hambreando y asfixiando, matando a fuego lento a los gazanos…

La segunda huella que vemos como saldo positivo de la Marcha por la Libertad de Gaza, este intento solidario desde el exterior hacia Gaza en particular y el pueblo palestino en general (la delegación japo- nesa, por ejemplo, cuando vio naufragar el contacto en Rafah, se marchó a Cisjordania), tiene otro ras-go más simbólico pero de enorme significado político e ideológico: la presencia y el comportamiento asumido por Hedy Epstein, una mujer judía, de 85 años, que sobrevivió a su pasaje por Aschwitz en 1939, quien, ante el frenazo en El Cairo decidió una huelga de hambre y declaró que los soldados israelíes se asemejaban cada vez más a los nazis. Dijo asimismo que es la primera vez que encara una huelga de hambre e inmediatamente fue acompañada por otros participantes de la marcha.

Su presencia y sus declaraciones, su forma de plantarse ante la cuestión palestino-israelí debe llenar de preocupación al sionismo, al eje Israel-EE.UU., que han procurado asimilar lo judío con lo israelí, usurpando una representatividad que no tienen.

Testimonios como el de Epstein, así como en su momento el del formidable luchador sublevado cuando el gueto de Varsovia y recientemente fallecido, Marek Edelman, que nunca aceptó integrarse al Estado de Israel, son sumamente desasosegantes para los movimientos sionistas.

La prueba más clara es que si bien no se conocen muchas reacciones oficiales israelíes ante el destino de los dos intentos de ingresar a la Franja de Gaza desde «el mundo», han brotado varias voces internéticas procurando neutralizar el significado de Epstein y su conducta ejemplar, considerándola, en nuestra jerga criolla, «cretina útil».

Es que Epstein, Edelman y otros judíos como Felicia Langer, por ejemplo, constituyen la prueba flagrante de una dignidad judía, de un heroísmo judío que el sionismo siempre ha pretendido ejercer monopólicamente. Son la prueba viviente de que hay una condición judía que no pasa por una colonización racista, sino al contrario.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.